SHAFAQNA- El Hojatoleslam Taqi Pour, uno de los profesores del seminario, habla sobre la importancia de la verdadera alegría desde la perspectiva del Islam: la auténtica alegría no significa risas sin sentido ni placeres materiales, sino mantener la motivación y la esperanza tanto en la adversidad como en los momentos de felicidad. Este espíritu, evidente en la vida de los líderes y combatientes, es la fuerza impulsora para resistir y cumplir con el deber hasta el último aliento.
El verdadero significado de la alegría
Cuando hablamos de «alegría y vitalidad» no nos referimos a risas descontroladas o comportamientos frívolos. En el lenguaje popular, a veces se entiende de ese modo e incluso se relaciona con un estado de euforia, pero ese no es nuestro propósito.
La alegría no consiste en que una persona viva rodeada de carcajadas vacías o placeres meramente mundanos, como una casa, un coche o ropa elegante. Eso no es lo que el Islam entiende por verdadera alegría.
Lo que queremos decir con «alegría» es que el ser humano nunca pierda la motivación; que jamás se deje vencer por el desánimo o la desesperanza, ni en tiempos de prosperidad ni en días de dificultad.
«La alegría significa que las motivaciones para la adoración, el cumplimiento de los deberes espirituales y también los objetivos laborales jamás se apaguen en el ser humano».
Ni los elogios de algunos ni las críticas de otros deben cambiar el rumbo de la vida. La alegría consiste en que la persona no se torne apática ni abatida, sino que mantenga la energía para continuar. Incluso si recibe heridas de sus propios allegados, enfrenta problemas dentro del hogar o sufre burlas fuera de él, debe permanecer firme en sus convicciones y seguir avanzando con seriedad hacia sus metas.
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Esto significa que, ya sea un responsable en el sistema islámico, un maestro, un clérigo, un obrero, un empleado, un agricultor, un ganadero, un militar o un miembro de las fuerzas de seguridad, nunca debe rendirse: ni en la producción, ni en el esfuerzo por construir la «vida pura» a la que invitan los Ahl al-Bayt, ni en la austeridad y gestión del consumo.
La verdadera alegría consiste en no perder jamás este espíritu.
Por supuesto, esto no significa que la persona nunca se canse. A veces, debido al agotamiento o a la opresión de otros, puede llorar en soledad o desahogarse con Dios en la oración nocturna. Tal como el Corán pone en labios del Profeta Yaqub: «Solo expongo mi dolor y mi tristeza ante Dios».
Ejemplos prácticos de alegría
El Imam Ali (as), en una carta a Malik Ashtar, escribió: «¡Por Dios! Aunque toda la incredulidad se levantara contra mí y la tierra se llenara de enemigos, jamás el miedo entraría en mi corazón». Y explicó la razón: «Porque tengo certeza de estar en el camino de la guía y el sendero recto, mientras que ellos están en la perdición». Esa certeza era la fuente de su alegría y valentía.
Asimismo, Qasem ibn Hasan, la noche de Ashura, preguntó a su tío, el Imam Hussain (as): «Tío, ¿estamos en la verdad o no?» El Imam respondió: «Sí, estamos en la verdad». El joven de trece años dijo: «Entonces, la muerte en este camino es para mí más dulce que la miel». Esa era la alegría y la esperanza aprendidas del legado del Profeta y de los Ahl al-Bayt.
En los frentes de batalla, los combatientes bromeaban y organizaban celebraciones como la llamada «fiesta de las mantas». Estas bromas eran parte de la atmósfera psicológica y espiritual que los mantenía firmes. En el libro Observaciones, una de sus partes está dedicada a estos momentos de humor entre los combatientes.
Fuente: Hawzah
