LA ALQUIMIA DEL AMOR – Sus particularidades

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SHAFAQNA – Sección 1: Su vida

Este virtuoso siervo de Dios, Rayab ‘Alî Nikûgüiân, conocido como “Yenâbe Shaij” o “Shaij Rayab ‘Alî Jaiîât”, nació en la ciudad de Teherán, en el año 1262 de la hégira solar (1883). Su padre, Mash·hadî Bâqer, era un simple obrero. Éste falleció cuando Rayab ‘Alî tenía doce años, dejándolo así completamente solo, puesto que no tenía hermanas ni hermanos.

Yenâbe Shaij Rayab ‘Alî tuvo cinco hijos y cuatro hijas, una de las cuales murió en la niñez.

La casa de Yenâbe Shaij

La humilde casa de ladrillos de Yenâbe Shaij, que heredó de su padre, estaba ubicada en la Avenida Maulawî, en la calle Siahâ -actual Shahîd Muntadzarî. Vivió hasta el final de su vida en esta modesta casa.

Su hijo recuerda: “Cada vez que llovía, el agua caía desde los techos hacia el interior de la vivienda. Cierto día, un superior de la Armada junto a algunas personalidades del país vinieron a nuestra casa. Habíamos dispuesto ollas y cubos bajo las filtraciones por donde goteaba el agua. Cuando observó cómo vivíamos, fue y compró dos parcelas de tierra y se las enseñó a mi padre diciéndole: “Compré una para usted y otra para mí”. Mi padre respondió: “Lo que tenemos nos basta”.

Otro de los hijos de Yenâbe Shaij dice: “Cuando mi nivel de vida mejoró le dije a mi padre: “¡Querido padre! Tengo cuatro tumanes, y podemos vender esta casa de ladrillos a dieciséis tumanes. Deme su autorización para que compremos una casa nueva en Shahbâz. Yenâbe Shaij respondió: “Cuando así lo desees, ve y cómprala para ti. Para mí está muy bien aquí”.

Continúa el hijo de Yenâbe Shaij: “Después que me casé, preparamos las dos habitaciones del piso de arriba de la casa y le dije a mi padre: “¡Querido padre! Personas de alta categoría vienen a visitarlo a usted, así pues, disponga que las visitas y reuniones se lleven a cabo en estas habitaciones”. Dijo: “¡No! Todo el que quiera visitarme que venga a esta habitación y se siente sobre los retazos de telas. A mí no me hace falta”.

Esta habitación era muy pequeña, alfombrada con una moqueta de lanilla grosera y burda, sobre la cual había una vieja mesa de costura.

Un punto sorprendente es que muchos años después, Yenâbe Shaij alquiló por veinte tumanes al mes una de las habitaciones de su casa a un taxista llamado Mash·hadî Iad-ul·lah, hasta que la esposa de éste dio a luz una niña, a la cual el mismo Yenâbe Shaij le puso el nombre de Ma‘sûmah. Mientras hacía el adhân y el iqâmah en los oídos de la recién nacida, colocó uno o dos tumanes bajo la mantilla y dijo: “¡Señor Iad-ul·lah! Ahora sus gastos se incrementaron, desde este mes solo deme dieciocho tumanes y no veinte”.

La vestimenta de Yenâbe Shaij

La ropa de Yenâbe Shaij era muy simple, pero impecable y prolija; se asemejaba a las vestiduras de los religiosos, usaba algo parecido a la sotana de los religiosos, y se colocaba un pequeño gorro sobre la cabeza y una capa sobre los hombros.

Un punto digno de mencionarse es que él, incluso al vestirse ponía intención de que ello fuera por acercamiento a Dios. Solo una vez que se colocó la capa para agradar a otros, fue reprobado en el mundo espiritual. El mismo Yenâbe Shaij narra esta historia de la siguiente manera:

“El alma es un extraño fenómeno. Una noche vi que tenía un hiyâb1 y no podía concentrarme como antes. Busqué el origen de ello. Mediante ruegos desesperados me percaté de que en la tarde del día anterior, en la que había venido a verme una honorable personalidad de Teherán, éste dijo: “Desearía rezar la oración del ocaso y de la noche en forma comunitaria con usted”. ¡Yo, para complacerle, me coloqué mi capa sobre los hombros al rezar!…”

La comida de Yenâbe Shaij

Yenâbe Shaij no procuraba las comidas deliciosas, la mayoría de las veces comía comidas simples, tales como papas y ferení2. Al momento de comer se sentaba sobre el piso, de rodillas y dirigido hacia la qiblah, y comía inclinado. De vez en cuando también tomaba el plato con las manos y siempre comía cuando realmente tenía apetito. A veces colocaba parte de su comida en el plato de algún amigo que estuviese más cerca de él. Cuando comía no hablaba, y por respeto a él los demás también hacían silencio. Si alguien le hacía una invitación para comer, atentamente, la aceptaba o rechazaba, sin embargo la mayoría de las veces no rechazaba la invitación de los amigos.

No se abstenía de las comidas del mercado, pero al mismo tiempo no era negligente respecto al efecto que tenía el alimento en el espíritu del hombre, y consideraba que algunos cambios y vicisitudes del alma se originan de la comida. Cierta vez que se dirigía a la ciudad de Mash·had en tren, sintió una ceguera interior, por lo que procuró la intersección espiritual, y tras un período de tiempo se le hizo entender que esa oscuridad fue el resultado de beber té del tren3.

Sección 2: Su trabajo

La sastrería es uno de los trabajos encomiables en el Islam. Luqmân, el sapiente, eligió esta labor para sí4. En un hadîz el Enviado de Dios (BP) dijo:

عمل الأبرار من الرجال الخياطة ، وعمل الأبرار من النساء الغزل

“El trabajo de los hombres bienhechores es la sastrería, y el de las mujeres bienhechoras es la hilandería”5.

Yenâbe Shaij, para administrar su vida, optó por este trabajo, y de esta manera fue conocido como “Shaij Rayab ‘Alî Jaiîât (el sastre)”. Es de hacer notar que la sencilla y humilde casa de Yenâbe Shaij, también conformaba su taller de costura.

Uno de los hijos de Yenâbe Shaij dice al respecto: “Al principio mi padre tenía una habitación en una posada, donde cosía. Cierto día el dueño de la habitación vino y le dijo: “No estoy satisfecho con que te quedes aquí”. Mi padre, sin cuestionarle nada, y sin reclamarle derecho alguno, al día siguiente trajo la máquina y la mesa de costura a casa, y de esta manera desocupó aquella habitación y la entregó. Desde entonces utilizó una habitación de nuestra casa que está cerca de la puerta de entrada como taller de costura”.

Diligencia y dedicación al trabajo

Yenâbe Shaij era muy eficiente y aplicado en su trabajo y se esforzó hasta los últimos días de su existencia por administrar su vida con el fruto de su propio esfuerzo. A pesar de que sus íntimos y sinceros amigos estaban dispuestos con todo su corazón a financiar su sencilla vida, él nunca quiso aceptar ello.

Leemos en un hadîz del Enviado de Dios (BP):

من أكل من كدّ يده ، كان يوم القيامة في عداد الأنبياء ، ويأخذ ثواب الأنبياء

“Quien coma del esfuerzo de sus manos, se contará el Día de la Resurrección entre los profetas y tomará la recompensa de los profetas”6.

