La importancia de la educación

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SHAFAQNA – Desde el momento de su nacimiento hasta que se separa del ámbito familiar y comienza una vida en común con los demás, el niño debe atravesar dos etapas formativas:

1 – La etapa de la niñez, que abarca desde el primer año de edad hasta los siete años. En esta etapa el niño no está del todo preparado para recibir una educación directa puesto que él no conoce su propio mundo.

2 – Desde los siete a los catorce años. En esta etapa el intelecto se desarrolla progresivamente y se prepara para la actividad intelectual, y puede aprender y recibir instrucción.

En la primera etapa la educación debe ser indirecta, y la orden y prohibición de carácter formativa jamás debe estar acompañada de una presión psíquica, sino que el niño se familiariza con la educación y la instrucción a través de quienes lo rodean, y fundamentalmente es de esa manera que se disponen sus primeras bases morales y registra y graba en su mente buenos recuerdos y conductas apropiadas de su entorno.

En la segunda etapa no ha de permitírsele al niño hacer su parecer ni se debe pasar por alto sus desobediencias, sino que se debe contener sus insolencias, enseñarle el orden y la disciplina y refrenar sus travesuras, evitando que desperdicie el tiempo, e incentivándolo a realizar actos devocionales y beneficiosos.1

Lamentablemente, la mayoría de la gente no sabe desde cuándo debe comenzar con la educación de sus hijos. Algunos padres creen que ésta debe comenzar después de completados los seis años, y otros son de la opinión de que se debe comenzar su educación a partir de los tres años de edad. Pero son ideas equivocadas, puesto que al cumplir los tres años ya están formadas el 75% de las buenas y malas cualidades del niño.

Algunos psicólogos creen que se debe comenzar con la educación del niño desde el primer día de su vida. Otros, son precavidos hasta cierto punto y consideran que debe comenzarse con la educación del niño desde el primer día del segundo mes de vida; pero tras investigaciones científicas precisas llevadas a cabo en la Universidad de Chicago, se llegó a la siguiente conclusión:

“Todo niño sano alcanza el 50% de su nivel de comprensión a los cuatro años de edad, el 30% a los ocho años, y el 20% a los diecisiete. Entonces, el niño de cuatro años posee el 50% del poder de comprensión, y los cambios que se dan entre los dos y tres años es, por mucho, mayor y más importante que los cambios que ocurren entre los ocho y nueve años”.2

¿Por dónde comenzamos para educar al niño?

A fin de que la enseñanza y la educación sean beneficiosas, se debe comenzar mucho antes de lo que generalmente hoy se piensa, es decir, desde las semanas posteriores al nacimiento. En primer lugar se debe prestar atención únicamente a las cuestiones fisiológicas, y después del primer año a las cuestiones psicológicas.

Un punto digno de considerar es que el valor del tiempo no es el mismo para el niño, puesto que el período de un día a la edad de un año es, por mucho, más largo de lo que lo es a la edad de treinta años, y quizás capte seis veces más los sucesos fisiológicos y psicológicos. Por lo tanto, no se debe dejar pasar este período tan significativo de la infancia sin ser aprovechado. Es muy probable que a lo largo de los primeros seis años de vida sea más determinante el resultado de observar pautas y normativas de vida.3

Es por ello que Hadrat ‘Alî (a.s.) dijo:

« مَنْ لَمْ يَتَعَلَّمْ في الصِّغَرِ لَمْ يَتَقَدَّمْ في الكِبَرِ ».

“Quien no aprende durante la infancia no puede prosperar en la adultez.”4

Por lo tanto, el período de la infancia es la mejor época para aprender el modo y método correcto de vida, puesto que el poder de imitación, recepción y aprendizaje del niño es poderosísimo. En este período de su vida el niño graba en su interior todos los movimientos, palabras y comportamientos de quienes lo rodean con toda precisión, cual una película fotográfica.

Es por ello que al mismo tiempo que el cuerpo del niño se desarrolla y perfecciona, se debe orientar su psiquis de forma correcta para que las cualidades elogiables se dispongan en su ser, puesto que es muy difícil modificar las conductas morales de los niños que no han sido educados con un método adecuado.

Las personas más felices y afortunadas son aquéllas que desde el principio crecieron con una educación correcta y sana, y los atributos exaltados y valiosos se les han fijado en cuerpo y alma.

Algunos psicólogos consideran al niño como un arbusto pequeño cuyo estado pueden cambiar fácilmente los jardineros mediante programas correctos. Pero es muy difícil corregir a quienes, al igual que un árbol añoso, se acostumbraron a una formación baja e indeseable, y aquel que desee cambiar el comportamiento de este tipo de personas deberá soportar muchas dificultades.5

El Profeta es el modelo de la gente

Dice Dios en el Corán:

﴿ لَقَدْ كَانَ لَكُمْ فِي رَسُولِ اللَّهِ اُسْوَةٌ حَسَنَةٌ ﴾

«Realmente tenéis en el Mensajero de Dios un excelente ejemplo.»6

A lo largo de la historia, el Noble Mensajero del Islam (s.a.w.) fue el más grande modelo para la humanidad, puesto que, antes de ser maestro y guía de la gente a través de su lengua, fue el mejor educador y líder a través de su conducta personal.

La personalidad del Profeta (s.a.w.) no sólo conforma un ejemplo para una época, una generación, una nación, una religión, o un lugar en particular, sino que conforma un símbolo universal y eterno para toda la gente de todos los tiempos.

Considerando y basándonos en testimonios y pruebas fiables, seguidamente analizaremos el comportamiento y métodos prácticos que el Noble Mensajero (s.a.w.) aplicaba con relación a los niños:

Brindar consideración al niño

En el mundo actual se le da mucha importancia al niño; el Estado le pone sumo cuidado a la educación de los niños y al respeto por su personalidad en la familia y sociedad, pero aún así, el mundo de hoy no otorga una atención a la educación de los niños tal como lo hacía el gran Profeta de los musulmanes.

Aún cuando a veces los gobernantes y dirigentes de los países avanzados visitan orfanatos y jardines de infantes y pasan una o dos horas con los niños, e incluso a veces los alzan y se toman fotografías y filmaciones de estas escenas, escribiéndose muchos artículos al respecto y reflejando así en la opinión pública su grado de respeto hacia los niños, a pesar de ello hasta ahora ninguna persona ha mostrado tanto afecto, ni ha amado ni abrazado a los niños de la manera que lo hizo el Noble Profeta del Islam (s.a.w.), con tanta simpleza y dulzura, en las arterias y calles. El Profeta (s.a.w.) sentía un amor especial por todos los niños, ya sean éstos sus hijos o los de los demás; es así que escribieron respecto a él:

« التَّلَطُّفُ بِالصِّبْيانِ مِنْ عادَةِ الرَّسُول ِ».

“Ser afectuoso con los niños forma parte de los comportamientos particulares del Profeta (s.a.w.).”7

El resto de los líderes religiosos e Imames de la Shî‘ah continuaron esta misma práctica, y brindaban consideración a los niños. A continuación mencionaremos algunos casos:

1. Hacer preguntas al niño

Hadrat ‘Alî (a.s.) siempre formulaba preguntas relacionadas al saber a sus hijos en presencia de la gente, y en algunos casos dejaba a su cargo la respuesta a las preguntas de la gente.

