Sensaciones Árabes e Islámicas en la literatura salvadoreña

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SHAFAQNA – «Suele llamarse Academia de Bagdad a la Casa de la Sabiduría creada por el califa Al-Mamún (siglo IX). Pero no era una tertulia, como la Academia de Platón, sino un centro de investigación patrocinado por el poder, como el Liceo de Atenas y el Museo de Alejandría. Tenía sabios, poetas y músicos; colecciones de objetos, plantas y animales; biblioteca, observatorio astronómico, laboratorios alquímicos y de farmacopea. En Bagdad, se traducen al árabe todas las obras de Aristóteles y algunas de Platón. En Bagdad, renacen las tradiciones de Alejandría: las aristotélicas o empíricas (estudio de los cielos y de las sustancias, medicina, compilación de textos y filología) y las platónicas o especulativas (matemáticas, teología, poesía, mística)».

Esta descripción del Bagdad de hace más de mil años, es increíblemente bella, y hoy increíblemente lejana. No parece real si se compara con el estado actual de las cosas en Oriente Medio. Los musulmanes no siempre fueron vistos como bárbaros y empobrecedores de la cultura, hoy tristemente para mucha gente es así, en parte por el importantísimo magisterio de la publicidad como dice Mario Vargas Llosa en uno de sus ensayos. Ahora si desempolvamos la historia a lo mejor y comprobamos que el retrato de Gabriel Zaid con el que comienza este comentario es cierto, y que en alguna medida ese legado pudo llegar hasta América y por supuesto aunque muy fragmentariamente a nuestro país, a su gastronomía, arquitectura y letras. Cosa por la cual transita esta selección.

Siempre es bueno ponerse un poco en contexto y por eso me permito unas palabras -muy pocas en realidad- sobre el legado cultural islámico y algunas de las repercusiones más tangibles en Hispanoamérica:

La expansión y las espectaculares conquistas de los musulmanes entre los siglos VIII y X, no sólo significaron vigor e ingenio militar, también puede decirse -amparándonos en la historia- que este paso fue brisa y verdor cultural. La fulgurante y alada belleza de las ciudades de Córdoba y Granada, de Bagdad, la constelación de sabios y filósofos de Isfahán y Shiraz, y la flamante poesía de los místicos de Delhi y Estambul con toda seguridad son ejemplo fiel del legado artístico que se le debe al Mundo Islámico, hubo en ese momento un enamoramiento estrecho entre el Islam y el arte, hoy nos queda al menos la fascinación. Sobre esto el historiador Juan Vernet nos ha legado estas intensas palabras:

En la época de Abd Rahman II (822-852) las tornas se han cambiado y la civilización arabigoandaluza precede, salvo en el dominio de la medicina, a la de los vencidos. Estos buscan por todos los medios tener acceso a las corrientes literarias orientales y para ello procuran dominar el árabe aun a costa de olvidar el latín.

También María Rosa Menocal, historiadora cubana, escribe:

Al-Andalus para los musulmanes, Sefarad para los judíos. Nombres que evocan un capítulo único en la historia, cuando musulmanes, judíos y cristianos lograron crear en la península Ibérica una sociedad vibrante marcada por lo convivencia en un clima de tolerancia. Un mundo donde un judío podía ser el visir del califa y el epitafio de un rey cristiano estaba escrito en latín, árabe, hebreo y castellano. Una cultura que se nutría de matemáticos, filósofos, poetas y músicos.

El escritor salvadoreño nacido en Tonacatepeque, Francisco Espinosa en Literatura Universal y Etimologías dice así:

Escritores árabes, durante la edad media, llevaron a Europa la filosofía griega. Por ejemplo Alkandi, Alfarabi y Avicena. El último era filósofo, poeta y médico. Son célebres sus Razonamientos sobre el Alma y Fuentes de la Sabiduría.

Para finalmente revelar en la misma obra que:

Asimilaron los árabes la cultura de los pueblos que sometieron a su dominio. En la literatura y, sobre todo en el cuento hay influencias de otros países como Persia, India, Grecia y Egipto. Lo demuestra la colección titulada Las Mil y una Noches, donde hay maravillosas narraciones como Aladino y la Lámpara Maravillosa, Alí Babá y los Cuarenta Ladrones y Simbad el Marino.

