El misterio de la “Mispha” (Parte 2)

SHAFAQNA| por Abdul Ahad Dawud : Antes de explicar el significado del nombre “sapha”, tengo que abusar de la paciencia de aquellos lectores que no están familiarizados con el hebreo. El idioma árabe carece del sonido “p” en su alfabeto, cosa que no sucede con el hebreo y otros idiomas semíticos, en los que la letra “p”, igual que la “g”, es a veces débil y se pronuncia como “i” o “ph”. En inglés, como norma, las palabras griegas y semíticas que contienen el sonido “f” son transliteradas y escritas con “ph” en lugar de “f”, como por ejemplo Seraph, Mustapha, Philosophy, etc. Es de acuerdo a esta norma que prefiero escribir “safa” en la forma “sapha”.

Cuando Jesús le dio por nombre a su primer discípulo, que se llamaba Shimon (Simón), el significativo título de “Petros” (Pedro), evidentemente debió tener presente esta antigua “sapha” sagrada, que estaba perdida desde hacía mucho tiempo. Pero, desgraciadamente, no podemos exponer exactamente las palabras precisas que utilizó Jesús en su idioma. La forma griega “Petros” en el género masculino -”Petra” en el femenino-, es tan no-clásica, tan no-griega, que uno se queda muy asombrado de verla adoptada por las iglesias. Jesús o cualquier otro judío, ¿soñó alguna vez con llamar al pescador Bar Yona, “Petros”? Decididamente no. La versión siríaca llamada “Pshittha” ha expresado con frecuencia esta forma griega como  “Kipa”. Y el hecho de que incluso el texto griego ha preservado el nombre original “Kephas”, que la versión inglesa ha reproducido en la forma de “Cephas”, muestra que Jesús hablaba el arameo y dio el nombre de “Kipha” a su principal discípulo.

Las antiguas versiones árabes del Nuevo Testamento han escrito frecuentemente el nombre de San Pedro como “Shamun as-Sapha”, es decir, “Simón la Piedra”. Las palabras de Jesús: “Tú eres Pedro”, etc., tienen su equivalente en la versión árabe en la forma de “AntasSapha” (Mateo 16:18, Juan 1:42, etc.).

Se deduce por lo tanto que si Simón es la “Sapha”, la iglesia que iba a ser edificada sería naturalmente la “Mispha”. Que Jesús comparara a Simón con la “Sapha” y a la iglesia con “Mispha” es muy notable. Así, habiendo dado a conocer el misterio oculto en esta similitud y la sabiduría corporizada en la “Sapha”, no queda sino aceptar como una de las verdades más maravillosas el gran mérito del título por antonomasia de Muhammad es “Mustafá”.

A lo dicho antes nuestra curiosidad podría plantear las siguientes cuestiones: a) ¿Por qué los musulmanes y los unitaristas descendientes de Abraham eligieron una piedra para cumplir con servicios religiosos, alrededor o sobre ella?. b) ¿Por qué esta piedra particular fue llamada “sapha”?. c) ¿Qué está impulsando su autor?, y quizás varias otras.

La piedra fue elegida como el material más conveniente sobre el cual podía ofrecer su sacrificio el viajero devoto, derramando su aceite y vinos puros, cumpliendo el servicio religioso alrededor de ella. Más aún, esta piedra era erigida para conmemorar los votos hechos y ciertas promesas que un profeta u hombre virtuoso hacía a su Creador, así como las revelaciones recibidas de Dios. En consecuencia era un monumento sagrado de un gran evento religioso. Para tal propósito ningún otro material podía aventajar a la piedra. No solamente la solidez y durabilidad de la piedra la hacía conveniente a ese objeto, sino que su misma simplicidad, su existencia por todas partes y sin valor monetario en un lugar solitario, sería una garantía contra cualquier impulso de avaricia humana o enemistad para robarla o destruirla. Como es bien conocido, la ley de Moisés prohíbe picar o tallar las piedras del altar. La piedra llamada “sapha” debía ser dejada completamente en estado natural. Sobre la misma no se hacía ninguna inscripción, tallado de imágenes, labrado, etc., para que nadie la adorara, especialmente cuando pasara por allí gente ignorante. Oro, hierro plateado o cualquier otro metal, no podía responder a todas esas cualidades contenidas en la simple piedra. Se debe entender, por lo tanto, que el material más puro, más duradero, más conveniente y más seguro para un monumento religioso y sagrado no podía ser otro que la piedra.

