La Dimensión Femenina en las religiones del Libro

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SHAFAQNA – Muchos trabajos han abordado el tema de la mujer y su papel en el surgimiento y desarrollo de las diversas religiones; el Islam no es la excepción. Sin embargo cabe destacar el hecho de que el 90% de dichos trabajos se concentra en argumentar los derechos a los cuales la mujer debe acceder y las ventajas con las que la misma se ha beneficiado. Podemos decir que prácticamente la exposición de estos trabajos se basa en una defensa o en una demostración constante de los privilegios que el Islam, como doctrina celestial, ha legado a la mujer.

 Desde los trabajos del gran sabio Murtada Mutahari hasta los pequeños tratados de los divulgadores modernos el estilo no varía. Obviamente esto en un sentido responde a un orden muy elemental de necesidades, pero en el sentido profundo pone en un segundo lugar aspectos que no deben ser pasados por alto y que sin dudas nos pueden llevar a una verdadera revolución interior que alcance definitivamente tanto a hombres como a mujeres.
 Es obvio que un tema de tanta urgencia solo puede ser tratado con tal intensidad por una mujer, al menos si queremos trascender las fronteras de su papel en el ámbito social, dejando a un lado sus querellas y reclamos de igualdad con el hombre. El tipo de “visión” al cual este trabajo se refiere y con el cual me siento profundamente comprometido está relacionado con la búsqueda de la esencia femenina, presente en cada rincón del Universo, a veces manifiesta y otras veces oculta. Tal visión se halla opuesta a la admiración ilusoria de la “hembra”, relacionada con perfumes, flores y espejos; pues si bien el hombre perdió su lado angelical al reconocerse o pensarse “macho”, la mujer lo siguió en su caída al aceptarse como “hembra”.
 Créanme, lo importante de este resumido trabajo consiste en su ligera insinuación a la sutileza de los mitos, tradiciones o versos sagrados, generalmente poco aprovechados por los creyentes quizás ávidos de lecturas más inmediatas y prometedoras de rápidos estados de felicidad o garantías de qué comer en el presente. Estas sutilezas han pasado de cierta manera a nuestras sociedades, formando parte de los proverbios populares que de alguna forma mal entendidos justifican actitudes negativas en contra de la mujer.
 Por desgracia el noventa por ciento de los reclamos femeninos descansa sobre aspectos externos. Claro está, excluyo a los justos pedidos de libertad de las mujeres en donde viven en total opresión, sociedades donde apenas pueden terminar estudios primarios o derechos tan elementales como obtener una licencia de conducir puede ser comparado a un sueño lejano. Estas actitudes solo pueden ser analizadas en el terreno de las patologías mentales y no en la fenomenología religiosa.
 Sin embargo, mucho podemos avanzar si rompemos nuestros moldes limitantes y trascendemos nuestra naturaleza masculina o femenina pues como se verá uno de los temas principales de los mitos posteriores y en especial de los griegos fue la reducción de la mujer de “seres sagrados a enseres”. Los mitógrafos mal entendieron el tema de la costilla de Adán (P) asociando la palabra “stela” a costilla o tropezón cuando muy significativamente, en el Zohar libro básico de la Cábala hebrea se indica además que la palabra “costado” es de hecho “el lado” que significa también “camino.”
 El accionar lógico y espiritual dará solidez a la búsqueda y demandas de la mujer en todo lugar donde fuese oprimida, su estado de comprensión será semejante a un árbol de grandes raíces. Pero ante todo debemos tener bien claro que: “No defendemos los derechos de la mujer en un sentido compasivo”, es una batalla de todos porque al reconocer su dimensión espiritual salvaguardamos la perfección, emancipación y mejoramiento de la raza humana. Espero que en ese día textos como estos no sean necesarios, sino que tan solo con mirar a la mujer “en el sentido más bello y profundo de la palabra”, todas las puertas de la comprensión ahora cerradas nos sean abiertas.
Hasan Félix Manuel Águila Cárdenas
Ciudad de Qom
La Dimensión Femenina en las religiones del Libro
La cristianización de Roma y con esto la consolidación del dominio papal, trajeron aparejados la expansión de las ideas judeo-cristianas y el triunfo de una sociedad patriarcal. La figura del hombre como centro del mundo se entronizó, dejando a un lado, no solo a la mujer, sino también el carácter femenino de la Existencia.
