LA ALQUIMIA DEL AMOR – Su Transformación Espiritual

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SHAFAQNA – Sección 1: La instrucción divina

No es necesario explicar el rango y los aspectos de perfección espiritual de Yenâbe Shaij a aquel que lo conoció de cerca, o bien a aquel que tuvo la oportunidad de platicar con aquellos que le conocieron.1

La pregunta principal en cuanto a la vida de esta gran personalidad espiritual es: ¿Cómo es que pudo alcanzar ese elevado grado humano? ¿Cómo es que alguien que no tuvo la formación clásica de las escuelas religiosas, ni instrucción universitaria, pudo llegar a un grado que no sólo las personas de la calle y el mercado, sino que incluso los estudiosos de las escuelas religiosas y las universidades se beneficiaron de las bendiciones de su orientación? Dicho en otras palabras: ¿Cuál es el secreto de la transformación y éxito de Yenâbe Shaij? ¿En la escuela de cuál maestro recibió su formación, y quién fue su instructor espiritual?

Los maestros de Yenâbe Shaij

Si bien Yenâbe Shaij no gozó de los conocimientos clásicos de la hawzah (escuelas religiosas) y la Universidad, él llegó a educarse con algunos grandes sabios de la mística y la espiritualidad. Grandes personalidades como los fallecidos Aiatul·lah Muhammad ‘Alî Shâhabâdi –maestro del Imam Jomeini2-, el fallecido Aiatul·lah Mîrzâ Muhammad Taqî Bâftî y el fallecido Aiatul·lah Mîrzâ Yamâl Isfahânî3, fueron sus maestros.

Asimismo, Yenâbe Shaij se benefició de las clases de dos grandes sabios como lo son Seîied ‘Alî Mufasser y Seîied ‘Alî Garawî -exégeta e Imam del rezo comunitario de una mezquita en el barrio Salsabil de Teherán-.

Como resultado de esa formación no-clásica, se familiarizó completamente con el Sagrado Corán y las narraciones del Islam, y en las reuniones que realizaba traducía y explicaba el Corán, los hadices y las súplicas, exponiendo significados sutiles, que otros no tomaban en consideración.

Según esto, la familiarización de Yenâbe Shaij con los conocimientos islámicos, es producto de haberse beneficiado de estos grandes sabios y otros como ellos, pero se debe buscar en otro lado la raíz de su transformación espiritual, la cual conformó un punto de inflexión en la vida llena de experiencias de Yenâbe Shaij, y si bien él mismo dijo: “Yo no tuve maestros”, con ello se refería precisamente a ese punto de inflexión.

Uno de los adeptos de Yenâbe Shaij narra que él expresó:

“Yo no tuve maestros, pero participé en las reuniones del fallecido Shaij Muhammad Taqî Bâftî,4 que se realizaban en las noches en el Santuario de Hadrat ‘Abdul ‘Adzîm -que Al·lah esté complacido de él- y él pronunciaba discursos. Fue una persona vinculada a lo espiritual. Una noche observó a los presentes en la reunión y dirigiéndose a mí dijo: “Tú vas a llegar a algo”.

El punto de inflexión

Desde mi perspectiva, el secreto y origen de la transformación y punto de inflexión en la vida de Yenâbe Shaij, fue un suceso muy estremecedor y lleno de moraleja y enseñanza que le aconteció.

En los días de su juventud, a Yenâbe Shaij le aconteció un suceso similar a lo ocurrido al Profeta José (P). Este suceso y lo que después de ello le ocurrió, conforma un ejemplo de lo que se denomina “la fe en la Unicidad Divina en la práctica” (at-tawhîd fil ‘amal). Este suceso demostró que las palabras del Sagrado Corán al final de la Sûra Iûsuf (José –P-) que expresan:

إِنَّهُ مَن يَتَّقِ وَيَصْبِرْ فَإِنَّ اللَّهَ لاَ يُضِيعُ أَجْرَ الْمُـحْسِنِينَ

“Por cierto que quien es temeroso (de Dios) y es paciente, en verdad que Dios no descuida la recompensa de los bienhechores”5,

…conforman una ley general, y no son particulares del Profeta José (P), tal como nos lo refiere claramente la aleya.

Esta historia muestra que lo que nos expone el Sagrado Corán, al contarnos sobre el destino de José (P), también es una ley general:

وَلَمَّا بَلَغَ أَشُدَّهُ ءَاتَيْنَاهُ حُكْماً وَعِلْماً وَكَذَلِكَ نَجْزِي الْمُـحْسِنِينَ

“Y cuando alcanzó su madurez, le dimos el juicio y el conocimiento. Así es como recompensamos a los bienhechores”6.

Vemos que según el Sagrado Corán todos los bienhechores se beneficiarán de la luz de la sapiencia y el conocimiento divino particular.

Una historia similar a la del Profeta José (P)

Los detalles de esta historia fueron narrados por Yenâbe Shaij a tan sólo unos pocos, y a veces, si es que se presentaba alguna ocasión que lo requería, hacía una vaga mención de la misma y expresaba:

“Yo no tuve maestro, pero dije: ¡Dios mío! Dejo esto de lado por tu complacencia y cierro los ojos a ello, asimismo, Tú encamíname por Tu causa”.

El gran Faqih Aiatul·lah Seîied Muhammad Hâdi Milânî -que Al·lah esté complacido de él- hizo mención de esta historia y expresó: “Yenâbe Shaij fue objeto de la consideración divina, y ello a causa de la acción de refrenarse a sí mismo que puso en práctica en sus días de juventud”.

El mismo Yenâbeb Shaij contó detalladamente esa historia en un encuentro con esa gran personalidad y con el Aiatul·lah Seîied Muhammad ‘Alî Milânî (hijo del Aiatul·alah Muhammad Hâdi Milânî) que también estuvo presente en ese encuentro, y éste último relata la historia transmitiéndola de boca del mismo Yenâbe Shaij:7

“En los días de mi juventud una joven muchacha encantadora y hermosa de la familia, se sintió atraída por mí, y finalmente en una oportunidad nos vimos a solas en una casa. Me dije a mí mismo: “¡Rayab ‘Alî! ¡Dios puede probarte en abundancia. ¡Vamos y pon una vez a prueba tú a Dios! y deja de lado por causa de Dios este acto pecaminoso ya dispuesto y placentero!”. Luego me dirigí a Dios diciendo: “¡Dios mío! Yo dejo de lado este pecado por Tu causa. Ahora Tú fórmame por Ti”.

Entonces, valerosamente, tal como José (P), resistió al pecado y se abstuvo de verse contaminado huyendo rápidamente del peligro.

Este acto de refrenarse y abstenerse del pecado, causa que se abra su visión interior. Se le clarifica la visión del barzaj y puede ver y escuchar lo que otros no pueden, de forma que, al salir de su casa observa a algunas personas en su aspecto real y se le revelan algunos secretos.8

Se narra de Yenâbe Shaij que dijo:

“Un día fui a la intersección de la calle Mowlavî por la avenida Sîrûs y llegué a la intersección con Guelûbandak y volví. Solamente vi una sola persona con aspecto de ser humano”.

La forma en que se produce la formación divina

La súplica de un muchacho en medio de la trampa del pecado que dijo: “¡Dios mío! ¡Tú fórmame por Ti”, realizada en esas agitadas circunstancias, fue aceptada, y se produjo una transformación en la vida espiritual de ese joven dichoso, que las personas insubstanciales y de visión superficial no pueden comprender. Con esta transformación, Rayab ‘Alî en una sola noche hizo un recorrido de cien años y se convirtió en “Yenâbe Shaij Rayab ‘Alî Jaîiât”. Como dijo el poeta Hâfedz:

نگار من كه به مكتب نرفت و خط ننوشت

به غمزه مسأله آموز صد مدرّس شد

Mi querido que no ingresó a escuela alguna, ni escribió palabra alguna,

Pero que, con una indicación, se convirtió en instructor de cien maestros.

Como primer paso de la formación divina, se abrieron los ojos y oídos de este joven, y en los reinos del mundo de lo existente podía ver cosas que los demás no podían ver, y escuchar voces que otros no podían oír. Esta experiencia oculta ocasionó que Yenâbe Shaij tuviera la certeza de que el “Ijlâs” o sinceridad, causaba que se abrieran los ojos y oídos del corazón, y enfatizaba a sus discípulos que:

“Si alguien realiza una obra por Dios, los ojos y oídos de su corazón se abren”.

Los ojos y oídos del corazón

Aquí, se presenta esta pregunta: ¿Acaso el corazón tiene ojos y oídos? ¿Y acaso el ser humano puede ver y escuchar con algo más que los ojos y oídos externos?