Cierto día ‘Alî (a.s.) hizo algunas preguntas respecto a varios temas a sus hijos, el Imam Al-Hasan y el Imam Al-Husein (a.s.), y cada uno de ellos, con expresiones cortas, le respondieron sabiamente. En ese momento ‘Alî (a.s.) se percató de la presencia de una persona llamada Hâriz Al-A‘uar en la reunión y le dijo:

“Enseña estas palabras sabias a tus hijos, puesto que fortalecerán su intelecto, mente y pensamiento.”8

Con este accionar, Hadrat ‘Alî (a.s.) respetó a sus hijos de la mejor manera, originando en su ser mayor carácter e independencia.

2. Buen trato

Uno de los factores fundamentales con los que se brinda consideración al niño es el buen trato y las buenas maneras para con él, lo cual explicó el Mensajero de Dios (s.a.w.) en una expresión muy breve, ordenándoles abiertamente a sus seguidores a llevarla a cabo: “Respetad a vuestros hijos y comportaos con ellos educadamente y de manera agradable.”9

Por lo tanto, quienes pretendan que sus hijos tengan personalidad deben, de seguro, orientarlos con una enseñanza adecuada, evitando dirigirse a ellos con una conducta mala, desagradable y ofensiva, porque con maneras desagradables jamás podrán educar hijos dignos y con personalidad.

3. Cumplir con las promesas

Cumplir con las promesas es uno de los factores que origina confianza en el niño y que es muy efectivo en desarrollar su personalidad. Los justos Imames del Islam hicieron muchas recomendaciones respecto a los niños. Seguidamente mencionaremos algunos ejemplos:

Dijo Hadrat ‘Alî (a.s.): “No es apropiado que la persona mienta, ya sea que lo haga en serio o en broma. No es apropiado que alguien le prometa algo a su hijo y no le cumpla.”10

Dijo ‘Alî (a.s.): Dijo el Mensajero de Dios (s.a.w.): “Si alguno de vosotros promete algo a su hijo, debe cumplirlo y no infringir su promesa.”11

En las fuentes y documentaciones de hadices de la Shî‘ah se transmitieron innumerables narraciones de boca de los honorables Imames de Ahl-ul Bait (a.s.) respecto al tema del cumplimiento de las promesas por parte de los padres, pero para ser breves nos abstendremos de mencionarlas.

4. Familiarizar al niño con las dificultades

Otra de las maneras de brindarles carácter a los niños es por medio de familiarizarlos, especialmente a los varones, con las dificultades, a fin de que en el futuro puedan hacer frente a los problemas, puesto que los niños deben percatarse en la práctica que para obtener algo se requiere de esfuerzo y denuedo, y si un niño no está familiarizado con los problemas y dificultades, en el futuro se perturbará ante las diversas adversidades de la vida, y finalmente se desanimará. Esta realidad también fue explicada en las narraciones de los líderes de la religión.

Dijo el Imam Mûsa ibn Ÿa‘far (a.s.): “Es mejor que el niño se enfrente en la niñez con las dificultades y los problemas inevitables de la vida -que es el precio que hay que pagar por la vida- a fin de que sea tolerante y paciente durante su juventud y adultez.”12

Cabe mencionar que el hecho de familiarizar al niño con los problemas no debe ocasionarle inconvenientes; es decir, los trabajos que se le deleguen no deben sobrepasar sus capacidades. Por lo tanto, se debe tener en cuenta la capacidad del niño.

El Mensajero de Dios (s.a.w.) mencionó cuatro puntos a este respecto:

1- Aceptar lo que el niño realizó de acuerdo a sus capacidades.

2- No requerir del niño aquello que para él resulta engorroso e insoportable.

3- No inducirle a pecar y desobedecer.

4- No mentirle y no actuar tontamente frente a él.13

En otras narraciones se transmitió lo siguiente:

Cierto día, cuando el Mensajero de Dios (s.a.w.) tenía siete años, le preguntó a su nodriza y madre de leche (Halîmah As-Sa‘dîiah): “¿Dónde están mis hermanos?” (debido a que él se encontraba en casa de Halîmah, llamaba hermanos a los hijos de ésta). Ella respondió: “¡Querido hijo! Ellos llevaron a pastar a los corderos con los que Dios nos agració por la bendición de tu presencia aquí”. Dijo el niño: “¡Madre! No te comportaste en forma justa con relación a mí”. La madre preguntó: “¿Por qué?”. Dijo: “¿Acaso es apropiado que yo me quede bajo la sombra de la tienda bebiendo leche, mientras mis hermanos se encuentran en el desierto bajo los ardientes rayos del sol?”.14

5. Valorar el trabajo del niño

Además de todo lo que el Mensajero de Dios (s.a.w.) dijo a sus seguidores respecto a educar a los niños y brindarles consideración y carácter, él mismo aplicó todos esos puntos. Una de las prácticas del Profeta (s.a.w.) consistía en valorar los trabajos de los niños.

Se transmitió de ‘Amr ibn Huraiz que dijo: El Mensajero de Dios (s.a.w.) pasó junto a ‘Abdul·lâh ibn Ÿa‘far ibn Abî Tâlib, y a pesar de que éste era un niño, el Profeta (s.a.w.) suplicó por él de la siguiente manera: “¡Dios mío! Agrácialo con bendiciones en las transacciones o el comercio.”15

6. Ponerse de pie ante los niños

Uno de los métodos utilizados por el Noble Mensajero del Islam (s.a.w.) y por medio del cual brindaba consideración a los niños, es que a veces, por respeto a sus hijos, prolongaba la prosternación de la oración, y otras, por consideración a los hijos de los demás, finalizaba rápidamente la oración, respetando en ambos casos a los niños, y dando a la gente una lección práctica de cómo formar la personalidad de aquéllos.

Cierto día el Profeta (s.a.w.) estaba sentado cuando entraron el Imam Al-Hasan y el Imam Al-Husein (a.s.). El Mensajero de Dios (s.a.w.) se levantó de su lugar por respeto a ellos y permaneció de pie, esperándolos, pero debido a que los niños eran aún lentos en su andar, se tardaban en llegar, por lo que el Profeta (s.a.w.) se dirigió hacia ellos y les recibió. Abrió sus brazos, los alzó a ambos sobre sus hombros y se echó a andar, mientras decía: “¡Oh hijos queridos! ¡Qué buena cabalgadura es la vuestra, y vosotros, qué buenos jinetes!”.16

El Profeta (s.a.w.) también se incorporaba completamente ante Hadrat Az-Zahrâ’ (a.s.).17

7. Vislumbrar el futuro de los niños

Cierto día el Imam Al-Muÿtabâ (a.s.) llamó a sus hijos y sobrinos y les dijo: “Vosotros hoy sois los niños de la sociedad; se espera que en el futuro seáis los adultos de la sociedad. Así pues, esforzaos en obtener el conocimiento y el saber. Cuando alguno de vosotros no pueda retener en su mente y memoria los asuntos relativos al saber, escribidlos y guardad esos escritos en vuestras casas para que los utilicéis cuando os hagan falta”.18

Como pueden observar, el Imam Al-Muÿtabâ (a.s.) tuvo en consideración el futuro de los niños, familiarizando a los padres y madres con esta realidad. Por lo tanto, los líderes de la religión ponían atención al futuro de los niños, tal como leemos también en un hadîz:

Un hombre de los Ansâr, que tenía varios hijos, falleció. Él tenía cierto capital que gastó a finales de su vida en asuntos devocionales y para atraer la complacencia de Dios. Ese mismo día, sus hijos tuvieron que pedir ayuda a la gente para vivir. Esto llegó a oídos del Profeta (s.a.w.), quien preguntó: “¿Qué hicisteis con su cuerpo?”. Dijeron: “Lo enterramos”. Dijo el Profeta (s.a.w.): “Si me hubiese enterado de esto antes no habría permitido que lo enterraseis en el cementerio de los musulmanes, desde que él gastó todos sus bienes y riquezas y dejó a sus hijos mendigando entre la gente.”19