Parte I: Panorama religioso y términos a conceptos a tener en cuenta
 Bajo esta manera de apreciar la vida, los misioneros se empeñaron en difundir el carácter “macho” de Dios y su indiscutible “paternidad” del Universo. Tal concepción intentaría imponerse en civilizaciones como la India o Japón, sobre las complejas sociedades americanas o en los pueblos nórdicos con su naturismo primordial.
 En aquellos días el mundo no podía ser resumido en enciclopedias o sintetizado en DVDs, el conocimiento del otro implicaba grandes travesías a recorrer y por ende establecer convivencias con las comunidades para llegar de esta manera a un estado de opinión acertado. Esta relación obviamente enriquecía a todas las partes, puesto que cada grupo humano había desarrollado una comunicación particular con la tierra (lo cual también puede ser asumido como “entorno”), llevando a la práctica formas de conocimientos que le permitía sobrevivir en un mundo desconocido y a veces hostil al cual, en el sentido más sagrado, se respetaba
Los términos “macho o hembra” no habían sido configurados, lo que indicaba que muchos de los males sociales modernos no podían asomar su cabeza, la relación de paridad entre hombres y mujeres permitía un desarrollo equilibrado. Día y noche, sol y luna, agua dulce o salada eran complementos de un mismo aspecto sin que dichos pares causaran dificultad en la mente de los primeros pobladores para asimilar tales ideas; el símbolo era comprendido en toda la extensión de la palabra y su peso o responsabilidad espiritual se constituía en un resorte para los seres humanos con el cual podían alcanzar diversos estados de conciencia, de una sutileza tal que raramente puede ser usada en estos tiempos.
 Por esto la religión de aquellos días no podía ser catalogada como un mecanismo tan solo de cohesión social, era una expresión del ser y a su vez forma de conocimiento. Toda la Visión de la espiritualidad y los métodos para alcanzarla se determinaron a partir del concepto de lo Sagrado o de lo que se concebía como “santo”.
 Para adentrarnos en el tema, sería provechoso antes detenernos en el comentario de esta singular palabra, la cual sin una debida comprensión de la misma nuestras reflexiones nos pueden llevar a resultados impredecibles. Entre los griegos antiguos esta palabra era conocida como “Hagia” y entre los clanes hebreos como “qdsh” cuya etimología incierta está- según algunos, relacionada con “separar”, según otros, con “brillo”. De los varios términos griegos, tanto el Antiguo Testamento redactado en ese idioma (Septuaginta) como el Nuevo Testamento prefieren tratar con uno poco usado en el griego clásico (hagios), aunque a veces se emplean hosios que significa “recto”, “santo”, en oposición a lo torcido o contaminado. Está comúnmente asociado con la rectitud. Se utiliza aplicado a lo “de Dios” en (Ap 15.4; 16.5), y traducido “santas” en 2 Ti 3.15 o “Sagradas Letras”) y en otros lugares se prefiere “hieros”, apropiado al carácter sagrado, “reverente” (jieros: sagrado, prepes: ser apropiado). Con el sentido de Jieros se referían los antiguos a las sacerdotisas o Hieródulas, personalidades santas que podían encarnar la facultad de oráculo.
 El término Santo tuvo su evolución específicamente con el asentamiento de las sociedades y por ende de sus respectivos cultos. Claro está, en la medida que el hombre se desligaba de su medio natural, su visión de lo Santo se reduciría a una sombra de las realidades divinas o sencillamente sería algo asociado a Dios o referente a su culto (lo cual es recreado en el mito babilónico del Gilgamesh, tratado más adelante). Lo “santo” perdería su misterio y al igual que la Naturaleza y sus leyes serían cuestiones totalmente predecibles, lo que gradualmente polarizó aspectos básicos de la existencia definiéndola en categorías reductoras. La pérdida de la tradición oral marcó la “Era de la Condensación” o más bien de la cristalización del espíritu. Por eso hubo culturas ancestrales que se abstenían de darle forma escrita a sus doctrinas o definir el carácter divino, puesto que eso significaba mancillarlas o restarle su carácter sacro.
