Exégesis del Corán del Al-Mîzân de Allâmah Sayid Muhammad Husain at-Tabâtabâî, Sura al-Baqarah (Parte 21-2)

by asadian
Sura al-Baqarah

SHAFAQNA– Capítulo dos, sura al-Baqarah (La Vaca), doscientos ochenta y seis versículos – ¾ Medina

 

وَلَمَّا جَاءَهُمْ كِتَابٌ مِّنْ عِندِ اللَّهِ مُصَدِّقٌ لِمَا مَعَهُمْ وَكَانُواْ مِن قَبْلُ يَسْتَفْتِحُونَ عَلَى الَّذِينَ كَفَرُواْ فَلَمَّا جَاءَهُم مَّا عَرَفُواْ كَفَرُواْ بِهِ فَلَعْنَةُ اللَّهِ عَلَى الْكَافِرِينَ (٨٩).  بِئْسَمَا اشْتَرَوْا بِهِ أَنفُسَهُمْ أَن يَكْفُرُواْ بِمَا أَنزَلَ اللَّهُ بَغْيًا أَن يُنَزِّلَ اللَّهُ مِن فَضْلِهِ عَلَى مَن يَشَاءُ مِنْ عِبَادِهِ فَبَآءُو بِغَضَبٍ عَلَى غَضَبٍ وَلِلْكَافِرِينَ عَذَابٌ مُّهِينٌ (٩۰).  وَإِذَا قِيلَ لَهُمْ آمِنُواْ بِمَا أَنزَلَ اللَّهُ قَالُواْ نُؤْمِنُ بِمَا أُنزِلَ عَلَيْنَا وَيَكْفُرُونَ بِمَا وَرَاءَهُ وَهُوَ الْحَقُّ مُصَدِّقًا لِّمَا مَعَهُمْ قُلْ فَلِمَ تَقْتُلُونَ أَنبِيَاءَ اللَّهِ مِن قَبْلُ إِن كُنتُم مُّؤْمِنِينَ (٩١).  وَلَقَدْ جَاءَكُم مُّوسَى بِالْبَيِّنَاتِ ثُمَّ اتَّخَذْتُمُ الْعِجْلَ مِن بَعْدِهِ وَأَنتُمْ ظَالِمُونَ (٩٢).  وَإِذْ أَخَذْنَا مِيثَاقَكُمْ وَرَفَعْنَا فَوْقَكُمُ الطُّورَ خُذُواْ مَا آتَيْنَاكُم بِقُوَّةٍ وَاسْمَعُواْ قَالُواْ سَمِعْنَا وَعَصَيْنَا وَأُشْرِبُواْ فِي قُلُوبِهِمُ الْعِجْلَ بِكُفْرِهِمْ قُلْ بِئْسَمَا يَأْمُرُكُمْ بِهِ إِيمَانُكُمْ إِن كُنتُمْ مُّؤْمِنِينَ (٩٣).

Y cuando les vino de Dios una Escritura en confirmación de lo que ya tenían —antes acostumbraban rogar por el triunfo contra los que no creían—, cuando vino a ellos lo que ya conocían, descreyeron de él. Es así como Dios maldice a los incrédulos (89). ¡Qué mal negocio han hecho, no creyendo en lo que Dios ha revelado, despechados porque Dios favoreció a quien Él quiso de Sus siervos, e incurriendo en Su ira una y otra vez! Los infieles tendrán un castigo humillante (90). Y cuando se les dice: “Creed en lo que Dios ha revelado”, dicen: “Creemos en lo que se nos ha revelado”. Pero no creen en lo que vino después, que es la Verdad, en confirmación de lo que ya tenían. Di: “¿Por qué, pues, si erais creyentes, matasteis antes a los profetas de Dios?” (91). Moisés os aportó pruebas claras. Pero, ido, tomasteis el becerro (por un dios), obrando impíamente (92). Y cuando concertamos un pacto con vosotros y levantamos la montaña por encima de vosotros: “¡Aferraos a lo que os hemos dado y escuchad (Nuestras palabras)!”. Dijeron: “Oímos y desobedecemos”. Y, como castigo a su incredulidad, quedó empapado el corazón (de ellos) del becerro (del amor al mismo). Di: “Si de veras creéis, malo es lo que vuestra fe os ordena” (93).

