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– ¿Qué te impide ver al gobernador? -le preguntaron-. Porque él te mencionó y dijo que si hubiera sabido que estabas enfermo él te habría visitado.
– Una enfermedad medetuvo -contestó él-.
– Él ha sido informado -dijeron- que tú te sientas a la puertade tu casa todas las noches. Él te considera perezoso, y la pereza y el comportamiento informal son cosas que las autoridades no tolerarán. Te rogamos que vengas ron nosotros.
Mandó pedir sus ropas y se vistió, Entonces mandó traer una mula y cabalgó con ellos. Cuando llegó cerca del palacio, empezó a sentir algo de inquietud. Le dijo a Hasan ibn Asma’ ibn Jariya:
– Sobrino, por Dios, temo a este hombre. ¿Qué piensas?.
– Tío, por Dios, yo no temo nada para ti. ¿Por qué inventas razones para culparte?
-Contestó él, ya que Hasan no sabía que ‘Ubaydullah había enviado a por él-.
Así que Hani’ siguió hasta que llegó ante ‘Ubaydullah ibn Ziyad. Con él estaba un grupo de gentes.
Cuando levantó la vista hacia Hani’, ‘Ubaydullah se dijo:“Las piernas del tonto te lo han traído”. Entonces, cuando Hani’ se hubo acercado a Ibn Ziyad, el cual tenía al cadí Shurayh con él, Ibn Ziyad se volvió hacia él y recitó:
“Yo quiero su amistad, pero mi muerte quiere él. El que excusas te presenta es uno de tus amigos íntimos de latribu de Murad” (2)
Él se refería a su anterior bondad y gentileza con Hani’.
– ¿Qué es eso, gobernador? -preguntó Hani’-.
– Sí, Hani’, ¿qué son esas cosas que has estado tramando en tu casa contra el Comandante de los Creyentes (refiriéndose a Yazid, a quien Dios maldiga) y la comunidad generalde los musulmanes? -preguntó Ibn Ziyad-. Tú trajiste a Mus-lim ibn ‘Aqil y lo llevaste a tu casa. Has reunido armas y hombres en casas a tu alrededor. Tú creías que ello estabaoculto para mí.
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– Yo no he hecho eso y Muslim no está conmigo -contestó-.
– ¡Oh sí! -fue la respuesta-.
Después que la discusión entre ellos había continuado por algún tiempo y Hani’ persistía en contradecir y negar las acusaciones, Ibn Ziyad mandó llamar a ese espía, Ma’qil. El vinoy se paró ante él.
– ¿Conoces a este hombre? -preguntó Ibn Ziyad-.
– Sí -contestó él-.
En ese momento Hani’ se dio cuenta de que él (Ma’qil) era unespía contra ellos y que le había traído a Ibn Ziyad toda su información. Por un momento quedó estupefacto, pero entonces su ánimo regresó a él.
– Escúchame -dijo- y créeme lo que digo. Juro por Diosque yo no miento. Por Dios, yo no lo mandé llamar ami casa. Yo no sé nada acerca de sus asuntos sino sóloque él vino a mí pidiendo quedarse conmigo. Yo mesentí muy avergonzado de negarme. Como resultado de eso, el deber de darle protección cayó sobre mí. Por lo tanto yo le di hospedaje y refugio. Luego suasunto se desarrolló como fuiste informado. Si quieres, yo te daré testimonios fuertemente jurados de queyo no te haré daño alguno ni corres peligro conmigo, y vendrá a ti y pondré mi mano en la tuya. Si tú quieres, te daré una garantía, la cual estará en tu mano hasta que yo regrese a ti. Entonces iré a él y le ordenaré que deje mi casa par a cualquier parte del país adonde quiera ir. Entonces él dejará su derecho de protección.
– Tú nunca me dejarás a no ser que sea para traérmelo -contestó Ibn Ziyad-.
– Por Dios, yo no te lo traeré -declaró el otro-.
Después que la discusión entre los dos había seguido poralgún tiempo, Muslim ibn ‘Amr Al-Bahili se levantó a hablar. No había ningún otro sirio u original de Basorah en Qufah excepto él.
– Que Dios te haga prosperar, gobernador -dijo- por favor déjame con él por un tiempo para poder hablar con él.
Él se levantó y se llevó a Hani’ a un lado lejos de Ibn Ziyad. Etaban parados donde él podía verlos, y cuando ellos levantaban sus voces, él podía oír lo que decían.
– Te juro por Dios, Hani’ -dijo Muslim- que estás matándote a ti mismo y trayendo aflicción sobre tu clan. ¡Por Dios!, yo te considero demasiado valioso para ser matado. Este hombre es el primo de tu tribu, así que ellos no pelearán contra él, ni le harán daño. Por lo tanto, entrega a Muslim ibn ‘Aqil a las autoridades.
– ¡Por Dios!, ciertamente habría vergüenza y des honra para mí -respondió Hani’- si yo fuera a entregar a quien ha venido bajo mi protección y es mi invitado y huésped mientras que yo siguiera vivo y sano. Yo puedo oír; yo veo bien; yotendré un brazo fuerte y muchos que me ayuden. ¡Por Dios!, si él fuera el único sin quien lo ayude, yo no lo entregaría sino hasta haber muerto yo por él.