Y en otro hadîz expresó:

العبادة عشرة أجزاء ، تسعة أجزاء في طلب الحلال

“La adoración tiene diez partes, nueve de las cuales se encuentran en procurar lo lícito”7.

Uno de los amigos de Yenâbe Shaij dice: “No olvido aquel día de verano, en que vi a Yenâbe Shaij en el mercado, en tanto que de la debilidad su color se había tornado amarillento. Después de haber comprado algunos implementos e instrumentos de costura, se dirigía a su casa. Le dije: “¡Señor! ¡Descanse un poco, usted no está bien!”. Dijo: “¿(En ese caso) que haría con mi familia y mis hijos?”.

En un hadîz, el Enviado de Dios (BP) dijo:

إن اللَّه تعالى يُحبُّ أن يرى عَبدَه تعباً في طلب الحلال

“A Dios Altísimo le agrada ver a su siervo cansado por procurar lo lícito (del sustento)”8.

También de él (BP):

ملعون ملعون مَن ضيّع مَن يعول

“¡Maldito sea! ¡Maldito sea! Quien haya descuidado a quienes tiene la obligación de mantener”9.

La justicia al cobrar

Yenâbe Shaij era muy justo al momento de percibir el pago de su trabajo. Cobraba exactamente lo equivalente al trabajo que hacía. No estaba dispuesto de ninguna manera a recibir de su cliente más de lo que le correspondía. De este modo, si alguien le decía que le permitiera darle algo más, no aceptaba.

Yenâbe Shaij concluía su convenio con el cliente sobre las bases del método, costumbres y leyes de transacción en el Islam10, pero desde que no quería tomar del cliente más de lo que le correspondía, en caso de que, tras concluir con su trabajo, se percatara de que trabajó menos de lo que había previsto, reintegraba al cliente el dinero que según él había tomado de más.

Cierto religioso narró: “Le pedí a Yenâbe Shaij que me cosiera una capa, una sotana y una túnica, y le pregunté cuánto me saldría todo. Me respondió: “Me tomará dos días de trabajo, por lo tanto todo te costará cuarenta tumanes”. Cuando volví a retirar la ropa, dijo: “Todo salió veinte tumanes”. Le dije: “¡Pero tú me dijiste que costaría cuarenta tumanes!”. Dijo: “Pensé que me llevaría dos días terminar todo, pero solo me tomó un día”.

Otra persona dijo: “Le pedí que me cosiera un pantalón. Le pregunté cuánto debía pagarle; dijo: “Diez tumanes”. En ese mismo momento le di el dinero, pero cuando fui a buscar la ropa, vi que había colocado dos tumanes sobre la misma y me dijo: “Su costo fue de ocho tumanes”.

El hijo de Yenâbe Shaij dice: “Una vez, en que había fijado con un cliente el precio de una capa a treinta y cinco riales, llegó el cliente y se llevó la capa. Cuando ya se había alejado un poco vi que mi padre corría tras él. Tras alcanzarlo le devolvió cinco riales y le dijo: “Pensé que esta capa me tomaría más tiempo pero no fue así”.

La recompensa de ser honesto y justo

La honestidad y justicia en todos los actos, en especial en la transacción con el comprador, se cuenta entre los asuntos importantes respecto a los cuales hizo hincapié el Islam. Encontramos en un hadîz del Imam ‘Alî (P):

الإنصاف أفضل الفضائل

“La justicia es la mejor de las virtudes”11.

Y también:

إنّ أعظم المثوبة مثوبة الإنصاف

“La mayor recompensa es aquella de la justicia”12.

Sección 3: Su sacrificio y generosidad

Una de las más notables características de la vida de Yenâbe Shaij era ayudar a la gente necesitada y hacía ese sacrificio en tanto él mismo vivía en carestía. Desde el punto de vista de las tradiciones islámicas, la abnegación y la generosidad es la más hermosa de las buenas acciones, conforma el más prominente grado de la fe, y es la mejor de las elevadas virtudes13.

A pesar de que ganaba muy poco con su trabajo de sastre, Yenâbe Shaij, en medio de la privación, gozaba en gran medida de la virtud de la generosidad. En realidad, los relatos de sacrificio y generosidad de este hombre divino son sorprendentes y llenos de enseñanza.

Sacrificio y generosidad con relación a un vecino en bancarrota

Uno de los hijos de Yenâbe Shaij narra: “Una noche mi padre me despertó y tomamos dos sacos de arroz de la casa. Uno lo llevaba yo y otro mi padre. Lo llevamos a la casa de la persona más adinerada de nuestro barrio. Mientras los entregaba al dueño de la casa le dijo:

“¡Hermano! ¿Recuerdas cuando los ingleses se llevaron a la gente a su embajada y les dieron arroz, y a cambio de cada grano se apropiaron de un puñado y todavía no dejan de incautarles?”.

Con esta broma le entregamos el arroz y regresamos a casa. Esa misma mañana me llamó y me dijo: “¡Mahmûd! Ve a comprar un cuarto de arroz picado y dos riales de aceite de cebo de cordero y dáselos a tu madre para que cocine arroz al vapor para el almuerzo”.

En esos momentos estas actitudes y comportamiento de mi padre resultaban incomprensibles y difíciles para mí. ¡¿Por qué le dio todo el arroz que había en casa a la persona más rica y adinerada del lugar en tanto que debíamos comprar arroz picado para nuestro almuerzo?!

Poco después me enteré que aquella persona había quebrado y el día viernes tenía una profusa invitación.

El sacrificio de la noche de Año Nuevo

El fallecido Shaij ‘Abdulkarîm Hâmid, solía narrar: “Yo era aprendiz de sastrería de Yenâbe Shaij, y mi sueldo era de un tuman por día. En la noche de Año Nuevo, el dinero que Yenâbe Shaij tenía era quince tumanes. Me dio un poco de ello para que comprara arroz y llevara a unas cuantas direcciones. Al final, quedaron sólo cinco tumanes de ese dinero, ¡y eso también me lo dio a mí!

Me dije a mí mismo: “¿En la noche de Año Nuevo volverá a casa con las manos vacías?”. En ese entonces su hijo se había abierto la rodilla. Por eso mismo puse el dinero en una gaveta y escapé. Por más que Yenâbe Shaij me llamó no me volví. Luego de llegar a casa me percaté que aún me estaba llamando y con severidad me dijo: “¡Por qué no tomaste el dinero!”. Y con insistencia me lo dio.

Sección 4: Su adoración

La conducta espiritual de Yenâbe Shaij presentaba una diferencia esencial con la de aquellos que sostienen marchar en la “tariqah”. Él no aceptaba a ninguna de las sectas del Sufismo. Su método consistía en obedecer absolutamente las enseñanzas de Ahl-ul Bait, los Inmaculados de la descendencia del Profeta, con ellos sea la paz. De esta manera, no solo daba importancia a los preceptos obligatorios (wâyib) de la religión, sino también a los preferibles (mustahabb).

Generalmente él ya estaba despierto en el sahar14. Tras la salida del sol descansaba alrededor de media hora a una hora. A veces también descansaba en las siestas.

A pesar de que Yenâbe Shaij pertenecía a la gente de la contemplación e iluminación espiritual, solía decir:

“No tengáis certeza en las contemplaciones e iluminaciones espirituales y jamás os respaldéis en ellas. Siempre debéis disponer el comportamiento y conducta de los Imames como modelo y paradigma”.