Comentario

Tradiciones

As-Sadiq (as) explicó el versículo, Y cuando les vino de Dios una Escritura en confirmación de lo que ya tenían…, de esta manera: “Los judíos encontraron en sus libros que Muḥammad (PBD), el Mensajero de Dios, migraría y acamparía entre ‘Ayr y Uḥud, por lo que anduvieron buscando ese lugar. Pasaron por una montaña llamada Ḥadād [en at-Tafsīr de al ‘Ayyāshī, vol. 1, p. 49, y en lo que hemos citado de él en al-Biḥār, vol. 15, p. 226, al-Burhān, vol. 1, p. 128 y Majma‛u ’l-bayān, vol. 1, p. 158, el nombre ha aparecido como Ḥadād. Pero nosotros no hemos podido encontrar ese nombre en los diccionarios geográficos. Posiblemente es una corrupción de Ḥadad, montaña que domina Taymā’ (ver Mu‘jamu ’l-buldān, vol. 2, p. 229; al-Qāmūs, vol. 1, p. 287 y Tāju ’l-‘arūs, vol. 2, p. 333), o puede ser otra forma de pronunciar dicho término. Nota del Editor]; y dijeron: ‘Ḥadād y Uḥud son la misma’. A continuación, se dispersaron por la cercanía. Algunos acamparon en Taymā’ y otros en Fadak e incluso algunos más en Jaybar. En algún momento los de Taymā’ desearon ver a algunos de sus hermanos en otro lugar, por lo que al pasar un beduino (de la tribu) de Qays, por allí le alquilaron camellos. El beduino les dijo: ‘Me haré con los camellos de nuevo en algún lugar entre ‘Ayr y Uḥud’. Le dijeron: ‘Avísanos cuando pases por allí’. Al llegar el beduino a la tierra de Medina dijo: ‘Esa es ‘Ayr y esta es Uḥud’. Los judíos descendieron de los camellos y le dijeron: ‘Hemos encontrado el lugar que deseábamos. Ya no necesitamos tus camellos, puedes llevártelos’. Escribieron a sus hermanos que estaban en Fadak y Jaybar: ‘Hemos encontrado el lugar, vengan con nosotros’. La respuesta que recibieron fue la siguiente: ‘Nos hemos asentado aquí y adquirido propiedades. Además, estamos muy cerca de ustedes. Por lo tanto, cuando ello suceda (es decir, cuando el Profeta se presente en Medina) nos dirigiremos inmediatamente a donde están ustedes’. Esos judíos adquirieron propiedades en la zona de Medina. La noticia del aumento de la riqueza de los judíos llegó a oídos de Tubba‘, —at-Tubba‘ ( التُّبَّعُ ) era el título de los reyes de Yemen—, quien los atacó. Los judíos se fortificaron y fueron cercados. (Como a los judíos les daba lástima la debilidad física que exhibían los soldados yemeníes, normalmente les arrojaban dátiles y cebada durante la noche. El rey se conmovió al enterarse de esa actitud de los judíos). (Este relato que va entre paréntesis no figura en al-Mīzān sino que ha sido tomado de lo expresado por al-‘Ayyāshī en Biḥāru ‘l-anwār, vol. 15, p. 226). El rey de Yemen les aseguró a los sitiados que estaban a salvo y estos fueron a ver al monarca. Tubba les dijo: ‘Me gusta este lugar vuestro y estoy inclinado a asentarme aquí’. Los judíos le dijeron: ‘No es para ti. Es el lugar donde va a emigrar un profeta y nadie puede asentarse aquí hasta que eso suceda’. El rey respondió: ‘Entonces voy a dejar con ustedes algunos miembros de mi clan, de modo que cuando ello suceda le ayudarán y asistirán’. Es así, como allí quedaron las dos tribus que se encuentran en la actualidad, la Aws y la Jazraj. Ambas tribus, al ir haciéndose numerosas tenían por costumbre robar la propiedad de los judíos. En esa época estos les advertían regularmente a esas tribus: ‘¡Oh!, cuando Muḥammad (PBD) sea enviado (por Dios), ciertamente los expulsaremos de nuestras ciudades y propiedades’. ¡Pero cuando Muḥammad (PBD) fue enviado como Profeta, fueron los auxiliares (los Aws y los Jazraj) quienes creyeron en él, en tanto que los judíos lo negaron! Este es el sentido de las palabras de Dios: antes acostumbraban a rogar por el triunfo contra los que no creían—…” (al-‘Ayyāshī).

