El monoteísmo del Corán

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SHAFAQNA – Monoteísmo significa la creencia en la Unidad de Dios en todos los conceptos. Él es Uno en esencia. Él es el Único Creador. Él es el Único que dirige el mundo. Solamente El merece la adoración y veneración. Y Él es Uno en muchos otros aspectos.

La mayoría de los versículos del Corán sobre esta materia enfatizan la Unidad de Dios con respecto a la Creación, las órdenes (la dirección del mundo) y el culto. Primero llaman la atención del hombre al hecho de que solamente Dios es el Creador del mundo. Solamente Él tiene la autoridad soberana sobre el mismo. Luego extraen la conclusión de que solamente El merece ser adorado.
Surge del Corán que la mayoría de los árabes paganos creían o estaban inclinados a creer en la Unidad de Dios respecto a la creación y su dirección. Dice el Santo Corán:
“Si les preguntas: ‘¿Quién ha creado los cielos y la tierra y sujetado el sol y la luna?’, seguro que dicen: ‘¡Dios!’ ¿Cómo pueden, pues, ser tan desviados? “(29:61)
El Corán es el único que cita el sistema del mundo, homogéneo y bien entramado, como una prueba de la Unidad de Su Creador. Quiere que pensemos en la solidez y la actividad o influencia de este sistema para estar seguros de que ha sido diseñado y está siendo dirigido por un Ser Supremo. Así es como arribamos a la Unidad respecto a la creación y la dirección. Dice el Corán:
“Vuestro Señor es un Dios Único. No hay más dios que El, el Compasivo, el Misericordioso. En la creación de los cielos y la tierra, en la alternancia de la noche y el día, en la naue que surca el mar para provecho de los hombres, en el agua que Dios hace bajar del cielo, vivificando con ella la tierra después de muerta, diseminando por ella toda clase de bestias, en la variación de los vientos, en las nubes, sujetas al servicio entre el cielo y la tierra, hay, ciertamente, signos para gente que razona.” (2:163-164)
Decenas de otros versículos en diferentes suras del Corán llaman la atención del ser humano de distintas maneras hacia los elocuentes signos de la Unidad del Creador implícitos en este sistema.
REFUTACIÓN DEL POLITEÍSMO
El Corán refuta la teoría de la pluralidad de dioses de la siguiente manera:
“Dios no ha adoptado un hijo ni hay otro dios junto a El. Si así fuera, cada dios se habría atribuido lo que hubiera creado y unos habrían sido superiores a otros. ¡Gloria a Dios, por encima de lo que le atribuyen! El es el Conocedor de lo oculto y de lo manifiesto. ¡Exaltado sea de lo que Le asocian! (23: 91-92)
Si el mundo fuese a tener más de un creador, las relaciones subsecuentes estarían limitadas a asumir una de las siguientes formas:
1. —Que cada uno de ellos tuviera autoridad soberana en una parte del mundo, por ejemplo, en la parte que el mismo creó. En este caso las distintas partes del mundo tendrían distintos sistemas totalmente independientes uno del otro. Pero nosotros vemos que todo el mundo tiene un sistema compacto, único, interrelacionado.
2. —Que uno de los creadores y dios regional, tuviera una posición superior a la de todos los otros, para de esta manera mantener un tipo de coordinación y armonía general. En este caso, el que ejerce la autoridad suprema sería el real soberano de todo el mundo y todos los otros serían solamente sus funcionarios. (Esta alternativa desemboca en el monoteísmo).
3. —Que cada uno de estos dioses tuviera autoridad sobre el mundo y fuera libre de actuar independientemente y dar órdenes como le plazca. En este caso habría un caos y confusión total y no habría ninguna ley ni orden, como dice el Corán:
“Si hubiera en ellos (los cielos y la tierra) otros dioses además de Dios, se corromperían sin duda. ¡Gloría a Dios, Señor del Trono, por encima de lo que Le atribuyen!”(21:22).
De esta manera, la uniformidad del sistema que prevalece en todo el mundo contradice la teoría de la pluralidad de dioses con dominios separados y su solidez niega la teoría de varios dioses con dominios propios.