 Las investigaciones sobre el pensamiento mítico en Occidente, comenzaron por el lado sociológico con Lévy Brühl, con el estudio de la mentalidad pre- lógica en los primitivos. En la psicología se ocupó del tema Karl Jung y en la historia de las religiones el impresionante trabajo del Schmidt y la escuela etnográfica de Viena todavía son considerados como materiales de consulta indispensables. Por el lado estrictamente filosófico tras la arcaica “Introducción a la Filosofía de la Mitología” de Schelling, se han publicado libros de interés: “Mito y Metafísica” (Georges Gusdorf), “Mito y Existencia” (Ludwig Schajowiz) así como “Filosofía de las formas simbólicas” y la “Forma del concepto en el pensamiento mítico” y ”Antropología filosófica” de Ernest Cassirer; es bueno resaltar el sorprendente desarrollo del método estructural y su aplicación en el estudio de los mitos por Lévy Strauss. Mircea Eliáde centra su interés en otra dimensión del mito a la mantenida por la antropología, analiza su contenido en lo que se pudiera llamar: “la búsqueda del sentido.”
 Los diccionarios de lengua griega dan hasta 15 usos diferentes del vocablo Mitos. De entre ellos “discurso”, “mensaje” o “narración” son los que de alguna manera se han mantenido presentes o vigentes. “Mito” significa primeramente “habla”, “conversación”, según el Diccionario Griego Expositivo de palabras del Nuevo Testamento por W. E. Vine. La primera sílaba procede de una raíz mu–, que significa cerrar, mantener secreto, estar callado; de ahí derivan muo, cerrar (ojos, boca) y musterion, secreto, misterio; de ahí, narración, fábula, ficción(castellano, mito). Se usa este término para definir en el N. T a las doctrinas gnósticas y a las fábulas judaicas y profanas y de las genealogías (1 Ti 1.4; 2 Ti 4.4); generalmente cuando se hablaban de historias ficticias. Quizás bajo esta influencia la Iglesia derivó su actual uso peyorativo. Muthos debe ser contrastado con aletheia: verdad, y con logos: historia, narración que se propone exponer hechos acaecidos Ej., Mt 28.15: “dicho”; esto es, un relato, historia, en la que en realidad se pretende que haya una falsificación de los hechos; Lc 5.15: “fama”). Se debe observar también el término diegesis traducido como “historia” en Lc 1.1, denota “relato”; relacionado con diegeomai, exponer detalladamente,relatar, describir.
 Habitualmente se ha entendido por Mito toda narración ficticia acontecida en un tiempo pasado no localizable. Un mito se refiere siempre- dice Lévy Strauss- a acontecimientos pasados, antes de la creación del mundo o durante las primeras edades o “hace mucho tiempo”. Pero el valor del mito proviene en que estos acontecimientos que se suponen ocurridos hace mucho tiempo forman parte de una estructura permanente. Ella se refiere simultáneamente al pasado, presente y al futuro, siendo en sí mismo el mito una clave para comprender un hecho verídico en su esencia más profunda e interior. De ahí la sacralidad inherente de la narración mítica. Mircea Eliáde, en un ensayo de definición del mito lo caracteriza como una “historia sagrada” que relata un evento que ha tenido lugar en el tiempo primordial, el tiempo fabuloso de los comienzos, donde los dioses representan fuerzas cósmicas etc.
 Como insinuábamos anteriormente la definición del mito en ciertos sectores está marcada en su mayor parte a la posición mantenida por la Iglesia cristiana en torno a esta temática a partir de su toma de poder (algo posterior al siglo IV). Pues en su avance evangélico a través de los pueblos ejerciendo su dominio, fue catalogando de falso a los diversos sistemas de creencias encontrados y asociando a sus historias creativas y relatos epopéyicos con fábulas inconsistentes, carentes de verdad. Este estado de opinión permanece hasta la actualidad, ya que en los medios de comunicación general, de una manera u otra, los estereotipos impuestos por esa modalidad conquistadora se nos ofrecen sobre otras miradas alternativas como única lectura fiable de las realidades desconociendo sus intrincados orígenes.