La respuesta a esta interrogación es que: Así es. Las narraciones islámicas –transmitidas tanto por shiítas como por sunnitas- brindan una respuesta afirmativa a esta pregunta. Aquí mencionaremos sólo unas cuantas narraciones como ejemplo:9

Dijo el Profeta de Dios (BP):

ما من عبد إلاّ وفي وجهه عينان يبصر بهما أمر الدنيا ، وعينان في قلبه يبصر بهما أمر الآخرة ، فإذا أراد اللَّه بعبدٍ خيراً فتح عينيه اللتين في قلبه ، فأبصر بهما ما وعده بالغيب ؛ فآمن بالغيب على الغيب

“No hay siervo sin que en su rostro tenga dos ojos mediante los cuales observa los asuntos de su vida mundanal, y dos ojos en su corazón mediante los cuales observa los asuntos de su vida en el Más Allá. Cuando Dios desea lo bueno para un siervo, le abre los ojos que se encuentran en su corazón, y ve mediante los mismos aquello que le prometió del mundo de lo oculto, y así mediante contemplaciones de lo oculto cree en lo oculto”.10

En otro hadiz se narra también de él (BP) lo siguiente:

لولا تمزّع قلوبكم وتزيّدكم في الحديث لسمعتم ما أسمع

“Si no fuera por vuestros corazones que se encuentran divididos y por vuestro abundante hablar, escucharíais lo que yo escucho”.11

Asimismo dice el Imam As-Sâdiq (P):

إنّ للقلب أذنين : روح الإيمان يَسارّه بالخير ، والشيطان يسارّه بالشر ؛ فأيّهما ظهر على صاحبه غلبه

“Por cierto que el corazón tiene dos oídos: el espíritu de la fe le susurra lo bueno, y Satanás le susurra lo malo, y cualquiera que triunfe sobre el otro predomina sobre él”.12

Sección 2: Las asistencias del mundo celestial

En Nahy Al-Balâgah leemos que el Imam ‘Alî (P) expresa que Dios, Glorificado Sea, a lo largo de la historia tiene siervos íntegros con quienes habla en sus ideas e intelecto. Las palabras del Imam (P) son las siguientes:

وما برح للَّه – عزّت آلاؤه – في البرهة بعد البرهة ، وفي أزمان الفترات عباد ناجاهم في فكرهم ، وكلّمهم في ذات عقولهم ؛ فاستصبحوا بنور يقظة في الأبصار والأسماع والأفئدة

“Dios, engrandecidas sean Sus mercedes, en cada período después de otro, y en los tiempos en los que no hay profetas, siempre tiene siervos a quienes se les dirige reservadamente en sus pensamientos y habla en lo profundo de sus intelectos, y de esa manera sus ojos, oídos y corazones se iluminan mediante un halo de lucidez”.13

Estos siervos íntegros de Dios son aquellos mismos que son descriptos en Munayât Ash-Sha‘bânîiah (Las Letanías del Mes de Sha‘bân) de la siguiente manera:

إلهي واجعلني ممن ناديته فأجابك ، ولاحظته فصعق لجلالك ، فناجيته سِرّاً وعمل لك جهراً

“¡Dios mío! Disponme como aquel que invocaste y te respondió, que cuando reparaste en él, la luz de Tu majestuosidad le dejó desvanecido, a quien te dirigiste secretamente y él actuó para Ti manifiestamente”.14

El joven sastre, luego de verse libre de la trampa del alma incitadora al pecado y de Satanás, y luego de habérsele abierto los ojos y oídos del corazón, se dispone en la fila de esos siervos justos de Dios, y a partir de ahí, a veces en sueño y otras veces en vigilia, es beneficiado mediante las inspiraciones constructivas del mundo de lo oculto, y las orientaciones especiales que son exclusivas de los rectos combatientes por la causa de Dios.15

Esa guía fue explicada en los hadices del Profeta (BP) de la siguiente manera:

إذا أراد اللَّه بعبدٍ خيراً فقّههُ في الدين وألهمه رشده

“Si Al·lah quiere lo bueno para un siervo, lo instruye en la religión, y le inspira su rectitud”.16

Sanción por un pensamiento reprobable

Una de las valiosas bendiciones de la guía divina para aquellos que se han dispuesto bajo la formación particular de Dios, es conocer los propios defectos. En un hadiz del Profeta (BP) leemos:

إذا أراد اللَّه عزّوجلّ بعبدٍ خيراً فقّهه في الدين ، وزهّده في الدنيا ، وبصّره بعيوب نفسه

“Si Al·lah quiere lo bueno para un siervo, le instruye en la religión, le torna desapegado de la vida mundanal, y le otorga visión respecto a sus propios defectos”.17

Fue tras disponerse bajo la formación particular divina, que el joven sastre se vio beneficiado de esas inspiraciones.

El Aiatul·lah Fahrî18, narra que Yenâbe Shaij le dijo:

“Un día me dirigí al bazar para hacer algo. Pasó por mi mente un pensamiento reprobable, pero inmediatamente pedí perdón por ello. Al continuar el camino, pasaron en hilera por mi lado unos camellos que traían leña de afuera de la ciudad. De repente uno de los camellos tiró una patada hacia donde yo me encontraba, de forma que si yo no me hacía a un lado me hubiese herido. Fui a la mezquita, y en mi cabeza rondaba la siguiente pregunta: ¿De dónde se habrá originado ese suceso?, y dije con consternación: “¡Dios mío! ¿Qué fue eso?”.

En el mundo de lo espiritual se me dijo: “Eso fue resultado de aquel pensamiento que tuviste”.

Dije: “¡Pero yo no llegué a cometer ningún pecado!”.

Dijeron: “¡La patada de ese camello tampoco llegó a asestarte!”.19

La amenaza de tener el destino de Bal‘am Bâ‘ûrâ

Una de las personas que se vieron atraídas por él fue el Aiatul·lah Agâ Mîrzâ Mahmûd –Imam de la Oración del Viernes en la ciudad de Zanyân-, quien fue una persona virtuosa y uno de los alumnos de Mîrzâ Na’înî. Un hombre con tantas virtudes se vio atraído por la pureza y esplendor de ese ser humano íntegro que no tuvo los conocimientos de la enseñanza clásica.

Yenâbe Shaij dijo un día:

“El Imam de la Oración del Viernes de Zanyân y un grupo de personas respetables de –aparentemente- Teherán vinieron aquí. Él presentó a sus acompañantes y…

A causa de esos encuentros me sobrevino un estado (como si me dijera a mí mismo): “Llegué a tal grado que las personalidades vienen a verme y…”.

Una noche, me sobrevino un extraño estado. Me encontraba deprimido. Con humildad, lamentos y expresando mi condición de necesitado a Dios, Glorificado Sea, volvió mi integridad interior. Me sumí en el pensamiento de ¿qué hubiera sido de mí si ese estado hubiera continuado? Y ¿por qué llegué a estar así?

Me encontraba sumido en esos pensamientos cuando de pronto se me mostró a Bal‘am Bâ‘ûrâ20 y dijeron:

“Si ese estado hubiera continuado, hubieras sido como él. El resultado de todos esos esfuerzos hubiera sido el hecho de que fueras resucitado con esas personalidades. Hubieras tenido la vida mundanal, pero no te hubiera correspondido nada de la otra vida”.

Ese suceso pasó. Los días viernes teníamos reuniones y un día la reunión se prolongó y se acercó el momento del mediodía. El dueño de la casa y los presentes dijeron: “¡Almorzad aquí mismo!”. Nosotros aceptamos. La semana siguiente nuevamente la reunión se prolongó hasta el mediodía y otra vez fue servida la comida. Naturalmente, esta vez la comida era más variada que la semana anterior. Ese suceso se repitió por unas cuantas semanas. En una de las reuniones en la que la comida era muy variada, estaba dispuesta una excelente mantequilla en medio del mantel, la cual atrajo la atención de todos. Me vino a la mente que: esta comida es por mí. La reunión misma, y el resto de los presentes también es por mí que fueron invitados, así que yo tengo prioridad para comer esta mantequilla.

Con ese pensamiento llegué a cortar un pedazo de pan, y al momento de extender la mano para levantar un poco de esa mantequilla, ¡vi a Bal‘am Bâ‘ûrâ que se estaba riendo de mí en un rincón de la habitación!, por lo que rápidamente retiré mi mano”.

¡¿Tú estás saciado mientras tu vecino pasa hambre?!:

Uno de los discípulos de Yenâbe Shaij cuenta: Escuché de él que dijo:

“Una noche en el mundo de los sueños vi que fui señalado como culpable y que venían unos guardias a llevarme a prisión. A la mañana de ese día me sentía contrariado. ¿Cuál habrá sido la causa de ese sueño? Con la asistencia espiritual logré darme cuenta que el tema de ese sueño se relacionaba con mi vecino. Le pedí a mi esposa que averiguara al respecto. Mi vecino trabajaba de albañil y hacía varios días que no encontraba trabajo y la noche anterior él y su esposa se habían ido a dormir con hambre. Se me dijo: “¡Pobre de ti! ¿Tú estás saciado por la noche y tu vecino con hambre?”. En ese momento yo tenía guardados tres ‘abbasî (moneda que regía en ese entonces en Irán). Rápidamente le pedí prestado un ‘abbasî al dueño de la tienda del barrio y le di eso a mi vecino pidiéndole perdón, y le solicité que cada vez que estuviera sin trabajo y no tuviera dinero me lo informara”.

¡Procura hijos para Dios!:

“Una noche vi que tenía un velo espiritual y no podía acceder al Amado. Analicé para ver de dónde procedía ese velo. Luego de procurar la intercesión divina y mucho escudriñar me di cuenta de que eso era resultado de un sentimiento de cariño que el día anterior tuve al mirar el aspecto bello de uno de mis hijos. Se me dijo: “¡Debes quererlo por Dios!” Así que pedí perdón…”

¡El velo producido por la comida!

Uno de los adeptos de Yenâbe Shaij narra lo siguiente respecto a él: “Una noche en una de las reuniones que se realizaban en casa de uno de los amigos de Yenâbe Shaij, antes de que comenzara sus palabras él se sintió débil y pidió una pedazo de pan. El dueño de casa trajo la mitad de una hogaza de pan. Él lo comió y luego comenzó la reunión.

La noche siguiente expresó:

“Anoche envié mis palabras de saludo a los Imanes (P) y no los vi. Supliqué en intercesión para saber la causa. En el mundo de lo espiritual se me dijo: “Comiendo sólo la mitad de ese pan se te quitó la debilidad, ¿por qué comiste la otra mitad?”.

Es bueno comer la cantidad de comida que necesita el cuerpo, más de eso provoca la aparición del velo y las tinieblas”.

Sección 3: Las perfecciones espirituales

Hay un famoso hadîz que entre los expertos es conocido como hadîz qurb an-nawâfil (hadiz de la aproximación de las acciones meritorias).