La presunción de que dos o más dioses puedan ejercer la autoridad sobre todo el mundo, aunque siempre y en todas partes cooperen entre sí y libren órdenes uniformes, es una idea fantástica. Esta pluralidad ocasiona automáticamente que deban diferenciarse al menos una sola vez.
LAS CAUSAS Y LOS AGENTES
El Corán recalca la Unidad de Dios con respecto a la creación y su dirección. Sostiene que solamente El ha creado todas las cosas y solamente El ejerce la autoridad en todo el mundo. Al mismo tiempo no niega el sistema de causalidad y su verdadero papel. Dice el Corán:
“Dios ha hecho bajar agua del cielo, vivificando con ella la tierra después de muerta. Hay en esto un signo para gente que escucha.” (16: 65) Aquí se menciona el agua como un medio para dar vida a la tierra.
Lo que se deduce del Corán respecto a las causas y su papel es que el Todopoderoso Creador conoce todas las cosas y puede hacer lo que quiera. Pero El ha creado el mundo de una manera particular y ha establecido para él un sistema particular en el que ciertas cosas cumplen el papel de producir otras cosas. Pero este papel es el de obedientes funcionarios de Dios, quienes cumplen el trabajo asignado sin vacilaciones y obedecen Sus órdenes solícitamente sin infringirlas en lo más mínimo.
La enorme fuerza gravitatoria del sol, aunque se trata de una fuerza gigantezca en su vasto campo, está no obstante sujeta a las órdenes del Creador. La fuerza gravitatoria de la tierra también es una fuerza poderosa. Pero también sirve a las órdenes de Dios, quien faculta a un pequeño pájaro para que la resista y permanezca flotando en el es pacio durante horas.
Narrando la historia del Profeta Abrahám dice el Corán:
“Dijeron (los adoradores de ídolos): ‘¡Quemadlo (a Abrahám) y auxiliad así a vuestros dioses, si es que os lo habéis propuesto…!’ Dijimos: ‘¡Fuego! ¡Sé frescor y paz para Abrahám (y no le dañes)!’ Quisieron emplear artimañas contra Abrahám, pero hicimos que fueran ellos los que más perdieran.” (21:68-70)
Así, siempre que a Dios le parezca apropiado, puede evitar incluso que algo sea consumido por el fuego.
Si con el avance de la tecnología el hombre ahora puede neutralizar una mina o una bomba incendiaria hechas por él, por medio de una señal electrónica, ¿por qué Dios no habría de ser capaz de evitar la acción de una cosa creada por El?
LOS MILAGROS
Una persona sensible, con algunos conocimientos, puede entender fácilmente la naturaleza de los milagros si tiene en consideración la relación de las causas materiales con Dios, Su Voluntad y Su dirección.
La visión islámica del mundo sostiene la ocurrencia de los milagros. No encuentra ninguna contradicción entre ellos y la ley de causalidad, la cual enuncia que ningún fenómeno sucede sin una causa, porque, desde el punto de vista coránico, un milagro es un fenómeno que tiene una causa especial, es decir, la Voluntad de Dios.
No solamente el que sucedan milagros no tiene contradicción alguna en principio con la ley universal de causalidad, sino que, a los fines prácticos tampoco es incoherente con el sistema normal de causa efecto. El ser humano mientras evalúa las leyes científicas y experimentales no se sienta a esperar el descubrimiento de leyes absolutas. Quienes son versados en las ciencias experimentales avanzadas conocen bien el carácter relativo que tienen la mayoría de las leyes de estas ciencias (en su mayoría teorías y aproximaciones prácticas). El científico discreto y bien informado no cree en su seguridad y carácter absoluto en un cien por ciento. Sin embargo, usan estas leyes relativas en sus estudios científicos y dependen de ellas para llegar a resultados técnicos y científicos, a menos que el progreso científico subsecuente pruebe la falsedad de alguna de ellas.