8. Enseñarles las normas (ahkâm) de la religión

La adoración, la súplica y alabanzas que los niños realizan a título de ejercitación ante la Presencia de Dios, deja un brillante efecto en su interior, si bien es posible que ellos no entiendan los significados de los términos y expresiones de la oración. Aún así, en ese mismo mundo infantil suyo comprenden el hecho de la atención a Dios, de dirigir letanías, de pedir ayuda al Creador, de suplicar y requerir ante la Presencia divina, y de sosegar el corazón en Dios y Su Infinita misericordia, sintiendo en su interior un refugio para sí, y un sosiego en su corazón durante las dificultades y al enfrentarse a las contingencias, tal como dice Dios Altísimo:

﴿ الَّذِينَ ءَامَنُوا وَتَطْمَئِنُّ قُلُوبُهُم بِذِكْرِ اللَّهِ أَلاَ بِذِكْرِ اللَّهِ تَطْمَئِنُّ الْقُلُوبُ ﴾

«Quienes creen y cuyos corazones se sosiegan con el recuerdo de Dios. ¿No es acaso cierto que con el recuerdo de Dios se sosiegan los corazones…?».20

Para que los niños desde el comienzo sean educados creyentes y adoradores de Dios, es necesario que se establezca una armonía entre su cuerpo y alma desde el punto de vista de la fe; es por ello que el Islam ordenó a los padres dirigir a sus hijos hacia Dios y enseñarles la adoración a Dios y las instrucciones religiosas, y por otro lado, ordenó que se imponga a los niños la realización de la oración y los actos devocionales a modo de ejercitación.

Mu‘awîiah ibn Wahab preguntó al Imam As-Sâdiq (a.s.): “¿A qué edad debemos imponerles a los niños realizar la oración?”. El Imam (a.s.) le respondió: “Estimuladles a realizar la oración entre los seis y siete años.”21

Dijo el Mensajero de Dios (s.a.w.) en un hadîz: “Ordenad a vuestros hijos la oración a los siete años.”22

En otra narración, el Imam Al-Bâqir (a.s.) explicó de la siguiente manera la responsabilidad que tienen los padres y madres en cuanto a la educación religiosa de los niños en las diferentes edades de los mismos:

“A los tres años enseñadle al niño la expresión de Tawhîd (Unicidad): Lâ ilâha il·la-l·lâh (No hay divinidad sino Dios). A los cuatro años enseñadle: Muhammad Rasûl-ul·lâh (Muhammad es el Mensajero de Dios). A los cinco años orientad su rostro hacia la Qiblah y ordenadle que disponga su cabeza en prosternación. A los seis años enseñadle de forma correcta a realizar el Rukû‘ (inclinación) y el Suÿûd (prosternación). A los siete años decidle al niño: Lava tus manos y rostro (haz el Wudû) y realiza la oración.”23

Los padres, madres y maestros deben tener en cuenta que la religión constituye su mayor ayuda y auxiliar, puesto que la fe es como una antorcha encendida que ilumina los caminos más oscuros, sensibiliza y despierta las conciencias, y donde sea que exista una desviación, puede guiar sencilla y fácilmente hacia la verdad y la felicidad.

Los efectos de una correcta educación en el niño

La correcta educación de los niños ocasiona que tengan independencia de voluntad y desarrolla en ellos la confianza en sí mismos, y el respeto los convierte en individuos con personalidad, puesto que un niño que desde el comienzo se percata de su valor, cuando crece no se siente inferior, tal como se transmitió en las narraciones islámicas sobre que: el niño y su corazón son como una tierra desprovista de semillas y plantas, por lo que, acepta a la perfección cualquier semilla que se siembre en ella, y la hace crecer en su interior.24

A título de ejemplo, la personalidad de ‘Alî (a.s.) alcanzó la cima del florecimiento por efecto de haber sido educado en el regazo colmado de misericordia y amor del Mensajero de Dios (s.a.w.). A pesar de que, desde el punto de vista físico y psíquico ‘Alî (a.s.) no era un niño común y corriente, sino que en su existencia se encontraban aptitudes especiales, no se deben ignorar los cuidados especiales del Profeta (s.a.w.).

Otro de los efectos de la correcta educación del niño es que lo forma valiente e intrépido, lo cual podemos observar muy bien en la formación del Imam Al-Husein (a.s.).

Dijo Ibn Shahâb: “Un día viernes el segundo Califa de los musulmanes se encontraba sobre el púlpito, cuando el Imam Al-Husein (a.s.), que era un pequeño niño, entró a la Mezquita y dijo: “¡Oh ‘Umar! ¡Bájate del púlpito de mi padre!”. ‘Umar lloró y dijo: “¡Tienes razón! Éste es el púlpito de tu abuelo. ¡Espera, sobrino!”. El Imam Al-Husein (a.s.) tomó la ropa de ‘Umar, y mientras la tironeaba, decía: “¡Bájate del púlpito de mi abuelo!”. ‘Umar, tras verse obligado a cortar su discurso, se bajó del púlpito y realizó la oración. Tras concluida la oración mandó llamar a Imam Al-Husein (a.s.). Apenas Al-Husein (a.s.) llegó, ‘Umar le preguntó: “¡Sobrino! ¿Quién te ordenó que me trates así?”.

El Imam Al-Husein (a.s.) dijo: “Nadie me ordenó hacer eso”; y repitió esta frase tres veces, siendo que el Imam Al-Husein (a.s.) aún no había llegado a la pubertad.25

Se transmitió en la biografía de Imam Al-Ÿawuâd (a.s.), que tras el fallecimiento del Imam Ar-Ridâ (a.s.), Al-Ma’mûn -el Califa de turno- llegó a Bagdad. Cierto día que se dirigía a cazar, llegó a una región donde tres niños jugaban. El Imam Al-Ÿawuâd (a.s.), el honorable hijo del Imam Ar-Ridâ (a.s.), que en ese entonces tenía unos once años, también estaba parado entre los niños. Cuando Al-Ma’mûn y sus parientes llegaron allí, todos los niños escaparon, pero el Imam Al-Ÿawuâd (a.s.) se quedó parado allí. Cuando el Califa se le acercó, lo miró y se vio sumamente atraído por su rostro. Se detuvo y le preguntó: “¿Qué es lo que ocasionó que no te fueras con el resto de los niños?”.

El Imam Al-Ÿawuâd (a.s.) le respondió inmediatamente: “¡Oh Califa de los musulmanes! El camino no es estrecho como para que con mi partida lo ensanche para dar paso al Califa. Tampoco cometí ningún delito como para huir por temor a ser castigado. Yo presumo bien del Califa y me imagino que no causa ningún daño a los inocentes. Es por ello que me mantuve de pie en mi lugar y no huí”.

Al-Ma’mûn se sorprendió por esas palabras lógicas y sólidas, y por su atractivo y cautivador rostro. Le preguntó: “¿Cómo te llamas?”. Le respondió: “Muhammad”. Le preguntó: “¿Quién es tu padre?”. Respondió: “‘Alî ibn Mûsâ Ar-Ridâ (a.s.).”26

Capítulo 2: El amor

“Amad a los niños y sed cariñosos con ellos.”

– Del Noble Profeta del Islam (s.a.w.) –

El amor por los niños

Así como el niño necesita de comida, agua y aire, también necesita de amor y caricias, puesto que el amor constituye su mejor alimento espiritual; es por ello que al niño le agrada besar, oler y abrazar, y lo disfruta.

