El fenómeno del espíritu

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SHAFAQNA – Si el fenómeno del espíritu (que es inmaterial en todos sus aspectos), fuera objeto de estudio y experimentación a fin de demostrar completamente su carácter autónomo -pese a que trasciende la percepción sensible-, ello ejercería un efecto profundo y conseguiría que los hombres creyeran más plenamente en esta realidad metafísica.

El autor trata en esta sección de los fenómenos de que se ocupa el espiritismo como una prueba más de la existencia e independencia del espíritu. Ello no implica desde luego coincidir con las posiciones de esta pseudo doctrina religiosa, cuyos dogmas han dado lugar a mucha superchería y engaño y están en contra de los principios del Islam.
El espiritismo, la práctica de comunicarse con los espíritus de los muertos, alcanzó su mayor auge durante el siglo XIX en que se convirtió en una disciplina codificada. Numerosas personalidades en todo el mundo han observado la posibilidad de tal comunicación, que puede ser considerada una de las pruebas vivas sobre la autonomía e inmortalidad del espíritu.
Despojándose de toda parcialidad y prejuicio e impelidos por motivos genuinamente científicos, algunos hombres de ciencia se han dedicado a una somera investigación y estudio para sacar a la luz la verdad sobre este asunto. Con su trabajo han podido demostrar que la existencia del espíritu ya no es una cuestión de orden teórico sino algo claro y tangible.
Experimentos cuidadosamente ejecutados han mostrado que es definitivamente posible establecer comunicación con los espíritus de los muertos. Es posible entablar conversaciones con ellos y solicitar su ayuda para resolver problemas difíciles. Ha ocurrido a menudo que algunas personas (científicos, por ejemplo) que no podían resolver un problema intrincado que estaban analizando, fueron capaces de darle solución a partir de una comunicación con los espíritus de los muertos.
Uno de los rasgos notables de aquellos que entran en trance para comunicarse con los muertos, es que funcionan tanto de receptores como de emisores. Puede ocurrir a veces que estando en ese estado hablan en idiomas que nunca aprendieron. Y se los puede ver también divulgando secretos que no estaban en posición de conocer.
Todavía más notable es el hecho de que los médium son capaces, en trance, de leer y copiar inscripciones sobre objetos contenidos en cajas selladas, aún siendo completamente analfabetos.
En resumen, los médium realizan actos inexplicables que nos vemos obligados a seguirlos en el reino invisible del espíritu en nuestro intento de encontrar una respuesta.
Todo lo que hemos mencionado ha sido probado por experimentos y constituye una refutación de las afirmaciones de los materialistas, porque si el espíritu fuera simplemente un fenómeno material, una propiedad físico-química del cerebro, sería imposible explicar todos estos variados fenómenos que han sido verificados experimentalmente.
Sólo podremos escapar de la dificultad insalvable a que nos conducen las concepciones materialistas cuando admitamos la existencia de una fuerza supramaterial que da origen a esos fenómenos, porque no es concebible que sea producto de factores materiales.
Aunque la edad no es un factor de importancia para establecer comunicación con los espíritus, aquellos que se ocupan de esto generalmente eligen médiums de entre los niños para recibir mensajes de los espíritus. Esto elimina la posibilidad de engaño o fraude y no deja lugar a posibles objeciones.
Al mismo tiempo, investigadores experimentados y especialistas tomaron parte también de las sesiones donde se estableció contacto con los espíritus. Se efectuaron repetidos y cuidadosos experimentos a fin de eliminar todo asomo de duda y clarificar cualquier ambigüedad, descartando toda posibilidad de autosugestión por parte de los participantes.
Aunque nosotros podemos aceptar este tema que discutimos como una realidad objetiva, es -como muchas otras verdades y realidades-, explotada por aquellos que mercan con la mentira y el fraude, quienes la desmerecen y la deshonran. Consecuentemente uno no puede confiar en todos los que afirman ser capaces de comunicarse con los espíritus o rechazarlos con argumentos impropios; ambas conductas serían contrarias a la lógica. Sólo un cuidadoso examen del asunto nos conducirá a entrever la verdad y nos permitirá distinguir lo ilusorio de lo real.
Farid Wajdi, autor de la Twentieth Century Encyclopedia, da los nombres de un puñado de científicos americanos y europeos de entre varios miles que han trabajado en este campo y menciona la clara evidencia que se obtuvo de los objetivos experimentos que realizaron. Muchos de ellos eran escépticos y negativos respecto de la posibilidad de comunicarse con los espíritus de los muertos hasta que les fue probada; en realidad ellos ingresaron inicialmente en el tema con la intención de menoscabar sus fundamentos. Si alguien les hubiera insistido en la posibilidad de probar científicamente la comunicación con los espíritus de los muertos, lo habrían rechazado sin dudarlo como un absurdo.
Pero cuando vieron los resultados de los experimentos realizados cesaron de apoyar la posición de sus oponentes, sometiéndose a los hechos.
Farid Wajdi agrega que los especialistas en este tema creen en el principio de que el espíritu no es aniquilado con la muerte del cuerpo, ya que son incapaces de explicar los extraordinarios fenómenos que tienen lugar en sus sesiones excepto en términos de la actividad espiritual de los muertos.
Aquellos que no tienen ningún argumento serio que ofrecer tratan de explicar estos resultados experimentales en términos del inconsciente.
¿Podemos razonablemente acusar a todos los científicos y expertos que trabajan en este tema de haber sido sinceramente engañados por los manejos de los prestidigitadores, habiendo colocado el sello de la aprobación científica sobre el conjunto de ilusiones? ¿O de afirmar la corrección de esta disciplina sin tomar el debido cuidado, actuando bajo la influencia de los médiums?
Sería completamente irracional e ilógico atribuir el error a todos estos especialistas. Alfred Russell Dulles, el colaborador de Darwin en el descubrimiento de la Ley de selección natural, manifestó su opinión sobre el tema en estos términos:
«Cuando comencé a investigar los misterios de la comunicación con los espíritus de los muertos, yo era un materialista absoluto y negaba la existencia del espíritu. No había lugar alguno en mi mente para entidades inmateriales o supra naturales.
Por el contrario era mi intención probar por medios científicos la incorrección de la creencia en tales temas. Pero a medida que me enfrenté con los experimentos realizados y los resultados obtenidos, comencé gradualmente a creer en ellos. La realidad del espíritu llegó a tener tal efecto en mí que comencé a creer firmemente en él antes de ser capaz de encontrar en mi mente alguna explicación. No he podido desde entonces dejar de creer en ello ni encontrar una causa material»… (Ver la continuacion en archivo pdf)
Los Fundamentos de la Doctrina Islámica. Libro III.
Edita: Foundation of Islamic C.P.W.
Fundación Cultural Oriente
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