En nuestra vida común de todos los días tampoco nos sentamos a esperar que algo sea seguro en un ciento por ciento. Todas las personas sensatas viajan en auto, tren, barco y avión atendidos por técnicos experimentados y conducidos por personas responsables, aunque saben que ninguno de esos medios de transporte son confiables en un cien por ciento. Los mejores medios de transporte, muy bien equipados, servidos y guiados por el personal más responsable y experimentado, pueden sufrir un accidente o escapar al control de las órdenes impuestas. La razón estriba en que el hombre basa sus cálculos en condiciones normales y no en circunstancias excepcionales, especialmente cuando dichas circunstancias excepcionales son menores o iguales a uno en un millón. Los sucesos milagrosos tienen lugar en circunstancias muy excepcionales por medio de las órdenes de Dios. Su relación con los sucesos normales es extremadamente mínima, incluso menos de uno en un millón. De esto se evidencia que la creencia en el acontecimiento de milagros por voluntad y orden de Dios no va contra los valores fiables prácticos y teóricos del sistema normal de causa-efecto.
LAS SUPERSTICIONES NO DEBEN SER CONFUNDIDAS CON LAS CAUSAS
Una de las más valiosas enseñanzas del Islam es que, con el propósito de identificar las causas y conocer su efecto total, debemos apoyarnos en las pruebas y en un conocimiento transparente en vez de en mitos y supersticiones sin fundamento. La crencia en mitos físicos causa retraso en la ciencia y en la industria, e impide la explotación de la naturaleza. Esto sucedió en el caso de la medicina durante siglos. De la misma manera, la superstición respecto a la influencia enigmática de los cuerpos celestes sobre los sucesos humanos y el uso de valiosos instrumentos astronómicos como el astrolabio para la adivinanza, obstruyó el progreso humano de distintas maneras.
La creencia supersticiosa en la efectividad de los factores metafísicos imaginarios es incluso más dañino, porque ello aparta al ser humano del principio de la Unidad de Dios y lo arroja a la trampa del politeísmo. Por eso el Corán advierte expresamente de que no hay que apoyarse en las ideas metafísicas supersticiosas (sura 53, versículos 28 y 23). Nos dice el Corán que deberíamos depender siempre de un conocimiento definido (sura 2, versículo 3) y pruebas claras (sura 10, versículo 68 y sura 6, versículo 58).
LA SUPLICA O PLEGARIA
Dios ha hecho de la plegaria o súplica una de las causas efectivas que influyen en los asuntos humanos. Ello significa que se debe estar sinceramente atento a Dios y buscar Su ayuda por medio de la plegaria o ruego firme, sincero y de buena fe. Es cierto que El conoce todo. El sabe lo que uno desea. Conoce los secretos interiores de todos. Pero, como en el caso de las relaciones humanas con la naturaleza, el esfuerzo y el empeño son esenciales y “la no obtención de ningún beneficio sin esfuerzo y sufrimiento” es la máxima y, similarmente, en el caso de las relaciones del ser humano con Dios, ha sido establecido un sistema de súplicas o ruegos. Dice el Corán:
“Cuando Mis siervos te pregunten por Mi, diles que estoy cerca y que satisfago la súplica del que invoca cuando Me ruega. ¡Que Me pidan y crean en Mi! Quizás, así, sean bien dirigidos.” (2:186)
Respecto a la súplica a veces se pregunta si la Voluntad de Dios está sujeta a algún cambio. ¿Por qué quiere El que le supliquemos si Su determinación es inmutable?
La respuesta a esta pregunta, desde el punto de vista islámico, es que Dios es Eterno y Su determinación también es eterna e invariable. Pero la misma determinación eterna e invariable ha decidido que una gran parte del universo, que es la parte de la naturaleza, debe siempre permanecer en estado de “ser” en vez de en el de “haber sido”. En esta parte, a cada momento, aparecen nuevos fenómenos que son causados por factores anteriores. La súplica es un tipo de esfuerzo y trabajo y como tal tiene un papel y un efecto proscripto por la misma determinación eterna.
Así, Dios es Eterno. Su Conocimiento y Determinación (Voluntad, Querer) también lo son. No obstante, nuevos fenómenos aparecen a cada momento. La súplica o esfuerzo juega un papel importante para que ellos se produzcan.
