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Imam Ali (as), Profeta

SHAFAQNA- La segunda pregunta que podríamos hacernos es ¿por qué el Imam Ali (AS) no usó la fuerza para defender sus derechos? Él mismo ha respondido a esta pregunta de la siguiente manera: porque en ese momento el uso de la fuerza habría perjudicado a la nación musulmana y habría resultado en el colapso del estado.

La principal amenaza que presentaba el uso de la fuerza era que los elementos descontentos, a saber, los hipócritas (Munāfiqūn), que habían estado esperando la oportunidad para iniciar una rebelión y causar desorden y caos en tierras musulmanas, aprovecharían la oportunidad para promover sus propios intereses. Por otro lado, los árabes que vivían lejos de Medina ya habían comenzado a rebelarse, y esto representaba una verdadera amenaza para la estabilidad de la nación. Además, el Profeta había advertido contra el riesgo de emplear el poder en esos momentos. En la misma línea, podemos leer en uno de los sermones del Imam Ali (AS):

¡Oh gente! Manteneis alejados de las olas de la maldad en los barcos de la liberación, apartáos del camino de la disensión y quitáos las coronas del orgullo. Próspero es aquel que cuando levanta vuelo  (es decir, cuando tiene poder), permanece en paz y los demás disfrutan de tranquilidad. Esta (es decir, la aspiración al Califato) es como agua turbia o como un bocado que sofocaría a quien lo traga. Quien arranca frutos antes de su maduración es como quien cultiva en el campo de otro.

 Si hablo, me llamarán codicioso del poder, pero si me callo dirán que le tengo miedo a la muerte. Es una lástima después de todos los altibajos (que he pasado). Por Allah, el hijo de Abu Talib está más familiarizado con la muerte que un niño con el pecho de su madre. Tengo un conocimiento oculto, si lo revelo empezarás a temblar como cuerdas en pozos profundos. (Nahj-al-Balagha, Sermón n. ° 5).

La oración final del sermón indica que el Imam (AS), ya sea mediante la guía divina o las instrucciones del Profeta, era consciente de que el uso de la fuerza en ese momento tendría un efecto desastroso en la sociedad islámica.

En una carta escrita hacia el final de su califato, el Imam Ali (AS) arroja más luz sobre el tema:

Por Dios (SWT), nunca se me ocurrió, y nunca imaginé, que después del Profeta (la paz sea con él) los árabes arrebatarían el califato de su casa ni que me lo quitarían después de él, pero de pronto me di cuenta que habían personas que rodearon al hombre para jurarle lealtad.

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 Por lo tanto, retuve mi mano hasta que vi que muchas personas se estaban alejando del Islam y tratando de destruir la religión de Muhammad (que Dios (SWT) lo bendiga a él y a sus descendientes). Entonces temí que si no protegía al Islam y a su gente y ocurría en él una ruptura o destrucción, significaría un golpe mayor para mí que la pérdida de poder sobre ustedes y que, en cualquier caso, duraría unos pocos años. Días en los cuales todo pasaría como pasa el espejismo, o como la nube se aleja.

 Por lo tanto, en estos sucesos me levanté hasta que el mal fue destruido y desapareció, y la religión alcanzó la paz y la seguridad. (Nahj al-Balagha, carta n. ° 62)

Abul-Hasan Madaini cita a Abdallah ibn Junayd diciendo: “Estaba realizando los ritos de Umra cuando entré a Medina y caminé hacia la Mezquita del Profeta (PBUH). De repente, escuché el llamado de la oración del viernes, lo que hizo que la gente se reuniera. Entonces, Ali entró con su espada. Habiendo llamado la atención de la gente su entrada, empezó a hablar. Comenzó alabando a Dios y bendiciendo al Profeta:

 “Después de la muerte del Profeta (la paz sea con él), somos sus descendientes, herederos y amigos cercanos; nadie puede ser igual a nosotros en este terreno. Y nadie puede atreverse a usurpar nuestro derecho. Pero de repente, la gente comenzó a oponerse a nosotros; nos quitaron la autoridad del Profeta (la paz sea con él), así que otros la tomaron … Juro por Dios que si no fuera por mi miedo a la disensión y la discordia entre los musulmanes, y también por el miedo al regreso de la incredulidad a esta nación y al debilitamiento de la religión. Si no fuera por ellos, habríamos actuado de otra manera, y aquellos que no dudan al hacer el bien a la gente habrían estado en la posición de poder como gobernantes ”(citado en Ibn Abil-Hadid, 1/307).

Ibn Is’haq en su biografía ha citado a Zubayr ibn Bakkar diciendo: “Cuando la gente hizo el juramento de lealtad a Abu Bakr, la tribu Banu Taym se enorgulleció y se sintió satisfecha con este juramento, pero la mayoría de los Emigrantes y Auxiliares tenían bastante seguridad de que, después del Profeta, era Ali quien tenía derecho al califato. Varias personas notables de Banu Hashim compusieron poemas criticando la selección del nuevo califa. Sin embargo, cuando le dijeron a Ali (AS) acerca de estos poemas, les pidió que desistieran y agregó: ´la estabilidad y seguridad de la religión es lo más placentero para nosotros ´”. (Anvar 28: 353)

Esto muestra que el Imam evitó emprender o respaldar cualquier acción divisoria para preservar la unidad exterior y el orden de la nación musulmana. Durante este tiempo, el Imam estaba consciente de que un grupo de árabes vecinos estaban a punto de abandonar la fe y que los hipócritas en Medina estaban esperando una oportunidad para atacar y revivir los valores preislámicos. Pero a pesar de esto, el Imam no podía actuar solo. No tuvo más remedio que cooperar con los califas, siempre y cuando esta cooperación supusiera una ventaja para el Islam. De modo que guió a los califas en la solución de asuntos espinosos y también se reunió con las delegaciones que venían a Medina; enseñó las leyes y enseñanzas del Corán tanto a los Emigrantes como a los Auxiliares, y también a sus hijos. En cualquier caso, Ali pasó veinticinco años de esta manera, hasta el año 35/656, cuando Uthman fue asesinado ante los ojos de los Emigrantes y los Auxiliares como resultado de las distorsiones que había hecho en la religión. el Imam había informado al segundo Califa de tan siniestro destino de antemano.

 

Este texto es traducido por Shafaqna

Fuente: “El Islam Chiita: Su Historia y Doctrinas, Ayatollāh Yaʿfar Subḥānī, Capítulo 8.

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