En las reuniones públicas, cuando Yenâbe Shaij ponía énfasis en la obediencia y cumplimiento de los preceptos divinos, se valía de la siguiente bendita aleya:

إِن تَنصُرُواْ اللَّهَ يَنصُرْكُمْ وَيُثَبِّتْ أَقْدَامَكُمْ

“Si es que secundáis (la causa de) Dios, Él os secundará y consolidará vuestros pasos”15.

Y decía:

“Dios es Innecesitado. Secundar a Dios significa llevar a cabo Sus preceptos y aferrarse a la tradición de Su Profeta (BP)”.

Y también solía decir:

“No hay nada más efectivo para el desarrollo y elevación del ser humano, como actuar de acuerdo a los preceptos divinos”.

Yenâbe Shaij repetía continuamente que:

“La religión de la verdad es esa misma que se pregona sobre los púlpitos, pero a ésta le faltan dos cosas: primero, sinceridad y exclusividad para con Dios (Ijlâs), y segundo, el amor a Dios Altísimo. Éstas dos deben ser agregadas a los temas de los discursos”.

Y decía:

“Las acciones de las personas puritanas son buenas, solo que deben sustituir su propio “yo” por “Dios”.

Solía decir también:

“Si los creyentes dejasen de lado su egolatría llegarían a algo”.

Decía:

“Si el ser humano se somete a Dios, deja de lado su deseo y satisfacción, y se entrega a Dios en todo el sentido de la palabra, Dios lo instruye y educa para Sí”.

Taqlîd o imitación del sabio

En las prácticas devocionales y en cuanto a preceptos de la religión se refiere, Yenâbe Shaij seguía los dictámenes del Aiatul·lah Huyyat –un Marya’ Taqlîd16contemporáneo suyo-, y respecto a su elección de imitar a esta personalidad erudita, dijo:

“Fui a la ciudad de Qom, vi a los Marâyi’ Taqlîd, y el más austero era el Aiatul·lah Huyyat”.

Y según otra versión, dijo:

“Vi que su corazón estaba vacío de ambición de posición y jefatura”.

Yenâbe Shaij advertía a sus amigos respecto a los grupos que se desviaron de este método y práctica. Uno de sus amigos dice: “Le pregunté respecto a una de estas cofradías17. Yenâbe Shaij respondió:

“Estaba yo en Karbalá cuando vi que se aproximaba una de estas cofradías. Shaitán tenía en sus manos la brida de la persona que marchaba delante de ellos. Pregunté ¿quiénes son ellos?”. Dijeron…”

Yenâbe Shaij estaba convencido de que quienes se hallan distanciados del método de Ahl-ul Bait (P) en su proceder espiritual, aún cuando por efecto del ascetismo, desde el punto de vista de la fuerza espiritual logren llegar a elevadas posiciones y a obtener ciertas facultades, las puertas de la sabiduría real les son cerradas.

Uno de los hijos de Yenâbe Shaij narra: “Habíamos ido a la montaña Bîbî Shahr Bânû18. En medio del camino, nos encontramos imprevistamente con un asceta. Ante los alegatos y pretensiones de éste, mi padre le preguntó: “¿En definitiva, cuál es el resultado de tu ascetismo?”.

Al escuchar sus palabras, esta persona se inclinó y cogió de la tierra un trozo de piedra y lo convirtió en una pera. Luego se la ofreció a mi padre diciéndole: “¡Sírvase, pruébela!”.

Mi padre le dijo:

“¡Bien! Esto lo hiciste para mí. Ahora dime, ¿qué hiciste para Dios?”.

Al escuchar estas palabras, el asceta se echó a llorar.

El valor de trabajar por Dios

Uno de los amigos de Yenâbe Shaij transmite de él que dijo:

“Solía yo sentarme durante las noches en la Mezquita (de las oraciones) del Viernes de Teherán, y corregía a la gente la lectura de la Sûra Al-Hamd y la otra sura (que se recita en el rezo). Cierta noche dos niños estaban peleando. Uno de ellos, que había sido vencido, para evitar que el otro lo golpeara, vino a sentarse a mi lado. Yo aproveché la oportunidad y le pregunté el Hamd y la sura, y esta acción de aquella noche, me tomó todo el tiempo. A la noche siguiente, se presentó ante mí un derviche y me dijo: “Poseo el conocimiento de la alquimia, la magia blanca, la astrología y la nigromancia, y vine a enseñártelos, con la condición de que me cedas la recompensa de tu accionar de anoche”.

Le respondí: “¡No! Si todo eso hubiese servido de algo no me lo darías”.

Oposición al ascetismo ilegítimo según la religión

Yenâbe Shaij estaba convencido de que si alguien actúa realmente según los luminosos preceptos y leyes del Islam, alcanza todas las perfecciones y posiciones espirituales. Él se oponía contundentemente al ascetismo que estaba en contraposición con la tradición del Profeta (BP) y el método de la madhhab. Narra uno de sus íntimos: “Durante un tiempo me dediqué al ascetismo, y alejándome de mi esposa, me ocupé en el recuerdo de Dios en una habitación separada, y dormía allí mismo. Después de cuatro o cinco meses, uno de nuestros amigos en común, me llevó a ver a Yenâbe Shaij. Tras tocar a la puerta, apenas el Shaij me vio, sin preámbulos me dijo: “¿Quieres que lo diga?”.

Yo agaché la cabeza, y tras ello el Shaij me advirtió:

“¿A qué viene esa conducta tuya en relación con tu esposa a quien tienes abandonada?… Deja de lado ese ascetismo y recuerdos. Compra un paquete de masas dulces y ve junto a ella. Reza tus oraciones en su tiempo con las súplicas que es meritorio hacer tras ellas”.

Luego el Shaij se refirió a los hadices que enfatizan que si alguien actuara sinceramente durante cuarenta días, brotarían vertientes de sabiduría de su corazón19, y dijo:

“Según estos hadices, si alguien, durante cuarenta días, llevase a cabo sus obligaciones religiosas, categóricamente encontrará una luz especial”.

Aquella persona, siguiendo los consejos de Yenâbe Shaij abandonó el ascetismo y volvió a su vida normal.

Pagar el Jums (gravamen de un quinto de lo sobrante)

El Dr. Hamîd Farzâm20 –uno de los alumnos de Yenâbe Shaij- dice al referirse a su adoración: “Yenâbe Shaij reunía en sí la shari‘ah, la tarîqah y la haqîqah21, y no como aquellos derviches que pisotean la shari‘ah”. La primera palabra que me dirigió fue: “Ve y paga tu jums”. Me envió ante el fallecido Aiatul·lah Shaij Ahmad Âshtianî –que la misericordia de Al·lah sea sobre él- en la zona de Gudharqalî y dijo: “Debes ir ante él”. ¡Y qué hombre era éste! ¡Era un signo de la Verdad! ¡Y qué bendiciones obtuve de él! ¡Y qué cosas presencié!… Fui ante él y saldé la cuenta de la humilde cabaña que yo tenía.

Sección 5: Su moral

Yenâbe Shaij era muy afable y bondadoso, de buena moral, sereno y educado. Siempre se sentaba en el suelo, de rodillas, y no se apoyaba en ningún respaldo, sino que siempre se sentaba un poco alejado del mismo. No era posible que le diera la mano a alguien (para saludarlo) y quitara su mano primero que aquel. Era muy tranquilo y sosegado. Al momento de hablar generalmente estaba sonriente. Raramente se enfadaba, y su enfado sobrevenía cuando Shaitân y el ego se le presentaban en su alma. En ese momento, signos de ira se manifestaban en su ser, ante lo cual salía de su casa, y solo cuando subyugaba a su ego volvía ya sosegado.