“Todo el que está en los cielos y en la tierra Le implora. A cada momento trae una nueva manifestación (de Su Poder).” (55:29)
Si se está aflijido por algo penoso, no hay que descorazonarse. No hay que renunciar al esfuerzo. Hay que suplicar devotamente a Dios porque no se puede predecir que no habrá salida al actual aprieto o dificultad. Dice el Corán: “A cada momento trae una nueva manifestación (de Su Poder)”.
Entonces, ¿por qué desesperar? Es posible que se produzca una nueva situación rápidamente.
En el Corán hay distintos ejemplos de los sucesos que repentinamente tomaron un giro contrario a todo lo esperado, tales como la búsqueda de ayuda por el Profeta Moisés (sura 20, versículos 25 y 26), y la súplica para tener un hijo del Profeta Zacarías (sura 19, versículos 1 al 9). El estudio de tales ejemplos muestra claramente que desde el punto de vista coránico la súplica es una causa o procedimiento tan efectivo como cualquier otro. Así como el Creador del mundo ha dado un rol a la luz, al calor, a la electricidad, al magnetismo, etc., en el sistema de causalidad, y ha hecho que ciertas hierbas y productos químicos curen ciertas enfermedades, de la misma forma ha dado a la súplica, cumpliendo las condiciones requeridas, un papel para el logro de los deseos humanos. El efecto de la súplica no es simplemente psicológico y sugestivo. Es cierto que despierta muchas facultades dormidas del hombre y lo impele a hacer esfuerzos tales que no eran esperados por su parte. Pero de acuerdo al Corán la súplica es más efectiva que eso. Es una causa independiente y su efecto no está limitado a fortalecer la fuerza de voluntad u obtener cualquier otro resulado.
LA UNIDAD EN RELACIÓN CON LA ADORACIÓN
Como hemos dicho antes, la Unidad en el culto es lo primero y más importante que recomienda el Corán respecto del monoteísmo. El Corán considera que es el resultado lógico de la Unidad de Dios respecto a la “creación y su dirección”. Sabemos que solamente Dios es Quien ha creado este mundo, y que solamente El lo dirige. Nadie más tiene un papel independiente en este sentido. Los demás solamente cumplen deberes específicos adjudicados a ellos por su Creador.
Todas las fuentes de poder en el mundo, tales como el sol, la luna, las estrellas, las nubes, el viento, los relámpagos, la luz, el agua, la tierra, los genios, los ángeles, etc., están subordinados a El y ejecutan sus órdenes. Sabiendo esto, no tiene sentido alguno adorar a algunos de estos meros funcionarios y postrarse frente a sus estatuas o imágenes. Dice el Corán:
“¡Género humano! Servid a vuestro Señor, Que os ha creado, a vosotros y a quienes os precedieron. Quizás, así, tengáis temor de El. Os ha hecho de la tierra lecho y del cielo edificio. Ha hecho bajar agua del cielo, mediante la cual hace brotar frutos para sustentaros. ¡No atribuyáis iguales a Dios a sabiendas!” (2:21-22)
“Han hecho de los genios asociados de Dios (en divinidad), siendo asi que El es Quien los ha creado. Y le han atribuido, sin conocimiento, hijos e hijas. ¡Glorificado y exaltado sea por encima de lo que Le atribuyen! El Creador de los cielos y de la tierra, ¿cómo iba a tener un hijo si no tiene compañera, y lo ha creado todo, y lo sabe todo? Tal es Dios, vuestro Señor. No hay más dios que El, creador de todo. ¡Servidle (adoradle), pues! El cuida de todo.” (6:100-103)
“Entre Sus signos figuran la noche y el día, el sol y la luna. ¡No os prosternéis ante el sol o ante la luna! ¡Prosternaos ante Dios, que los ha creado! ¡Si esa El a Quien servís!…” (41:37)
“Hay hombres que, fuera de Dios, toman a otros que equiparan a El y les aman como se ama a Dios. Pero los creyentes aman a Dios con un amor más fuerte…” (2:165)
Si la adoración y la sumisión es en función de buscar asistencia, ello es derecho exclusivo de Dios en tanto que El solamente es Quien puede cubrir las necesidades de las criaturas.
