El anillo de Salomon

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SHAFAQNA – Ninguna piedra tuvo jamás la eminente prerrogativa del engaste del anillo de Salomón. La fama y la reputación de este anillo eran extremas y, sin embargo, el engaste era simplemente una piedra del peso de medio dang. Cuando Salomón cogió esta piedra para engaste de su sortija, toda la superficie de la Tierra estuvo bajo su poder. Salomón vio así su reino establecido; vio el horizonte bajo su ley. La superficie de su reino era, pues, inmensa; el viento lo llevaba por todos sitios a su antojo y, en realidad, sólo poseía su piedra de medio dang. Y dijo: “Como mi reino y mi gobierno sólo son estables por esta piedra, no quiero que en el mundo espiritual o temporal pueda nadie poseer desde ahora tal potencia”.

¡Oh rey mío! he visto claramente este reino precario con el ojo de la razón; es un diminutivo del que vendrá después. A partir de ahora no lo des nunca a nadie más; no quiero tener nada que ver ni con el ejército ni con el imperio; sino que escojo para siempre la alforja del derviche. Aunque Salomón fuera un rey poderoso a causa de la piedra de su anillo, esta piedra era, sin embargo, la que detenía su marcha en el camino espiritual.

Si esta piedra producía este efecto a Salomón, ¿qué no haría con respecto a un ser como tú, pobre perdiz? Y puesto que el diamante es una simple piedra, no la busques; no des tu alma más que por el rostro de tu amada; aparta tu corazón de la vulgar joya, ¡oh tú que buscas la joya verdadera! y está siempre en la búsqueda del buen joyero.

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