Relacionado: El misterio de la “Mispha” (Parte 1)

La estatua de bronce fundido de Júpiter adorada por el pagano pontífice máximo romano fue sacada del panteón y refundida en la imagen de San Pedro por orden de un soberano pontífice cristiano. En realidad, la sabiduría que toma cuerpo en la “sapha” es admirable y de gran valor para todos aquellos que no adoran nada fuera de Dios.

Se debe mencionar también que no sólo la “sapha” erigida era un monumento sagrado, sino incluso el lugar en que se encontraba y sus alrededores. Es por esta razón que el “hayy” (peregrinación) islámico, como la “higga” hebrea, se cumple alrededor de la edificación donde está colocada la piedra sagrada. Se sabe que los karámatas[1] que se llevaron la piedra negra de la Ka’bah y la tuvieron en su tierra durante unos veinte años, fueron obligados a devolverla y ponerla nuevamente en su anterior lugar porque no podían apañar a los peregrinos de la Meca. Sí hubiese sido de oro o de otro elemento precioso, podría no haber existido hasta el presente.[2] Incluso si hubiera tenido grabadas imágenes habría sido destruida por el propio Profeta Muhammad.

En cuanto al sentido o más bien sentidos de la “isapha”, ya me he referido a ellos como cualidades de la piedra.

La palabra se compone de las consonantes “sádi” y “pi”, finalizando con la vocal “hi” tanto como verbo y nombre. En su paradigma “qal” significa “purificar” “lavar”, “contemplar desde cierta distancia” y “elegir, preferir”. También tiene el sentido de “ser firme” y “segura”. En su forma paradigmática “pi’el”, que es causativa, significa simplemente “hacer una elección, llevar a elegir”, etc.[3]

La persona que observaba desde una torre era llamado “sophi” (2 Reyes 9:17, etc.). En los tiempos antiguos, es decir, antes de la construcción del templo de Salomón, el profeta u “hombre de Dios” era llamado “Roí” o “Hozi”, que significa “el profeta” o “vidente” (1 Samuel 9:9). Los hebreos eruditos, por supuesto, están familiarizados con la palabra “Msaphpi” o más bien “Msappi”, que ortográficamente es equivalente a la palabra árabe “Musaphphi”, que significa “el que se esfuerza por elegir lo que es puro, sólido y firme”, etc. El observador en la torre de Yizrael, como citamos antes, estaba observando y controlando cuidadosamente desde una gran distancia para distinguir un grupo de personas que venía hacia la ciudad. Vio al primer mensajero del rey que llegó al grupo, pero no volvió. Lo mismo sucedió con el segundo y tercer enviado. Fue más tarde que el “sophi” pudo distinguir al jefe del grupo como Jehí, Entonces, ¿cuál era el trabajo y oficio de ese observador? ¿Era observar agudamente desde cierta distancia para distinguir a distintas personas con el objeto de conocer su identidad y comprender sus movimientos lo más posible para luego informar de ella al rey?.

Si a la pregunta sobre el trabajo y oficio del solitario “sophi” de la “Mispa” la respuesta fuera que simplemente acostumbraba observar desde la cuna de la misma con el objeto de distinguir la identidad de los peregrinos en el desierto, o que la observación se hacía con el objeto de prevenir algún peligro, ello no dejaría satisfecho a un investigador inquieto. Sí fuese así, la “Míspa” perdería su carácter religioso y sagrado y más bien asumiría la de una torre de observación militar. Pero el caso del “sophi” de la “mispa” era realmente distinto. Originalmente la “mispa” era solamente un simple altar en un lugar solitario y elevado, done el “sophi” acostumbraba vivir con sus colaboradores y familia. Después de la ocupación y conquista de la tierra de Canaán por Israel, aumentó el número de “mispas” y rápidamente se volvieron grandes centros religiosos, desarrollándose como instituciones de estudio y cofradías.