Un punto importante que atraía la atención de Yenâbe Shaij en lo referente a las virtudes y respecto a lo cual aconsejaba a los demás también, era que el ser humano debe tener buen carácter y comportarse bien con la gente por Dios. Al respecto decía:

“La modestia y el buen carácter deben ser para Dios, no para atraer a la gente hacia uno o por ostentación”.

Yenâbe Shaij hablaba muy poco. Sus movimientos y proceder daban claras señas de que se encontraba en estado de reflexión, recuerdo y atención a Dios. El principio y el final de sus palabras era Dios. Observarlo a él llevaba al hombre a conocer a Dios. Cada vez que alguien lo miraba recordaba al Creador. Cuando a veces le preguntaban: “¿Dónde estabas?”. Respondía: “¡‘Inda malîkin muqtadir! («¡En presencia de un Soberano Omnipotente!»)22”.

En las reuniones que se realizaban para hacer súplicas lloraba mucho. Cada vez que se leían las poesías de Hâfedz o del Tâqedîs caían lágrimas de sus ojos. Al mismo tiempo que lloraba podía sonreír y reír, o explicar algo, cosa que a todos nos animaba.

Amaba sobremanera al sagrado ser de Amîr Al-Mu’minîn (P). Cual una mariposa que revolotea alrededor de la llama de su existencia, siempre al momento de sentarse, cada tantos respiros, repetía: “¡Iâ ‘Alî! ¡Adriknî! – (¡Oh ‘Alî! ¡Repara en mí!)”.

Humildad

El Dr. Farzâm dice al respecto: “Era muy humilde en su comportamiento con los demás; siempre habría él mismo la puerta de su casa y permitía a la gente ingresar. A veces, nos llevaba a su taller de costura, donde se encontraba su máquina de coser.

Cierta vez, en invierno, trajo ante nosotros dos granadas. Me dio una a mí y me dijo: “¡Come, querido Hamîd!”, sin ninguna arrogancia y de muy buena gana. Si es que aconsejaba algo, lo hacía con intención de guiar, orientar y cumplir con su deber. Siempre se sentaba cerca de la puerta de su casa y cortésmente invitaba a entrar a todo el que pasaba”.

Otro de los alumnos de Yenâbe Shaij cuenta: “Cuando se encontraba en compañía de sus amigos no ingresaba (a los lugares) primero que ellos”.

Otro alumno dice: “Habíamos ido a la habitación de Yenâbe Shaij en Mash·had. Nos dirigíamos hacia el Haram del Imam Ar-Ridâ (P), cuando Haidar ‘Alî Mu’yezeh –hijo del fallecido Mirzâ Ahmad Murshid Cheloî23- frenéticamente se arrojó ante los pies de Yenâbe Shaij y ¡le requirió que colocara sus pies sobre sus ojos!

Dijo: “¡Desvergonzado! ¡No desobedezcas a Dios, y avergüénzate de lo que estás haciendo! ¿Quién soy yo?”.

Reconciliar entre las personas

Uno de los importantes asuntos morales a los que Yenâbe Shaij daba gran importancia, era mediar entre las personas para reconciliarlas. Invitaba a las personas que se encontraban distanciadas y enemistadas, y valiéndose del Sagrado Corán y las narraciones islámicas, las reconciliaba.

Su gran respeto por los Seîied (descendientes del Profeta –BP-):

Respetaba sobremanera a los descendientes de ‘Alî y Fâtimah (P), esto es, a los seîied. Varias veces se lo vio besando sus manos y pies y aconsejaba a los demás también respetar a los seîied.

Cierto Seîied distinguido, que en ocasiones visitaba a Yenâbe Shaij, estaba acostumbrado a fumar el narguile. A pesar de que Yenâbe Shaij no acostumbraba fumar, para que el Seîied no se sintiera incómodo, en el momento en que le preparaba el narguile en primer lugar él acercaba el tubo del mismo a sus labios y simulaba aspirar el humo. Tras ello se lo ofrecía al Seîied.

Uno de los amigos de Yenâbe Shaij comenta: “Cierto día de invierno, que me encontraba con él, me dijo:“Acompáñame a uno de los barrios antiguos de Teherán”. Fuimos juntos. En uno de los antiguos callejones había una tienda en ruinas, donde vivía un respetable anciano seîied que era soltero. Pasaba allí las noches y se dedicaba a la venta de carbón. Supimos que la noche anterior su kursî24 se había prendido fuego y se habían quemado sus ropas y otras de sus cosas.

La condición en la que vivía este hombre era tal, que mucha gente no estaba dispuesta a presentarse en tales lugares. Yenâbe Shaij, con total humildad, fue ante él, y tras preguntarle sobre su estado tomó sus ropas sucias para llevarlas consigo a remendar y lavar. El anciano le dijo: “¡Señor! ¡Mi capital se acabó y ya no puedo vender carbón”. Ante esto, Yenâbe Shaij me dijo: “Dale algo para que sea su capital de trabajo”.

Respeto por toda la gente

Yenâbe Shaij no sólo respetaba a los seîied, sino que a toda la gente también. Si alguien se equivocaba, no lo menoscababa en presencia de los demás. No le reprochaba los errores a nadie, y lo trataba con mucha confianza.

Despreocuparse de las posiciones mundanales

A finales de la vida de Yenâbe Shaij, poco a poco un grupo de personas selectas y destacadas lo conocieron, y no solo algunos de los distinguidos de la Hauzah y de las Universidades se relacionaban con él, sino que, por diferentes motivos, era frecuentado por varias personalidades políticas y militares del país.

Yenâbe Shaij a pesar de lo humilde y sencillo que era en presencia de la gente débil y necesitada, sobre todo en presencia de los seîied, era completamente indiferente en relación con las autoridades del gobierno y otras personalidades mundanales. Cuando éstos se presentaban en su casa decía:

“Vinieron hacia mí a buscar a la anciana.25 Están en problemas y requieren de súplicas… tienen enfermos… su situación está mal…”

El hijo del Shaij dice: “Uno de los Oficiales en Jefe del Ejército que tenía devoción por Yenâbe Shaij, me dijo una vez: “¿Sabes por qué yo quiero a tu padre? Cuando me presenté por primera vez ante él, estaba sentado cerca de la puerta de la habitación. Lo saludé y me dijo: “¡Ve y siéntate!”. Fui y me senté. En ese instante llegó un ciego. Yenâbe Shaij se puso de pie, y con todo respeto lo abrazó y besó y lo hizo sentar a su lado. Yo estaba observando qué estaba pasando en la casa, hasta que el ciego se irguió para irse. Vi que Yenâbe Shaij acomodó sus zapatos frente a él, le dio diez tumanes y éste se fue. Pero cuando yo quise despedirme no se puso de pie, y desde aquel mismo lugar en el que se encontraba sentado, me dijo: “¡Adiós!”.

La moral en el viaje

A lo largo de su bendita y luminosa vida, Yenâbe Shaij realizó viajes a Mash·had, Kâshân, Isfahân, Mâzandarân y Kermanshah26. Su único viaje al extranjero fue el que hizo a Irak para visitar los santos sepulcros de los Imames Inmaculados (P). Quedaron muchos recuerdos y puntos educativos de estos viajes, los cuales realizaba generalmente acompañado de sus amigos, y en este libro solo será mencionada una parte de los mismos, que tienen relación con la moral durante el viaje.

