Exégesis del Corán del Al-Mîzân de Allâmah Sayid Muhammad Husain at-Tabâtabâî, Sura al-Baqarah (Parte 7)

by asadian
sura al-Baqarah (La Vaca)

SHAFAQNA – Capítulo dos, sura al-Baqarah (La Vaca), doscientos ochenta y seis versículos – ¾ Medina

 

يَا أَيُّهَا النَّاسُ اعْبُدُواْ رَبَّكُمُ الَّذِي خَلَقَكُمْ وَالَّذِينَ مِن قَبْلِكُمْ لَعَلَّكُمْ تَتَّقُونَ (٢١).  الَّذِي جَعَلَ لَكُمُ الأَرْضَ فِرَاشاً وَالسَّمَآءَ بِنَآءً وَأَنزَلَ مِنَ السَّمَآءِ مَآءً فَأَخْرَجَ بِهِ مِنَ الثَّمَرَاتِ رِزْقًا لَّكُمْ فَلاَ تَجْعَلُواْ لِلَّهِ أَندَادًا وَأَنتُمْ تَعْلَمُونَ (٢٢).  وَإِن كُنتُمْ فِي رَيْبٍ مِّمَّا نَزَّلْنَا عَلَى عَبْدِنَا فَأْتُواْ بِسُورَةٍ مِّن مِّثْلِهِ وَادْعُواْ شُهَدَائَكُمْ مِّن دُونِ اللَّهِ إِنْ كُنتُمْ صَادِقِينَ (٢٣).  فَإِن لَّمْ تَفْعَلُواْ وَلَن تَفْعَلُواْ فَاتَّقُواْ النَّارَ الَّتِي وَقُودُهَا النَّاسُ وَالْحِجَارَةُ أُعِدَّتْ لِلْكَافِرِينَ (٢٤).  وَبَشِّرِ الَّذِين آمَنُواْ وَعَمِلُواْ الصَّالِحَاتِ أَنَّ لَهُمْ جَنَّاتٍ تَجْرِي مِن تَحْتِهَا الأَنْهَارُ كُلَّمَا رُزِقُواْ مِنْهَا مِن ثَمَرَةٍ رِّزْقًا قَالُواْ هَذَا الَّذِي رُزِقْنَا مِن قَبْلُ وَأُتُواْ بِهِ مُتَشَابِهًا وَلَهُمْ فِيهَآ أَزْوَاجٌ مُّطَهَّرَةٌ وَهُمْ فِيهَا خَالِدُونَ (٢٥).

¡Hombres! Adorad (servid) a vuestro Señor, Que os ha creado a vosotros y a quienes os precedieron. Quizás, así, podáis guardaros (contra el mal) (21). Quien ha hecho de la Tierra lecho y del cielo edificio. (Quien) ha hecho bajar agua del cielo, mediante la cual hace brotar frutos para sustentaros. No atribuyáis iguales a Dios a sabiendas (22). Si dudáis de lo que hemos revelado a Nuestro siervo, traed una sura semejante a él, y si es verdad lo que decís llamad a vuestros testigos en lugar de llamar a Dios (23). Pero, si no lo hacéis —y nunca podréis hacerlo— guardaos del fuego cuyo combustible lo constituyen hombres y piedras, que ha sido preparado para los infieles (24). Anuncia la buena nueva a quienes creen y obran bien: tendrán jardines celestiales por cuyos bajos fluyen arroyos. Siempre que se les dé como sustento algún fruto de ellos, dirán: “Esto es igual a lo que se nos ha dado antes”. Pero se les dará solo algo parecido. Tendrán parejas purificadas y estarán allí eternamente (25).