Este hadiz es narrado del Mensajero de Dios (BP) tanto por shiítas como por sunnitas, con ligeras diferencias, y su texto es como sigue:

قال اللَّه عزّ وجل: … ما تقرّب إليَّ عبدٌ بشيء أحبّ إليَّ ممّا افترضت عليه، وإنّه ليتقرّب إليَّ بالنافلة حتّى أحبّه؛ فإذا أحببته كنتُ سمعه الذي يسمع به، وبصره الذي يبصر به، ولسانه الذي ينطق به، ويده التي يبطش بها ؛ إن دعاني أَجبتهُ، وإن سألني أعطيته

“Dijo Dios, Imponente y Majestuoso: … No se acerca a Mí un siervo con algo más amado por Mí que realizando aquello que le he preceptuado. Y ciertamente que él se acerca a Mí mediante las acciones meritorias (nâfilah) hasta que es amado por Mí. Cuando es amado por Mí, entonces soy su oído con el cual escucha, soy su visión con la cual ve, soy su lengua con la cual habla, y soy su mano mediante la cual golpea. Si Me ruega le respondo y si Me pide le concedo”.21

El propósito de nawâfil en el hadiz qurb an-nawâfil, son todas aquellas acciones buenas y adecuadas que, después de las obligatorias, apresuran la marcha de la persona en dirección a la perfección absoluta y al propósito último de la condición humana.

En base a estos hadices, mediante la realización de buenas acciones por Dios la persona puede acercarse paso a paso a la perfección absoluta, y en el culmen del sometimiento, llegará a un punto que sus ojos sólo verán por Dios, sus oídos sólo escucharán por Dios, su lengua solo pronunciará palabras por Dios y su corazón no procurará nada que no sea por Dios.

En otras palabras, fundiendo la propia voluntad en la Voluntad Divina, en expresiones del hadîz qurb an-nawâfil, Dios se convierte en los ojos, oídos, lengua y corazón de la persona, y finalmente alcanza la esencia del sometimiento a Dios, que es ese mismo Señorío Divino sobre el Universo.

En palabras de Yenâbe Shaij:

“Si el ojo es usado para Dios se vuelve “el ojo de Dios”. Si el oído es usado para Dios, se vuelve “el oído de Dios”. Si la mano es usada para Dios, se vuelve “la mano de Dios”, hasta llegar al corazón de la persona, el cual es el lugar de Dios por lo cual se dijo:

قلب المؤمن عرش الرحمان

“El corazón del creyente es el Trono del Misericordioso”.22

Como dijo el Imam Al-Husain (P):

جعلت قلوب أوليائك مسكناً لمشيّتك

“Dispusiste a los corazones de tus amigos como hábitat de Tu voluntad”.23

Un examen detallado e imparcial de los estados de Yenâbe Shaij, nos muestra que después de la gran transformación que tuvo en su vida espiritual como resultado de haberle dado la espalda a las pasiones mundanas por la complacencia de Dios y como resultado de la formación divina y las inspiraciones y asistencias del mundo de los oculto, él alcanzó ese grado de perfección espiritual; y tal vez en ello se encuentre el secreto de su afición por balbucear los siguientes versos:

در دبستان ازل حسن تو ارشادم كرد

بهر صيدم ز كرم لطف تو امدادم كرد

نفس بد سيرت من مايل هر باطل بود

فيض بخشى تو از دست وى آزادم كرد

“Tu magnanimidad es la que me guió en la escuela de la eternidad,

Para el producto de mi pezca solicité ayuda a la nobleza de Tu bondad.

Mi alma disoluta se inclinaba a perpetrar lo espurio,

Pero Tu infinita gracia es la que me salvó de sus garras.”

Sumido en la Unicidad Divina

Uno de los discípulos de Yenâbe Shaij que estuvo en contacto con él cerca de treinta años, cuenta: “Por consejo de Yenâbe Shaij, fui a ver al Aiatul·lah Kûhestânî24. Mientras exponía sus palabras, el fallecido Kûhestanî, dijo lo siguiente respecto a Yenâbe Shaij: “Todo lo que tuvo el fallecido Yenâbe Shaij Rayab ‘Alî Jaîiât, fue por la Unicidad Divina. Él estaba sumido en la Unicidad Divina”.

El grado de aniquilación en la Divinidad

El Dr. Hamîd Farzâm, quien por muchos años se benefició de la presencia de Yenâbe Shaij, lo describe de la siguiente manera: “Yenâbe Shaij Rayab ‘Alî Nikûgûiân -que Al·lah tenga misericordia de él- fue un místico consumado y vinculado a Dios, que debido a la purificación de su alma y a su pureza interior alcanzó el grado de fanâ wa baqâ’ fil·lah o aniquilación y permanencia en Dios, y por gracia de actuar en conformidad con la sharî‘ah o ley islámica y por su peregrinaje espiritual en los grados y estados de la tarîqah, y asimismo por la gracia y asistencia del Creador, se unió a la morada de la haqîqah”.

Apasionado por Dios

Otro de los discípulos de Yenâbe Shaij, al describirle dice: “El fallecido Yenâbe Shaij fue de aquellos cuya existencia estuvo sometida a Dios. Él no podía ver nada fuera de Dios. Todo lo que él veía era como si viera a Dios. Todo lo que decía lo decía por Dios. Su primera y última palabra era Dios, puesto que era un apasionado de Dios. Él era un apasionado de Dios y de Ahlul Bait (P). Todo lo que decía lo transmitía de ellos. El muqaddas (fervoroso practicante) es diferente del ‘âsheq (apasionado). Yenâbe Shaij Rayab ‘Âlî era un apasionado. Su característica era amar a Dios y actuar por Dios. Aquellos que en lo espiritual son apasionados tienen una señal en los ojos. Sus ojos no eran corrientes, era como si no viera nada más que Dios.

Yenâbe Shaij consideraba pecado tener deleites por algo fuera de Dios. Un día en medio del intenso calor del verano se estaba echando aire con un abanico. Tan pronto como sentía un poco de frescura, inmediatamente decía:

واستغفرك من كلّ لذّة بغير ذكرك ، ومن كلّ راحة بغير أُنسك ، ومن كلّ سرور بغير قربك ، ومن كلّ شغلٍ بغير طاعتك.

“Y pido perdón por todo placer fuera del producido por Tu recuerdo y por todo bienestar fuera del proporcionado por Tu compañía, y por toda alegría fuera de aquella que produce el acercamiento a Ti, y por toda ocupación que no sea la de encontrarse en Tu obediencia”.25

Otro de los discípulos de Yenâbe Shaij, bosqueja de la siguiente manera el amor de Yenâbe Shaij a Dios, Glorificado Sea: “Yenâbe Shaij era tan apasionado de Dios que no estaba dispuesto a que en su presencia se pronunciaran palabras que no se refirieran a su Amado, a menos que fuera necesario. A veces ejemplificaba con la historia de Leyla y Maynûn (el Loco), donde el Loco no estaba dispuesto a escuchar nada que no se refiriera a Leyla. Dicen: Al Loco Âmerî le preguntaron si la verdad estaba con ‘Alî (P) o con ‘Umar. Respondió: “¡La verdad esta con Leyla!”.

Él decía:

“Aunque esta historia no es verdadera, aún así es adecuada para acercar la realidad a la mente humana”.

¡La mayor categoría!

La intensidad del amor a Dios y la total sinceridad hicieron llegar al joven sastre a la mayor posición y al más elevado objetivo. Así, tal como nos lo expresa el hadiz, él alcanzó a transitar un sendero fuera de los conocidos para alcanzar la perfección y los grados de la gente de la mística:

إنّ أولي الألباب الذين عملوا بالفكرة حتّى ورثوا منه حبّ اللَّه – إلى أن قال – فإذا بلغ هذه المنزلة جعل شهوته ومحبته في خالقه؛ فإذا فعل ذلك نزل المنزلة الكبرى، فعاين ربّه في قلبه، وورث الحكمة بغير ما ورثه الحكماء، وورث العلم بغير ما ورثه العلماء، وورث الصدق بغير ما ورثه الصدّيقون. إنّ الحكماء ورثوا الحكمة بالصمت، وإنّ العلماء ورثوا العلم بالطلب، وإنّ الصديقين ورثوا الصدق بالخشوع وطول العبادة

“Por cierto que los dotados de intelecto son aquellos que obraron en base al pensamiento hasta que obtuvieron el amor de Dios… -hasta que dice-: Cuando alcanza esa categoría dispone sus deseos y amor en su Creador. Cuando hace así, se ubica en la gran posición y observa a su Señor mediante su corazón, obtiene la sapiencia en una forma diferente a como la obtuvieron los sapientes; obtiene la sabiduría en una forma diferente a como la obtuvieron los sabios; obtiene la sinceridad de una forma diferente a como la obtuvieron los sinceros, y en verdad que los sapientes adquirieron la sapiencia mediante el silencio, los sabios obtuvieron la sabiduría mediante su procura, y los sinceros obtuvieron la sinceridad mediante el sometimiento y la adoración prolongada”.26

¡El acceso a todos los mundos!

Uno de los adeptos de Yenâbe Shaij que por muchos años tuvo reuniones privadas con él, dice lo siguiente respecto a las perfecciones espirituales de Yenâbe Shaij: “Como resultado de la intensidad del amor a Dios, Glorificado Sea, y a Ahlul Bait (P), no había velos entre él y Dios, y tenía acceso a todos los mundos. Hablaba con las almas de los fallecidos que se encontraban en el Barzaj desde el inicio del mundo hasta el presente. Con sólo desearlo veía lo que a cada uno le había acontecido en las etapas de su vida y mencionaba indicios de ello”.27

La observación de los reinos de los cielos y la tierra

La observación de los reinos de los cielos y la tierra mediante la visión del alma, conforma un preliminar para alcanzar un estadio superior de certeza y contemplación, o ‘ain al-iaqîn (la certeza misma).

