Debate libre en el Islam El Profeta del Islam (PBD) y los nobles de Quraish

by asadian
Profeta del Islam (PBD)

SHAFAQNA – Al comienzo de la misión profética, estaba un día el Mensajero de Dios sentado en el patio de la ka’ba, cuando un grupo de los aristócratas y principales de Quraish, entre los que se encontraban Abul Bajtarí, Abu Yahl y As ibn Wâ’il, hicieron su entrada en la mezquita. El Profeta Muhammad (la paz sea con él y su descendencia) estaba ocupado enseñando el Corán y las leyes del Islam a algunos de sus discípulos y compañeros. Al ver al Profeta con sus compañeros, se dijeron: “Poco a poco, el trabajo de Muhammad está dando sus frutos y haciéndose extremadamente importante. Será bueno que vayamos a criticarle y a debatir con él y destruyendo sus argumentos le avergonzaremos ante sus seguidores, quizás así abandonen el camino de la rebeldía y la desviación. Si esto no resulta eficaz, recurriremos a la espada.”

Abu Yahl dijo: – Excelente, pero ¿Quién puede enfrentarse con él?

– Yo puedo hacerlo – respondió Abdullah ibn Abi Umaiah- ¿Acaso no piensan que tengo tanta capacidad para el debate como Muhammad?

– Desde luego – convino Abu Yahl.

Así que, todos juntos se dirigieron hacia el Profeta. El primero en hablar fue Abdullah:

– ¡Muhammad! Tú pretendes algo demasiado ambicioso. Te crees enviado del Creador del mundo y piensas que dices cosas asombrosas, pero no es adecuado para el Creador del mundo elegir a alguien como tú para que sea Su mensajero, ya que, igual que nosotros, eres un simple ser humano, que come, bebe y camina por los mercados (pero ellos dicen: ¿qué clase de mensajero es éste que come Alimentos y transita por los mercados?” (Corán, 25:7)

“Observa los reinos de Roma y Persia, cuando eligen embajadores, buscan entre las personas de gran posición y riqueza, dueños de palacios, casas y campos, sirvientes y esclavos. El Creador del mundo, que es más importante que todos esos reyes, que es el Señor de todos ellos, no te elegiría a ti, que eres pobre y necesitado, para ser Su Mensajero. Si tú fueses Su Embajador, sin duda habría enviado un ángel junto a ti (Por qué no se ha hecho un ángel que amoneste con él, Corán, 25:7). Que corroborase tu convocatoria y, así, nosotros podríamos verlo. Más aún, seguramente, si dios hubiese querido enviar un profeta, habría elegido a un ángel como mensajero (Si Dios hubiese querido habría hecho descender ángeles, Corán 23:24; 41:14), no a un ser humano como nosotros. Alguien te ha hechizado y por eso te crees profeta, sin serlo en realidad.”

– ¿Tienes algo más que decir? – le interrogó el Profeta (la paz sea con él y su descendencia)

– Sí. Si Dios hubiera querido enviarnos un profeta, seguramente habría elegido al más rico e influyente de nosotros y no a ti. Ese Corán que, según tú imaginas, Dios te ha revelado ¿Por qué no le fue revelado a una de las grandes personalidades de la Meca, como Walíd ibn Mugîra o alguna de Taíf , como Uruah ibn Mas´ûd?

– ¿Quieres agregar alguna otra cosa?”, dijo el profeta (la paz sea con él y su descendencia)

– Sí. Nunca creeremos tus palabras, a no ser que hagas brotar una fuente de agua en Meca. Como sabes, todas estas tierras están cubiertas de montañas y rocas. Si quieres que creamos en ti, quita las piedras de esta tierra, cava varios pozos y haz surgir algunas fuentes de agua en la Meca, que nos es muy necesario.

“Si no, deberías poseer un huerto de dátiles y uvas para provecho tuyo y nuestro y, en él, tendrías que hacer que corrieran los ríos.

O bien, parte el cielo y haz que caiga sobre nuestras cabezas. O preséntanos a Dios y a los ángeles, para que podamos verlos. O haznos una casa de oro. O sube al cielo y tráenos una carta de Dios con el siguiente texto:

“Esta carta es de Dios, Poderoso y Prudente, para Abdullah ibn Umaiah y los que con él están. Considero necesario que creáis en Mi enviado, Muhammad, y aceptéis sus palabras, pues viene de estar junto a Mí.”

Pero, aún después de que hicieras todas esas cosas que te he pedido, no sé si aceptaría tu mensaje o no. Incluso si nos llevases al cielo, abrieses sus puertas y nos introdujeses en él, diríamos que hiciste magia o brujería (Aunque hubiéramos abierto para ellos en el cielo por la que pudieran ascender a él habrían dicho: ‘nos han hechizado nuestros ojos. Sí, somos un pueblo hechizado’”, Corán, 15:14-15).