Eran parecidas a las cofradías islámicas sufíes, cada una de las cuales está bajo la dirección de su propio Sheij o Murshid. La “mispa” involucraba escuelas donde se enseñaban la ley, la religión, la literatura hebrea y otras ramas del conocimiento. Pero por encima de ese trabajo educacional, el “sophi” era la cabeza suprema de la comunidad de iniciación a quienes acostumbraba instruir y enseñar la religión mística o esotérica que nosotros conocemos con el nombre de “Sophia”. En realidad, lo que denominamos hoy día sufís entonces eran llamados “nbiin” o “profetas”, y lo que en el Islam se denomina “takkas”, “dhikr” o invocación en la plegaria, ellos solían llamarlo “profecía”.[4] En época del profeta Samuel, siendo éste la cabeza del estado como así también de las instituciones de la “mispa”, los discípulos e iniciados se habían vuelto muy numerosos. Y cuando Saúl fue ungido y coronado, el se unió al “dhikr” o prácticas religiosas de invocación que realizaban los iniciados y fue anunciado por todas partes: “Observen a Saúl también entre los profetas”. Y este dicho se volvió proverbio, porque él también estaba profetizando con el grupo de los profetas (1 Samuel 10:913). Entre los hebreos el sufismo continuó siendo una fraternidad religiosa esotérica bajo la supremacía del profeta del momento, basta la muerte del rey Salomón. Después de la división del reino en dos, parece que también hubo un gran cisma entre los sufíes1 En la época del profeta Elías, alrededor de 900 años antes de Jesús, se nos dice que era el único profeta que quedaba y que todos los demás fueron muertos. Y que fueron 850 los profetas de Baal e Ishra (Asera) que “comieron en la mesa de la princesa Jezabel” (1 Reyes 19:19). Pero solamente unos cuantos años más tarde, el discípulo y sucesor de Elías, el profeta Elíseo, en Bethel y Jericó es abordado por los “hijos de los profetas” (2 Reyes 2:3) quienes le pronostican La inminente ascensión de su maestro Elías.

                                                                      Continua…

Muhammad en la Biblia – Autor: Abdul Ahad Dawud

Notas :

[1] Se trata de un grupo ismaelita desviado que atacó La Meca y robó la piedra negra en el siglo XI, conservándola en su poder durante 30 años para luego devolverla ante la presión ejercida por los fatimíes de Egipto. (Nota del Editor en español).

[2] Aclaremos que la piedra negra no tiene para los musulmanes la significación que le asignan algunos escritores occidentales, orientalistas o historiadores que repiten antiguos prejuicios. La piedra negra está engarzada en el ángulo oriental de la Ka’bah y sirve como mojón para contar el inicio de cada una de las circunvalaciones al templo. Desde luego que no se la adora, y tiene sólo el valor de antigua reliquia que, según es tradición, representa el alma humana, habiendo sido blanca en los orígenes aunque ahora se encuentra ennegrecida por los pecados humanos. (Nota del Editor en español).

[3] Aclaremos, para hacer más comprensible este párrafo al lector occidental no familiarizado con la estructura de las lenguas semíticas, como el hebreo, el arameo y el árabe, que en estos idiomas se parte siempre de una raíz (verbal), generalmente de tres letras, con un determinado significado. A partir de esta raíz, sometida a ciertas transformaciones que siguen precisas formas o paradigmas, se obtienen toda una serie de verbos y palabras asociadas al significado semántico inicial. De esta forma cada raíz da origen a toda una familia de palabras (a veces muy extensa), de significados semánticamente cercanos. (Nota del Editor en español).

[4] Aquí el autor desarrolla una serie de conceptos que requieren algunas aclaraciones. Las cofradías sufíes son en el Islam la expresión de la aspiración espiritual del hombre, de su búsqueda de Dios. No han dejado sin embargo de producirse desvíos en algunas de estas cofradías respecto de sus intenciones originales. Normalmente estas comunidades están bajo la dirección de un Sheij o Murshid (maestro, director espiritual), o varios que se suceden en el curso del tiempo, y su práctica central es el recuerdo de Dios, el “dhikr”, para lo cual se reúnen en lugares llamados “tekkas” (turco) o “zauiah” (árabe). La palabra sufi (así como tasauuf, o sufíah, es decir “sufismo”) se hace derivar de suf, “lana” (por la vestimenta de tal material que utilizaban estos místicos en cierta época). Lo más firme, sin embargo, es que derive de safá, “ser claro, limpio, puro”, raíz árabe en la cual también encontramos asfa, “cavar hasta encontrar la roca”.

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