وَكَذلِكَ نُرِي إِبْرَاهِيمَ مَلَكُوتَ السَّماوَاتِ وَالأَرْضِ وَلِيَكُونَ مِنَ الْمُوقِنِينَ

“Y así mostramos a Abraham los reinos de los cielos y la tierra, y para que sea de los que poseen certeza”.28

Dice el Mensajero de Dios (BP) en un hadîz:

لولا أنّ الشياطين يحومون على قلوب بني آدم لنظروا إلى الملكوت

“Si no fuera que los demonios circundan los corazones de los hijos de Adán (P), éstos hubieran observado los reinos de los cielos y la tierra”.29

Todos aquellos que se libran de las garras del ego y del demonio, y descorren los velos del alma, son capaces de observar los reinos de los cielos y la tierra. Es como si se dispusieran en la fila de los “dotados del conocimiento” (ûlul ‘ilm), y junto a los ángeles presenciaran la Unicidad de la Sagrada Esencia del Creador.

شَهِدَ اللّهُ أَنَّهُ لآ إِلَهَ إِلاَّ هُوَ وَالْمَلآَئِكَةُ وَاُوْلُواْ الْعِلْمِ

«Testimonia Dios que no hay divinidad sino Él, y asimismo los ángeles y los dotados de conocimiento».30

Uno de los discípulos de Yenâbe Shaij narra que: “Pregunté al fallecido Hayy Muqaddas31 si es cierto el hadîz del Profeta (BP) que dice:

لولا أنّ الشياطين يحومون على قلوب بني آدم لنظروا إلى الملكوت

“Si no fuera que los demonios circundan los corazones de los hijos de Adán (P), éstos hubieran observado los reinos de los cielos y la tierra”.

El me respondió: “Así es”.

Dije: “¿Usted vio los reinos de los cielos y la tierra?”.

Respondió: “No. Pero Yenâbe Shaij Rayab ‘Alî Jaîiât los ve”.

Yenâbe Shaij a los sesenta años

Se narró del fallecido Shaij ‘Abdul Karîm Hâmid que: “A los sesenta años Yenâbe Shaij tenía un estado que podía entender todo lo que quería”.32

¡¿A dónde queda nuestro conocimiento en comparación con el suyo?!:

El Dr. Hamîd Farzâm cuenta: “Generalmente las noches del viernes yo tenía el honor de visitar a Yenâbe Shaij y de participar en las reuniones de rezo y súplicas, hasta que una vez me surgieron preguntas que debía planteárselas en forma privada. Por ello, se me ocurrió visitarle a mitad de semana.

A la tarde de un día lunes fui a verle para plantearle algunas preguntas. Era un buen día, ya que en la reunión de Yenâbe Shaij se encontraba el Huyyatulislam Dr. Muhammad Muhaqqeqî, Profesor de la Universidad y representante del Aiatul·lah Burûyerdî. Él era una persona brillante y espiritual, que yo hasta entonces no había visto ni conocido. De cualquier forma, pedí permiso y me senté junto con ellos y me beneficié de las sabias palabras de esas dos grandes personalidades.

Luego de terminar la reunión cerca del ocaso, el Dr. Muhaqqeqî se despidió. Seguidamente yo hice lo mismo, me despedí de Yenâbe Shaij y salí tras el Dr. Muhaqqeqî. Ya en el callejón lo llamé y dije: “Me gustaría conocerle más”. Me dijo: “Mi nombre es Muhaqqeqî y mi trabajo es la docencia”. Le dije: “Yo debo venir ante Yenâbe Shaij para beneficiarme en algo, pero por gracia de Dios usted no tiene necesidad de ello (mi intención era ver qué me respondía)”. Dijo: “¡No es así señor! Los conocimientos que nosotros tenemos son como un libro impreso, del tipo de conocimiento que se memoriza, en cambio vaya donde Yenâbe Shaij y observe lo que sucede en su caso. Yenâbe Shaij alcanzó tal grado que directamente observa muchas cosas. ¡¿A dónde queda nuestro conocimiento en comparación con el suyo?!”.

Dije: “¡¿Cómo es eso?!”.

Manifestó: “La primera vez que vine a verlo, luego de los saludos pertinentes, me preguntó sobre mi trabajo. Le dije: “Soy maestro”. Dijo: “¿Y fuera de la función de maestro?”. Dije: “Soy profesor de la Universidad y doy clases”.

Dijo: “¡No me refiero a eso! Veo que usted está relacionado a algo en forma de globo”.

Me quedé perplejo y dije: “¡Así es! Hace años que por una cuestión de subsistencia fabrico globos terráqueos… ¡pero nadie sabía eso!”.

El Dr. Farzâm, al continuar sus memorias corrobora al Dr. Muhaqqeqî agregando: “Esos casos fueron muchos. Si los quisiéramos nombrar a todos, ello nos llevaría toneladas de papel. Como resultado de la purificación del alma y la pureza interior, sin que -según palabras de los místicos y sufis-, “se sumiera en un mar de contemplación espiritual”, Yenâbe Shaij en forma simple veía y manifestaba cosas. Es así que muchas veces dijo en presencia de sus adeptos lo siguiente:

“¡Amigos! Dios me ha otorgado un carisma de forma que puedo ver la situación de las personas en el mundo del barzaj”.

Más abajo cito unas cuantas narraciones de este tipo:

Ayuda a un esforzado trabajador

Un trabajador esforzado y honesto llamado ‘Alî Quzati, oriundo de Azerbaiyán, trabajaba en las casas de los vecinos del barrio y a veces en nuestra casa y recibía sus honorarios. Vestía tanto en invierno como en verano un traje largo de militar. Yenâbe Shaij nunca antes lo había visto. Un día sin ningún preámbulo me dijo:

“Aquel hombre de alta estatura que viste una ropa de soldado y a veces va a su casa y le ayuda, es una persona con familia y necesitado. ¡Debe ayudarle más!”.

¡Rápido te escapas del campo de batalla!

Un día jueves yo salí de mi casa encontrándome disgustado. Cuando a la noche fui donde Yenâbe Shaij para rezar con él, los demás estaban reunidos y Yenâbe Shaij se encontraba sentado en un rincón de la habitación. De repente sus ojos se posaron en mí y me dijo: “¡Rápido te escapas del campo de batalla!”, mientras movía su cabeza en señal de sorpresa, y a continuación leyó los siguientes versos de Hâfedz:

زير شمشير غمش رقص كنان بايد رفت

كآن كه شد كشته او، نيك سرانجام افتاد

Se debe marchar al son de la espada de la congoja,

Y quien fuera muerto por Su causa, habrá tenido un buen final.

Veo que su cabello y barba se tornan blancos

Hace unos cuarenta años tuve una afección al corazón y presentí algo de peligro. Le dije al Dr. Gûiâ: “Mi salud no es buena y es posible que…”

Pareciera que en mi ausencia el Dr. le comunicó mis palabras a Yenâbe Shaij, y éste expresó:

“Que no esté preocupado. Veo que su cabello y barba se tornan blancos”.

Aparentemente también dijo:

“Alcanzará una edad entre setenta y ochenta años”.

Hoy en día, por gracia de Dios, tengo más de setenta años.

Para resumir, de aquí en más dejaré de lado algunos sucesos similares y me ocuparé de mencionar asuntos que van más allá, como el hecho de poder observar cosas del mundo de lo oculto.

Vincularse a las almas de los padres del Dr. Farzâm

Alrededor del año 1337 HS (1958), o sea al final de su noble vida, se había dispuesto que yo iría a una Universidad de Lahore en Pakistán para enseñar idioma y literatura persa. Un día a la tarde, fui a hacerle una consulta. Dije: “¡Yenâbe Shaij! Vine ante usted para consultarle si voy a Pakistán o no. ¿Sería posible que consulte usted con mis padres a este respecto?”.

Yenâbe Shaij dijo: “¡Bendiga al Profeta tres veces!”.

Luego comenzó a hablar con ellos y al final se puso a llorar. Yo me sentí incómodo y dije: “Si hubiera sabido que usted se incomodaría y lloraría, no le hubiese pedido que hablara con mis padres”. Dijo: “¡No es así! Yo les pregunté a ellos sobre la manifestación del Imam de la Época –que Al·lah apresure su manifestación- y mi llanto fue por ello”.

Luego me dio señales del aspecto de mi padre y dijo:

“Tu madre llevaba un chador que le cubría el rostro y hablaba en dialecto kermaní por lo que no puede entender algunas de sus palabras”.

Dije: “Así es Yenâbe Shaij, si es que estaba hablando con dialecto kermaní, entonces usted no puede haber entendido algunas de sus palabras”. Luego Yenâbe Shaij dijo:

“En general sus palabras fueron éstas: No irás a Pakistán y en realidad ¿para que irías?”.

Al final yo no fui. Sus palabras y las de Yenâbe Shaij fueron acertadas.

El motivo por el cual el Dr. Shaij se vinculó a Yenâbe Shaij Rayab ‘Alî

El hijo de Yenâbe Shaij Rayab ‘Alî cuenta que: El fallecido Dr. Abûl Hasan Shaij33 manifestó lo siguiente respecto a cómo se conoció con Yenâbe Shaij: El motivo por el que conocí a Yenâbe Shaij Rayab ‘Alî Jaîiât, fue por el asunto de la desaparición de mi esposa durante algunos meses. Por más que busqué no la encontré. Fui a ver a muchos videntes pero fue sin resultado. En el culmen de mi preocupación, una persona me dio la dirección de la casa de Yenâbe Shaij Rayab ‘Alî y por primera vez me presenté ante él. Cuando me vio me prestó atención y dijo:

“Tu esposa se encuentra en Norteamérica, y volverá dentro de dos semanas. No te preocupes”.