Sin embargo una guía interesante que nos puede servir para introducirnos a la comprensión de este tópico la podemos encontrar en la Biblia la cual recoge en la historia de los dos hermanos una hermosa síntesis: “Abel y Caín”, recogida en el libro de Génesis o Bereshit (Cap. 4). En el mundo simbólico de la Biblia, Caín es representado ante todo como “agricultor” (lo que da peso a una antigua tradición hebrea que nos cuenta que Caín se levantó tan pronto como nació, salió corriendo y volvió con una espiga de trigo que entregó a Eva, quien inmediatamente le llamó “Caín” que significa “tallo”), Abel como “pastor” (sobre este antes de nacer se comenta en las tradiciones que Eva tuvo un sueño en el que vio a Caín bebiendo de la sangre de su futuro hermano a lo que Adán aconsejó que vivieran separados el uno del otro, lo que vaticinaba el antagonismo de ambas sociedades), y son así los tipos de las dos sociedades que han existido desde los orígenes de la presente humanidad, o al menos desde que se ha producido en ella una primera diferenciación: “la sociedad sedentaria”, dedicada a la cultura de la tierra; “los nómadas”, al pastoreo de los rebaños. René Guenon abordando este asunto nos dice:
Se podría agregar que, puesto que Caín es designado como el primogénito, la agricultura parece tener por eso una cierta anterioridad, y, de hecho, Adán (P) mismo, desde antes de la “caída”, es representado teniendo como función “cultivar el jardín”, lo que se refiere propiamente al predominio del simbolismo vegetal en la figuración del comienzo del ciclo (de donde una “agricultura” simbólica e incluso iniciática, aquella misma que Saturno, en los latinos, se dice que había enseñado también a los hombres en la edad de oro); pero, sea como sea, no vamos a considerar aquí más que el estado simbolizado por la oposición (que es al mismo tiempo un complementarismo) de Caín y Abel, es decir, aquel en el que la distinción de los pueblos en agricultores y pastores es ya un hecho cumplido.(El Reino de la cantidad y los signos de los tiempos”)
 La forma de vida de los nómadas los asocia con el reino animal, móvil como ellos sujetos a continuas peregrinaciones; la de los sedentarios por el contrario apunta hacia el vegetal y el mineral dos reinos fijos por naturaleza. De esta manera podemos entender por qué razón el sacrificio de Abel es agradable ante los ojos de Yahveh y el de Caín no es mirado con agrado. Como Abel ha vertido la sangre de los animales, su sangre es vertida por Caín; en eso establece la una ley de compensación, en lo cual consiste en el fondo toda manifestación, ya que todo se basa en el equilibrio. Sin embargo es necesario decir que el relato del Bereshit admite o reconoce la validez del sacrificio vegetal, tal es el caso del sacrificio de Melquisedech (P), consistente en la ofrenda esencialmente vegetal del pan y del fruto de la vid. La aceptación del sacrificio cruento de Abel y el rechazo que generará todo el drama de Caín son figurados a veces bajo una forma simbólica bastante curiosa: el humo del primero se eleva verticalmente hacia el cielo, mientras que el del segundo se extiende horizontalmente a la superficie de la tierra; trazan así respectivamente la altura y la base de un triángulo que representa el dominio de la manifestación humana. (René Guenon. Ibíd.) Como detalle adicional resulta interesante observar que las denominaciones de Irán y de Turan, de las que se ha querido hacer designaciones de razas, representan en realidad respectivamente los pueblos sedentarios y los pueblos nómadas; Iran o Airyana vienen de la palabra âria (de donde âria por alargamiento), que significa “labrador” (derivado de la raíz ar, que se reencuentra en el latín arare, arator, y también en arvum, “campo”); y el empleo de la palabra ârya como designación honorífica (para las castas superiores) es, por consiguiente, característico de la tradición de los pueblos agricultores. En hebreo Abel significa “prado” o “valle”. Por ejemplo, Abel-sitim (Nm 33.49), Abel-mehola (Jue 7.22), Abel-bet-maaca (1 R 15.20), Abel-main (2 Cr 16.4), Abel-mizraim (Gn 50.11). Se usa como voz independiente en 2 S 20.18. Por lo cual a pesar de ser pastor su nombre evoca su función de comulgar con la tierra y extender su presencia sobre ella, en contradicción con el concepto de Caín que se concentra, establece fronteras y la explota.