“Di: ¿Invocaremos en lugar de invocar a Dios, lo que no puede aprovechamos ni dañamos?…” (6:71)
Por lo tanto, si la adoración y sumisión de una existencia imperfecta se debe a que es atraída irresistiblemente hacia la gloria y la majestad de la existencia perfecta, incluso así ello es derecho exclusivo de Dios, porque solamente El merece tal amor y devoción.
UNIDAD RESPECTO A LA SUMISIÓN Y LA OBEDIENCIA
Desde el punto de vista coránico la obediencia es de dos tipos:
1. —La obediencia acompañada por la total sumisión y la entrega incondicional del hombre a lo que se le dice que haga. De acuerdo a la concepción coránica de la Unidad, este tipo de sumisión, que en realidad es “servidumbre”, se debe solamente a Dios y no la merece nadie más.
2. —Obediencia a quienes ejercen un honrado control sobre nosotros, ya sea porque es por nuestro propio interés, o por interés público, o porque el instinto humano lo hace obligatorio. Tal es el caso de la obediencia al Profeta, al Imam y a quienes genuinamente lo representan durante el período de la ocultación.[1] Lo mismo se aplica a la obediencia a los padres, etc.
Este tipo de obediencia es condicional. Se establece obilgatoriamente que quienes gozan de la posición de librar órdenes o mandatos no trasgredan los límites de la ley y de la equidad. Se requiere que cada uno evalúe desde este ángulo cada instrucción que reciba de dicha gente, y debe abstenerse de actuar de acuerdo a lo que se le ordena si lo mismo se opone a la ley y la justicia. No se debe obedecer una instrucción contraria a la ley divina, porque nada de lo creado está para obedecer lo que contravenga la dirección del Creador. Por supuesto, en el caso del Santo Profeta y los Imames, su infalibilidad es suficiente para asegurar este aspecto, porque no se puede sospechar que digan nada contrario a al dirección de Dios.
Este tipo de obediencia no es absoluta, y no involucra una sumisión incondicional o ciega.
SUMISIÓN AL MANDATO DE DIOS
Uno de los resultados que proceden de la Unidad con respecto a la sumisión y la obediencia es que a los creyentes en la Unidad de Dios se les pide la total sumisión a Sus ordenes y Revelaciones en todas las cuestiones religiosas. Con el objeto de salvaguardar la unidad y solidaridad de sus filas y protegerlos contra el sectarismo, no se les permite ninguna reserva al respecto. Dice el Corán:
“Que la gente del Evangelio juzgue según lo que Dios ha revelado en él. Quienes no juzguen según lo que Dios ha revelado, esos son los perversos. Te hemos revelado el Libro (el Corán) con la Verdad, en confirmación y como custodia de lo que ya había de la Escritura. Juzga, pues, entre ellos según lo que Dios ha revelado y no sigas sus pasiones, que te apartan de la Verdad que has recibido. A cada uno os hemos dado una norma y una vía. Dios, si hubiera querido, habría hecho de vosotros una comunidad única, pero quería probaros en lo que os dio. ¡Rivalizad en buenas obras! Todos volveréis a Dios. Ya os informará El de aquello en que discrepabais. Debes juzgar (tú. Profeta) entre ellos según lo que Dios ha revelado. No sigas sus pasiones. Ten cuidado, no sea que te seduzcan, desuiándote de parte de lo que Dios te ha revelado. Y, si se apartan, sabe que Dios desea afligirles por algunos de sus pecados. Muchos hombres son, ciertamente, perversos. ¿Es un juicio como en la época de la ignorancia (la época pre-islámica) lo que desean? Y, ¿qué mejor juez que Dios para un pueblo que está convencido?” (5:47-50)
Estos versículos ofrecen a los seguidores de los mensajes anteriores un camino lógico y razonable de evitar las contiendas intestinas. Cada individuo y grupo debe deducir de la revelación la manera de hacer lo bueno y debiera empeñarse en tal sentido. De esta manera, en vez de fútiles conflictos entre los seguidores de las distintas religiones divinas, habría una mutua competición por las obras virtuosas. La cuestión en cuanto a qué es correcto debe ser dejada a los libros religiosos que se sabe tienen origen divino. En caso de que haya diferencias de opiniones con respecto a su interpretación, la cuestión puede ser postergada para el día en que la verdad será descubierta por Dios y todas las controversias serán finalmente liquidadas.