Así mismo fue. Mi esposa se encontraba en Norteamérica y volvió.

Después de este suceso, la mayoría de los días en que terminaba mi trabajo en la Universidad, iba a la casa de Yenâbe Shaij y luego me dirigía hacia la mía”.

¡El autobús está bien! ¡Muévete!

Cuenta el Dr. Zubâtî: “Un día Yenâbe Shaij, junto con el señor Mirzâ Seîied ‘Alî y el señor Akbramî, tenían el propósito de ir a “Bîbî Shahrbânû”34. Los viajeros eran muchos en la parada del autobús. Cuando llegó el primer autobús Yenâbe Shaij dijo:

“No nos tocará viajar en este autobús”.

El autobús se llenó y se fue.

Vino el segundo autobús y otra vez dijo:

“En este autobús tampoco nos tocará viajar”.

La muchedumbre se abalanzó sobre el autobús y subieron, pero Yenâbe Shaij y sus amigos quedaron abajo. Yenâbe Shaij dijo:

“Nos tocará viajar en el tercer autobús”.

Sucedió que el tercer autobús llegó y otra vez la muchedumbre se abalanzó sobre el mismo y Yenâbe Shaij y sus acompañantes no pudieron subir, ¡pero el autobús no se encendió por más que el conductor quiso hacerlo! Finalmente les dijo a los viajeros: “¡El vehículo se ha estropeado. Descended todos!”, y los viajeros se bajaron.

Yenâbe Shaij les dijo a sus acompañantes: “¡Subid!”. Él y sus acompañantes se subieron y el chofer le dijo: “¡Señor! ¡El vehículo está estropeado. No se mueve!”. Yenâbe Shaij le dijo:

“¡No es así! Está en perfecto estado. ¡Vamos, muévete!”.

El conductor se sentó al volante y accionó el encendido. El autobús se encendió. Cuando el vehículo se encendió el resto de los viajeros también subió y emprendimos la marcha. En medio del camino, cuando estaba recogiendo el importe del viaje no nos quería cobrar el pasaje, cosa que nosotros no aceptamos. Pero finalmente dijo: “¡Yo no cobraré el pasaje a una persona –señalando a Yenâbe Shaij-!”.

Un pedido aceptado

El Hayy Seîied Ibrâhîm Mûsawî Zanyânî35 narra: “En los primeros días del mes de Bahmân de 1333 H.S. (últimos días de Enero de 1954), viajé a Irak con mi familia como Secretario de la Oficina de Pasaportes de Irán en Bagdad. Dos días antes de la revolución en Irak volví a Irán junto con mi familia; sólo mi madre y mi hijo habían permanecido en Kâdzimain. Dos días después los medios de comunicación anunciaban la revolución en Irak. Las fronteras se cerraron y me sumí en una gran preocupación por mi madre y mi hijo que permanecieron allá. Fui varias veces a la embajada de Irak, y mientras pedía visa requería informes sobre ellos. Muchos otros se encontraban en una situación similar. Se dirigían allí y escuchaban una respuesta negativa.

Escuchar una respuesta negativa aumentaba mi preocupación. Esos días fueron coincidentes con los días del mes (lunar) de Muharram, y por esa razón fui a la ciudad sagrada de Qom, y a la noche me situé en el santuario de Fâtima Ma‘sûma (P) a la cabeza de la tumba, y en estado de insistente súplica y sumisión, realicé la oración particular del Imam Mûsâ Ibn Ya‘far (P) y pedí la intercesión de dicho Imam para conseguir la visa.

Luego de dos días volví a Teherán. Yo tenía un compañero de trabajo ya fallecido llamado Ahmad Faid Mahdawî. Me pidió que consiguiera una entrevista con Yenâbe Shaij para su primo también ya fallecido llamado Huyyatulislam wal muslimîn Hayy Aghâ Diâuddîn Faid Mahdawî. Me dirigí junto con él -el Hayy Aghâ Diâuddîn- a la casa de Yenâbe Shaij. Tras ingresar, fuimos guiados hacia una habitación en la que sólo estaba alfombrada la mitad del suelo y era muy sencilla. Él nos pidió que leyéramos siete veces la Sûra At-Tauhîd (La Unicidad, nº 112). Él creía mucho en la significación del número siete. Después comenzó a hablar. Mientras nos aconsejaba y orientaba fervientemente, de repente se volvió hacia mí y dijo:

“Tu visita al Santuario fue muy buena y tu pedido fue aceptado. Sus efectos son manifiestos. Que tengas un buen viaje y ruega por mí”.

Pregunté: “¿A cuál visita se refiere?”.

Dijo: “Tu visita en la ciudad de Qom”. Y continuó con sus consejos y orientaciones”.

Maldecir trae aparejada la oscuridad:

En ese momento le dijo al Hayy Agha Diâuddîn Faid Mahdawî:

“No maldigas tanto. Maldecir trae aparejada la oscuridad. ¡Suplica!”.

El fallecido Hayy Aghâ Diâuddîn le respondió: “¡Obedezco!”.

Para mí ese consejo fue confuso ya que no se relacionaba en nada a la conversación, ni a lo que se dijo antes ni a lo que se dijo después. Al día siguiente, al explicar los resultados del encuentro con mi compañero de trabajo Ahmad Faid Mahdawî, le pregunté: “¿Cómo es la historia de la maldición de Hayy Aghâ Diâuddîn?”.

Me dijo: “Mi primo, esto es, el Hayy Aghâ Diâuddîn, tiene un hijo que tiene pensamientos comunistas y por esta razón él lo maldice después de cada oración”.

En cuanto a la aceptación del pedido de intercesión de lo cual me dio albricias Yenâbe Shaij, dos días después, cuando me dirigí a la Embajada de Irak, apenas me vio el funcionario responsable me dijo: “¡Dame tu pasaporte para que lo selle!”. Me puso el mismo sello real del anterior gobierno y simplemente tachó el término “reino” y escribió encima “república”. Este accionar del funcionario de la Embajada causó el asombro del resto de los solicitantes, y finalmente luego de recibir la autorización, emprendí la marcha hacia Bagdad. Después se supo que antes que yo sólo un periodista norteamericano había logrado entrar a Bagdad”.

La humildad con las criaturas por causa de Dios

Uno de los discípulos de Yenâbe Shaij narra que: Uno de sus adeptos contó que: “Cuando colocaban en la tumba el cuerpo de Aghâ Shaij Murtadâ “el asceta”, Yenâbe Shaij dijo:

“Inmediatamente de parte de Dios llegó una orden a Nakir y Munkir (los dos ángeles encargados de las preguntas de la tumba) que decía: “Dejadme este siervo a Mí que Yo me ocupe de él. No hagáis nada con él. Él en su vida fue humilde con las criaturas por Mí. No tuvo ni el más mínimo sentimiento de soberbia”.

Hablar con las plantas:

Uno de los discípulos de Yenâbe Shaij cuenta que él dijo:

“Las plantas también se encuentran con vida y hablan; y yo hablo con ellas y ellas me cuentan sus particularidades”.

La recompensa del inventor del ventilador:

Uno de los discípulos de Yenâbe Shaij cuenta que él dijo:

“Un día me trajeron de regalo un pequeño ventilador. Vi en el infierno –del barzaj- que había un ventilador delante de su inventor”.

Este develamiento místico confirma el sentido de las narraciones que indican que: si bien los incrédulos no irán al paraíso, si realizaron buenas obras no quedarán sin recompensa. Nos llega en un hadîz del Profeta (BP) que dijo:

ما أحسن محسن من مسلم ولا كافر إلّا أثابه اللَّه. قيل: ما إثابة الكافر؟ قال: إن كان قد وصل رحماً أو تصدّق بصدقة، أو عمل حسنة، أثابه اللَّه تعالى المال والولد والصحة وأشباه ذلك؟ قيل: وما إثابته في الآخرة؟ قال: عذاب دون العذاب. وقرأ: «أَدْخِلُوا ءَالَ فِرْعَوْنَ أَشَدَّ الْعَذَابِ»

“No hizo una buena obra un bienhechor, ya sea éste musulmán o incrédulo, sin que Dios le recompense”. Se le dijo: “¿Cuál es la recompensa del incrédulo?”. Dijo: “Si fortaleció los vínculos de parentesco, o dio alguna limosna, o hizo una buena acción, Dios le recompensará con la riqueza, hijos, salud y lo que es similar a ello”. Se le dijo: “¿Cuál será su recompensa en el Más Allá?”. Dijo: “Una minimización del castigo”. Y leyó: «Haced ingresad a la familia del Faraón en el peor castigo».36

La respuesta a una súplica condicionada

Uno de los amigos de Yenâbe Shaij cuenta: “Uno de sus discípulos no podía tener hijos. Se había dirigido a muchos lugares y golpeado muchas puertas pero ello no tuvo resultado. Hasta que le requirió a Yenâbe Shaij una solución en una reunión en la que yo me encontraba. Dijo: “Quiero un hijo que luego de mi muerte sea fruto de mí”.

Yenâbe Shaij dijo:

“Después te daré la respuesta”.

Pasó un tiempo. Yo no estaba informado de la respuesta que Yenâbe Shaij le había dado, hasta que me invitó a una walîmah37. Le pregunté: “¿Cuál es el motivo de esta walîmah?”. Me respondió: “Dios me concedió una hija”. Inmediatamente recordé aquella reunión con Yenâbe Shaij y dije: “¿La súplica de Yenâbe Shaij fue respondida?”.

Respondió: “Con condiciones”.

Dije: “¿Cómo es eso?”.

Dijo: “Me hizo comprometerme a que todos los años en el día del cumpleaños de la criatura yo llevaría un ternero a la aldea del Imam Zadeh Hasan -una aldea en los alrededores de la ciudad de Ray- y lo sacrificaría y repartiría su carne entre la gente del lugar. Y éste es el primer año que cumplo con ello”.

