SHAFAQNA- AQR : Sabemos que el profeta (P) era un modelo ético a seguir, hasta el punto que su propio creador le había otorgado una posición especial debido a su ética y carácter.
Los Imames en lo referente al carácter ético eran muy semejantes al profeta, de forma que cada persona que los veía, sin saber por qué se acordaba del profeta(P). Imam Rida(A.S) también en su vida privada y social era similar, y poseía un carácter muy parecido al profeta y según el dicho del poeta:
En su carácter se podía ver al profeta. Ya que él pertenece a las raíces del profeta.
Sobre el existen muchas pruebas y notas en los escritos históricos, y mucha gente ha corroborado su gentileza. Era como si fuera un espejo con todos los dones y adjetivos del profeta.
Ibrahim Ibn Abbas que desde largo tiempo había comprendido la posición de este imam, y se habían beneficiado de su ser, dice tal sobre sus cualidades éticas: nunca he visto que ese Imam humillase a nadie con sus dichos, o que cortase las palabras y conversación de alguien antes de que terminase. Solia saldar las necesidades de los necesitados, nunca en presencia de los demás se apoyaba sobre nada, delante de nadie nunca estiraba los pies, hablaba con gentileza con sus servidores, delante de la gente nunca se reía en voz alta, y delante de los demás nunca escupía.
Ebn abi ebad, ministro de mamoun, recuerda de tal forma el estilo de vida del Imam: Imam Ali Ibn Musa(A.S) en verano se sentaba sobre una estera, y su alfombra en invierno era de un material duro, lejos de la mirada de la gente solía vestirse con ropas rudas y cuando iba a visitar a la gente solía utilizar prendas normales.
“Muhammad Ibn Abî ‘Ibâd” narra: “En verano el Imam cubría el suelo con una estera y en invierno con una alfombra de lana. Su ropa –de casa– era burda y tosca, pero cuando se presentaba en alguna reunión social, se arreglaba y vestía como los demás”.
Una noche el Imam tenía invitados. Cuando estaban platicando la lámpara se apagó. El invitado del Imam estiró la mano para arreglarla, pero el Imam lo detuvo, arreglándola él mismo, entonces dijo:
“Nosotros somos un grupo que no acepta que nuestros invitados trabajen”.
En otra ocasión en el baño público, un hombre que no conocía al Imâm le pidió que le ayudara a bañarse, el Imam aceptó y comenzó a bañarlo. Los demás bañistas presentaron al hombre al Imâm. El hombre avergonzado comenzó a disculpares, pero el Imâm sin poner atención a lo que decía el hombre, continuó bañándolo, y le decía:
“¡No tiene importancia!, ¡no tiene importancia!”
Un hombre dijo al Imam: “¡Juro por Dios, que de entre los antepasados que ocuparon la Tierra, ninguno se asemeja a vuestros ancestros en cuanto a superioridad y generosidad!” El Imâm respondió:
“La abstinencia les proporcionó generosidad, y la obediencia a su Creador, los hizo superiores”.
Un hombre de “Balj” (hoy Afganistán) narra: Acompañaba yo al Imâm Ar-Rida (P) en su viaje a Jurasán. Un día puesta la mesa, el Imâm sentó a todos sus acompañantes y servidores, incluyendo a los de color, para que comiesen juntos. Yo propuse al Imâm: “¿No sería mejor que ellos se sentasen en otra mesa a comer?”
El Imâm dijo:
“¡Calla! El Creador de todos es Uno. Los padres de todos son los mismos. Y el premio será dado por el proceder de cada uno”.
Un sirviente del Imâm de nombre Yâsir cuenta: El Imâm Ar-Rida (P) nos había dicho:
“Si algún día os encontráis comiendo y yo os llamo para algo, no os levantéis hasta que terminéis de comer”.
En muchas ocasiones sucedió que el Imâm nos llamaba y le informaban: “¡Están comiendo!”
Él respondía: “Dejadlos que terminen de comer”.
En una ocasión un desconocido vino a ver al Imâm y después de saludar dijo: “Yo soy vuestro admirador, admirador de vuestro padre y ancestros. Voy de regreso de la peregrinación y se me ha terminado el dinero. Si os parece, dadme una cantidad para que pueda llegar a mi ciudad y allá de vuestra parte entregaré esa misma cantidad a los necesitados, ya que yo en mi ciudad no soy indigente y en estos momentos que me encuentro de viaje me veo necesitado”.
