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SHAFAQNA- Lo que sigue es parte del libro Nahyul Balagha escrito por Sayyid Muhammad Radi y traducido por Muhammad ‘Ali Anzaldua Morales y Abdul Jabir Arce que ha sido seleccionado por Shafaqna.

Discurso 27

Este discurso es una alabanza del Yihad (combate religioso y espiritual en el camino de Dios) su significado y lo que puede realizar por los musulmanes. Hazrat Alí (P) ha comentado también los méritos de la valentía y ha condenado la cobardía. Ha denunciado igualmente, a los que no llegan a seguir sus órdenes.

Se me ha informado que estos saqueadores asaltaron las casas de los musulmanes y de los no-musulmanes, arrancando las joyas del cuerpo de las mujeres. ¿Qué pudieron hacer estas pobres mujeres sino pedir piedad, ayuda y sin embargo nadie vino a socorrerlas? Estos invasores volvieron sanos y salvos, cargados con el botín saqueado de las casas de los musulmanes.

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No culparé a un musulmán si muere de pesar al escuchar estas degradantes noticias, sino que le consideraré una persona de valía. No es sorprendente que los enemigos de Dios puedan cooperar y coordinarse en la tiranía y la opresión contra el hombre y la religión y vosotros no podáis uniros para defender la causa de la justicia y la verdad, sino por el contrario, estáis desunidos y sin coordinación.
La pesadumbre y la vergüenza será lo que os toque en suerte; os habéis convertido en blancos hacia los que se dirigen las flechas, pero no podréis defenderos. Estáis siendo saqueados y no podréis protegeros; estáis siendo invadidos y os sentáis con las manos cruzadas; y las órdenes de Dios están siendo desobedecidas ante vuestros ojos y actuáis como testigos complacientes.
Si os pido que marchéis en verano, queréis esperar hasta que termine la cálida estación, y si os ordeno moveros en invierno, me pedís una demora hasta que se termine la estación fría. Es porque no podéis aguantar los rigores de las estaciones y si no podéis hacer frente a las mismas, menos podréis enfrentaros a una espada desenvainada. Parecéis ser hombres, pero tenéis la mente sin desarrollar de los niños y la actitud pusilánime y la cobardía de las mujeres acostumbradas al tocador.
Ojalá no os hubiera visto ni supiera de vosotros. Pongo a Dios Todopoderoso como testigo, que el contacto con vosotros me ha traído pesadumbre y vergüenza. Habéis hecho sangrar mi corazón y habéis llenado de pena mi mente.

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