Eso continuó por siete años. El octavo año el padre se encontraba fuera del país y no hizo aquello a lo que se había comprometido, ¡y ese mismo año la niña murió!

Luego de ese suceso, él quedo abatido. Un día que quise ir a las reuniones de Yenâbe Shaij le dije: “¿Quieres ir esta noche a la casa de Yenâbe Shaij?”. Dijo: “Sí”. Fui primero que él, y al llegar le dije a Yenâbe Shaij: “Fulano no se encuentra bien por la muerte de su hija”. Yenâbe Shaij dijo:

“¿Qué puedo hacer? ¿Acaso la primera condición del musulmán no es cumplir con lo convenido? Él no hizo aquello a lo cual se comprometió”.

Luego llegó nuestro amigo. Yenâbe Shaij bromeó un poco con él y luego le dijo:

“No estés afligido. Dios te ha concedido a cambio tres palacios en el paraíso. Solamente ten cuidado de no estropearlos”.

Ayuda a una víctima de robo

Luego de la muerte de Yenâbe Shaij, una persona le contó a uno de sus hijos que: “Yo había vendido mi casa y quería poner el dinero en el banco pero al llegar, el banco ya había cerrado. Llevé el dinero a casa, y durante la noche fue robado. Mis diligencias a través de las oficinas de la policía no dieron resultado. Pedí la intercesión del Imam de la Época (P). En la noche del día cuarenta del martirio del Imam Husain (P), vi en sueños que me daban la dirección de Yenâbe Shaij. A la mañana del día siguiente fui a la casa de Yenâbe Shaij y le planteé mi problema. Yenâbe Shaij me dijo:

“¡Yo no escribo súplicas de conjuro ni soy adivino! ¡Le hablaron equivocadamente de mí!”.

Dije: “Por mi abuelo -o sea el Profeta (BP), ya que la familia de este hombre descendía de él- que no lo voy dejar. Yenâbe Shaij pensó un momento y luego me llevó dentro de la casa. Entonces me dijo:

“Vaya usted a la región de Varamín, a la casa de fulano, en tal aldea. Hay dos habitaciones intercomunicadas. En la segunda habitación se encuentra su dinero todavía completo en un pañuelo de seda rojo cerca de un pequeño horno. Tome su dinero y salga. Ellos le invitarán a tomar un té pero usted salga rápidamente”.

Fui a esa casa –que pertenecía a mi propio empleado doméstico-. El dueño de casa pensó que yo había llegado acompañado por la policía. Fui a la segunda habitación y el dinero se encontraba exactamente donde Yenâbe Shaij me dijo y lo tomé. El dueño de casa me ofreció un té, pero yo le grité algo y salí.

En totalidad la suma de dinero eran unos cien mil tumanes. Llevé la mitad de eso ante Yenâbe Shaij y sollozando y suplicando lo dispuse delante suyo, pero él no lo aceptó.

Tras mucho insistirle vi con placer que había apartado veinte mil tumanes, pero no eran para él. Me los devolvió y dijo:

“Voy a darte el nombre de unas cuantas familias necesitadas cuyas hijas necesitan ajuar de casamiento. No debes encargarle ello a nadie más sino que tú mismo debes ir a comprar lo que les haga falta y entregárselos en sus casas”.

Y así, no se quedó ni con un centavo”.

El aroma a manzana roja

Uno de los amigos de Yenâbe Shaij cuenta: “Fui junto con él a la ciudad de Kashân. La costumbre de Yenâbe Shaij era que a cada lugar que llegaba visitaba los cementerios. Cuando ingresamos al cementerio de Kashân él dijo:

“¡La paz sea contigo! ¡Oh Aba ‘Abdil·lah Al-Husain (P)!”.

Dio unos cuantos pasos y dijo:

“¿No percibes un aroma?”.

Dije: “No. ¿Qué aroma?”.

Dijo:

“¿No percibes el aroma a manzana roja?”.

Dije: “¡No!”.

Fuimos más adelante y llegamos hasta donde se hallaba el responsable del cementerio. Yenâbe Shaij le preguntó:

“¿Acaso hoy han sepultado aquí a alguien?”.

Respondió: “Sí, han enterrado a alguien”, y nos llevó a una tumba reciente. Allí todos percibimos el aroma a manzana roja. Preguntamos: “¿A qué se debe este aroma?”.

Yenâbe Shaij dijo:

“Cuando enterraron a este siervo de Dios en este lugar, se presentó el alma del Señor de los Mártires (Al-Husain, con él sea la paz), y así, a causa de esta persona se le levantó el castigo (de la tumba) a la gente del cementerio”.

La recompensa de abstenerse de la mirada ilícita

Otro narró: “Conducía yo un taxi por la plaza Sepah –actual-, cuando vi a una mujer alta con chador y muy hermosa que estaba parada. Volví mi rostro hacia otro lado y luego de pedir perdón a Dios, la hice subir y la llevé a destino.

Al día siguiente que me presenté ante Yenâbe Shaij -era como si hubiera presenciado esta escena de cerca-, me dijo:

“Por esa mujer alta que viste pero que volviste tu rostro y pediste perdón, Dios, Bendito y Glorificado Sea, te ha reservado un palacio en el paraíso y una hurí semejante a ella”.

El fuego de la riqueza ilícita

Una persona se encontraba practicando la magia y la prestidigitación en una reunión. El hijo de Yenâbe Shaij se encontraba en la misma y cuenta lo siguiente: “Yo impedí que siguiera haciendo eso. Todos los intentos del mago fueron en vano y no pudo hacer nada. Finalmente se percató de que yo era el que le impedía que siguiera con su tarea y me rogó diciéndome: “No me impidas ganarme el pan”. Luego me obsequió una pequeña alfombra de gran valor como regalo.

Yo llevé la alfombra a casa, y cuando mi padre la vio preguntó:

“¿Quién te dio esa alfombra de la cual veo que se desprende humo y fuego? ¡Ve rápidamente a devolvérsela a su dueño!”.

El tocadiscos que se descompuso

Uno de los hijos de Yenâbe Shaij cuenta que: “Junto a mi padre fuimos a una fiesta de casamiento de uno de nuestros parientes. Cuando el anfitrión vio que llegaba Yenâbe Shaij pidió a los jóvenes que apagaran el tocadiscos. Nosotros ingresamos a la fiesta y los jóvenes vinieron a ver quién era aquel por cuya causa no debían seguir utilizando el tocadiscos. Cuando les señalaron a Yenâbe Shaij dijeron: “¿¡Será posible que por él dejemos de usar el tocadiscos?!”. Y fueron a encenderlo nuevamente. Yo ni siquiera había comido la mitad de mi helado cuando mi padre me tocó y dijo:

“¡Levántate y vamos!”.

Yo que no me daba cuenta cuál era el asunto le dije: “¡Pero papá aún no he comido mi helado!”.

Mi padre dijo:

“Está bien. ¡Levántate!”.

Escuché que apenas nosotros atravesamos la puerta de salida el tocadiscos se quemó. Trajeron otro y también se quemó. Este suceso motivó que el anfitrión de esa fiesta se pasara a las filas de los adeptos de Yenâbe Shaij”.

El pedido de intercesión de un joven enamorado:

Uno de los amigos de Yenâbe Shaij cuenta: “Me encontraba en compañía de Yenâbe Shaij en un viaje a la ciudad de Mash·had. En el patio del Sagrado Santuario del Imam Ar-Ridâ (P), al lado de una ventana de hierro vimos a un joven que con gritos y llanto le suplicaba al Imam (P) jurando por su madre.

Yenâbe Shaij me dijo:

“Ve y dile: “¡Todo se arregló, vete!”.

Fui y se lo dije. El joven agradeció y se fue. Le dije a Yenâbe Shaij: “¿De qué se trata?”.

Dijo:

“Este joven está enamorado de una muchacha y quiere casarse con ella, pero no se la daban en matrimonio. Vino y pidió la intercesión del Imam Ar-Ridâ (P). El Imam (P) dijo: “¡Se arregló. Puedes irte!”.

¡No te enojes!

Uno de los discípulos de Yenâbe Shaij cuenta: “Un día en el bazar mantuve un diálogo religioso y académico con una persona creyente. Por más que le ofrecía pruebas no quería aceptarlas y me enojé un poco. Luego de una hora me presenté ante Yenâbe Shaij y bien me vio me echó una mirada y dijo:

“¿Acaso le hablaste fuerte a alguien?”.

Le conté lo sucedido y dijo:

“En este tipo de casos no debes enojarte. Sigue el método de los puros Imanes de Ahlul Bait (P). Si ves que no aceptan, déjalos”.

¿Qué te importa su barba?

Narra uno de los discípulos de Yenâbe Shaij: “Una noche ingresamos a una reunión. Se había hecho un poco tarde y Yenâbe Shaij se encontraba ocupado haciendo súplicas. Observé a los presentes en la reunión y vi un hombre que estaba afeitado. En mi interior me irrité, y me dije: ¿Por qué esta persona se afeita?

Yenâbe Shaij, que se encontraba orientado en dirección a La Meca y de espaldas a mí, de repente interrumpió sus ruegos y dijo:

“¿Qué te importa su barba? Ve y mira cómo son sus acciones. Tal vez tiene un aspecto bueno que tú no tienes”.

La respuesta a los susurros de Satanás

El hijo de Yenâbe Shaij cuenta que: “Un día iba en compañía de mi padre. Vi a dos mujeres maquilladas y sin hiyâb (vestimenta islámica de la mujer). Una iba por un lado de mi padre y la otra por el otro costado. Cada una tenía en la mano un espiral. Ellas le dijeron a mi padre: “Yenâbe Shaij. Mira nuestros espirales. ¿Cuál da vueltas mejor?”.