Según palabras de los compañeros de viaje de Yenâbe Shaij, durante el viaje él tenía buena moral y un trato amigable. No hacía ninguna diferencia entre él y sus discípulos y adeptos. Si es que había que cargar equipajes, él también los cargaba, y pagaba su parte de los gastos del viaje.

Sección 6: En espera de la manifestación del Imam (P)

Una de las particularidades más exponentes de Yenâbe Shaij, era su devoción especial por el Imam de la Época –que nuestras vidas sean sacrificadas por él- y esperar la manifestación del Mahdi (P). Solía decir:

“La mayoría de la gente alega amar al Imam de la Época –que las bendiciones de Al·lah sean sobre él- más que a sí mismos, siendo que no es así, puesto que si en realidad lo quisiéramos más que a nosotros mismos, deberíamos trabajar para él, no para nosotros mismos. Suplicad todos para que Dios quite los impedimentos para la aparición del Mahdi, y para que unifique nuestros corazones con el suyo”.

Un importante anhelo de Yenâbe Shaij

Uno de los amigos de Yenâbe Shaij, narra: “Durante los años que estuve con él, no percibí que tuviera algún anhelo importante más que la manifestación del Imam de la Época –que Dios Altísimo apresure su aparición-. Aconsejaba también a sus amigos no requerir nada a Dios excepto la aparición del Mahdi (P). El estado de espera de Yenâbe Shaij era tan intenso, que si alguien hablaba respecto a la aparición del Imam de la Época –que Al·lah apresure su aparición-, se conmovía y lloraba”.

El esfuerzo de la hormiga para llegar al Amado

Un punto importante que Yenâbe Shaij recalcaba, era la preparación y disposición de la persona que espera al Mahdî (P), aún cuando lo que le restara de vida no fuera suficiente para llegar a percibir la Época del Esperado (P), y al respecto, narraba historias del Profeta David -con él sea la paz. Decía:

“Mientras atravesaba el desierto, el Profeta David (P) vio una hormiga cuyo trabajo consistía en coger tierra constantemente de un monte y volcarla en otro lugar. Requirió a Dios que le informara sobre el secreto del accionar de la hormiga… Ésta profirió palabras y dijo: “Tengo un amado que puso como condición para llegar a él que trajera toda la tierra de ese monte a este lugar”.

David dijo: “¡Con este cuerpo pequeño, tú hasta cuándo podrás trasladar la tierra de esta enorme colina a aquel lugar! ¿Acaso te alcanzará el tiempo de vida que te resta?”.

La hormiga dijo: “Ya sé todo eso, pero seré feliz si es que muero mientras realizo este trabajo, puesto que habré muerto por amor a mi amado”.

Ante esto, el Profeta David (P) se impresionó y comprendió que este suceso constituía una lección para él”.

Yenâbe Shaij continuamente insistía en que:

“Esperad la aparición del Imam de la Época –que Al·lah apresure su aparición- con todo vuestro ser, y acompañad el estado de espera con la voluntad del Creador”.

Hazle llegar mis saludos

Uno de los discípulos de Yenâbe Shaij dice: “Él siempre tenía puesta su atención en el Imam de la Época (P). Cuando decía salutaciones al Profeta (P) siempre agregaba al final “y apresura su manifestación”. Sus reuniones no se realizaban sin que el engrandeciera al Imam del Tiempo -que Al·lah apresure su aparición-, y rogaba por su manifestación. Al final de su vida, cuando se percató que fallecería antes que él se manifestara en la Tierra, solía decir a sus amigos:

“Si tienes la suerte de presenciar su manifestación, hazle llegar mis saludos”.

El retorno de un grupo que estuvo a la espera

Yenâbe Shaij tenía la creencia de que, quienes realmente forman parte de aquellos que esperan al Imam de la Época (P), luego de su muerte y cuando se manifieste el Imam (P), retornarán a la vida y le acompañarán.27 Entre aquellos de la gente de la espiritualidad que él mencionaba como que retornarán en la Época de la Manifestación del Imam (P), están: ‘Alî Ibn Ya‘far, quien se encuentra sepultado en el cementerio Dare Behesht en la ciudad de Qom, y Al-Mirza Al-Qummî, sepultado en el Cementerio Shaijân de Qom.

Un zapatero en la ciudad de Ray

Uno de los discípulos de Yenâbe Shaij dice: “Cierto día me encontraba con él y estábamos hablando de la manifestación del Imam de la Época (P) y de las características que debe tener la espera. Expresó:

“Había un zapatero en la ciudad de Ray –creo-, llamado Imam‘alî. Era turco-parlante y no tenía ni esposa ni hijos. Creo que su casa la conformaba la misma tienda que tenía. Se narran de él estados espirituales impresionantes. No tenía en su vida más anhelo que la manifestación del Imam (P). Testó que se le enterrara a los pies de la montaña de Bibi Shahr Bânû –en los alrededores de la ciudad de Ray-. Cada vez que dirigía mi atención a su tumba veía que el Imam (P) se encontraba allí”.28

Sección 7: Poesía

Yenâbe Shaij se sentía sumamente atraído por las poesías de carácter místico y moral. La mayoría de las veces sus sermones se hallaban mezclados con poesías que brindan enseñanza, y a este respecto daba mucha importancia a las poesías de Hâfedz y a las del libro “Maznavî Tâqedîs”, y cuando las poesías de éstos eran recitadas lloraba.

Se sentía muy atraído por el “Maznavî Tâqedîs” y solía decir: “Si en toda la ciudad hubiera habido un solo ejemplar del libro “Tâqedîs” de Mul·la Ahmad Narâqî, hubiese dado todo lo que hubiera tenido y lo hubiera comprado”.29

El Dr. Abul Hasan Shaij, quien conoció de cerca a Yenâbe Shaij, dice: “Yenâbe Shaij era un buen conocedor de Hâfedz y explicaba muy bien las poesías de éste”.

Respecto a la opinión de Yenâbe Shaij sobre la poesía y los poetas, en especial Hâfedz, el Dr. Hamid Farzâm expresa lo siguiente: “Desde el año 1333 H.S. (1954) que por medio del Dr. Gûiâ tuve acceso a Yenâbe Shaij, pocas veces fueron las reuniones en las que no escuchara sus buenas y adecuadas poesías. Él realmente se sentía cautivado y atraído por Hâfedz e incluso yo le pregunté: “¿Por qué usted se siente tan atraído por Hâfedz?”. A lo que respondió:

“En lo referente a lo espiritual, en verdad que Hâfedz no obró con descuido ni negligencia, y lo que era necesario que se explicase respecto a las realidades espirituales y las aptitudes místicas se encuentran en sus poesías”.

Yenâbe Shaij se sentía más atraído por Hâfedz que por el resto de los poetas, y citaba sus poesías, e incluso si quería darle una lección a alguien o bien advertirle, recitaba versos de Hâfedz.30

Yenâbe Shaij siempre se refería a la vida mundanal como “la anciana”, y a veces en las reuniones se volvía hacia alguno de sus discípulos y le decía:

“¡Veo que otra vez te has implicado con esta “anciana”!”.