Por lo tanto, quien desde el comienzo de su infancia disfrutó de manera suficiente del amor y cariño de sus padres y se sació de la refrescante vertiente del amor, posee un espíritu feliz y una mente entusiasta.

En las narraciones de los líderes de la religión se explicó y aconsejó de diferentes maneras con relación al cariño que se debe tener por el niño. Seguidamente mencionaremos algunas de ellas:

En la Jutbah ash-Sha‘bânîiah, en tanto explicaba las responsabilidades de la gente, el Mensajero de Dios (s.a.w.) dijo: “Respetad a vuestros mayores y mostrad compasión y afecto a vuestros niños.”27

Dijo en otro hadîz: “Quien no siente compasión ni amor por los niños musulmanes y no respeta a los mayores, no es de los nuestros.”28

En otra narración dijo: “Amad a los niños y sed cariñosos con ellos.”29

‘Alî (a.s.) aconsejó lo siguiente en su lecho de muerte y antes de alcanzar el martirio: “En tu familia sé compasivo con los niños y respeta a los mayores.”30

En otra narración dijo lo siguiente a sus seguidores: “En su comportamiento el niño debe imitar a los mayores, y los mayores también, indefectiblemente deben ser cariñosos con los niños, no sea que se comporten como los infieles y opresores de la Época de la Ignorancia.”31

Dijo el Imam As-Sâdiq (a.s.): “El hombre que ama mucho a su hijo se ve abarcado por la Misericordia y el Favor especial del Grandioso Dios.”32

El amor del Profeta (s.a.w.) por los niños

Dijo ‘Alî (a.s.): “Yo era un pequeño niño y el Profeta (s.a.w.) me sentaba en su regazo y me abrazaba, pegándome a su pecho, y a veces me hacía dormir en su lecho, y por cariño, apoyaba su rostro sobre el mío, y yo podía percibir su exquisito perfume.”33

Así es, el niño necesita de cariño; se le debe acariciar la cabeza y mirarlo con los ojos del amor, haciéndolo feliz a través de una cálida y amorosa mirada.34

El Mensajero de Dios (s.a.w.) a tal punto era tierno con los niños, que se transmitió que en el evento de la llegada del Profeta (s.a.w.) a Tâ’if, los niños de Tâ’if le arrojaban piedras, pero el Mensajero de Dios (s.a.w.) no les impedía hacerlo, y era ‘Alî (a.s.) quien alejaba a los niños de él.35

Cuando el Mensajero de Dios (s.a.w.) veía a los niños de los Ansâr, pasaba su mano sobre sus cabezas, los saludaba y rogaba por ellos.36

Dijo Anas ibn Mâlik: “No vi a nadie más cariñoso con su familia que el Mensajero de Dios (s.a.w.).”37

Él cada día a la mañana acariciaba la cabeza de sus hijos y nietos38, y mostrar ternura, amor y afecto por los niños era una de las características del Mensajero de Dios (s.a.w.).

Cierto día el Profeta (s.a.w.) junto a sus Compañeros caminaban por un camino donde había unos niños jugando. El Profeta (s.a.w.) se sentó junto a uno de ellos, besó su frente y fue cariñoso con él. Al preguntársele la razón por la que había actuado de esa manera, respondió: “Un día vi que este niño jugaba con mi hijo Al-Husein (a.s.) y levantaba la tierra bajo los pies de Al-Husein (a.s.) y la frotaba por su rostro. Por lo tanto, ya que él es de los amigos de Al-Husein, yo también lo quiero. Gabriel (a.s.) me ha informado que este niño será de los compañeros de Al-Husein (a.s.) en Karbalâ’.”39

Dijo el Imam As-Sâdiq (a.s.): Mûsâ ibn ‘Imrân (Moisés) preguntó en sus letanías: “¡Dios mío! ¿Cuál es la mejor acción ante Ti?”. Se le reveló: “¡Amar a los niños es el mejor accionar ante Mí! puesto que el niño en su esencia es adorador de Dios y Me ama. Si un niño fallece, Yo, a través de Mi Misericordia, lo hago ingresar en Mi Paraíso.”40

Pero no se debe exagerar en el amor que se siente por los niños, puesto que resultará perjudicial, y esa es la razón por la que en las narraciones islámicas se prohibió hacer eso.

El cariño del Mensajero de Dios (s.a.w.) por el Imam Al-Hasan (a.s.) y el Imam Al-Husein (a.s.)

El Profeta (s.a.w.) sentía un gran afecto por sus hijos, el Imam Al-Hasan y el Imam Al-Husein -la paz de Al·lâh sea con ambos-. Esta realidad fue expresada en diversos testimonios históricos, y a continuación mencionaremos algunos ejemplos de ello:

Se transmitió en los libros de Ahl as-Sunnah que ‘Abdul·lâh ibn ‘Umar dijo: Dijo el Mensajero de Dios (s.a.w.): “Al-Hasan (a.s.) y Al-Husein (a.s.) son mis flores de rico perfume en el mundo.”41

Se transmitió de Anas ibn Mâlik que: Se le preguntó al Mensajero de Dios (s.a.w.): “¿A quién de tu familia quieres más?”. El Mensajero de Dios (s.a.w.) dijo: “Quiero a Al-Hasan y a Al-Husein más que a nadie.”42

En otra narración dijo Sa‘îd ibn Râshid: El Imam Al-Hasan y el Imam Al-Husein -la paz de Al·lâh sea con ambos- corrieron hacia el Mensajero de Dios (s.a.w.), y él los abrazó y dijo: “Ellos son mis dos flores de rico perfume en el mundo.”43

Dijo el Imam Al-Hasan (a.s.): Me dijo el Mensajero de Dios (a.s.): “¡Oh hijo mío! Ciertamente que tú eres parte de mis entrañas. ¡Dichoso de aquel que te quiera a ti y a tus hijos, y pobre de aquel que te matará!”.44

Era tanto el amor que sentía el Mensajero de Dios (a.s.) por Al-Husein (a.s.) que no podía soportar escuchar su llanto.

Iazîd ibn Abî Ziâd dijo: El Mensajero de Dios (s.a.w.) salió de la casa de ‘Â’ishah, y pasó por la casa de Fátima (a.s.). Escuchó el llanto de Al-Husein (a.s.) y le dijo a Fátima (a.s.): “¡¿Acaso no sabes que el llanto de Al-Husein me hace daño?!”.45

La súplica del Profeta (s.a.w.) por los niños

Otro de los hábitos en el trato del Profeta (s.a.w.) para con los niños era suplicar por ellos cuando los musulmanes llevaban a sus hijos ante él y le requerían que lo hiciera.

Ÿamrah bint ‘Abdul·lâh, transmitió que una niña dijo: “Mi padre me llevó ante el Mensajero de Dios (s.a.w.) y le pidió que suplicara por mí. El Profeta (s.a.w.) me sentó sobre su regazo, colocó su mano sobre mi cabeza y suplicó por mí.”46

Ser condescendiente con los niños

Umm-ul Fadl, la esposa de ‘Abbâs ibn ‘Abdul Muttalib, que era la nodriza del Imam Al-Husein (a.s.), dijo: Cierto día el Mensajero de Dios (s.a.w.) tomó de mí a Al-Husein (a.s.) -que en ese momento era un lactante-, y lo abrazó. El niño mojó la ropa del Profeta (s.a.w.) y rápidamente tomé al niño de él (s.a.w.), por lo que comenzó a llorar. El Profeta (s.a.w.) me dijo: “¡Tranquila Umm-ul Fadl! El agua purificará mi ropa, pero, ¿qué podrá quitar la molestia y la irritación del corazón de mi hijo Al-Husein?”.47

Se transmitió que cuando llevaban a algún niño ante el Mensajero de Dios (s.a.w.) para que suplicara por él o le diera un nombre, por respeto a sus parientes, el Profeta (s.a.w.) abrazaba al niño y lo ponía sobre su regazo. A veces sucedía que el niño orinaba en el regazo del Profeta (s.a.w.) y quienes estaban observando regañaban al niño y se mostraban severos con él para impedirle seguir orinando. Pero el Mensajero de Dios (s.a.w.) les prohibía hacer eso y decía: “No interrumpáis al niño cuando esté orinando con severidad y violencia”. De esa manera dejaba al niño que terminase de orinar tranquilamente.