Primra particularidad específica: EL

Conociminto que contiene

Pasemos ahora a esas cuestiones específicas que mueven al asombro. Una sorpresa en particular es el conocimiento que imparte y la cognición que contiene. Dice Dios: “Te hemos revelado la Escritura como aclaración de todo…” (C. 16:89); “No hay nada verde, nada seco, que no esté en una Escritura clara” (C. 6:59). Muchos otros versículos tratan el mismo tema. Primero se deben observar las enseñanzas fundamentales existentes en el texto del Corán; después hay que tener en cuenta los detalles, por medio de los cuales remite a las personas al Profeta (PBD), como dice Dios: “…si el Enviado os da algo, aceptadlo. Y si os prohibe algo, absteneos…” (C. 59:7); “…para que decidas entre los hombres como Dios te ha enseñado” (C. 4:105). Entonces se sabrá que el Islam ha puesto su atención en todos los tópicos —grandes y pequeños— relevantes para el conocimiento divino, las virtudes morales y las leyes religiosas, que abarcan la adoración, la relación mutua, las regulaciones sociales, el código penal y, en resumen, el conjunto de lo que afecte la vida y la conducta. Todo eso se cimienta sobre los fundamentos de la naturaleza humana y el monoteísmo. Al analizar los detalles se encontrará el monoteísmo con sus basamentos. Y al combinar esas bases con los principios relevantes, se tendrán las particularidades.

Luego ha declarado que todo este conocimiento permanecerá válido hasta el fin del mundo. Continuará guiando al ser humano y siempre será relevante para las necesidades humanas y su entorno. Dice Dios: “…Y eso que es una Escritura excelente (Poderosa); lo falso no viene a ella por delante ni por detrás. (Es) una revelación procedente de uno Que es Sabio, el Alabado” (C. 41:41-42); “Somos Nosotros Quienes hemos revelado la Amonestación y somos Nosotros sus custodios” (C. 15:9). En otras palabras, es un Libro que se encuentra más allá de la ley de transformación y desarrollo. Nunca será perturbado por la abrogación.

Aquí se puede preguntar algo: Los sociólogos son de la opinión de que las leyes y las regulaciones que controlan la sociedad deben cambiar de acuerdo a los cambios que suceden en la estructura social. Como el tiempo pasa y la civilización sigue su marcha, se hace necesario cambiar las leyes para hacer frente a las situaciones modificadas. ¿Cómo es posible entonces que la sharī‘ah del Islam permanezca sin ningún cambio o abrogación a lo largo de los siglos? Esta cuestión la explicaremos, Dios mediante, a la luz del versículo, “La Humanidad constituía una sola comunidad…” (C. 2:213). Aquí es suficiente señalar que el Corán ha construido sus leyes sobre los fundamentos del monoteísmo y la ética sobresaliente que surge de la sana naturaleza humana. Declara que la legislación debe desarrollarse de la semilla de la creación y la existencia. Los sociólogos, por otra parte, han puesto su mirada en los cambios sociales, ignorando totalmente el lado espiritual del monoteísmo y la moralidad. Como resultante, sus palabras se concentran sobre el desenvolvimiento material de la sociedad, no siendo esta un organismo vivo particular ni poseedora de un alma. Y la palabra de Dios es la más elevada.

Segunda particularidad específica: El receotor de la revelación

Otro aspecto de esa sorpresa es la personalidad del Profeta (PBD) sin ilustración, quien trajo este Corán como un milagro en sus palabras y significados, pues no recibió enseñanza de ningún maestro, no fue preparado por ningún instructor. Este interrogante se contiene en las siguientes palabras de Dios: Di: “Si Dios hubiera querido, yo no os lo habría recitado, y Él no os lo habría dado a conocer. Antes de él, he permanecido toda una vida con vosotros. ¿Es que no razonáis?” (C. 10:16). El Profeta (PBD) vivía entre ellos como uno más. En todos esos años no sobresalió sobre los otros por su erudición ni era famoso por algún tipo de conocimiento. Hasta los cuarenta años no realizó ninguna disertación ni compuso una sola línea poética. Es decir, durante un período que abarca casi dos tercios de toda su vida nunca se distinguió en literatura o erudición alguna. Luego, repentinamente, se presentó con lo que dijo era la revelación de Dios, ante la cual se sintieron como pigmeos los gigantes de la literatura y se volvieron mudos oradores elocuentes. La revelación llegó a los confines del mundo pero nadie fue capaz de presentar algo parecido en todos estos siglos.

Lo más que podían decir sus adversarios era que él (PBD) había aprendido esas historias de los monjes cristianos durante sus viajes comerciales a Siria. Pero el Profeta había ido a Siria solamente dos veces. Primero en su niñez, con el tío Abū Ṭālib, y luego a los veinticinco años con Maysarah, el esclavo de Jadījah. En ambos viajes nunca se quedó solo durante todas las horas diurnas o todas las horas nocturnas y nadie informó que hubiese existido alguna reunión con supuestos maestros. Pero incluso si aceptamos esa posibilidad, se presentarían muchos interrogantes: ¿quién lo instruyó en ese conocimiento divino del monoteísmo? ¿Dónde adquirió esas normas y verdades absolutas? Finalmente, ¿quién le dio esa capacidad de elocuencia insuperable, que dejó sin habla o confusos todos esos años a otros conocidos “pico de oro”?