Y luego leía estos versos de Hâfedz:

كس نيست كه افتاده آن زلفِ دوتا نيست

در رهگذرِ كيست كه اين دامِ بلا نيست

“No hay nadie que no caiga en el amor a sus trenzas. ¿Quién es el que no cae en la adversidad de esa trampa?”

“Generalmente la gente cae presa de las trampas de la anciana, y pocos son los que pueden verse libres de la misma”.

Esto lo decía a modo de broma y sonriendo. Como prohibición a la vanidad recitaba los siguientes excelentes y sutiles versos:

خودبينى و خودرأيى كفر است به درويشى

حكم آن‏چه تو فرمايى رأى آن چه‏تو انديشى

“La vanidad y el egoísmo conforman incredulidad para los derviches.

Ciertamente que el dictamen es Tu dictamen, y la orden es Tu orden.”

La lectura de poemas con buena voz

El Dr. Farzâm dice a este respecto: “El fallecido Yenâbe Shaij leía las poesías con un buen tono y armonía. Por ejemplo a veces recitaba versos del fallecido Faid Al-Kâshânî, como los que rezan:

ز هر چه غير يار استغفر اللَّه ز بودِ مستعار استغفر اللَّه

دمى كآن بگذرد بى ياد رويش از آن دم بى شمار استغفر اللَّه

“Pido perdón a Dios por todo lo que no es Él,

Pido perdón a Dios por toda existencia simbólica,

Y si transcurre un instante sin el recuerdo de Su Faz,

Pido incontable perdón a Dios por ese instante.”

Él leía estos versos y los presentes se conmovían. Un día a la tarde nos encontrábamos con Yenâbe Shaij en casa de uno de sus discípulos. La casa tenía un gran salón. Yenâbe Shaij se sentó cerca de la entrada y leyó un famoso poema de Hâfedz, que comienza con los versos siguientes:

آن كيست كز روى كرم با ما وفادارى كند

بر جاى بدكارى چو من يك دم‏نكوكارى كند

“Quién es aquel que nos será leal actuando con magnificencia,

Que por un momento haga el bien a un malhechor como yo.”

Leyó unas cuantas estrofas de este poema con una voz muy bella y buena y se pusieron a llorar. Conmovió a todos e hizo que corrieran sus lágrimas. ¡Fue en verdad sorprendente! Yo le dije al Dr. Gûiâ: “¡Qué buena voz tiene Yenâbe Shaij! ¡Y qué fuerte impresión deja!”.

Este hombre ya fallecido dijo: “¡Qué lástima! Usted conoció tarde a Yenâbe Shaij. En otros tiempos él tenía una voz que, cuando leía este tipo de poesías con un estado místico, ¡Dios es testigo! hacía estremecer las paredes y puertas”.

La opinión de Yenâbe Shaij respecto a Mowlavî:

Yenâbe Shaij consideraba a Hâfedz de entre los awlia’ o santos de Dios, e informaba acerca de su elevado estado en el Barzaj31. Pero respecto a Mowlavî tenía otra opinión y decía:

“Él se encuentra con problemas en el mundo del Barzaj”.

Uno de los discípulos de Yenâbe Shaij cuenta que él expresó:

“Yo quería leer el libro “Maznavî” y en el mundo de lo espiritual vi una persona delante de mí y otra por detrás, y una le decía a la otra: “No lo dejes dormir”. Al escuchar esas palabras me dije a mí mismo: “¿Por qué cuando yo leo el Sagrado Corán no dicen: “No lo dejes dormir”? Es por eso que dejé ese libro de lado”.

Aiatul·lah Burûyerdî y Mowlavî

Similar a este develamiento místico le ocurrió al gran Faqîh y referencial religioso, el Aiatul·lah Burûyerdî -que Al·lah esté complacido de él:

El Aiatul·lah Sâfî Golpâigânî, uno de los referenciales religiosos contemporáneos, en una entrevista ocurrida en el mes de Bahmân del año 1377 H.S. (Febrero de 1998), durante una visita suya al Centro de Investigación de la Fundación Cultural Dâr Al-Hadîz en la ciudad de Qom, en respuesta a la pregunta que le formulé al respecto, expresó: “Escuché del Aiatul·lah Burûyerdî lo siguiente:

“Durante los días en que me encontraba en la ciudad de Burûyerd, a veces tenía inspiraciones del mundo de lo oculto. Una vez me encontraba estudiando el libro “Maznavî” (de Mowlavî) y de repente escuché una voz que decía: “Este hombre ha perdido el camino”32. Bien escuché esas palabras cerré el libro y lo dejé en el suelo, y después de ello no volví a estudiarlo. En ese mismo momento me ocupé en estudiar el libro “ ‘Uddat Ad-Dâ‘î” que se encontraba a mi lado”.

Le dije al Aiatul·lah Sâfî: “Algunos narran de él que expresó: “Luego de escuchar esa voz, para estar seguro que ello fue una inspiración del mundo de lo oculto, salí de la casa y miré en la calle y no había nadie allí”.

El Aiatul·lah Sâfî respondió: “Él no tuvo ninguna duda de que aquello había sido una inspiración divina”.

Mul·lah Ahmad Narâqî y Mowlavî

El Faqîh y renombrado poeta, el fallecido Mul·la Ahmad Narâqî, en su libro Maznavî “Tâqedîs”, también hizo críticas a Mowlavî desde una perspectiva académica, allá donde dice:

عقل اين است اى رفيق معنوى

هين بگو اين با جناب مولوى

مولوى گيرم كه فهمد نيك و زشت

راه دوزخ داند و راه بهشت

چون كند؟ بيچاره نَفْسش سركش است

افكند خود را، اگر چه آتش است

اين روا، آن ناروا داند درست

ليك پايش در عمل لنگ است و سست

فقه و حكمت خوانْد، جهلش كم نشد

عالِم و دانا شد و آدم نشد

علم چبود؟ فهمِ راه نيك و بد

عقل چبود؟ اختيار نَفْس خود

چون ندارى نفس خود در اختيار

ز امتياز نيك و بد او را چه كار

كِى كند دانستن سركه انگبين

دفع صفرا، اى نگار نازنين

گر شناسى خوب، حلواىِ شكر

كى شود كام تو شيرين اى پسر

“Este es el significado del intelecto, ¡oh amigo espiritual!

Dile esto a Mowlavî

Suponiendo que diferencia entre lo bueno y lo malo,

¿Sabe diferenciar entre el camino al Paraíso y el camino al Infierno?

¿Qué puede hacer? Su desgraciada alma es rebelde

Se precipita a sí misma, aunque sea en el Fuego

Bien sabía lo procedente y lo inadmisible

Pero su pie, en la práctica, era cojo y débil.

Estudió la Jurisprudencia y la Filosofía, pero no mermó su ignorancia

Se volvió un sabio y conocedor, pero no llegó a convertirse en persona.

¿Qué es el conocimiento? Es conocer lo bueno y lo malo.

¿Y qué es el intelecto? Es que la persona posea la voluntad de su alma.

Puesto que no dominas tu propia alma

Entonces, ¿para qué le sirve diferenciar lo bueno de lo malo?

¿Desde cuándo sólo conocer el “serkangabin”33

es suficiente para evitar la biliosidad? ¡oh mi querido!

Aunque conozcas bien la dulzura del azúcar

¡oh muchacho!… ¿cuándo es que tu paladar se endulzará?”