 Una vez que Abel muere a manos de su hermano, Caín habita la tierra de Nod y establece la primera ciudad, donde se fortalece la sociedad sedentaria. Allí los hombres (descendientes directos de Caín) iniciarían la conquista de las artes y los misterios: Jabal (maestro de todos los que habitan tiendas y crían ganado), Jubal (maestro de los que tocan el arpa y la flauta) y Tubal Caín (maestro de todos los que trabajan el bronce y el hierro. Véase Gn 4. 21). De esta manera el sedentarismo de esta fase es mucho más completo que un sedentarismo asociado con el mundo vegetal, lo que significa que se hallaba en armonía con el reino mineral de ahí la casta metalúrgica liderada por Tubal Caín. El instinto primario del hombre al experimentar “la caída” le instó a vestirse con hojas de palmera (o sea acogerse al estado agricultor o sedentario desde sus inicios) sin embargo el designio de Yahveh fue otorgarles pieles para abrigarse, destacando el estado cazador y natural. Este antagonismo o mística contradicción encarnaría el drama de las dos tendencias encontradas en el sendero espiritual.
 Todas estas construcciones no accidentales de historias y personajes llevaban en sí mismas la importancia de las sociedades en la concepción de lo sagrado. El pecado de los hombres en Babel ha sido reducido en los medios teológicos al levantamiento de un gran Centro de Astronomía (Mundial ¿?), donde el Hombre en oposición al decreto de Yahveh leería sin su necesidad el curso de las estrellas. Sin embargo el texto bíblico a penas se detiene en este detalle astrológico fabricado maliciosamente por los exegetas cristianos; más bien se recrea en el deseo de los hombres a concentrarse en un solo lugar y forjar una comunidad déspota (despoth: despote) Maestro de muchos discípulos, otras variantes admisibles amo, gobernador. En su sentido más estricto y literal “dueño”. Esta palabra dio lugar a la castellana “déspota” usada aquí con ese sentido). Por esta causa el castigo no podía ser otro que el surgimiento de los diversos idiomas. Babel, más que “confusión” apunta hacia “puerta de Dios” (aún mantenido así en lenguas arameas así como en el árabe).
 A través del sedentarismo la Humanidad modificó la idea de lo sagrado y el credo de los hombres de conocimiento quedó usurpado por la jerarquía sacerdotal. Los antiguos santuarios y lugares de iniciación fueron emplazados por suntuosos templos en donde se reciclaban todas las expresiones populares de devoción. La religión de los sacerdotes se impuso. Sustituyeron la “experiencia” por la “creencia” y desarrollaron dogmas haciendo una “alianza mercantil” con la sociedad y convirtiéndose en sus dominadores. Finalmente las fuerzas naturales quedaron convertidas en un panteón de múltiples dioses a lo que seguidamente se le agregó la idea del Dios Padre, desligando a la mujer de su participación en lo espiritual; legándole como reino las labores del hogar, fronteras que tan solo hace menos de un siglo les fueron ampliadas por razones exclusivamente económicas y relacionadas con el avance del capitalismo (como sustituto del ya caduco feudalismo) pues para ese entonces más que una sirviente del macho pasaba a ser una herramienta eficiente en el desarrollo industrial (como lo evidencia expansión de las fábricas textileras en la naciente Inglaterra capitalista).
 La explicación de las Reglas de la Libertad y de la Realización del Ideal espiritual fue el eje central en la doctrina de Jesús (P) en oposición al mensaje del Templo, ocupado por la jerarquía sacerdotal; de ahí la frase: “No se adorará ni aquí ni en el Templo” (Jn 4. 21). La explicación la dará el Maestro inmediatamente: “En Espíritu y en Verdad” (Jn 4. 22). La idea de lo sagrado en sus inicios no hacia dualidad entre sueño y vigilia, materia y energía, hombre o mujer. La enseñanza iba dirigida al individuo y no a una masa sin nombre dividida por hombres y mujeres (a su vez en clases sociales, étnicas o raciales). Poco a poco, con el sedentarismo, se crea la dualidad y con ella aparecen los supuestos valores morales, la realidad se interpreta como un sustrato absoluto, ofreciendo la enseñanza sagrada, como decíamos antes, para la masa y no el individuo.