Esta parece la única manera de lograr la solidaridad entre los seguidores de la Revelación. De otra manera, no solamente los seguidores de los distintos profetas, sino incluso quienes creen en el mismo profeta y en la misma escritura pero adhieren a distintas escuelas, a distintas corrientes del mismo grupo o a diferentes líderes religiosos, se enfrentarían arma en mano uno contra otro y la luz de la “Escuela de la Revelación” será oscurecida.
Por esto el Corán considera que la creencia en la Unidad de Dios es la base de todo su sistema, y considera las contiendas sectáreas como una desviación. El Corán desautoriza todos los altercados religiosos y los considera contrarios al espíritu del monoteísmo y un gran obstáculo en el camino de los sistemas sociales basados en la Revelación. Solamente se permite una clara discusión académica libre de peleas tendenciosas y egoístas.
EL DIOS ÚNICO Y SIN IGUAL
Tauhíd es un concepto revolucionario y constituye la esencia de las enseñanzas del Islam. Significa que solamente hay Un Señor Supremo del universo. El es Omnipotente, Omnisciente, Omnipresente y el Sustentador del mundo. Dice el Corán:
“Di (Profeta): Dios es Único. Dios es Absoluto (Autosufíciente) y Eterno. No engendró ni fue engendrado, y no existe nada igual a El.” (112:1-4)
Unidad Intrínseca
Los más prominentes pensadores del mundo musulmán sostienen que la no existencia de nada igual a Dios significa Su Unidad intrínseca (o esencial), lo que es planteado por los filósofos y los místicos.
La manera más simple de describirlo es así: cuando nosotros decimos que Dios es sin igual significa que, en principio no puede haber socio alguno de El. No se puede suponer siquiera que pueda haber más de un Dios. La Unicidad es Su Atributo indispensable y absolutamente esencial.
Por lo tanto, para ser capaz de aprehender la idea de Su Unidad es suficiente tener presente la correcta concepción de El. Si estamos versados en el verdadero sentido de esta palabra, automáticamente llegaremos a la conclusión de que Dios es Uno. No puede ser más que uno porque la pluralidad es incompatible con Su Existencia.
Supongamos que una línea se extiende infinitamente hacia ambos lados. Supongamos que hay otra línea a una distancia de un metro que corre paralela a la primera y que también se extiende infinitamente en ambas direcciones. No hay problemas en suponer tal cosa. Se dice que dos líneas paralelas son aquellas que equidistan una de otra en todo su recorrido y nunca se encuentran aunque se extiendan hasta el infinito.
Independientemente de si esta definición de líneas paralelas es correcta o no, absoluta o relativa, está claro que es posible suponer la existencia de las mismas.
Ahora supongamos que hay un cuerpo que crece y se hace cada vez más grande en todas sus dimensiones, largo, ancho y alto. ¿Podemos suponer la existencia de otro cuerpo junto al primero que crezca también infinitamente? No, no podemos porque el primer cuerpo llenará todo el espacio y no dejará sitio alguno para el segundo, ya sea finito o infinito, a menos que el segundo cuerpo penetre en el primero. Pero, ¿es posible para un cuerpo penetrar en otro y no en sus espacios intermoleculares? Por supuesto que no. Por lo tanto, no es posible suponer la existencia simultánea de cuerpos infinitos en todas las direcciones y en todas las dimensiones.
Hasta ahora hemos hablado de cuerpos infinitos. La suposición de la existencia de un cuerpo infinito niega automáticamente la existencia de otro. Pero no niega la existencia de algo no corporal. Por ejemplo, no niega la existencia de un alma infinita que pudiera haber penetrado en un cuerpo infinito.
Ahora consideremos un ser infinito en todos los sentidos de la existencia. ¿Es posible suponer la existencia de dos o más seres infinitos (en estas condiciones)? No, porque se presume que de existir dos seres así, la existencia de cada uno de ellos estará limitada al menos por la existencia del otro. Como tales, ninguno de ellos será infinito. Por lo tanto Dios no tiene igual. En principio no puede haber dos o más dioses.