Otra suposición fue que dichas verdades sublimes las aprendió de un herrero de origen romano, quien fabricaba y vendía espadas. A eso respondió Dios: Sabemos que dicen: “A este hombre le enseña solo un simple mortal”. Pero aquél en quien piensan habla una lengua no árabe, mientras que esta es una lengua árabe clara (C. 16:103).

Una tercera acusación fue que obtuvo el conocimiento de Salmān, el Persa, quien supuestamente conocía todo acerca de las distintas religiones y sectas. Pero Salmān se reunió con el Profeta (PBD) en Medina y después aceptó el Islam, en tanto que la mayor parte del Corán —contenedora de todos los principios, conocimiento e historia— fue revelado en Meca y más tarde repetido en Medina. Podemos decir que las revelaciones Mecanas tienen más de esas cosas que las de Medina. La pregunta entonces es: ¿qué conocimiento agregó Salmān después de su conversión al Islam? Ninguno.

Además, leamos el Antiguo y el Nuevo Testamento y comparemos las historias de los profetas anteriores y sus pueblos, con las historias reveladas sobre los mismos en el Corán. Veremos que los relatos e historias son distintos. La Biblia atribuye a los profetas de Dios pecados y maldades que nosotros seríamos renuentes de imputárselos a una persona cualquiera de buena conducta. El Corán no concuerda con esas imputaciones. En la Biblia también se encuentran muchos tópicos que no tienen ninguna relevancia para el conocimiento espiritual o la excelencia moral. El Corán, en cambio, habla solamente de lo que es verdaderamente beneficioso para los individuos en el logro de la elevación espiritual y la formación de la conducta.

Relacionado: Exégesis del Corán del Al-Mîzân de Allâmah Sayid Muhammad Husain at-Tabâtabâî, Sura al-Baqarah (Parte 6-2)

Tercera particularidad específica: Sus profecías e información de lo oculto

El tercer aspecto sorprendente, específico del Corán se refiere a las profecías y a la información que brinda sobre lo oculto. Los versículos en la materia se pueden dividir en cuatro categorías:

  1. Información acerca de los profetas anteriores y su pueblos: Dice Dios acerca de algunas de esas historias: “Esto forma parte de las historias que Nosotros te revelamos, referente a lo oculto. No las conocías antes tú, ni tampoco tu pueblo…” (C. 11:49). Expresa Dios después de la historia de José (P): “Esto forma parte de las historias referentes a lo oculto, que Nosotros te revelamos. Tú no estabas con ellos cuando se pusieron de acuerdo e intrigaron” (C. 12:102). Acera de la historia de María (sa) se relata: “Esto forma parte de las historias referentes a lo oculto, que Nosotros te revelamos. Tú no estabas con ellos cuando echaban suertes con sus cañas para ver quién de ellos iba a encargarse de María, tú no estabas con ellos cuando disputaban” (C. 3:44). Y acerca de ‘Īsā (Jesús) (P): “Tal es Jesús, hijo de María, para decir la Verdad, de la que ellos dudan” (C. 19:34). Hay muchos versículos con el mismo significado.
  2. Profecías sobre sucesos futuros: Por ejemplo, que los romanos vengarían su derrota: “Los romanos (bizantinos) han sido vencidos en los confines del país. Pero, después de su derrota, vencerán dentro de varios años” (C. 30:2-4). Que el Profeta (PBD) retornaría a Meca después de su emigración: “Sí, Quien te ha impuesto el Corán, te devolverá al lugar de retorno” (C. 28:85). Que la visión del Profeta (PBD) se concretaría, sin lugar a dudas: Dios ha realizado, ciertamente, el sueño de su Enviado: “En verdad, que habéis de entrar en la Mezquita Sagrada, si Dios quiere, en seguridad, con la cabeza afeitada y (otros) el pelo corto, sin temor” (C. 48:27). El comportamiento, en el futuro, de un grupo de musulmanes: Cuando os pongáis en marcha para apoderaros del botín, los dejados detrás dirán: “Dejad que os sigamos”. “Desean cambiar la palabra de Dios” (C. 48:15). Que nadie sería capaz de perjudicar al Profeta (PBD): “…y Dios te protegerá de los hombres” (C. 5:67). Que el Corán permanecerá bajo la protección de Dios: “Somos Nosotros Quienes hemos revelado la Amonestación y Somos Nosotros sus custodios” (C. 15:9). En esta categoría podemos incluir muchos otros versículos que dan la buena nueva a los creyentes y amenazan a los infieles y paganos de Meca con diversas penalidades.