– ¿Algo más? – le preguntó el Profeta (la paz sea con él y su descendencia)

– ¿No es suficiente todo lo que he dicho? No, no tengo nada más que decir. Di todo lo que piensas en respuesta a cuanto te he pedido, corre la cortina para descubrir lo que tienes en tu corazón.

Allí mismo, el Mensajero se volvió a Dios y le dirigió las siguientes palabras:

“¡Oh Dios mío! Tú que todo lo oyes y todo lo sabes, has escuchado lo que tus siervos han dicho.”

Entonces, Dios hizo descender algunas aleyas[2] y el Profeta (la paz sea con él y su descendencia), volviéndose hacia Abdillah, dijo:

– En cuanto a lo que dijiste de que yo soy un mortal como vosotros, que como, bebo y camino por los mercados, es correcto, pero el asunto de la profecía está en manos de Dios ¿Qué puedo hacer si Dios me ha visto adecuado para ser Su profeta y me ha elegido para llevar Su mensaje? En cuanto a lo que dijiste de que, si los reyes eligen como embajadores suyos a personas ricas e importantes cómo es posible que Dios me haya elegido a mí, es evidente que no has entendido nada de la lógica inherente al mensaje divino. Dios me ha elegido pobre para demostraros Su poder y que veáis cómo, con todo el poder y la fuerza de que vosotros disponéis, no podéis destruirme ni impedirme que realice mi prédica. Pronto Dios me hará triunfar sobre vosotros. Mataré a un grupo de vosotros y a otro lo haré prisionero y, finalmente, vuestras ciudades pasarán a estar bajo mi control.

En cuanto a lo que dijiste de que si yo fuera un profeta, vendría acompañado de un ángel que respaldase la verdad de mi mensaje y que, incluso, si Dios quisiera enviar un profeta, le encomendaría esa tarea a un ángel, tampoco es correcto, ya que tú no puedes ver a un ángel y, suponiendo que pudieses verlo, dirías que no es un ángel sino un mortal como nosotros, porque, en este caso, tendría que manifestarse con figura humana, para que pudiéramos comunicarnos con él, oír sus palabras y entender sus objetivos. Entonces ¿Como sabrían que lo que dice es cierto?

Al contrario, Dios elige a un ser humano como profeta y le da la capacidad de hacer milagros, cosa que ningún otro hombre, siendo igual a él, es capaz de realizar. Y eso es un testimonio práctico con el que Dios demuestra que esa persona es un profeta. Si ante ustedes se manifestase un ángel e hiciese milagros, como su esencia es distinta a la nuestra, ustedes no podrían creer que esos milagros proviniesen de Dios, por eso, al dar Dios el poder de hacer milagros a un hombre, certifica con ello la veracidad de su mensaje.

En cuanto a lo que dijiste de que me imagino estar elegido para la misión profética porque sufro el efecto de una brujería, vosotros mismos sabéis que mi capacidad de análisis y discernimiento es mejor que la vuestra ¿Acaso, desde mi niñez hasta ahora, que tengo cuarenta años, me han visto mentir, asesinar, cometer errores en lo que digo, defender creencias sin sentido, mantener actitudes irracionales…?

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En cuanto a la objeción de por qué el Corán no se le ha revelado a alguna personalidad de Meca o Taíf, debo decirte que Dios no hace la misma valoración que tú de la riqueza y de los ricos. Él encomienda esa tarea a la persona que reúna las condiciones necesarias para ser el dirigente de la sociedad.

En cuanto a los actos que me pediste que realizase como prueba de mi profecía, son de distintas clases:

Los primeros son del tipo que, aun suponiendo que los realizase, no demostrarían la verdad de mi misión, y el profeta de Dios no puede aprovecharse de la ignorancia de la gente para establecer la verdad de su misión profética con argumentos que, en realidad, no tienen valor como pruebas. Cuando me pides que haga surgir una fuente de agua como prueba de mi misión profética, queda claro que desconoces el carácter de las relaciones entre Dios y el hombre. Suponiendo que yo realizase lo que me pides ¿Sería eso prueba de mi carácter profético?

– No.

– Tú mismo, posees jardines en Taíf ¿Acaso parte de ellos no eran anteriormente tierras abruptas, secas y duras, que tu trabajaste e hiciste de regadío?

– Sí, es cierto.

– ¿Acaso, gracias a esos trabajos que tú y otros como tú realizaron, es que habéis llegado a ser profetas?

– No.

– Por tanto, hacer que fluyan arroyos no puede ser prueba de la misión profética de Muhammad. En realidad es una manera de decirme que no crees en mí y que no ves en mí más que una persona, que se pone en pie, camina y come, como el resto de las personas.

El segundo tipo de actos que me pides, serían causa de tu aniquilación, y las pruebas son medios para inclinar a la gente a creer, no para destruirles. Si yo tuviera jardines de palmeras y viñedos ¿Demostraría eso que soy un profeta? ¿Acaso tú y tus compañeros han llegado a ser profetas por el hecho de poseer palmerales y viñedos en Taíf?

