Tolerancia del Imam Kazim (A.S) en el tiempo de los califatos Abasidas

SHAFAQNA- Lo que sigue es parte del libro Las Virtudes Morales del Profeta del Islam y de la Gente de su Casa que ha escrito por Baqir Shareef al-Qurashi y traducido por Sheij Feisal Morhel que ha seleccionado por shafaqna.

La tolerencia del Imam Kazim(A.S)

El Imam Kazim (A.S) fue uno de los grandes signos de Dios en lo referente a las más elevadas virtudes morales y a la elevación del sí mismo. La siguiente es una muestra de sus atributos morales:

Uno de los atributos del Imam Musa Al-Kazim (A.S) era la tolerancia. Los historiadores son unánimes en ponerle como ejemplo por su sapiencia y por contener su desagrado, de manera que solía perdonar a quien le trataba injustamente y le hacía el mal, sin resentirse por ello, e incluso solía hacerle el bien para de esa manera borrar de él el espíritu de maldad y egoísmo.

Los narradores transmitieron que una persona solía tratar mal al Imam (A.S) y dirigirle excesivas maldiciones e insultos a su persona y la de su abuelo el Imam Amîr Al-Mu’minîn (A.S), y por esa razón algunos de los seguidores del Imam Mûsa (A.S) querían matarle, pero el Imam (A.S) se los prohibió y quiso solucionar las cosas de otro modo. Preguntó por él y le dijeron: “Ha tomado en arriendo tierra para labrar en los alrededores de Medina”. El Imam (A.S) montó su mula y se dirigió adonde se encontraba. El Imam (A.S) no encontró más camino que pisar parte de su cultivo. El ‘Umarî le gritó: “¡No pises nuestro cultivo!”, pero el Imam (A.S) no encontró más camino que le permitiera llegar adonde se encontraba. Cuando llegó se sentó a su lado y comenzó a tratarle cordialmente. Le dijo:
– “¿Cuánto debes pagar por plantar tu cultivo?”
– “Cien dinares”
– “¿Cuanto esperas sacar del mismo?”
– “Yo no adivino el futuro”
– “Lo que te pregunté fue: ¿cuánto esperas que el mismo te dé?”
– “Espero que me dé doscientos dinares”
El Imam (a.s.) le dio trescientos dinares y le dijo:
– “Esto es para ti y todavía tienes tu cultivo”

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Esta persona cambió de actitud y deseó que la tierra le hubiera tragado antes que haberle lanzado maldiciones e insultos al Imam (A.S). De esa manera, se dirigió presuroso hacia la Mezquita del Profeta (s.a.w.) para anunciar delante de la gente su arrepentimiento y pesar por las afrentas a la persona del Imam (A.S). Cuando llegó a la Mezquita el ‘Umarî alzó su voz diciendo:
“¡Dios sabe donde dispone Su Mensaje entre quienes la place!”.
Sus camaradas rechazaron ese cambio, pero él les enfrentó y les expuso las virtudes del Imam (A.S) y la manera benevolente y magnánima en que se comportó con él. El Imam se dirigió a sus compañeros y les dijo:

“¿Qué fue mejor? ¿Lo que vosotros os propusisteis (hacer con él) o lo que yo me propuse al querer enmendarle?”.(1)
Otro signo de su tolerancia es que cierta vez pasaba junto a un grupo de aquellos que le envidiaban y le tenían rencor, y ente ellos se encontraba Ibn Haîiaÿ, quien incitó a uno de sus compañeros a que arrebatara las riendas de la mula del Imam (A.S) y la llevara hasta él. El hombre se propuso hacerlo pero el Imam (A.S) se percató de su intención, por lo que se bajó y le entregó él mismo las riendas.(2)

El Imam (A.S) fue un verdadero educador y maestro de las virtudes morales. El Imam (A.S) solía encomendar a sus hijos ser indulgentes y benevolentes con quienes les hicieran el mal. Les decía:

“¡Oh hijos míos! Por cierto que os escomiendo aquello de lo cual se beneficiará aquel que lo observe: Cuando venga alguien hacia vosotros y os diga en vuestro oído derecho algo malo, si es que luego se traslada a vuestro oído izquierdo y se excusa diciendo: ‘Yo no había dicho nada’, aceptad su excusa”.(3)

Este consejo del Imam Musa Al-Kazim (A.S) nos revela la magnitud de la tolerancia y la amplitud de su carácter. Es natural que tal elevada moral suscite la confraternidad y que se propague el cariño y el afecto entre las personas.

 

Notas:

1-Ta’rîj Bagdâd, t.13, pp.28-29; Kashf al-Gummah, t.2, p.247.
2 – Haiât Al-Imâm Mûsâ Ibn Ÿa‘far (a.s.), t.1, p.157.
3 – Al-Fusûl al-Muhimmah, de Ibn Sabbâg, p.220.

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