Parte II: Aproximación al pensamiento hebreo
 Sin embargo, en toda la extensión de la Torah (Ley Mosaica), el Yahveh bíblico no es llamado “Padre” ni tan solo una vez, y de hecho, si basamos nuestra reflexión en la antropología moderna veremos como la visión femenina del Factor Creador antecede al concepto patriarcal. Muchos investigadores observan huellas de este cambio en una serie de mitos edénicos recogidos fundamentalmente en el “Libro de Bereshit” o Génesis.
 La exégesis rabínica se basaba principalmente en los métodos conocidos como “pesat”, o sentido literal del texto bíblico, y “derás”, que consistía en derivar del texto normas de conducta y enseñanzas teológicas. Los judíos españoles pusieron, además, sus conocimientos gramaticales y filosóficos al servicio de la exégesis bíblica. La escuela exegética hispano hebrea llegó a su máximo desarrollo con Abraham ibn Ezra (1093-1167)[1]cuya obra obtuvo una gran difusión entre las comunidades de Francia, Italia e Inglaterra. Pero el más influyente entre los exégetas españoles es Maimones[2](1135-1204), que, aunque no escribió obras exegéticas propiamente dichas, en la mayor parte de sus escritos recoge gran cantidad de material exegético, y cuyo método filosófico racionalista fue seguido por muchos de sus contemporáneos, como David Kimji (1160-1235), que introdujo la exégesis filosófica en sus comentarios.
 Bajo este sistema muchas de las interpretaciones exegéticas ofrecen grandes luces. Por ejemplo sobre la narración edénica de la fruta, mucho se ha comentado; sin embargo es bueno- de inicio- descartar a “la manzana”. Las Escrituras bíblicas no mencionan al fruto por su nombre; fue para el Medioevo, aproximadamente, que la cristiandad introdujo esta idea, quizás inspirada en los frescos de la época. Para los judíos el fruto prohibido– según narraciones talmúdicas– estaba asociado al “Higo”, teniendo en cuenta que en los oasis las serpientes acostumbran a descansar sobre las “higueras”, mordiendo los frutos de la misma para sentir frescor en medio de las altas temperaturas… de ahí la relación bíblica “higuera– serpiente” así como el carácter venenoso del mismo. Otros judíos lo asocian al trigo, tesis que la Descendencia de Muhammad (BPD) le confirió valor, aunque si seguimos el modelo de interpretación legado por Ahlul Bait (P) se comprende según una narración transmitida por Ya’afar As Sadiq (P) que la externalidad de las frutas del Paraíso son pura ilusión, pues en su esencia pueden ser cosas muy distintas a lo que aparentan. El “trigo” de por sí está relacionado con la cosecha, fertilidad, de donde viene la figura de la virgen o la relación con la diosa con cornamenta, que evidentemente en las religiones mistéricas representa al hongo o la conciencia. Por esto, existe una relación entre el “higo envenenado” y la espiga. Aún más, para el Medioevo el almacenamiento de las espigas en los Graneros europeos sirvió de base para el crecimiento de un hongo altamente alucinógeno usado en la elaboración de fermentos sagrados propios de la religión de los bosques. Tan es así que muchas veces los panes contaminados con el “cornezuelo del centeno” [3]hicieron sentir sus efectos en aldeas completas, de donde surgió toda suerte de tradiciones de brujas, licántropos o historias de demonios vampiros.