Cabe mencionar que la crítica a Mowlavî requiere de otra oportunidad y el autor de estas líneas no emite ninguna opinión ni positiva ni negativa, y mi propósito al mencionar el develamiento místico de Aiatul·lah Burûyerdî y las poesías del fallecido Narâqî es únicamente para hacer notar que Yenâbe Shaij no estaba sólo en lo que sostenía de Mowlavî, sino que personalidades estudiosas y sobresalientes concuerdan con él.

Una poesía de Yenâbe Shaij y un recuerdo

Aparentemente también a veces el mismo Yenâbe Shaij componía algunos versos. Cuando le pregunté sobre Shaij Rayab ‘Alî Jaîiât a uno de los referenciales religiosos contemporáneos, que fue uno de los alumnos del gran Faqîh y místico, el fallecido Aiatul·lah Qâdî -quien a su vez fue maestro de ‘Al·lamah Tabâtabâî, autor de Tafsîr Al-Mizân-, éste expresó: “Lo vi en la ciudad de Nayaf, en una reunión con el Aiatul·lah Qâdî. En esa reunió él recitó unos versos en alabanza a Amîr Al-Mu’minîn ‘Alî (P) que comenzaban con las letras del alfabeto abyadî34, y en medio de sus palabras dijo:

“Recité una poesía:

هر چه نعمت داده‏اى بر كائنات

جمله بر من داده‏اى از هر جهات

“Todas las gracias que conferiste a los entes de la creación,

Me las has otorgado en todo aspecto.”

Yo pensaba que estas palabras eran las más elevadas con las que se podían expresar las gracias divinas y el agradecimiento a Él, hasta que en Sahîfah As-Sayyadîiah me topé con la frase que dice: “Mi agradecimiento a Ti forma parte de Tus mercedes”.35

Sección 8: La política

Yenâbe Shaij no estaba en el mundo de la política, pero se oponía fuertemente al régimen odiado de los Pahlevî y a los políticos gobernantes. Él no sólo se oponía al Shah y a sus secuaces, sino que tampoco aceptaba a Mosaddeq.36En cambio elogiaba a Aiatul·lah Kâshânî y decía:

“Su interior es como el agua cristalina”.

Dos predicciones políticas

Uno de los hijos de Yenâbe Shaij dice: El 30 de Tîr del año 1330 H.S. (21 de Julio de 1951), cuando Yenâbe Shaij entró en la casa comenzó a llorar y expresó:

“El Señor de los Mártires -el Imam Husein, con él sea la paz- apagó este fuego con su capa y detuvo esta catástrofe. Ellos tenían pensado matar a muchos este día. El Aiatul·lah no tendrá éxito, pero hay un Seîied que luego vendrá y lo logrará”.

Tras un tiempo, se supo que con “un seîied” se refería al Imam Jomeini -que Al·lah esté complacido de él.

El futuro de la Revolución Islámica

Ahora que hemos hablado del Imam Jomeini, será adecuado mencionar sus predicciones sobre el futuro de la Revolución Islámica.

‘Alî Muhammad Beshâratî, ex-Ministro del Interior, cuenta que: “En el verano de 1358 H.S. (1979), cuando era yo funcionario de Inteligencia de los Guardias Revolucionarios, teníamos un informe de que Shariatmadari37 en la ciudad de Mash·had había dicho: “Finalmente yo declararé la guerra al Imam Jomeini”.

Fui con el Imam y mientras le mostraba el informe también le notifiqué lo mencionado. El tenía la cabeza gacha mientras escuchaba. Cuando dije esa frase levantó la cabeza y dijo:

“¡Pero qué dicen esos! Nuestra victoria fue asegurada por Dios. Nosotros triunfaremos. Estableceremos aquí un gobierno islámico y entregamos la bandera a su portaestandarte original (esto es, al Imam de la Época, con él sea la paz)”.

Le dije: “¿Usted mismo la entregará?”.

El Imam permaneció en silencio y no dio respuesta.

Naseruddîn Sha en el mundo del Barzaj

En relación con la situación de Naseruddîn Sha Qâyâr en el mundo del Barzaj, uno de los discípulos del Yenâbe Shaij transmite que el Shaij dijo:

“Su alma es liberada los días viernes y a la noche al comenzar el sábado es empujado para volver a su lugar. Él con llanto suplica a los encargados y les dice: “¡No me lleven!”. Cuando me vio me dijo: “¡Si hubiera sabido que mi lugar sería éste, en la vida mundanal no hubiera sido un despreocupado!”.

Un elogio a un rey tirano

Yenâbe Shaij advertía a sus amigos y discípulos respecto a colaborar con el estado gobernante (Pahlevî) y especialmente respecto al hecho de elogiarle y enaltecerle. Uno de los discípulos de Yenâbe Shaij narra de él que:

“Vi en el mundo del barzaj el alma de cierto fervoroso practicante de la religión, que estaba siendo sojuzgada y todas las acciones impropias del sultán tirano de su época le habían sido registradas en su libro de las acciones y le eran atribuidas. La persona mencionada dijo: “Yo no cometí todos esos delitos”.

Le fue dicho: “¿Acaso no dijiste como elogio hacia él “¡que admirable seguridad otorgó al país!”?”.

Dijo: “¡Así es!”.

Se le dijo: “De esa manera, tú estabas satisfecho con sus acciones, siendo que él cometió esos crímenes sólo para salvaguardar su propio gobierno”.

En Nahy Al-Balâgah, se menciona que el Imam ‘Alî (P) expresó:

الراضي بفعل قوم كالداخل فيه معهم ، وعلى كلّ داخل في باطل إثمان : إثم العمل به ، وإثم الرضا به

“Quien se complace de la acción de un grupo, es como aquel que participó en la realización de la misma, y todo aquel que participa en la realización de lo falso tiene dos pecados: el pecado de la realización de esa acción y el pecado de estar complacido de ello”.38

Colaboración con los asesores norteamericanos

Uno de los amigos de Yenâbe Shaij, cuyo hijo trabajaba en la Oficina de Asesoría con los norteamericanos, cuenta lo siguiente: “En un viaje a Mash·had, estuve en presencia de Yenâbe Shaij. Fui con él al Sagrado Santuario del Imam Ar-Ridâ (P). Se dispuso en un costado y leyó la “invocación de visita”. Se dirigía al Imam (P) de la misma manera en que yo estoy hablando con vosotros. Luego de concluir la visita se prosternó, levantó la cabeza de la prosternación y expresó:

“El Imam dice que contengas a tu hijo, que no siga en ese trabajo, ya que de otra forma pondrá una carga sobre tus hombros”.

Nosotros no sabíamos que él se había puesto de acuerdo con los asesores norteamericanos para ir a EE.UU. Hace aproximadamente veinticinco años39, un día mi hijo llegó y dijo: “¡Quiero viajar al extranjero! Ya dispuse todo para ello y saqué mi pasaporte”. A pesar de que hicimos todo lo posible no pudimos hacer nada para detenerle. Luego de que fue a Norteamérica nos escribió: “Mi esposa no puede tener hijos así que dadle el divorcio”. Desde ese entonces hasta el día de hoy ha sido causa de nuestros disgustos.

