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SHAFAQNA- Lo que sigue es parte del libro La Epopeya de Ashura escrito por Huseyn Ansarián traducido por Yafar Raúl Gonzáles Bórnez que ha sido seleccionado por Shafaqna.

Cuando la estancia del noble Imam Husain (a.s.), la gentes de su casa y sus seguidores, llegó a la noche anterior a Ashurá, una noche como no se volverá a vivir mientras exista el mundo, todos ellos estuvieron seguros de haber caído en manos de sus enemigos y de tener cerrado el camino para regresar a Kúfa, a Medina o a La Meca.
El Imam estaba seguro de que al día siguiente todos, familiares, seguidores y los miembros de su casa, morirían a manos de sus enemigos. Su seguidores y familiares se reunieron esa noche en una de las tiendas y, conforme a la mayoría de los transmisores de aquella matanza, el Imam se dirigió a ellos con estas palabras:
“Sabed que no tengo dudas del servicio que me habéis prestado. Sabed que os devuelvo vuestra libertad. Así pues, marchaos todos. Os desligo del juramento de lealtad que me disteis.”
“La noche os cubrirá, así que utilizadla. Tomad vuestros caballos y huid. Que Dios os recompense a todos por lo que habéis hecho por mí. Volved a vuestras ciudades y a vuestras casas.”(1)
Pero nadie se marchó ni se movió de su sitio y todos ellos permanecieron en la tienda.
El noble Imam Husain (a.s.) dijo: “Yo os he liberado del juramento de lealtad que me prestasteis ¿Por qué no os vais?”
La gente de su casa y sus compañeros respondieron. El primero de todos fue su hermano, la luna de los Banu Háshim, Al-Abbás ibn Alí (a.s.). Poniéndose ante su hermano, le dijo:
“Nunca nos verá Dios hacer tal cosa.”
“¡Oh hijo del Mensajero de Dios! Nunca te dejaremos sólo.”
Así fueron respondiéndole uno a uno todos sus compañeros. Uno de ellos dijo:
“Si mañana me matasen setenta veces, me cortasen en trozos, lanzasen al viento mis cenizas, y volviese a la vida una y otra vez, no me alejaría de ti.”
Otro de los compañeros dijo:
“¡Oh hijo del Mensajero de Dios! Si me hicieran caminar descalzo por todo el desierto y me torturasen para que me alejase de ti, no conseguirían que te abandonase.”
Algunos miembros de su familia dijeron palabras parecidas en respuesta a los requerimientos del noble Imam.
Cuando el Imam vio la firme decisión de sus familiares y compañeros, se dirigió a ellos de esta manera:
“Dios me ha otorgado la mejor de las recompensas.”
“¡Alabo a Dios en la fortuna y en la desgracia porque nos bendijiste con la profecía, nos enseñaste el Corán y nos otorgaste la comprensión de la religión!”
Después, la noble Zaynab (a.s.) comenzó a llorar y dijo:
“¡Ojalá hubiera muerto y no hubiera tenido que presenciar este día! ¡Ojala el cielo se hubiera derrumbado sobre la tierra!” ¡Ojalá las montañas se hubiesen pulverizado!”(2)
Con estas palabras, la hija de Amir al-Muminín estaba mostrando lo dramática y dolorosa que era esta tragedia para la Gente de la Casa Profética (a.s.)

Notas

1- Maylesí,Bihár al-Anwár, t. XLIV, p.94, cap.29; Ibn Shahr Áshúb,Al-Manáqib, t. IV, p.98;Al-Luhúf, p.90
2- Tabarsí,‘Elám al-Wará, t. I, p.457-455; Sheyj Mufid,Kitáb al-Irshád, t. II, p.93-91; SeyedMohsen Amín,Laváich al-Ashyán, p.92-90; Tabarí,Táríj, t. IV, p.319-317; Ibn Azír,Kámil, t. IV,p.59-57; Ahmad ibn Azam Kúfí,Futúh, t. V, p. 171-169.

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