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SHAFAQNA Lo que sigue es parte del libro Las Virtudes Morales del Profeta del Islam y de la Gente de su Casa escrito por Baqir Shareef al-Qurashi y traducido por Shaykh Feisal Morhel que ha sido seleccionado por SHAFAQNA.

La tolerancia

El Imam Abû Ÿa‘far (a.s.) era de las personas más tolerantes. Solía corresponder con magnanimidad y benevolencia a quien le ofendía. Los historiadores han narrado acontecimientos en los que se manifestó su tolerancia. Entre ellos:
1.
Una persona de “la Gente del Libro” arremetió contra el Imam (a.s.) dirigiéndosele con aspereza y diciéndole:- “¡Tú eres “vaca” (baqar)!”.
El Imam sonrió y le dijo con apacibilidad:
– “No, yo soy Al-Bâqir”.
El hombre arremetió en contra nuevamente, diciéndole:
– “Tú eres el hijo de una cocinera”.
– “Sí. Esa era su profesión”.
El hombre siguió agrediendo al Imam de esta manera:
– “Tú eres hijo de una negra africana que profiere indecencias”.
El Imam no se enfureció, sino que le contestó:
“Si es que es como tú dices, que Dios la perdone a ella; y si es que mientes, que Dios te perdone a ti”.
El hombre de la Gente del Libro quedó estupefacto por esa elevada moral que se asemejaba a la moral
de los profetas, por lo que anunció su conversión al Islam.(1)
2.
Entre esas magníficas muestras de su tolerancia está lo siguiente: un sirio solía concurrir a sus reuniones y escuchar sus disertaciones, y se sorprendió de las mismas, por lo que le dijo:
“¡Oh Muhammad! Vengo a tus reuniones no por tenerte afecto, e incluso puedo decir que no hay nadie que yo aborrezca más que a vosotros Ahl-ul Bait(a.s.); y sé que la obediencia a Dios y la obediencia al Amîr Al-Mu’minîn (esto es, el califa) está en aborreceros, pero te veo un hombre elocuente, educado y que se expresa de buena manera. Ciertamente que sólo concurro a tus reuniones para verte por tu buena educación”.
El Imam (a.s.) le miró con simpatía y afecto y le colmó de su bondad y magnanimidad, al punto que el hombre se enmendó y le quedó en claro la falsedad de la propaganda desviadora contra Ahl-ul Bait (a.s.).
De este modo, su creencia se transformó, del aborrecimiento al Imam, a una lealtad total hacia su persona; y permaneció aferrado a él hasta que se le presentó la muerte, encomendando que fuera el Imam quien le rezara (la oración del fallecido).(2)
El Imam (a.s.), en lo elevado de su moral, se asemejaba a su abuelo el Mensajero de Dios (s.a.w.), quien mediante sus elevadas pautas morales pudo aunar los corazones, unir los afectos y congregar a la gente en base a la expresión del Tauhîd o Monoteísmo después de haber estado adorando a ídolos de piedra y madera.

La paciencia

Otra manifestación de sus predisposiciones morales es la paciencia ante los graves sucesos por los que tuvo que pasar desde su más tierna infancia. Él vio en la tierra de Karbalâ’ a su abuelo el Imam Al-Husain (a.s.), el Señor de los Jóvenes de la Gente del Paraíso, a los más selectos de la Gente de su Casa, y a sus nobles compañeros que se encontraban con él, ser descuartizados como a las bestias de
sacrificio, y acompañó las desgracias y aflicciones que le ocurrieron a la Gente de la Casa del Profeta (s.a.w.), siendo él uno de sus transmisores.
El Imam Abû Ÿa‘far (a.s.) soportó infortunios y graves asuntos que consternan a todo ser vivo, entre los cuales se cuentan los siguientes:
1.
Los agravios cometidos por el poder omeya contra sus puros padres, entre los que se cuenta el hecho de insultarles sobre los púlpitos en las disertaciones del Viernes y las Oraciones de las dos Festividades, así como en otras ocasiones. Mu‘âwîiah, el hijo de Hind, había dispuesto que insultar a Ahl-ul Bait fuese parte de la doctrina de los musulmanes y una imposición a ellos. El Imam escuchaba
todo eso y su alma se fragmentaba de dolor sin poder decir nada, siendo paciente ante tal penosa adversidad.
2.
Entre las duras aflicciones que tuvo que soportar y que rasgaban su alma, está que veía y escuchaba el tremendo suplicio que azotaba a los seguidores de Ahl-ul Bait (a.s.) a manos de los verdugos y agentes del poder omeya, sin tener él el poder de protegerles y defenderles.
3.
El Imam (a.s.) tenía un hijo por el que sentía un especial cariño, que enfermó gravemente. Él se apenó tanto que se llegó a temer por su propia salud.Finalmente el niño murió y su corazón se calmó.
Se le dijo:
– “Temimos por ti, ¡oh hijo del Mensajero de Dios!”.
Él respondió con sosiego y complacencia por el designio de Dios, diciendo:
“Por cierto que nosotros suplicamos a Dios aquello que Él quiere, y si ocurre lo que a nosotros
nos disgusta, no contrariamos a Dios en lo que Él quiere”.(3)
El Imam (a.s.) se armó de paciencia y enfrentó las calamidades de este mundo con una férrea voluntad, sin disgusto ni fastidio, soportando con perseverancia sacrificios que serán retribuidos por Dios, Glorificado Sea.

Notas:

1-Manâqib Âl Abî Tâlib, t.4, p.207; Bihâr al-Anwâr, t.46, p.289; A‘iân ash-Shî‘ah, t.4, p.504 (primera parte)
2-Haiât Al-Imâm Muhammad Al-Bâqir (a.s.), t.1, p.121
3-Ta’rîj Dimashq, t.57, p.229; ‘Uiûn al-Ajbâr, de Ibn Qutaibah, t.3, p.57

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