  • 1. Se refiere al hiyâb o velo del alma y a la oscuridad interior.
  • 2. Budín hecho con harina de arroz, leche y azúcar.
  • 3. Refiérase a la Segunda Sección de la Segunda Parte: “La amenaza de tener el destino de Bal‘am Ba‘ûrâ’”.
  • 4. Rabî‘ Al-Abrâr, t.2, p.535.
  • 5. Mizân Al-Hikmah, 4, 1628, 1182, 5478.
  • 6. Mizân Al-Hikmah; 5, 2060, 1498, 7218.
  • 7. Mizân Al-Hikmah; 5, 2058, 1496, 7202.
  • 8. Mizân Al-Hikmah; 5, 2058, 1496, 7209.
  • 9. Mizân Al-Hikmah; 5, 2060, 1499, 7223.
  • 10. Mizân Al-Hikmah; 1, 40, 16.
  • 11. Mizân Al-Hikmah; 13, 6306, 3874, 20191.
  • 12. Mizân Al-Hikmah; 13, 6306, 3874, 20194.
  • 13. Ver: Mîzân Al-Hikmah; 1, 22, 1.
  • 14. Sahar: Un poco antes de despuntar el alba.
  • 15. Sûra Muhammad; 47: 7.
  • 16. Marya’ Taqlîd: Referencial religioso.
  • 17. El narrador requirió que no se mencionara el nombre de esta cofradía en el libro.
  • 18. Una de las montañas a los alrededores de la ciudad de Ray, donde se encuentra el sepulcro atribuido a Shahr Bânû.
  • 19. Ver: Mizân Al-Hikmah: 3, 1436, 1040. Y el libro: “Al-‘Ilm wal Hikmah fil Kitâbi was Sunnah” (El Conocimiento y la Sabiduría en el Libro Sagrado y la Tradición), Cuarta Parte de la Tercera Sección: 4 / 2 – Sinceridad y Exclusividad para con Dios (Ijlâs).
  • 20. Es Profesor de la Universidad y miembro de la Academia de Idioma y Literatura Persa. Narra de la siguiente manera como llegó a conocer a Yenâbe Shaij: “A mediados del año 1333 H.S. (1954), mi noble amigo y compañero de trabajo, el fallecido Dr. ‘Abdul ‘Alî Gûiâ, me condujo a la bendita presencia de Yenâbe Shaij. Estuvimos con él una o dos horas. Dando muestras de amabilidad para orientarme habló de muchos temas, y yo me sentí sumamente atraído por sus explicaciones de forma que quedé impresionado. Me parece que en ese mismo día fue que me enseñó el dhikr o recuerdo de Dios que reza: “Iâ Halîmu iâ Rashîd, sal·lî ‘alâ Muhammad wa âlihi ayma‘în (¡Oh Tolerante, oh Guiador! Bendice a Muhammad y a toda su familia)”. Luego de la reunión el Dr. Gûiâ me felicitó y me dijo: “Yenâbe Shaij aceptó recibirte. ¡Gracias a Dios! Traje a muchas personas ante su presencia, pero él no pronunció ni una palabra ante ellos”. Yo le pregunté: “¿Y eso que quiere decir?”. El Dr. Gûiâ dijo: “¡Gracias a Dios, usted tiene facultades, y yo agradezco a Dios por eso!”.
  • 21. Sharî‘ah: la ley religiosa. Tarîqah: método o camino para llegar a Dios. Haqîqah: la realidad última.
  • 22. Sûra Al-Qamar; 54:55.
  • 23. Ver la Primera Sección de la Tercera Parte: “Se fía, ¡incluso a usted!”.
  • 24. Kursî: Mesa cuadrada cubierta con mantas y frazadas, con un brasero debajo para calentar las piernas y el cuerpo.
  • 25. Al referirse a la vida mundanal Yenâbe Shaij la llamaba “la anciana”, expresión que aparece en los hadices islámicos con la palabra “‘ayûz”. Referirse a la Tercera Sección de la Tercera Parte: “El flagelo que impide el amor a Dios”.
  • 26. Ciudades de Irán.
  • 27. Estas palabras me hicieron recordar la forma en que esperaba la Manifestación el Imam Jomeini -que la complacencia de Al·lah sea sobre él- quién concluyó su vida con la súplica “Al-‘Ahd”. Dicha súplica fue transmitida del Imam As-Sâdiq (P) con la siguiente característica: “Quien lea por cuarenta mañanas este ‘ahd o pacto, será de entre los auxiliares de nuestro Qâ’im, y si fallece antes de que se manifieste, Dios le sacará de su tumba para estar al servicio del Imam”. Ver: Mafâtîh Al-Yinân.
  • 28. Ver en la Tercera Sección de la Tercera Parte: “¡Un corazón en el cual toda cosa está presente!”.
  • 29. Uno de los adeptos de Yenâbe Shaij decía: “Él aconsejaba leer el “Tâqedîs” de Mul·la Ahmad Narâqî y “Kimiaie Sa’âdat” (La Alquimia de la Felicidad) de Al-Gazâlî.
  • 30. Ver en la Tercera Sección de la Segunda Parte: “¡Rápido te escapas del campo de batalla!”.
  • 31. Barzaj: Intervalo entre la muerte y el Día de la Resurrección.
  • 32. También me narraron este develamiento místico Aiatul·lah Mûsâ Shubairî Zanyânî y muchas otras personas, que lo refieren a Aiatul·lah Burûyerdî.
  • 33. Bebida dulce preparada a partir de vinagre, miel y azúcar.
  • 34. Abyadî: Caracteres del alfabeto árabe que tienen valores numéricos.
    Muy posiblemente estos versos sean esos mismos que se me entregaron al recopilar la documentación sobre la vida de Yenâbe Shaij, los cuales comienzan diciendo: “Lo primero que Dios creó fue ‘Alî”, y como no presentan la fuerza suficiente no los hemos citado en el texto del libro.
  • 35. A pesar de no haber encontrado tal cual la expresión en el libro As-Sahîfah As-Sayyadîiah, la Súplica nº 37 del mismo y la “Letanía de los Agradecidos” -la sexta de “Las Quince Letanías” del Imam As-Sayyâd (P)-, testimonian este tema.
  • 36. Muhammad Mosaddeq (1880-1967). Ocupó varios cargos en el gobierno. Emergió como líder de una coalición parlamentaria de grupos nacionalistas que se opusieron, con éxito, a la concesión petrolera otorgada a la Unión Soviética en el norte de Irán. Designado Presidente de gobierno el 29 de abril de 1951, mantuvo una firme posición en el posterior conflicto con Gran Bretaña a causa de la expropiación de la Anglo-Iranian Oil Company (Compañía Petrolera Anglo-Iraní).
    La oposición a su gobierno comenzó a organizarse en la primera mitad de 1953, y el 25 de agosto de ese año, el Sha Muhammad Reza Pahlevi le cesó. Desafiando esa decisión, Mosaddeq permaneció en el cargo, mientras que el Sha huyó del país. Sin embargo, el 19 de agosto, las tropas realistas, con la ayuda encubierta de la CIA recuperaron el control del país y le arrestaron. Juzgado por un tribunal militar acusado de traición, fue condenado a tres años de confinamiento. No volvió a participar en la vida pública.
  • 37. El Seîied Kâdzim Shariatmadari: Sabio iraní que era contrario al Imam Jomeini. Falleció luego de algunos años del triunfo de la Revolución Islámica.
  • 38. Mîzân Al-Hikmah, 8, 3714, 2695, 12748.
  • 39. Esta entrevista fue realizada el 10 / 4 / 1375 (1 / 7 / 1996).

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