– No.

– Entonces ¿Por qué pedís al Profeta, como prueba de su comunicación con Dios, que realice cosas que, aunque las realizase, no son para nada pruebas de la veracidad de esa conexión, sino que, por el contrario, de pretenderlo, lo harían aparecer como un mentiroso, ya que estaría pretendiendo hacer pasar como pruebas de su profecía, cosas que no prueban nada?

El tercer tipo de actos que me pides tiene relación con asuntos que confirman que eres una persona obstinada y que de ninguna manera quiere aceptar la verdad. Y para alguien que padece esa enfermedad, el único remedio es un castigo del cielo, el infierno o la espada de los amigos de Dios, pues si yo hiciese que el cielo se hundiera, eso provocaría la muerte tuya y de muchas otras personas y el profeta de Dios es más misericordioso que Tú, no te destruirá, sino que te dará pruebas que establezcan claramente la verdad. Además, la elección de los milagros que confirmen la profecía, no es algo que pueda dejarse a la elección de la gente, ya que éstas desconocen los beneficios y los perjuicios de las cosas y, a veces, piden cosas imposibles ¿Acaso deja el médico que los enfermos elijan sus medicinas? De ninguna manera, sino que él mismo elige el medicamento que considera conveniente para curar al enfermo, le guste al paciente o no.

Asimismo, si alguien pretende tener derecho sobre otro, el juez no puede pedirle que aporte argumentos que satisfagan a la parte acusada. Si así hiciese, nadie podría afirmar su derecho.

En cuanto a lo que me pides de que te presente a Dios y a los ángeles, es imposible de realizar. Eso no necesita explicación, ya que el Creador no es como nosotros, no es algo creado, que camina como nosotros, que se mueve como nosotros y que se pone frente a algo para poder ser observado…

Dime ¿No es cierto que posees, en Meca y en Taíf, tierras, jardines, trabajadores y empleados?

– Sí – respondió Abdillah.

– ¿Tú personalmente lo diriges todo, o tienes a un encargado que te represente?

– Tengo un encargado.

– ¿Te parecería correcto si tus trabajadores le dijeran a tu encargado: “No te aceptaremos como encargado si Abdillah no está personalmente a tu lado?

– No.

– Entonces ¿Qué debe hacer tu encargado para demostrar que es tu representante? ¿No es cierto que le has dado un poder para que los trabajadores lo acepten como tu encargado?”

– Sí, así es exactamente.

– Ahora, si los trabajadores no aceptan a tu encargado y éste regresase a ti diciéndote que aquellos quieren que tú vayas personalmente acompañándole, pues de lo contrario no le harán caso y que si tú no vas él no irá ¿No considerarías que tu encargado se está excediendo? ¿Acaso no le dirías que él es solamente un encargado tuyo, no un consejero o un comandante, para decirte lo que debes hacer?

– Sí.

– Entonces, si no consideras correcto obedecer lo que te pide tu encargado ¿Cómo pretendes hacer tú lo mismo con el representante de Dios? Esto invalida todas tus peticiones de manera terminante.

En cuanto a la casa de oro que me pides que construya ¿Sabes acaso que el rey de Egipto posee varias casas de ese tipo

– Sí, lo sé.

– ¿Acaso el rey por poseer casas de oro es un profeta?

– No.

– Por ese mismo motivo, el que yo hiciese casas de oro no demostraría mi condición de profeta. Muhammad no se aprovechará de tu ignorancia para tratar de demostrar su condición profética con ese tipo de pruebas.

En cuanto a tu petición de que vaya al cielo, te diré que subir al cielo es más difícil que bajar de él, además tú has dicho que, aunque yo suba al cielo, seguirías sin tener fe. El que yo suba al cielo o regrese de él, no conseguirá que tú tengas fe. Además, dijiste que debería volver con una carta de Dios y que, aún así, no sabías si creerías. Por tanto, conforme a lo que tú mismo dices, eres una persona tozuda, que no está dispuesta a aceptar la verdad aunque ésta se manifieste con toda claridad. A ti, lo único que puede curarte es la espada de los combatientes por Dios…

Dios, en respuesta a todas tus preguntas, me ha revelado una frase:

“Di: ¡Gloria a mi Señor

¿Qué soy yo, sino un mortal, un enviado?”

(Corán, 17: 93)

Está lejos de la santa pureza de mi Señor el aceptar las peticiones de los ignorantes. Yo soy un hombre como vosotros, al que Dios ha enviado como Su representante y no necesito presentar más pruebas de mi misión que las que Dios ha tenido a bien darme.

 

Notas:

1- Biharul Anuar, T. IX, págs. 269-280.

2- Cfr. Corán 17:89-93)

 

Fuente: IslamOriente

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