Cuando terminaba de suplicar y darle un nombre, los familiares del niño tomaban a éste con suma felicidad, y no se observaba la más mínima molestia e irritación en el Mensajero de Dios (s.a.w.) por la orina de los niños. Cuando los familiares del niño se retiraban, el Profeta (s.a.w.) lavaba su ropa.48

El Profeta (s.a.w.) hacía obsequios a los niños

Uno de los hábitos del Mensajero de Dios (s.a.w.) en relación con los niños era hacerles regalos.

Dijo ‘Â’ishah: “An-Naÿÿâshî, el rey de Abisinia, envió para el Mensajero de Dios (s.a.w.) un anillo de oro hecho en Abisinia. El Mensajero de Dios (s.a.w.) llamó a Amâmah, la hija de Abî Al-‘Âss (que era prohijada del Profeta), y le dijo: “¡Oh pequeña niña! Engalánate con este regalo.”49

En otro hadîz dijo ‘Â’ishah: “Trajeron de regalo para el Mensajero de Dios (s.a.w.) un collar de oro. Todas las esposas del Mensajero de Dios (s.a.w.) se reunieron en un mismo lugar. Amâmah, la hija de Abî Al-‘Âss, que era una niña, jugaba en un rincón de la casa. El Mensajero de Dios (s.a.w.) mostró ese collar y preguntó: “¿Cómo lo veis?”. Todas lo miramos y dijimos: “Hasta ahora no vimos uno mejor y más hermoso que éste.”

Dijo el Mensajero de Dios (s.a.w.): “¡Dádmelo a mí!”. Dijo ‘Â’ishah: “La tierra se oscureció para mí. Temí que lo pusiera en el cuello de otra, y las demás también pensaban como yo. Todas estábamos calladas, hasta que Amâmah fue hacia el Mensajero de Dios (s.a.w.) y él colocó el collar en su cuello. Luego se marchó.”50

En algunas narraciones se transmitió que un beduino se presentó ante el Profeta (s.a.w.) y dijo: “¡Oh Mensajero de Dios! He atrapado un cervatillo que te lo obsequio a ti para que se lo des a tus hijos Al-Hasan y Al-Husein (a.s.)”. El Profeta (s.a.w.) aceptó el regalo y suplicó por el cazador. Luego dio aquel cervatillo al Imam Al-Hasan (a.s.)… El Imam Al-Hasan (a.s.) tomó el cervatillo y se dirigió hacia su madre Fátima (a.s.). Él estaba muy contento y jugaba con él.51

El comportamiento del Profeta (s.a.w.) con los niños de los mártires

Bashîr, el hijo de ‘Aqrîiah ibn Ÿahnî, dijo: El día de la Batalla de Uhud le pregunté al Mensajero de Dios (s.a.w.): “¿Cómo fue martirizado mi padre?”. Él respondió: “Él fue martirizado por la causa de Dios. ¡Que el Favor y la Misericordia de Dios sean sobre él!”. Yo lloré. El Profeta (s.a.w.) me tomó, pasó su mano sobre mi cabeza, me hizo subir con él en su montura, y dijo: “¿Te agradaría que yo ocupe el lugar de tu padre?…”52

En el mes de Ÿumâdâ al-Ûlâ del año 8 de la Hégira (o Emigración del Profeta (s.a.w.) a Medina), sucedió la Batalla de Mu’tah, en la cual fueron muertos tres Comandantes del ejército islámico, llamados Zaid ibn Hârizah, Ÿa‘far ibn Abî Tâlib, y ‘Abdul·lâh ibn Rawâhah. Este ejército regresó a Medina.53 Mientras entonaban himnos, el Mensajero de Dios (s.a.w.) y los musulmanes fueron a su encuentro. El Profeta (s.a.w.) también estaba montado en su cabalgadura, y decía: “¡Tomad a los niños, montadlos sobre cabalgaduras y dadme a mí al hijo de Ÿa‘far!”. Trajeron a ‘Abdul·lâh, el hijo de Ÿa‘far ibn Abî Tâlib; el Profeta (s.a.w.) lo cogió y lo sentó delante suyo, sobre su cabalgadura.54

Escribió Ibn Hishâm: “Asmâ’, la hija de ‘Umais, que era la esposa de Ÿa‘far Ibn Abî Tâlib, dijo: “El día en que Ÿa‘far fue martirizado en la Batalla de Mu’tah, el Profeta vino a nuestra casa. Yo acababa de terminar con el trabajo de la casa y el lavado e higiene de los niños. Me dijo: “¡Tráeme a los hijos de Ÿa‘far!”. Yo los traje ante él, y él abrazó a los niños y comenzó a acariciarlos, en tanto corrían lágrimas de sus ojos.

Yo le pregunté: “¡Oh Mensajero de Dios! ¡Que mis padres sean sacrificados por ti! ¿Por qué lloras? ¿Acaso recibiste noticias de Ÿa‘far y sus compañeros?”. Dijo: “Sí. Ellos fueron martirizados hoy…”.55

Así es, los hijos de los demás tampoco estaban privados de esta educación agradable y fraterna del Mensajero de Dios (s.a.w.). Se transmitió que: El Mensajero de Dios (s.a.w.) abrazaba a algunos niños, montaba a otros sobre sus hombros y decía a sus Compañeros: “Alzad a los niños; hacedlos sentar sobre vuestros hombros”), y los niños se deleitaban con esta escena, y no cabían en sí mismos por tanta felicidad, y jamás olvidaron estos dulces recuerdos. Cuán a menudo, pasado cierto período de tiempo, se reunían y se relataban lo sucedido entre sí, y con orgullo y alardeando uno decía: “¡El Profeta (s.a.w.) me alzó a mí y a ti te hizo montar sobre su espalda!”. Otro decía: “¡El Profeta les ordenaba a sus Compañeros que te hicieran sentar sobre su espalda!”.56

El comportamiento del Profeta (s.a.w.) con sus propios niños durante la oración

Dijo Shadad ibn Hâd: En una de las dos oraciones del Dzuhr (mediodía) o del ‘Asr (tarde), el Mensajero de Dios (s.a.w.) estaba junto a uno de sus dos hijos, Al-Hasan o Al-Husein (a.s.). Él se puso de pie delante de las filas y colocó al niño a su derecha. Luego hizo la prosternación y la prolongó en demasía.