Espinosa acierta en señalar que la literatura de los pueblos vencidos por el Islam le proporcionaron un sinnúmero de posibilidades filosóficas, literarias, científicas y religiosas; uno de los pueblos abrazados por ese ímpetu fue el del sur de España, que entre los siglos VIII y XIII se conoció bajo el ahora casi legendario y melancólico nombre de Al-Andalus, allí tuvo lugar una interesante efervescencia cultural: varios pueblos, al menos tres credos y varias lenguas se alimentaron mutuamente, un caso bastante representativo de esa interacción lo constituye elAljamiado, un interesante ensayo lingüístico de lengua romance escrita usando el alfabeto árabe, ahora el idioma español es tal vez la lengua de la familia romance más influenciada por el árabe, un autor como Pedro Geoffroy Rivas de hecho señaló esta cuestión, aunque parcamente en su ensayo La lengua Salvadoreña y también en el texto Origen y evolución de las lenguas romances. Pero no solo nuestro idioma, también la literatura recibió esa herencia, del elemento árabe e islámico entonces se enraizó de tal manera que muchos de sus personajes sirvieron como tema de fondo para poesías, cuentos, romanceros, canciones e historias. También hay por ahí una interesantísima investigación desarrollada por Sabih Sadiq, bajo el nombre de LA INFLUENCIA DE LA POESÍA ÁRABE EN LA POESÍA ESPAÑOLA DEL SIGLO XIX, que contiene un análisis sobre el uso de metáforas árabes en la poesía en español.

Con la llegada del periodo de la Colonia en América, los españoles y también los portugueses trajeron a esta parte del mundo fragmentos de ese legado, representados por ejemplo en el arte Mudejar y en una serie de cuentos, historias y refranes. Ya bien entrados en el siglo XIX y principios del XX algunos de los mejores autores de nuestra lengua comenzaron a retomar en serio el tema en sus escritos: García Lorca, Rafael Cansinos Assens, Ángel Ganivet y Ortega y Gasset en España, Borges, Rubén Darío y Luis Cardoza y Aragón en América Latina.

En lo que se refiere a la literatura salvadoreña, tema central de esta selección, hay que saber que de acuerdo a Pedro Escalante Arce y Abraham Daura existen textos de canciones denominadas morismas que ingresaron durante la Colonia en lo que hoy es Sonsonate, también el escritor Ricardo Lindo en una pequeña investigación bajo el nombre de Moros, cristianos y brujos en San Antonio Abad, transcribe fragmentos de historias del mismo tenor que las citadas por Arce y Daura, Lindo al hablar del mundo en el que se desarrollan esas historias, asegura que «En el repertorio salvadoreño el mundo en que se mueven las historias incluye Europa, África del Norte y Oriente Medio», es decir un mundo en donde lo islámico y árabe es mayoría. Ahora bien, volviendo nuestros pasos a la investigación de Escalante y Daura, una de estas morismas que data de 1761 habría sido puesta en escena por mulatos de Sonsonate, y lo interesante es que en ella ya se hace mención de personajes islámicos, aunque en mi opinión todas estas morismas no dejan de ser copias de bolsillo de obras como El cantar del Mio Cid o La chanson de Roland. Por pura curiosidad reproduzco aquí un fragmento –nótese los arcaísmos- de esa morisma titulada Historia del redentor cautivo:

«Alá, famoso Don Carlos,

oy guarde a tu magestad,

por Celín Rojel, mi Rey,

te he venido a saludar”.

“Por crédito de Mahoma,

sagrado, y Santo Propheta,

el besaros pies y manos,

oy merezca mi obediencia”.

“Ea poderoso Mahoma,

ea Soberano Alá,

líbrame de este peligro,

sácame de este afán,

ea ilustres Mahometanos».

Posterior a la instauración de la República de El Salvador, y con el empuje de movimientos como el Modernismo, se pueden rastrear varias menciones de estos elementos orientales, por ejemplo en algunos poemas –una parte de ellos incorporados a la selección que acompaña este trabajo- recogidos en la Guirnalda Salvadoreña de Román Mayorga y en algunas revistas y textos de la época. Sin olvidar las deliciosas crónicas de Ambrogi en su paso por Oriente, también el ladino fraguador de una genealogía mora del cuento Indiofilia Tragicómica del narrador y humorista José María Peralta Lagos, o el dato de Luis Gallegos Valdés en su Panorama de la literatura salvadoreñaacerca de la existencia del texto Tratado elemental del calendario musulmán (de 1890) atribuido al historiador Santiago I. Barberena, que bien podría ser el primer escrito en abordar de manera específica una temática islámica en el país. Aunque soy consciente que en temas de investigación histórica la invitación a desbaratar los enunciados siempre está abierta.

