El sabio profeta

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SHAFAQNA – Salomón, a pesar de su perfecta sabiduría, hizo humildemente un día esta pregunta a una hormiga coja: “Habla -le dijo—, tú que estás más impregnada que yo de las doctrinas espirituales; ¿cuál es la arcilla que se mezcla mejor al pesar?” La hormiga coja le dio enseguida esta respuesta: “Es -le dijo-, el último ladrillo de la estrecha tumba; pues, en efecto, el último ladrillo que colocarán en tierra pondrá fin a todas las esperanzas, incluso a las más inocentes”.

¡Oh esencia pura! cuando, estando bajo tierra, ya no esperaré nada más de las criaturas y que el ladrillo cubra mi rostro, ¡oh! no desvíes entonces de mí tu benévola cara. Cuando yo, desolado, lleve a tierra mi rostro, no lleves allí absolutamente nada contra mí. ¡Oh! sí, yo espero, ¡oh Dios mío! que no traigas a mi rostro nada enojoso, a pesar de las grandes faltas que he cometido. Tú, ¡oh mi Creador! eres el generoso por excelencia, perdona lo que ha pasado, ¡oh, perdónalo!

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