El narrador dice de boca de su padre: “Entre toda la gente, yo levanté mi cabeza de la prosternación y vi que el Mensajero de Dios (s.a.w.) estaba prosternado y aquel niño se había montado sobre la espalda del Profeta (s.a.w.), y nuevamente volví a prosternarme. Cuando la oración concluyó, la gente preguntó: “¡Oh Mensajero de Dios (s.a.w.)! En la oración que hoy realizaste hiciste una larga prosternación, cosa que no hacías en el resto de las oraciones. ¿Acaso recibiste alguna orden al respecto? ¿O descendió una revelación para ti?”. Dijo: “¡Nada de eso!, sino que mi hijo se subió sobre mi espalda y no quise molestarlo, para que hiciese lo que quisiese”.57

En otro hadîz, se transmitió de Abû Bakr que: Vi que cuando el Mensajero de Dios (s.a.w.) realizaba la oración, Al-Hasan y Al-Husein (a.s.) saltaban sobre la espalda del Profeta (s.a.w.). El Mensajero de Dios (s.a.w.) sujetaba a ambos con su mano para poder erguirse de manera que cuando su espalda se enderezase ellos pudieran fácilmente pararse sobre el suelo; y cuando su oración finalizaba, colocaba a ambos sobre su regazo, pasaba sus manos sobre sus cabezas, y decía: “Estos dos hijos míos son mis dos flores de rico perfume del mundo”.

Y en otro hadîz dijo: “El hijo es una flor de rico perfume, y mi flor de rico perfume son Al-Hasan y Al-Husein (a.s.)”.58

En una narración se transmitió lo siguiente: Cierto día el Profeta (s.a.w.) realizaba la oración en un lugar, junto a un grupo de musulmanes, y cuando él se prosternaba, Al-Husein (a.s.), que era un pequeño niño, se montaba sobre la espalda del Mensajero de Dios (s.a.w.), movía sus pies y decía: “¡Arre! ¡Arre!”.

Cuando el Profeta (s.a.w.) quería levantar su cabeza de la prosternación, lo cogía y lo ponía al lado suyo sobre el suelo. Esto se repitió hasta el final de la oración.

Una persona de entre los judíos observó esto, y tras la oración le dijo al Mensajero de Dios (s.a.w.): “¡Te comportas con tus niños de una manera en la que nosotros nunca lo hacemos!”.

El Mensajero de Dios (s.a.w.) dijo: “Si vosotros hubieseis tenido fe en Dios y en su Enviado, habríais sido cariñosos con vuestros niños.” El amor y cariño que el Profeta (s.a.w.) sentía por los niños afectó profundamente al hombre judío, al punto que aceptó el Islam.59

A la vista del Profeta (s.a.w.), los niños de los demás también eran objeto de respeto, y él ponía completa atención a sus sentimientos y emociones.

Capítulo 3: Besar a los niños

“El hijo es una flor de rico perfume.”

– Del Noble Profeta del Islam (s.a.w.) –

Otra de las conductas del Mensajero de Dios (s.a.w.) en relación con los niños era el hecho de besarlos. El corolario efectivo de este comportamiento es que profundiza la relación de afecto entre los padres y el hijo, y por otro lado, es el mejor método para aplacar la sed de amor que tienen los hijos. El beso demuestra que el padre y la madre son cariñosos con sus hijos, y por otra parte, reaviva el brote del amor y el afecto en el niño, y además, hace conciente al hijo del amor que sus padres le profesan, provocando en él una renovación de fuerzas.

Es digno de considerar que el respeto que el Mensajero de Dios (s.a.w.) tenía por sus hijos se daba también en presencia de la gente, lo cual encerraba dos provechos:

Primero: Que las bases de la personalidad de los hijos se fortaleciesen mejor por medio de respetarlos en presencia de la gente.

Segundo: De esta manera el Mensajero de Dios (s.a.w.) enseñaba a la gente la forma de educar a los niños.

En el Islam se ha aconsejado mucho besar a los niños.

Dijo el Profeta (s.a.w.): “Dios registra una buena acción para Quien besa a sus hijos, y en cuanto a quien hace feliz a su hijo, en el Día de la Resurrección Dios también le hará feliz a él.” 60

Dijo ‘Â’ishah: Se presentó un hombre ante el Mensajero de Dios (s.a.w.) y dijo: “¿Acaso besas a tus hijos? ¡Yo nunca besé a niño alguno!”. Dijo el Mensajero de Dios (s.a.w.): “¿Qué puedo hacer yo si Dios ha quitado Su Misericordia de tu corazón?”.61

Encontramos en otro hadîz que un hombre fue ante el Mensajero de Dios (s.a.w.) y dijo: “¡Yo hasta ahora nunca besé a un niño!”. Apenas éste se marchó, el Profeta (s.a.w.) dijo: “Me parece que este hombre es de la gente del Fuego y del Infierno.”62

En otra narración leemos que: El Mensajero de Dios (s.a.w.) besó a Al-Hasan y a Al-Husein -la paz de Al·lâh sea con ambos-, y Aqra‘ ibn Hâbis dijo: “¡Yo tengo diez hijos, y nunca besé a ninguno de ellos!”. El Mensajero de Dios (s.a.w.) dijo: “¡¿Qué puedo hacer yo si Dios ha quitado de ti Su Misericordia?!”.63

Dijo ‘Alî (a.s.): “Besad a vuestros hijos, puesto que en cada beso hay para vosotros un grado y posición.”64

Dijo el Imam As-Sâdiq (a.s.): “Besad mucho a vuestros hijos, ya que, por cada vez que lo hagáis, Dios os elevará un grado.”65

Dijo ‘Ibn ‘Abbâs: “Yo me encontraba ante el Profeta (s.a.w.). Sobre su rodilla izquierda estaba su hijo Ibrâhîm, y sobre su rodilla derecha estaba el Imam Al-Husein (a.s.), y a veces besaba a Ibrâhîm, y otras a Al-Husein (a.s.).”66

Ser justos con los niños

Uno de los puntos que los padres y madres deben tener en cuenta, es el tema de ser justos con sus hijos, puesto que desde el mismo comienzo los niños deben probar el sabor de la justicia, palpar lo bueno de la misma y familiarizarse con ella, considerándola un requisito de su vida y de la sociedad, y de esta manera le huyan a la injusticia, a la opresión y a la discriminación, desde que nada es insignificante en la vida de un niño, por lo que hasta los más pequeños detalles relacionados a aplicar la justicia son imperiosos.

Dijo ‘Alî (a.s.): El Profeta vio que un hombre que tenía dos hijos, besó a uno pero no al otro, por lo que le preguntó: “¿Por qué no actúas con justicia?”.67

Dijo Abû Sa‘îd Al-Judrî: Cierto día el Mensajero de Dios (s.a.w.) fue a la casa de su hija Fátima (a.s.); ‘Alî estaba dormido en su lecho; Al-Hasan y Al-Husein (a.s.) también se encontraban junto a ellos. Ellos pidieron agua y el Mensajero de Dios (s.a.w.) se las trajo. Al-Husein (a.s.) se adelantó y el Profeta (s.a.w.) dijo: “¡Tu hermano Al-Hasan pidió agua antes que tú!”. Fátima (a.s.) dijo: “¿Acaso quieres más a Al-Hasan?”. Él respondió: “Ambos son iguales para mí; ninguno tiene primacía por sobre el otro (pero se debe actuar con justicia y cada uno debe beber a su turno)”.68

Dijo Anas: Un hombre estaba sentado ante el Profeta (s.a.w.) cuando su hijo llegó. El padre lo besó y lo hizo sentar sobre su rodilla. Luego llegó la hija de aquel y (sin que la besase) la hizo sentar a su lado. El Profeta (s.a.w.) le dijo: “¿Por qué no actuaste con ellos con justicia?”.69

Dijo ‘Alî (a.s.): “Actuad con justicia entre vuestros hijos, tal como os gustaría que con relación a vosotros se actúe con justicia”.70

El Profeta (s.a.w.) besaba a Fátima (a.s.)

El Profeta (s.a.w.) amaba a su hija Fátima (a.s.) en demasía, y a pesar de que ella tenía esposo e hijos, el Mensajero de Dios (s.a.w.) la besaba.