Las profecías sobre los signos y perturbaciones que aparecen rápidamente antes del Día del Juicio se incluyen en este grupo. Por ejemplo: “Cuando destruimos una ciudad, les está prohibido a sus habitantes regresar a ella, hasta que se suelte a Gog y Magog y se precipiten por toda colina abajo. Se acerca la amenaza verdadera. Entonces los ojos de los infieles quedarán desorbitados: ¡Ay de nosotros, que no solo nos traía esto sin cuidado, sino que obrábamos impíamente!” (C. 21:95-97); “A quienes de vosotros crean y obren bien, Dios les ha prometido que ha de hacerles sucesores en la tierra, como ya había hecho antes con sus antecesores” (C. 24:55); Di: “Él tiene poder para enviaros un castigo de arriba o de abajo, o para desconcertaros con partidos diferentes y haceros gustar vuestra mutua violencia…” (C. 6:65).

  1. Versículos basados sobre realidades científicas que eran desconocidas e incluso impensables cuando fue revelado el Corán. Las mismas, además, fueron descubiertas después de largas investigaciones: “Hemos enviado los vientos, que fecundan” (C. 15:22); “Hemos extendido la tierra, colocado en ella anclas (firmes montañas) y hecho brotar en ella de todo en la debida proporción” (C. 15:19); “¿No hemos hecho de la tierra lecho y de los montañas estacas?” (C. 78:6-7).
  2. Versículos que aluden a muchos grandes sucesos y desórdenes que iban a suceder en la comunidad islámica o el mundo en general, después de la muerte del Profeta (PBD). Por ejemplo: “¡Creyentes! Si uno de vosotros apostata de su fe… Dios suscitará un pueblo, al cual Él amará y del cual será amado, humilde con los creyentes, altivo con los infieles, que luchará por Dios y que no temerá la censura de nadie. Esta es la gracia de Dios. La dispensa a quien Él quiere…” (C. 5:54); “Cada comunidad tiene un enviado. Cuando venga su enviado, se decidirá entre ellos con equidad y no serán tratados injustamente. Dicen (los infieles): “¿Cuándo se cumplirá esta amenaza, si es verdad lo que decís…?”. Di: “Yo no tengo poder para dañarme ni para aprovecharme sino tanto cuanto Dios quiera. Cada comunidad tiene un plazo. Cuando vence su plazo, no pueden retrasarlo ni adelantarlo una hora”. Di: “¿Qué os parece? Si os sorprendiera Su castigo de noche o de día, ¿querrían los pecadores aún adelantarlo?” (C. 10:47-50); “En un estado adecuado dirige tu rostro hacia la religión de modo probo —según la naturaleza primigenia que Dios ha puesto en los hombres…— y no seáis de los politeístas (asociadores), de los que escinden su religión en sectas, contento cada grupo con lo suyo” (C. 30:30-32). Muchos versículos caen en esta categoría y describiremos algunos de ellos cuando expliquemos el capítulo diecisiete (El Viaje Nocturno). Debería tenerse en cuenta que esta categoría es una de las especialidades de este libro.

Cuarta particularidad específica: En el Corán no hay ninguna discrepancia

Una de las sorpresas del Corán es que no presenta ninguna discrepancia en el texto. Dice Dios: “¿No meditan en el Corán? Si hubiera sido de otro que Dios, habrían encontrado en él numerosas contradicciones” (C. 4:82).