Aunque muy posterior, la recreación de la manzana y su incorporación como fruto prohibido, apunta el sentido anteriormente citado. Esta situación se repite en los mitos griegos, a Pandora le corresponde abrir el fruto- la caja de los dioses– sin embargo la última semilla en aflorar es la esperanza falsa, lo que lleva Pandora y a su esposo al suicidio (Robert Graves. Mitos Griegos); entiéndase esta muerte como distorsión de la realidad. Tal caída es traducida en América como la embriaguez de Quetzalcóatl. Hasta donde sabemos, esta peculiar simbología estaba directamente relacionada con las plantas de poder o bebidas sagradas, postulados manejados por la moderna etnobotánica. Por ejemplo, investigadores como Escohotado o Jack Gerer plantean que la incorporación de enteógenos a su dieta fue un factor determinante en el despertar de la conciencia del homo sapiens. La importancia de la etnobotánica en estos asuntos es crucial pues nunca analizamos a las plantas en la perspectiva religiosa a partir de sus relaciones profundas con cada colectividad humana.
 La dimensión femenina de la Divinidad siempre estuvo asociada a conceptos favorables a la fertilidad, ritos relacionados con las cosechas. De aquí se ve como el culto de agricultores -los Adam vestidos con hojas de higuera (Gn 3. 7) evidentemente matriarcal es sustituido por otro diferente, los Adam de las pieles (Gn 3. 21). El culto de los agricultores, propio de la sociedad de Caín (recuérdese que era labrador), centro su visión de lo divino en una concepción femenina, al menos en una fase incipiente, sin embargo las sociedades anteriores (Abel) no habían configurado en conceptos a la Naturaleza Divina, de ahí la idea de un Monoteísmo anterior, Primordial. La idea de un Dios Padre no respondía a un equilibrio con lo femenino, sino más bien a la victoria social del Macho sobre la Hembra. Por ende, el sacerdocio y con esto, la enseñanza, serían responsabilidades absolutas del hombre, paradósis (tradición) que San Pablo relata con detalle en su Epístola a los Corintios (1 Cor 14. 34) y en su Carta a Timoteo (1 Ti 2. 11).
 Es menester declarar que la Torá necesitó de herramientas en cuyo interior se pudieran abordar los problemas y cuestiones que abordaran asuntos de alta complejidad, una tradición sutil que los sabios tanto de la ley oral como de la ley escrita, estaban autorizados y cualificados para transmitirla a otros. La misma Torá advierte específicamente de la necesidad de un conocimiento más “especializado” y profundo y la cuestión de la mujer no escapa a esta consideración… (ver la continuación en archivo pdf)
Libros Consultados para el presente trabajo.
•    Antropología filosófica. Ernest Cassirer. Fondo de Cultura  –
Económica, México.
•    Diccionario Griego Expositivo de palabras del Nuevo Testamento .W.
E. Vine. Editora CLIE México.
•    El Reino de la cantidad y los signos de los tiempos. René Guenon
.Editorial Kier, Argentina.
•    El Zohar .Editorial Obelisco, Argentina.
•    Ensayos sobre la Naturaleza del Avatar. Rubén Lombida y Frank Díaz
•      Evangelio de Tomás, Editora Obelisco, Argentina.
•    Filosofía de las formas simbólicas. Ernest Cassirer Fondo de Cultura
–  Económica, México.
•    Fátimah: Un Camino para el despertar interior. Hasan Félix Águila Cárdenas.
•    Forma del concepto en el pensamiento mítico. Lévy Brühl. Editora
Siglo XXI, España.
•    Introducción a la Filosofía de la Mitología. F. Schelling. Editora
Siruela, España.
•    Mitológicas, lo crudo y lo cocido. Lévy Strauss.  Fondo de Cultura
–  Económica, México.
•    Mitos y Símbolos .Mircea Eliades. Editora Planeta Agustini. España.
•    Mito y Existencia. Ludwig Schajowiz. Editora Antropos, España.
•    Mitos Griegos .Robert Graves.  Editora Alianza, España.
•    Mitos Hebreos. Robert Graves.  Editora Alianza, España.
•    Mito y Metafísica  .Georges Gusdorf. Editora Alianza, España.
•    Nahy Al Balagha .Imam ‘Alî . Fundación Imam ‘Alî , Líbano.
•    Popol Vuh .Anónimo  . Edición Casa de las Américas, Cuba.
•    Sagrada Biblia. (Versiones Nacar-Colunga y Jerusalén) Biblioteca de
Autores Cristianos, España.