Francisco Gavidia considerado uno de los padres fundacionales de la literatura nacional, hombre de gran hondura cultural y autor del texto Estudios Árabes, se expresó sobre el tema en una conferencia dictada en 1945 en Guatemala, en el contexto de la inauguración de un Departamento Humanístico de la Universidad de San Carlos:

Es, sin embargo, digna de mostrarse la persistencia con que la tradición arábiga se incrustó en la tradición castellana; basta recordar los cuentos de las Mil y Una Noches, y los del Conde Lucanor, traducciones de los orientales.

Es un tópico de la historia que el primer ejemplar de nuestra “Lógica” de Aristóteles fue enviado por el califa Harum-al-Raschid al emperador Carlomagno. Por consiguiente, me parece a mí que, tomadas todas las precauciones, debería dárseles alguna atención a los estudios orientales que corresponden al ramo de la civilización arábiga.

Aunque al contrario que Gavidia hubo escritores, entre ellos el célebre narrador Miguel Ángel Espino que no vieron con tan buenos ojos esta influencia, de hecho Espino en una fulminante acometida en contra de los colonizadores españoles, no perdona ni a los moros al acusar que:

Cuando la conquista, el español tenía mucho de moro; el carácter impetuoso, con llamaradas de entusiasmo, la irascibilidad, etc. El imperio árabe, conquistado en un minuto, tenía que caer porque carecía de consistencia; era una potencia hecha de espuma de jabón. Todas las obras de la violencia, son, en síntesis, raquíticas. Al árabe le faltaba la persistencia, la voluntad consciente del esfuerzo. Fatalmente para nosotros, España fue un paréntesis (a través de él saltaron los moros hasta América y dejaron sus vicios).

Después con la súbita puesta en escena del movimiento de la Teosofía, cuya fuerza indómita logró impactar a varios escritores nacionales como Alberto Masferrer, Salvador Salazar Arrúe (Salarrué), Claudia Lars entre otros. Este movimiento puso de nuevo en la palestra el tema de Oriente, de tal manera que algunas reminiscencias islámicas y árabes entraron a nuestras letras por este canal, véase por ejemplo el poema Omar de Masferrer –incluido en esta selección-. También hay un par de acotaciones de la obra de Salarrué escritas por Hugo Lindo en donde se pone de manifiesto el elemento oriental –persa y árabe- en algunas de sus más fantásticas narrativas, de hecho algunos personajes de estos cuentos tienen nombres que leídos al revés resulta que pertenecen a algunos de los más célebres protagonistas de las Mil y una noches.

De Oyarkandal por ejemplo resulta que Onidala leído al revés es Aladino, Ababila sería Alí Babá y Dabmis sería Simbad.

Así mismo la poesía y narrativa de Hugo y Ricardo Lindo también es depositaria de elementos de origen judeo-islámicos, como en los cuentos Abn Al Jaschid de Hugo, El Juicio en Santa Rosa de Lima y el apartado número V del cuento Mambrú, titulado el Laud de Aleya que se encuentra en la recopilación titulada El arca de los olvidos de Ricardo, los dos primeros incluidos en la selección que acompaña este texto.

De los otros escritores contemporáneos, ahí están por ejemplo algunos textos de Roberto Armijo, José Roberto Cea, de David Escobar Galindo, de Ricardo Castrorrivas, Julio Iraheta Santos, Rolando Costa y de otros autores aún más nuevos como Mauricio Orellana Suárez cuya novela Te recuerdo que moriremos algún día, tiene ese aroma de Oriente en su estructura y personajes, Mustafa Al-Salvadori con su poesía repleta de dadaísmo e Islam, César Alvarenga o Federico Hernández Aguilar. Y en cuanto a los elementos árabes e islámicos más frecuentes o más citados, a continuación cito algunos de ellos:

Las huríes del paraíso musulmán

-Alá (25)

-Mahoma

-Los moros

-El poeta persa Omar Khayyam

-Harún Al Rashid

-El Corán

-Palacios árabes como la Alhambra

-Ibn Rush (Averroes)

-Personajes de las Mil y una noches.

Para capitular este comentario me gustaría confesar que esta selección no es más que un muestrario o una pequeña mirada de nuestra literatura. Por otra parte la extensión de ciertos escritos que aunque me fue posible encontrar, me obligó a transcribir sólo fragmentos y en algunos casos a obviar su incorporación. También me gustaría resaltar como caso interesante el caso de los textos de la Guirnalda Salvadoreña y el uso que del lenguaje hacían nuestros poetas en ese momento, las negritas en los textos las he puesto yo con el fin de ubicar con más facilidad esos elementos de los que trata esta selección. Además el título de este trabajo lo puse pensando en uno de los más asombrosos libros de Arturo Ambrogi.

Roberto Armijo

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