Abân ibn Taglib dijo: “¡El Profeta (s.a.w.) besaba mucho a su hija Fátima (a.s.)!”.71

Los Imames Al-Bâqir (a.s.) y As-Sâdiq (a.s.) dijeron: “En las noches, antes de dormir, el Profeta (s.a.w.) besaba a Fátima (a.s.), colocaba su rostro sobre el pecho de su hija y suplicaba por ella”.72

Dijo ‘Â’ishah: Cierto día el Mensajero de Dios (s.a.w) besó en el cuello a Fátima (a.s.), y yo le dije al Profeta (s.a.w.): “¡Oh Mensajero de Dios! ¡Con relación a Fátima actúas de una manera que no lo haces con los demás!”. El Profeta (s.a.w.) dijo: “¡Oh ‘Â’ishah! Cada vez que añoro el Paraíso la beso en el cuello”.73

¿A partir de qué edad no se debe besar al niño con el que no se tiene relación de afinidad?

Ahora se plantea este interrogante: ¿A qué edad ya no se debe besar a los niños con los que no se tiene relación de afinidad o parentesco cercano? Para responder al mismo, debemos referirnos a las palabras de los líderes de la religión.

Para los programas educativos de los niños, el Islam ha puesto especial atención en la edad comprendida entre los seis y los diez años, y ha enseñado a sus seguidores las normativas necesarias, teniendo en cuenta la armonía de las leyes divinas con la condición física y espiritual de las personas. Así, ha controlado aquel terreno favorable a los impulsos sexuales de los niños con métodos prácticos, de manera que no les sobrevengan efectos contrarios a la moral.

Por lo tanto, el Islam ha mantenido a los niños de seis años en adelante alejados de todo estímulo que despierte la excitación de los instintos sexuales, y ha ordenado a los padres y madres preparar un ambiente propicio para mantener ocultos sus propios impulsos sexuales.

Dijo el Mensajero de Dios (s.a.w.): “Que el niño no bese a una niña que ya tiene seis años; asimismo, que las mujeres se abstengan de besar a un niño (no íntimo) de entre seis y siete años (en adelante)”.74

El Profeta (s.a.w.) besaba al Imam Al-Hasan y al Imam Al-Husein (a.s.)

Además de besar a su hija Fátima (a.s.) el Mensajero de Dios amaba y besaba a los hijos de Fátima (a.s.), Al-Hasan y Al-Husein (a.s.).

Dijo Abû Hurairah: “El Profeta (s.a.w.) siempre besaba a Al-Hasan y Al-Husein (a.s.)”. ‘Uiainah, de los Ansâr, dijo: “Yo tengo diez hijos a los que nunca besé”. El Profeta (s.a.w.) dijo: “Aquel que no tiene compasión, no será objeto de la compasión de los demás”.75

Dijo Salmân Al-Fârsî: “Entré adonde se encontraba el Profeta (s.a.w.) y vi que había puesto a Al-Husein (a.s.) sobre sus rodillas y besaba su frente y a veces sus labios”.76

Dijo Ibn Abî Ad-Duniâ: (Después de la tragedia de Karbalá), en la reunión celebrada por ‘Ubaidul·lâh ibn Ziâd, cuando Zaid ibn Arqam vio que aquel corrupto golpeaba con su bastón los labios del Imam Al-Husein (a.s.), le dijo a ‘Ubaidul·lâh ibn Ziâd:

“¡Aparta tu bastón! ¡Juro por Dios, que muchas veces vi que el Profeta (s.a.w.) besaba esos labios!”. Tras decir esto, lloró. Entonces Ibn Ziâd dijo: “¡Que Dios llene de lágrimas tus ojos! Si no hubieses sido un anciano y no tuvieras tu mente deteriorada, ahora mismo habría ordenado que te decapiten”.77

Dijo Az-Zamajsharî: El Mensajero de Dios (s.a.w.) abrazó a Al-Hasan (a.s.) y lo besó. Luego lo puso sobre su rodilla y dijo: “Le conferí mi condescendencia, mi paciencia y mi gallardía”. Entonces abrazó a Al-Husein (a.s.) y lo besó; lo hizo sentar sobre su rodilla izquierda, y dijo: “Le conferí mi valentía, mi generosidad y magnanimidad”.78

Capítulo 4: Jugar con los niños

“Todo el que tenga ante sí a un niño debe comportarse con él de manera infantil.”

– Del Noble Profeta del Islam (s.a.w.) –

Otro de los métodos que tiene efecto en la formación de la personalidad del niño, es la participación de los adultos en sus juegos, puesto que los niños, por un lado, debido a la debilidad y fragilidad física que perciben en sí mismos, y por otro, debido a la fuerza y poder que observan en los adultos, y el deseo que innatamente tienen por el desarrollo y perfeccionamiento, imitan el accionar y comportamiento de los adultos y quieren asemejarse a ellos.

Cuando los padres se disponen al nivel de los niños y participan en sus juegos, obviamente el niño se regocija, divierte y entusiasma, y en su interior tiene la sensación de que sus actividades infantiles son muy importantes.

Por lo tanto, el que los adultos jueguen con los niños goza de gran valor en los programas educativos actuales, y los psicólogos consideran a esta conducta como una de las responsabilidades de los padres.

T. H. Morris, en su libro “Lecciones para los padres”, escribe:

“Debéis ser compañeros y amigos de vuestros hijos y jugar con ellos. Contadles cuentos, y mantened diálogos amigables y fraternales con ellos. Los padres y madres especialmente deben saber que deben ponerse al mismo nivel que los niños y hablarles de una manera que ellos perciban y entiendan”.79

Otro psicólogo escribe:

“Es menester que el padre participe de las diversiones y recreaciones de sus hijos. Este buen entendimiento parece ser imperioso. Por supuesto, el tiempo y el lugar y las etapas de su vida son diferentes. Sin dudas, un padre tiene poco tiempo para participar de los juegos de sus niños, pero, teniendo en cuenta el valor del mismo, o sea, el hecho de que el padre se disponga al nivel de los hijos, a ojos del niño esa poca cantidad es importante, de manera que en cualquier caso, se debe disponer de un tiempo para ello, aún cuando sea muy poco”.80

El instinto de jugar en los niños

Uno de los instintos que Dios, el Sapiente, dispuso en los niños, es el hecho que le guste jugar. Él corre, brinca, y a veces se distrae con sus juguetes, deleitándose al trasladarlos de un sitio a otro. Aún cuando en principio estos movimientos parecerían inútiles, pero ocasionan el desarrollo de su cuerpo y espíritu, y en consecuencia el cuerpo del niño se fortalece y se incrementa su poder de razonamiento e inventiva, exteriorizando su potencial. Quizás ésta sea una de las razones por las que se hizo referencia al juego de los niños en las narraciones islámicas.

El juego del niño es la ejercitación de un tipo de independencia de voluntad y a su vez suscita el poder de inventiva e innovación, puesto que cuando el niño, por ejemplo, se encuentra ocupado en la construcción de algo con sus juguetes, todo su aparato mental trabaja como un arquitecto, deleitándose con sus propios logros, y cuando a mitad del trabajo se tropieza con un impedimento, piensa en cómo resolverlo. En definitiva, todas estas actividades dejan un gran efecto en el desarrollo de su intelecto y en la construcción de su personalidad.