Este es un mundo material, gobernado por la ley del cambio y desarrollo. Cada cosa en este mundo puede pasar, de un día para el otro, de ser débil a ser fuerte; de la deficiencia a la perfección, en su propia existencia o respecto a cuestiones exteriores con las que está relacionada. El ser humano no es una excepción a esta regla. Sufre constantes cambios y desarrollos en su existencia como así también en el vigor de sus acciones y reacciones. Esta ley se aplica, asimismo, a lo que adquiere a través de la percepción y el intelecto. Toda persona encuentra que su hoy es un poco distinto a su ayer. Cada hora que pasa le hace ver los errores o puntos de vista equivocados sostenidos poco antes. Es un hecho que ninguna persona sana y normal puede negar.

Con esto como trasfondo, veamos el Corán. Muḥammad (PBD) trajo este libro parte por parte, en un momento un capítulo corto, en otro momento unos pocos versículos. Aunque iba de un sitio a otro, pasaba por situaciones críticas y las condiciones eran diversas, continuó con ese aporte durante veintitrés años: en Meca o en Medina, durante la noche o el día, en medio de un viaje o estando en su casa, en lo reñido de una batalla o en tiempo de paz, en momentos difíciles o benignos, cuando los musulmanes eran victoriosos o sufrían derrotas, en circunstancias de peligro o seguridad. Este Libro contiene todo tipo de materias: conocimiento espiritual revelado, una ética excelente y leyes con disposiciones para todos los aspectos concebibles de la vida. No obstante, no hay un hálito de contradicción en su substancia o sentido. Es un Libro donde la repetición es una característica y cuyas partes guardan parecido. En las realidades que explica o principios que establece, no se encuentra la menor diferencia, discordancia o incompatibilidad. Un versículo explica lo que falta en otros, una oración clarifica otras, como dijo ‘Ali (as): “Una parte habla con la otra; una parte es testigo de otras”.

Si un libro como el Corán no hubiese sido de Dios, su estilo estaría lleno de altibajos, el mensaje habría saltado de lo elegante a lo torpe, se alternarían lo correcto y lo erróneo. En resumen, el libro habría sido irregular, desequilibrado, lleno de contradicciones.

Cuestionamiento: Que el Corán no presenta ninguna discrepancia es una afirmación sin ninguna prueba. Los estudiosos no musulmanes han escrito muchos libros donde demuestran que el Corán sufre de muchas contradicciones y errores en la construcción de las oraciones (las que no llegan a ser elocuentes), en los temas y en los sentidos (que contienen errores en sus apreciaciones y enseñanzas). Según ellos, las respuestas dadas por los musulmanes son intentos lastimosos de explicar dichas contradicciones y falencias. Y eso se trata, antes que nada, de defectos en los que no puede caer un mensaje correcto y solvente.

Respuesta: Las llamadas contradicciones y defectos no han sido descubiertos por nuestros adversarios sino que fueron mencionadas (junto con sus explicaciones) por los musulmanes en sus libros de exégesis y en otros relacionados con el Corán (sin exceptuar este trabajo). Los autores musulmanes usaron ese método para exhibir que lo que se ve a primera vista como un estilo o una expresión inusual en realidad es una gema de la elocuencia más elevada. Los escritores no musulmanes han recogido esos supuestos defectos y contradicciones para reunirlos en sus libros. Pero se cuidaron, evidentemente, de no mencionar las explicaciones que ponían al descubierto la real belleza de lo expresado. Si el ojo del amor es ciego, el ojo de la enemistad lo es más.

Cuestionamiento: ¿Cómo se pueden explicar las dificultades que surgen de la abrogación? Muchos versículos coránicos han sido abrogados como lo dice el propio Corán: “Si abrogamos una aleya o provocamos su olvido, aportamos otra mejor o semejante…” (C. 2:106); “Cuando sustituimos una aleya por otra —Dios sabe bien lo que revela—…” (C. 16:101). La abrogación es, como mínimo, un cambio de opinión, una incoherencia del entendimiento, si es que no se trata de una total contradicción en el mensaje.