El Imâm se levantó y se dirigió a otra habitación. Trajo consigo doscientos dinares y estirando la mano por arriba de la puerta llamo al hombre y le dijo:
“Toma estos doscientos dinares y compra lo necesario para tu viaje. No es necesario que des limosna de mi parte”.
El hombre tomó el dinero y se fue. El Imâm salió de la habitación y regresó a su lugar. Entonces le preguntaron: “¿Por qué no dejó que el hombre lo viese cuando le entregó el dinero?”
“Para no ver la vergüenza que siente un necesitado al pedir algo”, respondió el Imâm.
Nuestros purificados y grandes Imâmes respecto a la educación y guía de sus seguidores no se limitaban únicamente a decirlo de palabra, sino que ponían especial atención en la forma de actuar de éstos, y de inmediato les hacían ver sus faltas, para que tanto ellos como los otros y los venideros entraran en el sendero recto y adquieran conocimiento.
Uno de los compañeros cercanos al Imâm Ar-Rida (P), “Sulaîmân Ÿa‘farî” relata: “Me encontraba con el Imâm para tratar varios asuntos. Cuando terminamos y me disponía a irme, dijo:
“¡Acompáñame esta noche!”
Cerca del ocaso nos dirigimos a su casa. Sus sirvientes se encontraban ocupados haciendo unas reparaciones en la casa. El Imâm divisó a un desconocido entre ellos, entonces preguntó:
“¿Quién es él?”
“Nos ayuda, ya le daremos algo”. Le respondieron.
“¿Habéis determinado la paga?”
“¡No! Lo que le demos, acepta”.
El Imâm se enojó. Yo le dije: “¡No os preocupéis!”
“Muchas veces se los he dicho, cuando traigan a alguien que les ayude en el trabajo, antes de que comience deben determinar la paga y hacer un contrato con él. Aquél que realiza un trabajo sin contrato y sin ser determinada la cantidad de su paga, si al final le entregan el triple de la paga que merece, cree aún que habéis sido injustos, pero cuando le dais lo convenido en el contrato, estará agradecido que actuasteis según lo acordado. Y si en esta situación le entregáis algo más de lo convenido, aunque sea poco, entiende que le disteis más de lo pactado y os quedará agradecido”.
“Ahmad Ibn Muhammad Ibn Abî Nasr Bazantî” que era considerado uno de los grandes compañeros del Imâm ‘Alî Ar-Rida (P) manifestó: “En una ocasión, acompañado de tres de los compañeros del Imâm, fui a visitarlo y estuvimos con él durante cerca de una hora. Cuando quisimos regresar el Imâm me dijo:
“¡Oh Ahmad, siéntate!”
Mis compañeros se fueron y yo me quedé con el Imâm. Aproveché para hacerle algunas preguntas que tenía, las cuales me respondió. Ya entrada la noche quise retirarme, entonces el Imâm preguntó:
“¿Te vas o te quedas conmigo?”
Le contesté: “Lo que vos dispongáis. Si ordenáis que me quede, me quedo; y si no, me retiro”.
“¡Quédate! –Y apuntando hacia una cobija continuó diciendo– Puedes dormir ahí”.
Entonces el Imâm se levantó y se dirigió a su lecho. Yo, alegre me prosterné y dije: “Gracias a Dios, que la prueba de Dios sobre la Tierra y el heredero de la sabiduría de los Profetas, entre nosotros cuatro que venimos a visitarlo, me ha agraciado a mí de tal forma”.
Me encontraba aún en posición de prosternación que repentinamente el Imâm regresó a la habitación. Me levanté. El Imâm tomó mi mano y apretándola entre las suyas dijo:
“¡Oh, Ahmad! El Amir de los Creyentes, ‘Alî (P), fue a visitar a Sa‘sa‘ah Ibn Sûhân (que era uno de los compañeros especiales de ese Imâm), cuando quiso retirarse le dijo: “¡Oh, Sa‘sa‘ah! No te sientas orgulloso entre tus hermanos por el hecho de haberte visitado. Sé abstinente y teme a Dios, sé humilde y sumiso por Dios, que Él te otorgará una elevada dignidad”.
El Imâm Ar-Rida (P) quiso advertirle que ningún hecho toma el lugar de la formación de sí mismo, ni el de las buenas acciones, y que no debía sentirse orgulloso por cualquier distinción. No por ser de los cercanos al Imâm ni la atención que éste te tenga, deben hacerte sentir orgulloso y superior a los demás.
