La vida en Ramadán para un musulmán occidental y en Occidente

by asadian
Ramadán, musulmanes, Corán

SHAFAQNA | por Mikail Alvarez Ruiz: Ciertamente que plantearse la cuestión de la vivencia del mes de Ramadán fuera de los países del ámbito musulmán no tiene nada que ver con lo que este mes representa, ni en lo particular ni en lo colectivo, dentro de cualquier sociedad musulmana; especialmente si nos referimos a los autóctonos de estos países, normalmente de Occidente, que vivimos siendo minorías dentro de una minoría, prácticamente aislados y sin ningún tipo de abrigo social en un mes tan importante como este.

Tal vez quienes hayan vivido toda su vida en un país islámico no puedan ser conscientes del reto que este mes representa para un musulmán occidental. Posiblemente no hayan reparado nunca en que a diferencia de sus países, aquí todo es a contracorriente; desde la falta de cobertura social que antes apuntaba, la falta de centros y mezquitas, los horarios laborales, comerciales, etc., hasta las inmensas distracciones que se nos ofrecen por doquier. Todo está en contra de lo que debería ser poder vivir plenamente un mes de Ramadán.

Por eso, muchos de nosotros hemos coincidido en que el mejor mes de Ramadán que hemos vivido fue precisamente el del año pasado, el Ramadán del confinamiento, esencialmente porque en esos días por primera vez en nuestras vidas, en mi caso llevo casi 40 ramadanes a mis espaldas, nuestro ciclo vital no estaba en dirección contraria al ciclo vital de la sociedad que nos rodea y en la que estamos obligados a vivir, y que normalmente nos arrolla. El confinamiento nos unificó a todos y a nosotros nos benefició. Por primera vez en nuestro confinamiento éramos dueños de nuestro horario, nuestro tiempo y nuestro ser, sin interferencias laborales por ejemplo, sin interferencias sociales, sin distracciones. Nosotros dueños de nuestro destino, nosotros por y para el Ramadán por primera vez.

Cuando a veces, y ya fuera del contexto extraordinario del Ramadán de 2020, se nos plantean las típicas preguntas sobre el Ramadán desde aquellos países musulmanes donde tantas cosas se dan por supuestas, por hechas, uso se siente un poco como un extraño. Cuándo se nos hacen este tipo de preguntas, esperando sin duda las respuestas igualmente típicas ¿qué podemos contestar si queremos ser sinceros?.

Si nos preguntan por ejemplo sobre cómo podemos aprovechar la oportunidad que este mes nos ofrece para relacionarnos con Dios y fortalecer nuestra fe, lejos de una contestación altamente mística, la respuesta debería ser sin duda que simplemente haciendo un esfuerzo extraordinario para intentar conseguir en lo posible que todos los obstáculos que en esta sociedad se nos pone en el camino y que en este mes se hacen especialmente pesados, no logren apartarnos de ese objetivo de vivir, en cada uno de nosotros, el verdadero Ramadán, ese que va mucho más lejos que un simple ayuno físico.

También nos suelen preguntar sobre qué papel pensamos que juega este mes en la vida de los musulmanes y qué oportunidades de cambios personales y sociales trae el mes de Ramadán para un musulmán. Aquí volvemos al problema inicial; un mes que en una sociedad islámica es una oportunidad para el fortalecimiento espiritual individual que a su vez, de conseguirse este en un número considerable de individuos, llevaría sin duda a la mejora de esa misma sociedad, en unas tierras donde los musulmanes somos una minoría dispersa no es posible, en la práctica real, aspirar a que el mes de Ramadán pueda significar ningún cambio social en el entorno que nos rodea. Sí desde luego es una oportunidad, a la vez difícil y espléndida, para el desarrollo individual, pues muchas veces esas mismas dificultades son las que nos hacen tomar una conciencia más profunda que la que musulmanes en muchas tierras islámicas llegan a alcanzar. Ahora bien, el problema y el gran reto en este entorno no es alcanzar un grado de conciencia y superación en este mes, sino ser capaces de mantenerlo el resto del año.

¿Cuál debe ser entonces nuestra filosofía del ayuno? Lejos del entorno social complaciente, aunque a veces también terriblemente perturbador de la esencia de Ramadán, que se vive en los países musulmanes en este mes, nuestra filosofía del ayuno, de los ayunos de todos los tipos que han de darse en Ramadán para vivir verdaderamente su significado, no puede ser otra que la del yihad, la del “gran yihad”, la del yihad de superación espiritual. Pues si la vida para un musulmán en este entorno ya es habitualmente una lucha diaria, esta se debe multiplicar si realmente queremos sacar un verdadero partido del mes de Ramadán.