Respuesta: La abrogación no es una contradicción en el mensaje ni un cambio de opinión o pensamiento. Una norma se abroga cuando la sociedad, el entorno, cambia de tal manera que el juicio de la norma deja de ser válido, pierde realidad. La diferencia, si es que hay alguna, no está en la opinión sino en la materia de que trata. Una clara evidencia de ello se puede ver en los versículos que se autoabrogan, ya que, invariablemente, contienen alguna frase o cláusula para mostrar que la orden era temporaria, que enseguida sería abrogada. Por ejemplo: “Llamad a cuatro testigos de vosotros contra aquéllas de vuestras mujeres que cometan deshonestidad. Si atestiguan, recluidlas en casa hasta que mueran o hasta que Dios les procure una salida” (C. 4:15). Debemos advertir la última oración y la alusión que hace. Otro ejemplo: “A muchos de la gente de la Escritura les gustaría hacer de vosotros infieles después de haberos conocido creyentes… Vosotros, empero, perdonad y olvidad hasta que venga Dios con Su orden…” (C. 2:109). También aquí las palabras finales muestran que la norma ordenada no era para siempre.

Quinta particularidad específica: Su  elocuencia

El Corán, asimismo, ha desafiado a sus adversarios a que produzcan algo parecido en elocuencia. Dice Dios: O dicen: “Él lo ha inventado”. Di: “Si es verdad lo que decís, traed diez suras como él, inventadas, y llamad a quien podáis, en lugar de llamar a Dios. Y si no os responden, sabed que ha sido revelado con la ciencia de Dios y que no hay más dios que Él. ¿No os someteréis pues, a Él?” (C. 11:13-14). Estos versículos fueron revelados en Meca. También dice Dios: O dicen: “Él lo ha inventado”. Di: “Si es verdad lo que decís, traed una sura semejante y llamad a quien podáis, en lugar de llamar a Dios”. Al contrario, han desmentido lo que no abarcan en su ciencia y aquello cuya explicación aún no han recibido…” (C. 10:38-39). Estos también son versículos mecanos. Todos ellos desafían a quienes dudan y a los infieles para que produzcan diez capítulos del Corán, o siquiera uno, en su estilo y elocuencia, dado que la elocuencia era el arte más consumado de los árabes de esos días. Indudablemente, habían alcanzado la más elevada cumbre de la elocuencia. Ningún pueblo anterior, contemporáneo o posterior alcanzó nunca, aunque más no sea aproximadamente su dominio literario. La expresión era elegante, el estilo encantador, los términos perfectamente adecuados a los temas y sentidos, las conversaciones siempre en armonía con las ocasiones. Las palabras eran simples y las oraciones bellas. Hablaban con una gran fluidez y una gracia inimitable. Se trataba de un camino del cual eran los pioneros y los únicos transeúntes. El Corán motivó de todas las formas posibles a ese pueblo, excitando su ardor, provocando su arrebato o encendiendo su determinación para que enfrenten el desafío. No se debería olvidar que los árabes eran extremadamente orgullosos del arte y elocuencia que poseían y nunca reconocieron a otros la más mínima habilidad en la materia. A pesar de esa arrogancia, el Profeta (PBD) los retó a que produzcan un capítulo como los del Corán. Es un desafío que aún hoy día resuena en los oídos de los infieles, con el que los retaba a crear, si podían, un capítulo así. Pero el eludir ese reto fue la única respuesta de los árabes. Cuanto mayor era el vigor con que se los desafiaba, más evidente era su incapacidad. Finalmente tuvieron por costumbre ocultarse para evitar oír su recitación. Dice Dios: “Se repliegan en sí mismos para sustraerse a Él. Aunque se cubran con la ropa, Él sabe lo que ocultan y lo que manifiestan…” (C. 11:5).

Incluso después de catorce siglos nadie ha sido capaz de producirlo. Quienes lo intentaron pasaron vergüenza y fueron objeto del ridículo. La historia ha preservado algunos de esos patéticos intentos. Musaylamah (quien se presentaba como un profeta) escribió estas palabras en réplica al capítulo 105 (El Elefante) del Corán: “El elefante, ¡qué es el elefante! ¿Y qué te hará comprender lo que es el elefante? Tiene una cola insalubre y una larga trompa”. En otro “versículo” que recitó antes de al-Sajāḥ (quien también afirmaba ser uno de los profetas), dijo: “….luego penetramos en tus mujeres algo duro y lo quitamos por la fuerza…”. Véase este galimatías y decídase su valor. En los últimos días un cristiano escribió en réplica o como sustitución al capítulo de La Apertura: “Toda alabanza es debida al Compasivo, el Señor de los seres, el Rey, el Sometedor. Para ti es la adoración, y de Ti es la ayuda. Guíanos al sendero de la fe”.

Todos los intentos por enfrentar ese desafío sufrieron el mismo destino.

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