Ibn Isḥāq, Ibn Jarīr, Ibn al-Mundhir, Ibn Abī Ḥātim y Abū Na‘aym han narrado (en Dalā’ilu ’n-nubuwwah) que Ibn ‘Abbās dijo: “Los judíos tenían por costumbre rogar por la victoria contra los Aws y los Khazraj por medio del derecho del Mensajero de Dios, antes de que fuese enviado como Profeta. Sin embargo, cuando Dios lo hizo aparecer de entre los árabes, los judíos descreyeron de él y negaron lo que afirmaban regularmente respecto a él. Mu‘ādh ibn Jabal, Bishr ibn Barā’ ibn Ma‛rūr y Dāwūd ibn Salamah les dijeron: ‘¡Judíos! Teman a Dios y acepten el islam porque eran ustedes quienes tenían por costumbre rogar por el triunfo contra nosotros por medio del derecho de Muḥammad, en tanto nosotros éramos politeístas, a la vez que nos decían que él sería enviado rápidamente y nos describían sus atributos’. Salām ibn Mushkim, de la tribu de Banū an-Naḍīr, les dijo: ‘(Muḥammad) no nos trajo nada que no sepamos y no es el profeta acerca del que les hablábamos’. Entonces Dios hizo descender (el versículo): Y cuando les vino de Dios una Escritura…” (ad-Durru ‘l-manthūr).

Ha narrado Abū Nu‛aym en su Dalā’ilu ’n-Nubuwwah, siguiendo las cadenas de ‘Aṭā’ y aḍ-Ḍaḥḥāk, a partir de Ibn ‘Abbās, que este dijo: “Los judíos de Banū Qurayẓah y Banū an-Naḍīr acostumbraban a rogar a Dios por la victoria antes de que Muḥammad (PBD) fuese enviado como profeta. Invocaban a Él contra los incrédulos diciendo: ‘¡Oh Dios! Buscamos Tu ayuda por el derecho del profeta iletrado’. Y obtuvieron la victoria. Pero cuando llegó a ellos lo que admitían (es decir, Muḥammad —(PBD)— como profeta de Dios) y sobre lo que no tenían ninguna duda, descreyeron de él (PBD) y lo negaron” (ad-Durru ’l-manthūr).

Dice el autor: Tradiciones similares han sido narradas también por otras cadenas.

Un comentarista, después de señalar las últimas mencionadas y otras parecidas, dice: “Esas tradiciones —débiles como sus narradores e incompatibles con otras— también son anómalas en su sentido, porque mantienen que el ruego por el triunfo fue hecho ‘en nombre de la persona del Profeta’ o, como dicen algunas tradiciones, ‘por la justicia o derecho del Profeta’. Pero esto va contra la sharī‘ah. Y nadie tiene ningún derecho sobre Dios. ¿Cómo el ruego podía ser hecho con la ayuda de ese derecho no existente?”

Respuesta: Esta objeción resulta de no comprenderse el sentido de “juramento” y “derecho”. El juramento se usa para unir y vincular una propuesta, orden, ruego o exclamación, a una cosa honorable y sublime. El honor y lo sublime de la cosa queda anulado y se perjudica si la propuesta, ruego, etc. a la que se liga es pecaminosa. Cuando alguien dice: “Por mi vida, Zayd está de pie”, se está vinculando el honor de la vida a la verdad de lo que se expresa. Si la manifestación es falsa, la vida de quien la hizo pierde su honor. Cuando se dice: “Por mi vida, haré ese trabajo”, o se dice: “Te imploro, por mi vida, para hacer este trabajo”, también se está poniendo en juego el honor de la vida por ese trabajo. Si el trabajo no se hace o si quien escucha el ruego no le da importancia al mismo, la vida perdería su honor, su dignidad. De esta explicación emergen dos cosas:

Primero: El juramento es el método más fuerte para enfatizar una conversación, como lo han confirmado los estudiosos de la literatura.

