Una hoja del libro Nahyul Balagha: Los arroyos de este mundo están sucios y las fuentes turbias

SHAFAQNA- Lo que sigue es parte del libro Nahyul Balagha escrito por Sayyid Muhammad Radi y traducido por Muhammad ‘Ali Anzaldua Morales y Abdul Jabir Arce que ha sido seleccionado por Shafaqna.

Discurso 83

¡Oh Criaturas de Dios! Os aconsejo temed a Dios quien con la mayor bondad os dio ejemplo e intelecto de modo que pudierais juzgar por vosotros mismos las consecuencias y efectos de las buenas y las malas acciones, que Ha fijado el tiempo y el final de las diferentes etapas de vuestra vida, que os dio intelecto de modo que podáis proveeros de indumentarias que os permitan vivir confortable y felizmente en toda clase de clima. (En cualquier región de la tierra).

Es totalmente consciente de vuestras capacidades para hacer el bien y el mal. Ha fijado recompensas para vuestras buenas acciones. Os ha concedido grandes favores y las mejores bendiciones, os ha prevenido con razones claras y evidentes de las consecuencias de vuestras acciones.
Conoce a todos los seres humanos desde el comienzo al final de la raza humana. Ha fijado la edad de cada uno de ellos en este mundo, donde están siendo probados, y predijo los efectos de los pensamientos y acciones buenas y malas.

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¡Oh gentes! Estáis siendo probados y están siendo tomados en consideración vuestros errores de comisión y de omisión. Los arroyos de este mundo están sucios y las fuentes turbias (la mayoría de las formas y medios de gozo en este mundo son viciosos, y muchas fuentes de ingreso son pecaminosas) Sus manifestaciones y ostentaciones son hermosas pero destructivas, terminando rápidamente en decepción; son una luz que se oscurece rápidamente, son una sombra rápida y una protección débil y poco fiable, es tan engañoso que espera hasta que aquellos que lo aborrecen comienzan a interesarse en él y aquellos no se dan cuenta de su engaño, se tornan atraídos y satisfechos con él. Muestra entonces una pequeña consideración por ellos, los enreda y cautiva y, anudando la cuerda alrededor de sus cuellos, los conduce a las tumbas. De allí serán resucitados para recibir el castigo e ir a su destino final.
En este mundo la suerte de cada generación es similar a la de sus antepasados, ni la muerte cesa en su trabajo de destrucción, ni los supervivientes abandonan sus actividades pecaminosas. Los seres humanos siguen las huellas de otros, grupo tras grupo y nación tras nación terminando sus días sin enmendar sus heridas.

 

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