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Cuando se nos habla de profundizar en nuestra “cultura islámica” en este mes me planteo ¿qué es la “cultura islámica”? ¿Qué es la cultura islámica para un musulmán occidental que lo quiera o no vive inmerso en una cultura opuesta a lo que podríamos entender por “cultura islámica”? ¿Qué entienden ellos mismos, los hermanos que desde otras tierras nos hablan de esto, por “cultura islámica”? ¿Puede hablarse de una “cultura islámica” monolítica, o tal vez hay tantas “culturas islámicas” cómo personas? ¿Son acaso las propias culturas locales de cada país islámico lo que se confunde con “cultura islámica”? ¿tenemos acaso una “cultura islámica” en Occidente?. Yo pienso que la “cultura islámica” de un musulmán occidental y en Occidente no es otra que su propio ser y sentir como musulmán, y en ese sentido cada milímetro que en este mes consigamos avanzar en nuestro desarrollo espiritual y personal, cada gramo que consigamos engordar en nuestro bagaje de superación, habrá sido un fortalecimiento de nuestra particular “cultura islámica”.

¿Podemos bajo estas circunstancias familiarizarnos con en el Corán durante el mes de Ramadán? Sin duda este acercamiento y conocimiento del Libro de Dios (SWT) tiene una particular importancia en la vida de cualquier musulmán, y durante el mes de Ramadán se brinda una oportunidad única para ello. Lógicamente la manera de hacerlo no se parecerá a esas grandes recitaciones comunitarias que podemos ver en distintos países musulmanes, entre otras cosas porque por aquí casi nadie sabe recitar, ni tampoco podremos asistir a clases o conferencias impartidas por grandes sabios en la materia, por el mismo motivo de que en estas tierras no suelen encontrarse este tipo de sabios y menos aún que sepan conocer y reconocer nuestra idiosincrasia y hablarnos en un “lenguaje inteligible” para nosotros como musulmanes occidentales. Aquí el acercamiento al Corán, como tantas cosas, puede y debe hacerse de otra manera, menos social sin duda, más íntimo y particular de cada uno posiblemente, pero como parte de esa lucha, de ese yihad que antes mencionaba, es fundamental que consigamos sacar un tiempo a lo largo del día, cada día, en la madrugada si fuera posible, para acercarnos al Libro de Dios, bien leyendo alguna traducción fiable y reflexionar sobre lo leído, pues leer sin comprender es algo que no tiene sentido, bien también intentando aprender la lectura del Corán en árabe e incluso atrevernos a iniciarnos en la recitación del Libro, bien, siendo lo ideal a mi juicio, intentando hacer todo esto a la vez. Es fundamental conseguir ese tiempo cada día, aunque sólo fuera media hora, un tiempo en el que podamos aislarnos del entorno y centrarnos en el Corán. Puede ser difícil, pero si lo conseguimos, notaremos el beneficio.

Y llegamos al final como el mes de Ramadán finaliza en su último tercio con las Noches del Destino, la mejor parte del mes, los días y las noches más importantes de todo el Ramadán. En estos días se hacen más evidentes aún las dificultades que la sociedad y el ambiente que nos rodea nos imponen para que nuestro ser al completo pueda estar dedicado al beneficio de este mes. Ser capaces de conseguir el favor de estas noches significará el conseguir o no triunfar contra estas dificultades.

Las Noches del Qadr no son noches de fiesta social como algunos entienden, todo lo contrario, debemos huir de esa concepción, es totalmente contraproducente con el verdadero espíritu de esas noches. Debemos esforzarnos y superarnos especialmente en las noches de este último tercio del mes, y si no podemos en todas, al menos en el mayor número de noches posibles de este periodo prestando especial atención a las que sabemos son las más destacadas de ellas. No son noches de fiesta social como digo, son noches de intimidad, son noches de adoración, de rezo, de súplicas, de recitación, de comprensión, de meditación, de apertura. Son noches que cuando nos dedicamos a ellas verdaderamente se nos quedan cortas, nos faltan horas, y sobre todo, son noches que cuando nos dedicamos a ellas verdaderamente, como se debe, notamos sus beneficios inmediatamente.

Ciertamente el Ramadán para un musulmán occidental y en Occidente no tiene nada que ver con el Ramadán de cualquier musulmán que viva en un país islámico. Mucho más difícil en muchos aspectos, que por supuesto no tienen nada que ver lo físico, pero también, si lo comprendemos, con muchas más posibilidades de superación precisamente por no estar encorsetados en tradiciones y costumbres que realmente no hacen más que desvirtuar el verdadero sentido del ayuno.

¿Quiere decir todo esto que los musulmanes de Dar al Islam y los de fuera somos unos mejores o peores que los otros, que unos estamos por encima o por debajo de los otros, en mejor o peor posición unos que otros? ¡No en absoluto!, nada más lejos de la realidad. Distintos sí, pero todos parte una misma y diversa comunidad, de una misma ummah islámica, en la cual si algo no tiene cabida, si algo está condenado al fracaso, es pretender uniformizarnos, vernos a todos bajo el prisma de un cristal unicolor. Conocer, reconocer, respetar y apreciar esta variedad, esta diversidad, es lo que hará fuerte a los musulmanes y lo que permitirá una ummah más unida.

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