Yo era pequeño y no podía decir nada. Mi padre no las tomó en cuenta; tenía su cabeza bajada y sonreía. Nos siguieron unos pasos pero de pronto ¡desaparecieron! Le pregunté a mi padre: “¿Quiénes eran ellas?”.

Mi padre dijo:

“Las dos eran demonios”.

  • 1. En la Tercera Sección de esta misma Parte, se mencionarán puntos a este respecto.
  • 2. El Imam Jomeini repetidamente lo mencionaba como su maestro en fundamentos divinos, y decía: “Dijo nuestro Shaij y maestro en los fundamentos divinos, el completo místico, Mîrzâ Muhammad ‘Alî Shâhabâdî Isfahani”. Ver Misbâh Al-Hidâiah, pp.27, 46, 90.
  • 3. Según lo que se narra, éste era hermano de Nurul·lah Isfahânî, conocido con el nombre de Agha Nayafî Isfahânî. En épocas del gobierno de Rezâ Khân, él era Imam de los rezos comunitarios de la mezquita ‘Azîzul·lah del Bazar de Teherán. Respecto a las reuniones que él realizaba, se narró del fallecido Shaij Rayab ‘Alî que dijo: “Las disertaciones del Agha Yamâl, encaminan y corrigen al apasionado por Dios”. Fue confinado a Isfâhân por oponerse al gobierno de Rezâ Khân y ahí mismo fue martirizado. Su tumba se encuentra en Tajte Fulâd. El Dr. Abul Hasan Shaij cuenta: Fuimos con Yenâbe Shaij a Isfâhân, al cementerio de Tajte Fulâd y nos sentamos al lado de una tumba y dijo: “El que se encuentra en esta tumba fue mi maestro”.El Huyyatulislam wal muslimîn Karîmî, transmitiendo del Aiatul·lah Seîied Kâdzim ‘Assâr, me narró una historia sorprendente de entre los carismas de Amîr Al-Mu’minîn ‘Alî (P) respecto al Aiatul·lah Mîrzâ Yamâl Isfâhânî, y cuyo texto es el siguiente:

    “El Aiatul·lah ‘Assâr fue uno de los grandes maestros del libro Al-Asfâr (de Mul·la Sadrâ) en la escuela Shahîd Mutahharî (ex Sepehsalâr), y yo, Shaij Karam ‘Alî Karîmî Qaratmânî, pasé un período de seis años asistiendo a sus clases y a la del resto de los maestros. El primer carisma respecto a él (Mîrzâ Yamâl Isfâhânî) lo escuché del Aiatul·lah ‘Assâr en una clase del libro Al-Asfâr y mientras le brotaban lágrimas: “El Aiatul·lah Hayy Yamâl Nayafî Isfâhânî, que la complacencia de Al·lah sea sobre él, quien por aquellas épocas estaba confinado en Teherán por los pahlevî, rezaba las oraciones comunitarias en la mezquita ‘Azîzul·lah del Bazar de Teherán y enseñaba en las mañanas en la escuela Marwî. Sus clases eran tan excelentes y repletas de contenido que la escuela se llenaba de sabios y personas virtuosas del ámbito académico que se beneficiaban de sus clases, de manera que algunos Imames de oración comunitaria llegaron a manifestar envidia por él.

    Éstos se reunieron para declarar que él era una persona sin estudios y que los religiosos se agolpaban a su alrededor sin motivo razonable. Decidieron que examinarían al Aiatul·lah Yamâl Isfâhânî en tres materias: Filosofía, Fiqh (Jurisprudencia) y Usûl Al-Fiqh (Principios de Jurisprudencia)”. El Aiatul·lah ‘Assâr cuenta: “El comisionado para examinarle en Filosofía, esto es, en el libro Al-Asfâr, era yo, y no recuerdo el nombre de las otras dos personas que debían examinarle en Fiqh y Usûl Al-Fiqh. Se había convenido que los tres nos presentaríamos en sus clases y que cada uno se ubicaría en un ángulo de la multitud y le haríamos preguntas en medio de las mismas.

    Yo tenía conmigo el libro Al-Asfâr, y cuando en medio de la clase el Aiatul·lah Yamâl Isfâhânî explicaba los temas yo le planteaba cuestiones del mismo libro Al-Asfâr. Desde el púlpito se dirigió a mí y dijo: “Yo no le responderé de esa manera. Usted abra una página de Al-Asfâr en forma aleatoria y lea el principio de la misma”. Yo hice así, y al leer el primer renglón, dijo: “¡Es suficiente!”. Y entonces él leyó toda la página de memoria sin el menor error gramatical y con su traducción correspondiente. Luego dijo: “¿Usted vino a examinarme? Yo no tengo nada de mí mismo. Todo lo que tengo es por el Señor de los piadosos, ‘Alî Ibn Abî Tâlib (P)”.

    Luego el Aiatul·lah Yamâl Isfâhânî narró un carisma de Amîr Al-Mu’minîn ‘Alî (P) diciendo: “Yo estudié cuarenta años en la ciudad de Nayaf, y luego de que llegué al grado de Iytihâd y a los altos niveles de estudio, mi padre envió desde Isfâhân a un grupo de sabios y de comerciantes para que yo regresara a Isfâhân y me hiciera cargo de la jefatura de la hawzah o escuelas religiosas de Isfâhân. La noche anterior a mi partida desde Nayaf a Irán, de repente fui aquejado de fiebre tifoidea y estuve inconsciente por cuarenta días. Tras cuarenta días, Al·lah me dispensó Su gracia y me desperté todo sudoroso. Ahí me di cuenta que no recordaba nada de lo que había aprendido desde el principio de mi vida. Esto es, todos mis conocimientos habían desaparecido, como si nunca los hubiera tenido.

    Quedé apesadumbrado y en ese estado llegué ante la tumba de Amîr Al-Mu’minîn ‘Alî (P) y comencé a manifestar humildad y a llorar. Dije: “¡Imam! Por espacio de cuarenta años me aprovisioné de tu mesa extendida, y ahora que quiero volver a mi país mis manos están vacías. ¡Tú eres un mar de generosidad!”. Al llegar a este punto el fallecido Aiatul·lah ‘Assâr se echó a llorar. El fallecido Aiatul·lah Hayy Yamâl prosiguió: “Tanto lloré que me envolvió un estado entre sueño y lucidez y vi al Imam (P). Lo vi que ponía en mi boca un dedo de miel y me acariciaba y entonces retornó a mí la lucidez. Cuando regresé a la casa vi que me sabía de memoria todo lo aprendido desde el principio de mi vida hasta ese momento”.

    Luego el Aiatul·lah Yamâl lloró y dijo: “¡Señores! Yo no tengo nada de mí mismo. Todo lo que tengo es por mi Señor Amîr Al-Mu’minîn (P). Venid y examinadme que por gracia de Dios y la deferencia de Amîr Al-Mu’minîn (P) sé de memoria todos los libros de estudio”.

    Aquí el Aiatul·lah ‘Assâr lloró y dijo: “Cuando el Aiatul·lah Hayy Agha Yamâl contó eso, se produjo una agitación entre la multitud de religiosos, y yo me levanté y froté por mis ojos el calzado de esa gran persona, en procura de bendiciones”.

  • 4. Sabio practicante y consumado místico y luchador en el camino de Dios, el Shaij Muhammad Taqî Bâftî Iazdî, quien se enfrentó al Sha Rezâ Khân en el Santuario de Fatima Ma‘sûmah (P) a causa de los sucesos del movimiento de “supresión del hiyâb”. Luego de golpearle e insultarle, Rezâ Khân le confinó en la ciudad de Ray. Hasta el final de su vida estuvo confinado en dicha ciudad. Aquellos que mantuvieron una relación cercana con esta gran personalidad, cuentan de él muchos carismas. Entre ellos se encuentra un sirviente suyo, el fallecido Shaij Ismael, nativo de la ciudad de Ray y me contó lo siguiente: “Al final de su vida, el Shaij no podía salir de su casa a causa de la enfermedad.Un día me preguntó: “Cuando visitas el Santuario de ‘Abdul ‘Adzîm Al-Hasanî -que Al·lah esté complacido de él-, ¿lees la invocación de visita de cada uno de los tres hijos de Imames (P) enterrados allí, en el interior de sus santuarios? ¿O acaso lees la ziârah (salutación de visita) del Seîied Tâhir desde afuera de su panteón?” (En ese entonces todavía no se habían realizado las modificaciones del Santuario y el sepulcro del Seîied Tâhir se hallaba separado). Le respondí: “Para leer la ziârah del Seîied Tâhir no ingreso a su santuario sino que lo hago desde afuera”.

    El Shaij dijo: “Eso no es correcto. ¿Vas a visitar a esas tres grandes personas; visitas de cerca a dos y lo haces desde afuera del santuario con el tercero? Eso es una falta de respeto. La próxima vez que vayas al santuario ingresa al panteón del Seîied Tâhir -que la complacencia de Al·lah sea sobre él-, realiza la ziârah y di: “El Shaij te envía sus saludos”. Shaij Ismael dijo: “Siguiendo la recomendación del Shaij ingresé al panteón del Seîied Tâhir. No había nadie adentro. Recordé lo que me dijo el Shaij y le trasmití sus saludos… ¡y escuché que tres veces desde el interior de la tumba me respondían: “¡Labbaik, labbaik, labbaik! (¡Te respondo, te respondo, te respondo!)”.