Relacionado: Exégesis del Corán del Al-Mîzân de Allâmah Sayid Muhammad Husain at-Tabâtabâî, Sura al-Baqarah (Parte 21-1)

Segundo: La cosa por la que uno jura debe ser honorable y más importante que la propuesta, ruego, etc. a la que se relaciona. Porque una propuesta no puede ser enfatizada con la ayuda de algo menos importante. En Su Libro Dios ha jurado por Su propio nombre y atributos. Por ejemplo, “Por tu Señor, que hemos de pedir cuentas a todos ellos” (C. 15:92). También cita otros juramentos por Sus nombres y atributos: “Por Dios, Señor nuestro…” (C. 6:23); “Por Tu poder, que he de descarriarles a todos” (C. 38:82). Pero Él también ha jurado por Su Profeta, Sus ángeles y Sus libros, como así también por Sus criaturas, como el cielo, la tierra, el sol, la luna, las estrellas, la noche, el día, las montañas, los ríos, las ciudades, el hombre, el árbol, la higuera y el olivo. Ello no podría ser posible a menos que estas cosas tuviesen una dignidad real propia concedida por Dios. Todas esas cosas deben tener un atributo reflejo de uno de los atributos divinos, o un vigor relacionado a la sublimidad divina. Y todo honor y dignidad emana de Él.

Ahora bien, ¿qué objeción se puede plantear a un suplicante si ruega a Dios por algo, implorándole por medio de alguna de las cosas antes mencionadas, considerando el hecho de que Él mismo ha jurado por esas cosas y les ha dado sublimidad y dignidad? ¿Por qué se debería hacer una excepción solamente en el caso del Enviado de Dios? ¿No es una afrenta al Profeta apartarlo de esta manera corriente de expresar respeto? ¡Por mi vida, Muḥammad, el Enviado de Dios (PBD), no es menos honorable a los ojos de Dios que una higuera irakí o un olivo sirio! Esta gente olvida que el propio Dios ha jurado por Su Profeta: “¡Por tu vida (Profeta)!, que erraban en su ofuscación”. (C. 15:72).

Ahora tendríamos que ver lo relativo al “derecho”. Como opuesto a incorrecto, injusto, significa algo real existente por fuera de nuestra imaginación. Tan real como la tierra y el ser humano. En resumen, es algo real y substancial, no ilusorio o producto de la imaginación. El derecho financiero y otros derechos sociales se incluyen en esta categoría porque están establecidos firmemente por la sociedad.

El Corán ha anulado todos los derechos afirmados por el ser humano que no se incluyan entre los establecidos y

confirmados por Dios en la creación y en la legislación. El derecho en las esferas social y legislativa es el que ha establecido Dios, como los derechos pecuniarios, los derechos de los parientes, etc.

Es necesario mencionar que nadie puede establecer un derecho que vaya contra Dios u obligarle o presionarle para que haga o entregue algo. Pero sí es posible que Dios se obligue a Sí mismo a hacer algo en el campo de la legislación. Entonces ese “algo” tendrá un derecho sobre Dios, establecido por Dios mismo. Por ejemplo, dice Dios: “…Salvar a los creyentes es deber Nuestro” (C. 10:103); “Ha precedido ya Nuestra palabra a Nuestros siervos, los enviados: son ellos los que serán, ciertamente auxiliados, y es Nuestro ejército el que, ciertamente, vencerá” (C. 37:171-173).

La asistencia prometida aquí, es general y sin condiciones, no está restringida por medio de alguna estipulación. La salvación es ciertamente el derecho de los creyentes en Dios; la asistencia, de la misma manera, el derecho de los enviados. Por medio de establecer este derecho sobre Él mismo para los enviados, Dios ha engrandecido la dignidad y honor de los mismos. No hay nada que impida a un suplicante implorar a Dios que le ayude y le libere de sus dificultades por medio del derecho de Su enviado o enviados. Dios mismo ha establecido ese derecho y Él mismo jura por toda cosa honorable, mostrándonos que esos juramentos y ruegos son realmente apreciados por Él.

En resumen, no hay nada que impida suplicar a Dios por medio de Su Enviado o por el derecho de Su Enviado. Lo mismo se aplica en la súplica por medio de Sus amigos o por el derecho de Sus amigos. Él ha establecido un derecho para ellos sobre Él mismo, por medio del cual seguramente Él los amparará en el sendero de la felicidad con toda asistencia conexa.

La afirmación de que “uno no tiene ningún derecho sobre Dios”, es una afirmación sin sentido. Por supuesto, nadie puede establecer por sí mismo un derecho sobre Dios. Nadie puede presionarlo para que haga algo. Pero un suplicante no ruega a Dios por medio de un derecho forzado sobre Dios por algún otro. Implora a Él por un derecho que Él mismo ha establecido empeñando Su Propia palabra. Y Su Promesa nunca se rompe.

 

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