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SHAFAQNA | por Abdul Ahad Dawud : Resumiendo este tema, declaro con insistencia que la Palabra o cualquier Atributo imaginable de Dios, no solamente no es una entidad divina, distinta sino que tampoco podría tener ninguna existencia real -in actu- anterior al comienzo del momento de la creación.

El primer versículo con que comienza el Evangelio de San Juan fue refutado a menudo por los primeros escritores unitaristas del cristianismo primitivo, quienes expresaron o tradujeron su verdadera lectura de la siguiente manera: “Al comienzo fue la Palabra; y la Palabra era con Dios; y la Palabra era de Dios”.

Debe advertirse que la forma griega del caso genitivo “Theo”, es decir, “de Dios”[1], fue corrompida en “Theos”, es decir “Dios”, ¡en la forma nominativa del nombre! También debe observarse que la oración “En el comienzo fue la Palabra” indica expresamente el origen de la palabra, la cual no fue antes del comienzo. Porque la “Palabra de Dios” no significa una sustancia distinta y separada, contemporánea y coexistente con el Todopoderoso, sino una expresión y proclamación de Su Conocimiento y Voluntad cuando Él expresó la palabra “Kun”, es decir, “Sea”. Cuando Dios dijo “Kun” (¡Sea!) por primera vez, los mundos pasaron a ser. Cuando Él dijo “Kun” el Corán fue creado y escrito sobre la “Lauh” o “Tabla”.[2] Y cuando Él pronunció la palabra “Sea”, Jesús fue creado en el vientre de la bendita Virgen María, y así siguiendo. Toda vez que Él desea crear algo, su orden “¡Sea!” es suficiente.[3]

La fórmula cristiana “En el nombre del Padre del Hijo y del Espíritu Santo”, ¡ni siquiera menciona el nombre de Dios! La fórmula nestoriana y jacobita, que consiste en diez sílabas exactamente como la fórmula musulmana “Bismi-l-láhir-rahmáni-r-rahím”, se traduce así: “Bshim Abha, wo bhra ou-Ruha d-Qudsha”, la cual tiene el mismo significado que el de todas las fórmulas cristianas. La fórmula coránica” por otra parte, que expresa el fundamento de la verdad islámica, contrasta grandemente con la fórmula trinitaria: “Bismi-l-láhi-r-rahmáni-r-rahím”, es decir: “En el Nombre de Dios, el Más Misericordioso, el Misericordiosísimo”.

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La trinidad cristiana no puede ser aceptada como una concepción auténtica de Dios. Allah no es ni el hijo de un padre ni el padre de un hijo. No tiene madre ni se hizo a Sí Mismo. La creencia en “Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo” es una flagrante negación de la Unidad divina, y una atrevida profesión de fe en tres seres imperfectos que, unidos o separadamente, no pueden ser el Dios verdadero.

En el Antiguo Testamento Dios es llamado Padre debido a Su Condición de Creador y Protector bondadoso, pero como las iglesias abusaron de este nombre, el Corán se ha refrenado con justicia de usarlo.

El Antiguo Testamento y el Corán condenan la doctrina de las tres personas en Dios. El Nuevo Testamento no lo sostiene o defiende expresamente, pero incluso sí contiene alusiones e indicios respecto a la Trinidad, no es una autoridad para nada, porque no fue dicho ni escrito por el propio Jesús, ni está expresado en el lenguaje que él habló, ni existió en su presente forma y contenido, por lo menos durante los dos primeros siglos después suyo.

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Se podría agregar a favor de lo dicho que en oriente los cristianos unitaristas combatieron y protestaron siempre contra los trinitarios, y cuando vieron la total destrucción de la “Cuarta bestia” por el gran Mensajero de Allah (Muhammad), lo aceptaron y siguieron. El mal, que habló a través de la serpiente a Eva, pronunció blasfemias contra el Más Alto por medio de la boca del “pequeño cuerno” que surgió entre los “diez cuernos” en la cabeza de la “cuarta bestia” (Daniel, VIII), no era otro más que Constantino el Grande quien, oficial y violentamente, proclamó el credo de Nicea. Pero Muhammad ha destruido a “Iblis” o demonio de la tierra prometida para siempre, estableciendo el Islam allí como la religión del Único Dios verdadero.

Notas :

[1] Respecto al Logos (Verbo), después del siglo II surgió una terrible controversia entre los “Padres” de la Iglesia, especialmente en oriente, la que continuó hasta que los unitaristas cristianos fueron totalmente aniquilados y su literatura destruida. Desgraciadamente hoy día es difícil encontrar algún fragmento de los Evangelios y “Comentarios” como así también de los escritos de controversia usados o redactados por los unitaristas, excepto lo que fue citado de ellos en las obras de sus oponentes, como las del erudito patriarca griego Fotrus y otros anteriores a él. Entre los “padres” de los cristianos orientales, uno de los más distinguidos es San Efraín el Sirio. Este es el autor de muchos trabajos, principalmente de un comentario sobre la Biblia que se publicó tanto en siríaco como en latín, y cuya última edición he leído atentamente en Roma. También tiene homilías, diser taciones llamadas “madrashi” y “contra herética” etc. También tenemos a un conocido escritor sirio llamado Bar Disan -escrito generalmente Bardisanes- que estuvo muy de moda a finales del siglo II y principios del III. De lo escrito por Bar Disan en siríaco no queda nada, excepto lo que Efraín, Jacob de Nesibin y otros nestorianos y jacobitas han citado con el objeto de refutarlo, y lo que la mayoría de los padres griegos emplearon en su idioma. Bar Disan sostenía que Jesús era la sede del templo de la Palabra de Dios, pero que tanto Jesús como la Palabra eran creados. San Efraín, combatiendo la “herejía” de Bar Disan dice: (siríaco) “Wai laj O, dovya at Bar Disan Dagreit l’Milta eithrov d’Allaha Baram kthabha la kthabh d’aj hajan Illa d’Miltha eithov Allaha”. (árabe) Wailu ‘l-laka ya anta-s-Safil Bar Disan Li-anna fara’aita kana l-kalamu li-lláh Lakinna ‘l-kiábu ma kataba kadha Illa ‘l-kalámu kan-Allah (español) “¡Guay de ti, o miserable Bar Disan!. porque tú leíste “la Palabra era de Dios”, Pero el Libro (Evangelio) no decía eso, sino que “La Palabra era Dios”. Casi en todas las controversias sobre el Logos, los unitaristas son estigmatizados con la herejía de negar su personalidad sempiterna y divina mediante la corrupción del Evangelio de San Juan, etc. Estas imputaciones fueron a su vez retribuidas a los trinitaristas por los verdaderos cristianos unitaristas. Así, de la literatura patrística, uno puede deducir que los trinitarios siempre fueron reprochados por haber alterado las Escrituras. (Nota de la obra original).

[2] Se refiera al Sagrado Corán: «Sí, pero es un Corán glorioso, en una Tabla (lauh) resguardada» (85:21-22). (Nota del Editor en español).

[3] Por eso Allah compara en el Sagrado Corán el caso de Jesús con el de Adán: «Por cierto que el ejemplo de Jesús para Dios es como el ejemplo de Adán, a quien creó de tierra y luego le dijo “¡Sé!” y fue» (3:59). (Nota del Editor en español).

Continua

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