Empezó a gritar, diciendo:
– ¡Por Dios!, yo nunca se lo entregaré.
Ibn Ziyad oyó esto:
– Traédmelo -dijo él. Ellos se lo trajeron- “O me lo traes haré que te corten la cabeza” -demandó Ibn Ziyad-.
– Entonces habrá mucho resplandor de espadas alrededor de tu casa -replicó Hani’- pensando que su clan lo salvaríade ser matado.
– Acércate a mí -ordenó Ibn Ziyad-.
Él se acercó e Ibn Ziyad lo golpeó en la cara con su bastón y siguió golpeándole en la nariz, frente y mejillas, tanto que le rompió la nariz y la sangre brotó de ella sobre su cara y subarba, y la carne de su frente y sus mejillas quedó des garrada sobre la barba. Finalmente el bastón se rompió. Hani’ estiró su mano hacia la empuñadura de la espada de uno de los presentes armados pero el hombre lo aventó y evitó que la tomara.
– Te has estado comportando como uno de los Haruri (osea, los Jawariy) todo el día! -gritó Ibn Ziyad- así que tu sangre nos está permitida. ¡Lleváoslo!.
Lo llevaron y lo arrojaron a una de las habitaciones del edificio. Cerraron las puertas con llave. Ibn Ziyad les había dicho que pusieran guardias para vigilarlo y esto también fuehecho. Sin embargo Hasan ibn Asma’ se levantó y dijo:
– ¿Somos entonces los mensajeros de la traición?, ya que tú nos dijiste que te trajéramos al hombre. Sin embargo, cuando te lo trajimos, le aplastaste su nariz y su cara, y susangre fluyó sobre su barba. Luego declaraste que lo matarías.
– Tú lo serás aquí y ahora mismo -gritó ‘Ubaydullah, y ordenó que fuera golpeado, estrujado y aventado a un lado-.
– Estamos satisfechos con la actitud del gobernador de nuestra parte y contra aquellos de nosotros que están equivocados; el gobernador solamente está castigando a los que están en el error -declaró Muhammad ibn Al-Ash’ath-.
Sin embargo, cuando ello fue reportado a ‘Amr ibn Al-Hayyayy supo que Hani’ había sido matado, él avanzó con las gentes de Madhiy y rodeó el palacio. Tenía una gran multitud consigo.
– Yo soy ‘Amr ibn Al-Hayyay -gritó- y éstos son los caballeros de Madhiy y sus lideres. Nosotros no hemos roto la obediencia ni nos hemos separado de la comunidad.
Les había sido reportado que su compañero había sido matado, y ellos consideraron eso como un gran crimen. Le dijerona ‘Ubaydullah que los de Madhiy estaban ante la puerta. Le dijo al cadí Shurahyh:
– Entra a ver a su compañero. Míralo y luego sal e infórmales que él todavía está vivo y no ha sido matado.
Shurayh entró y lo miró. Cuando Hani’ vio a Shurayh dijo,con la sangre escurriendo de su barba:
– ¡Oh, qué Dios!, ¡oh, qué musulmanes! ¿Ha sido destruidomi clan? ¿Dónde están las gentes de la religión? ¿Dóndeestán las gentes de la ciudad?.
Cuando oyó el tumulto a la puerta del palacio dijo:
– Yo creo que ésas son las voces de los de Madhiy y mi grupo de los musulmanes. Si diez de ellos entraran, ellosserían capaces de rescatarme.
Después de que Shurayh hubo oído lo que él tenía que decir, salió hacia ellos y les dijo:
– Cuando el gobernador supo de vuestra actitud y vuestras palabras acerca de vuestro compañero, me ordenó que fuera a verlo. Yo fui y lo vi. Entonces él me ordenó que osviera y os informara que él está vivo todavía y que el reporte de que fue matado es falso.
– Alabado sea Dios ya que él no ha sido matado.
Contestó ‘Amr ibn Al-Hayyay, y también sus compañeros.Entonces ellos se fueron.
‘Ubaydullah ibn Ziyad salió y subió al púlpito. Había traídoconsigo a los nobles del pueblo, sus guardaespaldas y sucomitiva. Dijo:
– ¡Oh gentes!, buscad refugio en la obediencia a Dios y a vuestros imámes. No provoquéis división porque vosotros seréis destruidos, humillados, matados o tratados con severidad y despojados de vuestras pertenencias. Vuestro hermano es el que os habla con la verdad. El que advierte está disculpado.
Después de que hubo terminado de hablar, iba a bajar, pero todavía no se había bajado del púlpito cuando los vigías enla puerta de los vendedores de dátiles de la mezquita se pu-sieron a gritar: “¡Muslim ibn ‘Aqil ha venido!”.
Continua…
Notas:
1- Rua en At-Tabari, II, 250.
2- Este verso también se supone que fue recitado por ‘Ali (P) acerca de IbnMulyim.
