Nuestra creencia sobre la meditación (o reflexión) y el conocimiento

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SHAFAQNA – Nosotros los imamitas creemos que cuando Dios Altísimo nos brindó la capacidad de reflexionar y el intelecto, nos ha ordenado meditar en su creación, contemplando los signos de su obra y reflexionando en la sagacidad y precisión de su administración, así como en sus señales afuera y adentro de nosotros mismos. Dice, Exaltado sea:

«Les mostraremos Nuestros signos afuera y adentro de sí mismo hasta que perciban claramente que Él —Dios— es la verdad…»
Corán: “Las detalladas”; 41:53

Y en otra aleya ha censurado a los que siguen a sus padres, imitando sus costumbres en lugar de buscar la verdad, diciendo, Exaltado sea:

«… Dicen: ‘¡No! Seguiremos las costumbres de nuestros padres.’ Pero, ¿y si sus padres eran incapaces de razonar?…»
Corán: “La vaca”; 2:170

Asimismo, en otro lugar Dios critica a quienes siguen sus propias ideas y sus conjeturas sobre lo oculto, diciendo, Exaltado sea:

«… No siguen sino conjeturas…»
Corán: “Los rebaños”; 6:116

En realidad, esta creencia que tenemos es algo que nuestro propio intelecto nos ordena, obligándonos a observar la creación y conocer al Creador del universo1, tal como nos obliga a observar objetivamente la pretensión de quien sostiene la Profecía y sus milagros.

Ante nosotros, no es correcto imitar en estos asuntos a otras personas, aunque posean una jerarquía y un grado muy elevado. Lo que reza en el Sagrado Corán estimulando a la reflexión y a la búsqueda de la ciencia y el conocimiento, confirma y explica la naturaleza innata libre de los intelectos declarando su libertad e independencia natural para pensar y reflexionar, lo cual concuerda con las opiniones de los juiciosos.

En realidad, el Corán encamina a nuestras almas hacia esta disposición natural respecto al conocimiento y la reflexión, despertando las mentes y guiándolas hacia lo que exige la naturaleza innata del intelecto2.

Entonces, no es correcto que el ser humano sea indiferente o negligente con respecto a los asuntos de la creencia, o que imite a sus educadores o a otras personas apoyándolas.

Por el contrario, de acuerdo con la llamada natural del intelecto, confirmada por el Corán, claramente él debe buscar, contemplar, observar y meditar (investigando) sobre los fundamentos de su creencia, conocidos como las bases de la religión, cuyos pilares son el Monoteísmo, la Profecía, el Imamato y la Resurrección.

Luego, quien imite a sus padres o a otros en la creencia en estas bases, por cierto que ha cometido una injusticia y se ha desviado del Camino Recto. Y no se aceptará de él ninguna excusa.

En resumen, nuestra creencia en este tema implica dos cuestiones:

1) Es obligatorio investigar y conocer las bases de la creencia, sin que se permita imitar a otros respecto a ellos.

2) Esta es una obligación intelectual antes de ser una obligación religiosa. Es decir que nuestro argumento sobre la obligación de conocer las bases de la creencia no son las narraciones de la religión, aunque es correcto mencionarlas solo para confirmar el intelecto. Y el sentido de la obligación intelectual no es más que la comprensión por parte del intelecto de la necesidad de conocer, reflexionar y esforzarse respecto a las bases de la creencia.

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