Hasta ahora hemos llegado a saber que hay un Creador que es la Fuente de la Existencia, Quien es sin igual. Pero, ¿se termina con esto el conocimiento humano acerca de El? ¿No podemos avanzar más y conocer más de esta Fuente de la Existencia?
Algunos eruditos tienden a creer que el hombre solamente puede tener “noticias” de El, es decir, que puede saber que hay una Fuente de la Existencia, pero que no puede alcanzar un mayor conocimiento de ella.
Estos eruditos sostienen que cualquier Nombre o Atributo que pueda ser usado para expresar la Fuente de la Existencia, en vista de agregar conocimiento acerca de El, probablemente estará total­mente desconectado con El y solamente agregará ignorancia y mala comprensión a quien lo haga.
De acuerdo a este punto de vista, el estadio más elevado de co­nocimiento que se puede alcanzar acerca del Creador es solamente que El existe y que El está por encima de todo lo que el hombre pueda concebir o imaginar. El conocimiento de la Fuente de la Existencia procede solamente en una dirección, es decir, considerando que la Fuente está por sobre todo lo que la mente humana puede concebir.
Evaluación de puntos de vista extremos
La opinión que estos eruditos expresan es muy valiosa en cuanto niega todas las ideas irracionales y míticas acerca de Dios. Pero si la evaluamos desde un punto de vista realista, las encontraremos un poco extremistas. Si el conocimiento acerca de Dios es tan limitado que no se puede hacer ninguna referencia a El excepto por medio del pronom­bre “El”, lo cual es absolutamente vago, ¿cómo hemos aprendido en­tonces lo que El es realmente?
Según parece los grandes estudiosos que han expresado esta opinión han confundido el conocimiento completo y total con el conocimiento relativo. Una cosa puede tener decenas de característi­cas que las distinguen de otras cosas. Por medio del conocimiento de cualquiera de esas características podemos identificarla y no necesita­mos tener un conocimiento completo de todos sus rasgos distintivos. Este no es el caso solamente con Dios, sino que el mismo principio se aplica a todo lo que existe. Por ejemplo, si uno tiene dos hijos, puede reconocer fácilmente a cada uno de ellos. Pero, ¿es conciente uno de todas sus características, físicas y morales?
Por lo tanto, si se trata del conocimiento completo de Dios debe­mos admitir que es humanamente imposible.
Pero si se trata del conocimiento de ciertos Atributos Suyos, y cómo ese conocimiento relativo puede distinguirlo de todo lo demás, por supuesto que el hombre debe tener tal conocimiento de manera que pueda ser conciente de Su existencia. En realidad, sin dicho cono­cimiento, resultaría en vano hablar de Dios.
Por lo tanto nuestra incapacidad para tener un conocimiento total de la Realidad no significa que deberíamos manifestar incapacidad para lograr algún tipo de conocimiento de la misma. Hay un estadio intermedio, o más bien varios estadios que intervienen entre el conocimiento absoluto y la ignorancia total, es decir, “la cognición relativa en una o más direcciones”.
Un cuidadoso estudio del conocimiento, su valor y sus límites, muestra que la información humana acerca de este mundo es mayori­tariamente relativa. Por esta razón la ciencia moderna se ocupa básica­mente en conocer los rasgos o características de las cosas y no su esencia. La cognición de la Fuente de la Existencia también tiene limi­taciones similares. Cuando una persona bien informada e inteligente piensa en Dios, exclama desde lo hondo de su corazón: “No se lo que Tu eres; Tu eres lo que eres”.
Sin embargo la misma persona cuando mira Sus signos y una parte de Sus rasgos distintivos, se vuelve algo familiarizado con El. Aunque este conocimiento es por lejos menor que el conocimiento absoluto, en tanto uno lo posee, puede hablar acerca de “El” con certeza.
Se puede decir que cualquiera que cree en Dios lo identifica al menos con uno de Sus Atributos por medio del cual lo reconoce. El conocimiento de Dios es acompañado al menos por algunos de Sus Atri­butos tales como el Creador, el Sustentador del Origen, el Auto exis­tente, etc.

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