•    Sagrado Corán .Fundación Cultural Oriente, Irán.
Todos derechos reservados.
Se permite copiar citando la referencia.
Fundación Cultural Oriente

[1]Abraham ibn Ezra (1093-1167): El rabino Abraham ben Meir ibn Ezra (hebreo: אברהם אבן עזראo ראב”ע, también conocido como Abenezra) nació Tudela, España en 1089 {Enciclopedia Judaica, páginas 1163-1164}, y murió c 1164, al parecer, en Calahorra (algunos. tienen las fechas como 1092 o 1093-1167). ha sido un error común para publicar que él nació en Toledo, España, sin embargo esto se debe a una interpretación errónea de los documentos hebreos escritos. El rabí Abraham ben Meir ibn Ezra (Abenezra) fue un destacado intelectual judío que nació en el año 1092 en Tudela en la actual provincia de Navarra, que perteneció al emirato de Zaragoza y al reino de Zaragoza o Taifa de Zaragoza posterior y murió en Calahorra en 1167.
Hombre polifacético, destacó en poesía, filosofía, gramática, cábala, medicina, matemática y astronomía. Ibn Ezra fue además un notable viajero; dejó al-Andalus hacia 1140 y viajó por el norte de África, Egipto, Palestina, Italia, Francia e Inglaterra antes de regresar a la península. Ibn Ezra fue uno de los más destacados literatos hebreos del medievo, y sus comentarios al Tanaj se distinguen por su erudición y originalidad; su empleo de métodos gramaticales para la exégesis del sentido del texto preludia la actividad de la crítica textual moderna. Además del comentario completo al Tanaj recogido en el Sefer ha-Yashar, publicado poco antes de su muerte, comentó los Salmos y varios de los libros de los profetas. Realizó también muchas obras sobre diversas materias, entre las que cabría señalar el primer intento de sistematización de la gramática hebrea.
[2]Maimónides: Filósofo y teólogo judío español considerado el mayor sabio judío de la Edad Media que codificaron la ley judía en el Talmud (Córdoba, 1135 – El Cairo, 1204). (sinónimo) Moisés Maimónides, Rabí Moisés ben Maimón. Hijo de un juez, se educó en colegios musulmanes y judíos de Córdoba. Tras la invasión almohade, que instaló la intolerancia en al-Ándalus, sufrió persecución por motivos religiosos y se vio obligado a huir a Fez (1158), antes de emigrar a Oriente: Palestina, Alejandría y, finalmente, El Cairo (1165). Allí llegó a ser médico del último rey fatimí, al-’Adid, y nagid o guía espiritual de la comunidad judía de Egipto. Su principal labor consistió en asentar la teología judaica sobre los principios de la razón según la filosofía aristotélica, papel comparable al que cumplieron Averroes en el Islam y santo Tomás en el cristianismo. La Guía de los perplejos (1190) es su obra más relevante en ese terreno. También realizó aportaciones notables a la medicina y a la jurisprudencia talmúdica. Sufrió continuas dificultades y persecuciones, tanto por parte de los musulmanes (denunciado como apóstata del islamismo, sólo la protección personal del visir de Saladino, al-Fádil, le salvó de la muerte), como de los judíos tradicionalistas que recelaban de su tendencia racionalista (llegando incluso a recurrir a la Inquisición para que condenara sus obras).
 Su influencia en los círculos de pensamiento más importante encuentra explicación en esta formación bidireccional: la tradicional judía y la árabe profana (con sus incorporaciones de la griega), a partir de las enseñanzas de su erudito padre Maimum, por lo que escribió obras en hebreo como también en árabe, en una prosa que se caracteriza sobre todo por la sistematización y la claridad expositiva.
 De sus obras surge el movimiento intelectual judaico de los siglos XIII y XIV que se extendió por España y el sur de Francia. Partidario del realismo teológico ha llegado a ser considerado precursor de las ideas de Spinoza, pero filosóficamente no se le considera muy original por seguir básicamente a Aristóteles, apartándose de él en puntos que parecen contradictorios a las creencias y tradiciones judías. Por lo tanto, su carácter es conciliador.

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