  • 5. Sûra Iûsuf, 12: 9.
  • 6. Sûra Iûsuf, 12: 22.
  • 7. En ese encuentro Yenâbe Shaij también mencionó otros puntos, que señalaremos en la Primera Sección de la Tercera Parte bajo el título: “Las orientaciones individuales”.
  • 8. Aparentemente este suceso le acaeció a la edad de 23 años.
  • 9. Los interesados en familiarizarse con más hadices sobre el tema, pueden referirse al libro Mîzân Al-Hikmah, 10, 4988, 3390, 3391.
  • 10. Mîzân Al-Hikmah, 10, 4988, 3390, 16942.
  • 11. Mîzân Al-Hikmah, 10, 4990, 3391, 16956.
  • 12. Mîzân Al-Hikmah, 10, 4988, 3391, 16950.
  • 13. Nahy Al-Balâgah, Disertación Nº 222.
  • 14. Mafâtîh Al-Yinân: Al-Munâyât Ash-Shâ‘banîiah.
  • 15. «Y a aquéllos que se esfuerzan por Nosotros hemos de guiarles por Nuestros caminos». (Al-‘Ankabût, 29: 69).
  • 16. Mîzân Al-Hikmah, 4, 1602, 1160, 5359.
  • 17. Mîzân Al-Hikmah, 4, 1602, 1160, 5360.
  • 18. El representante del sabio encargado de los asuntos de los musulmanes (wali al-faqih), e Imam de la Oración del Viernes en Zainabîiah (Santuario de Hadrat Zainab (P), en Damasco), también narra de Yenâbe Shaij la historia que sigue.
  • 19. Esta historia fue transmitida por dos de los adeptos de Yenâbe Shaij con ligeras diferencias. El texto es acorde a lo transmitido por Aiatul·lah Fahri, a excepción de la expresión “un pensamiento reprobable”, que es según la otra transmisión.
  • 20. Bal‘am Bâ‘ûrâ fue un sabio cuyas súplicas eran respondidas. Él tenía doce mil discípulos, pero como resultado de los deseos mundanales, asistió al gobernante tirano de su época, a tal punto que estuvo dispuesto a imprecar contra el ejército de Moisés (P). El Sagrado Corán al mencionar el destino de ese sabio sumido en los deseos mundanos, lo asemeja a un perro y dice: «Su ejemplo es como el del perro: si lo atacas jadea y si lo dejas jadea» (Sûra Al-A‘râf; 7: 176). Ver Tafsîr Al-Mîzân, t.8, p.339, Tafsîr Al-Qummmî, t.1, p.248; Munîat Al-Murîd, p.151.
  • 21. Al-Kâfî, t.2, p.352, hadiz 7; Mîzân Al-Hikmah, 10, 4856, 3330, 16627.
  • 22. Bihâr Al-Anwâr, t.58, p.39.
  • 23. Muhay Ad-Da‘awât, p.68; Bihâr Al-Anwâr, t.85, p.214.
  • 24. Fue uno de los sabios piadosos a quien Yenâbe Shaij visitaba a menudo y sobre quien decía: “Se irradia de él una luz brillante que asciende a los cielos”. En uno de esos encuentros, cuando Yenâbe Shaij estaba regresando, el fallecido Aiatul·lah Kuhestanî le acompañó un trecho de un kilómetro hasta el camino principal. Años más tarde, cuando le comentaron lo que Yenâbe Shaij dijo sobre él, expresó: “En ese tiempo hacíamos recuerdos de Dios”.Aquí será digno de mencionar un carisma del Aiatul·lah Kuhestanî. El hábil disertante, Huyyatulislam wal Muslimîn Seîied Qâsim Shuyâ‘î me narró lo siguiente: “El Señor Sadrâî Ashkevarî, de entre los disertantes religiosos de la ciudad de Rasht, tuvo una complicación al corazón, por lo que lo trajeron desde Rasht hasta Teherán, donde fue internado en el Hospital Abân. Un día el Shaij Falsafî (el famoso disertante) me llamó y me pidió que fuésemos juntos a visitarle. Durante la visita el Shaij Falsafî le preguntó al señor Ashkevarî cómo estaba.
    Dijo: “Mi asunto marcha por el favor del Señor de los Mártires (el Imam Husein, con él sea la paz)”.

    Dijo el Shaij Falsafî: “¡Todos nos beneficiamos del favor del Señor de los Mártires!”.

    Dijo el señor Ashkevarî: “Sí pero para mí tiene una consideración especial”.

    El Shaij Falsafî tuvo curiosidad por saber cómo era el asunto. El señor Sadrâî dijo: “Tengo una parcela de tierra que uso para sembrar té. Es un favor del Señor de los Mártires que reservé para administrar en mis asuntos en la vejez”. El Shaij Falsafî dijo: “¿Y por qué dice que es un favor del Señor de los Mártires?”. Respondió: “Una vez yo ya había redactado un contrato de compraventa para vender esa parcela. Dos días después fui a visitar al Aiatul·lah Kûhestanî. Cuando ingresé él me dijo: “¡Sadrâ! ¡¿Por qué quieres vender ese favor real?”. Le dije: “¡¿Qué tengo que ver yo con el Sha como para tener un favor real?!”. Me dijo: “¡No me refiero a eso! ¡Me refiero al Señor de los Mártires! Esos usurparon esos términos. ¿Recuerdas cuando eras joven y fuiste al Santuario del Señor de los Mártires, y cerca de la cabecera de la tumba acercaste tu cabeza al enrejado y dijiste: “¡Oh Señor de los Mártires! Quiero un favor por el cual pueda administrar mis asuntos en los tiempos de vejez”? Bien. Esa parcela de tierra fue la respuesta a tu ruego. ¿Ahora quieres venderla?”.

    El Seîied Qâsim Shuyâ‘î continúa diciendo: “Entonces quedé conmovido y decidí ir a ver al Aiatul·lah Kuhestanî. Pero esos días coincidieron con los de la Peregrinación y partí hacia la misma como religioso de una de las caravanas. Con nosotros había un médico llamado Dr. Tahmasabî a quien le dije: “Yo quería ir a visitar al Aiatul·lah Kûhestanî pero no se dio”. Él me dijo: “Yo soy su médico”. Dije: “¡Qué bien! Ahora mismo prométame que cuando volvamos a Irán me llevará a verle”.

    Me dijo: “Cuando yo estaba viniendo aquí él se encontraba muy enfermo. Tenía la presión muy alta. Asimismo sufría de ácido úrico”. Me quedé preocupado, hasta que de La Meca nos trasladamos al desierto de ‘Arafât. Allí leí la súplica de ‘Arafât prestando atención a su contenido. Cuando llegué a la frase que dice “ciego es el ojo que no Te ve” me conmoví y derramé una lágrima, y en ese estado dije: “¡Dios mío! Yo no tengo nada de mí, pero sé que soy seîied (descendiente del Profeta) y voy a valerme de eso ahora. Te pido por el derecho de mis padres y abuelos que cures al Aiatul·lah Kûhestanî”.

    Volví a Irán pero no me fue posible ir a visitar al Aiatul·lah Kuhestanî. Fui a la ciudad de Mash·had. A las once y media de la noche me encontraba en Dar As-Siâdah y vi que traían a un anciano en brazos. Pregunté: “¿Quién es él?”. Me dijeron: “Es el Aiatul·lah Kûhestanî”. Yo no lo había visto antes. Lo saludé, me incliné y le besé la mano. Cuando me incliné me puso la mano en el hombro y me dijo: “¡Shuyâ‘î! ¡Qué Dios te otorgue un buen final! ¡La súplica de ‘Arafât me llegó!”.

    Todo mi cuerpo se llenó de sudor y ahí mismo quedé sentado. Mi esposa me preguntó: “¿Qué pasa?”. Dije: “Nada. Déjame estar un momento sentado”. Estuve sentado cerca de media hora. ¡Señor Ray Shahrî! Dios es testigo de que en ‘Arafât no había nadie al lado mío y yo rogué por él cuando me cayó una lágrima mientras leía en voz baja la súplica de mi libro. Yo rogué por él, y él en el Santuario del Imam Ridâ (P) me dice: “¡Tu súplica de ‘Arafât me llegó!”. Esa es una anécdota sorprendente.

  • 25. Mafâtîh Al-Yinân. Las 15 letanías. Letanía de los Recordadores de Dios.
  • 26. Mîzân Al-Hikmah, 2, 960, 671, 3159.
  • 27. Como ejemplo de ello está mi primer viaje a la Sagrada Ciudad de La Meca. Referirse a la Novena Sección de la Tercera Parte: “El único lugar en el que fuiste objeto del afecto espiritual”.
  • 28. Sûra Al-An‘âm; 6: 75.
  • 29. Mîzân Al-Hikmah, 10, 4988, 3390, 16945.
  • 30. Sûra Aal ‘Imrân; 3: 18.
  • 31. Uno de los renombrados disertantes religiosos de Teherán, que realmente fue de entre las gentes piadosas y sagradas.
  • 32. El autor del libro “Dos tratados sobre la historia del sufismo en Irán”, en la pág 103, bajo el título “El provecho”, escribe lo siguiente: “Escuché al Dr. Mudarresî decir lo siguiente: Cuando estudiaba en la Facultad de Ciencias, a veces junto a algunos profesores de dicha Facultad, me presentaba en las reuniones semanales del fallecido Shaij Rayab ‘Alî Jaîiât –que Al·lah tenga misericordia de él- y le hacíamos preguntas complicadas de Física relacionadas a, por ejemplo, los campos magnéticos y asuntos similares. Yenâbe Shaij decía: “Preguntaré y les responderé”. Bajaba su cabeza y luego de un momento volvía en sí y daba la respuesta correcta a lo que le habíamos preguntado.
  • 33. Quien es conocido como “el padre de la química en Irán”.
  • 34. Una montaña en los alrededores de la ciudad de Ray.
  • 35. Yerno del fallecido Aiatul·lah Seîied Mahmûd, Imam de la Oración del Viernes en Zanyân.
  • 36. Sûra Gâfir; 40: 46. Narración citada en Mîzân Al-Hikmah, 2, 662, 474, 2213.
  • 37. Walîmah: Invitación a comer por motivo religioso.

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