Dijo el Mensajero de Dios (s.a.w.): “Todo el que tenga ante sí a un niño, debe comportarse con él de manera infantil”.81

También dijo: “Que la misericordia de Dios sea sobre un padre que ayuda a su hijo en el camino de la benevolencia y a hacer el bien, lo trata con bondad, y cual un niño, es su compañero de la etapa de su niñez, formándolo sabio y educado”.82

Dijo ‘Alî (a.s.): “Dejad a vuestros hijos libres para que se aboquen al juego hasta los siete años”.83

Dijo el Imam As-Sâdiq (a.s.): “Los primeros siete años el niño juega; los siguientes siete años se ocupa en adquirir conocimiento, y los siguientes siete años aprende lo lícito e ilícito (de la legislación religiosa)”.84

Dijo ‘Alî (a.s.): “Quien tiene un niño debe comportarse infantilmente con él al educarlo”.85

El juego del Profeta (s.a.w.) con los niños

El honorable Mensajero del Islam (s.a.w.) jugaba con sus niños el Imam Al-Hasan y el Imam Al-Husein (a.s.). A este respecto se transmitieron abundantes narraciones, a algunas de las cuales haremos referencia seguidamente:

Se transmitió que cada día a la mañana el Profeta (s.a.w.) acariciaba con amor y cariño la cabeza de sus hijos y nietos, y jugaba con Al-Husein (a.s.).86

Dijo Ia‘lâ ibn Murrah: Habían invitado al Mensajero de Dios (s.a.w.) a comer y nosotros también nos encontrábamos con él, que de pronto vimos a Al-Hasan (a.s.) jugando en la callejuela. El Profeta (s.a.w.) lo vio, y delante de la gente corrió abriendo los brazos para cogerlo, pero el niño corría de un lado para otro, escapándose y haciendo reír al Mensajero de Dios (s.a.w.), hasta que el Profeta (s.a.w.) lo cogió y puso una de sus manos sobre el mentón de Al-Hasan (a.s.) y la otra sobre su cabeza; luego acercó su rostro al del niño, lo besó y dijo: “Al-Hasan es de mí y yo soy de él. Dios ama a todo aquel que le ama”.87

Se transmitió en muchas narraciones que ello tuvo lugar en relación con el Imam Al-Husein (a.s.).88

Dijo el Imam As-Sâdiq (a.s.): Cierto día el Imam Al-Husein (a.s.) se encontraba en el regazo del Profeta (s.a.w.) y éste jugaba con aquel, y se reían, cuando ‘Â’ishah dijo: “¡Oh Mensajero de Dios! ¡Qué tanto juegas con este niño!”. El Mensajero de Dios (s.a.w.) le respondió: “¡Pobre de ti! ¡¿Cómo no he de quererlo cuando él es el fruto de mi corazón y la luz de mis ojos?!”.89

Dijo Ÿubair ibn ‘Abdil·lâh: “El Mensajero de Dios jugaba con los hijos de sus Compañeros y les hacía sentar a su lado”.90

Dijo Anas ibn Mâlik: “El Profeta era la persona de mejor carácter entre la gente. Yo tenía un hermano pequeño al que acababan de destetar, y yo lo cuidaba; se apodaba Abû ‘Umair. Apenas el Profeta (s.a.w.) lo veía, decía: “¡¿Qué te hizo el destete?!”. Y él mismo jugaba con él”.91

Se transmitió en un hadîz que: “El Profeta del Islam (s.a.w.) llamaba a ‘Abdul·lâh, a ‘Ubaidul·lâh y a Kuzaîir o Quzam, los hijos de Al-‘Abbâs, que en ese entonces eran niños que jugaban, y les decía: “El que primero llegue hasta mí, su recompensa será tal o cual cosa”. Los niños hacían una carrera corriendo hacia él, ¡y el Profeta los abrazaba y los besaba!92. Y a veces los hacía montarse sobre su espalda a modo de cabalgadura, mientras acariciaba la cabeza de algunos”.93

Hacer montar a los niños

Otro de los métodos de conducta del honorable Líder del Islam (s.a.w.) con los niños era que los hacía montarse sobre su cabalgadura adelante o detrás de él. Desde el punto de vista psicológico este método para los niños resultaba muy interesante, puesto que ellos consideraban este accionar del Mensajero de Dios (s.a.w.) un honor muy valioso y preciado para sí, conformando un recuerdo inolvidable para ellos.

Un punto digno de atención es que a veces el Profeta (s.a.w.) alzaba a sus hijos sobre sus benditos hombros, y otras los hacía montarse sobre su espalda. También hacía montar a los hijos de los demás sobre su cabalgadura. En este capítulo mencionaremos algunos ejemplos de cada caso.

Tal como dijimos con anterioridad, el dilecto Líder del Islam (s.a.w.) hacía montar a sus hijos sobre su bendita espalda y jugaba con ellos, y muchas narraciones transmiten esto:

Ÿâber, el honorable Compañero del Mensajero de Dios (s.a.w.), dijo: Entré donde se encontraba el Profeta (s.a.w.) y Al-Hasan y Al-Husein (a.s.) estaban montados sobre la espalda del Profeta (s.a.w.). Él caminaba con sus manos y pies y decía: “¡Qué buena cabalgadura es la vuestra, y qué buenos jinetes sois vosotros también!”.94

Dijo Ibn Mas‘ûd: El Profeta alzó a Al-Hasan y a Al-Husein (a.s.) sobre su espalda en tanto que había montado a Al-Hasan sobre su costado derecho y a Al-Husein sobre su costado izquierdo. Cuando se movía, decía: “¡Qué buena cabalgadura es la vuestra, y qué buenos jinetes sois vosotros también! Y vuestro padre es mejor que vosotros”.95

El Profeta (s.a.w.) hacía montar a los hijos de los demás sobre su cabalgadura

El Mensajero de Dios (s.a.w.) se comportaba con los hijos de sus Compañeros de la misma manera que lo hacía con sus propios hijos, haciéndolos montarse sobre su cabalgadura. Mencionaremos algunos ejemplos al respecto:

Dijo ‘Abdul·lâh, el hijo de Ÿa‘far ibn Abî Tâlib: “Cierto día el Mensajero de Dios (s.a.w.) nos hizo montarnos detrás de él, ¡y nos habló con palabras que no repetiré a ninguna persona!”.96

Se transmitió que cada vez que el Mensajero de Dios (s.a.w.) regresaba de un viaje y se encontraba con los niños, se detenía y luego ordenaba que los alzasen, y los hacía montarse a algunos delante y a otros detrás de él. Cuando transcurrían unos momentos, los niños se decían entre sí: “¡El Mensajero de Dios (s.a.w.) me hizo subir delante de él, y a ti te hizo subir atrás!”. Otros decían: “¡El Mensajero de Dios (s.a.w.) ordenó a sus Compañeros que te hicieran subir tras él sobre su cabalgadura!”.97

Dijo Fudail ibn Iasâr: Escuché que el Imam Al-Bâqir (a.s.) dijo: “El Profeta (s.a.w.) salió de su casa para hacer algo, y cuando vio a Fadl ibn Al-‘Abbâs dijo: “¡Montad a este niño detrás de mí!”. Así, subieron al niño detrás del Profeta (s.a.w.), y él lo cuidaba”.98

Dijo ‘Abdul·lâh, el hijo de Ÿa‘far: “Yo estaba jugando con Quzam y ‘Ubaidul·lâh, los hijos de Al-‘Abbâs, cuando el Mensajero de Dios (s.a.w.) pasó junto a nosotros, y dijo: “¡Alzad a este niño (‘Abdul·lâh ibn Ÿa‘far) para que se monte!”. Me alzaron y me montaron delante del Mensajero de Dios (s.a.w.). Entonces dijo: “¡Alzad a este niño (Quzam)!”. Lo alzaron y lo montaron detrás del Profeta (s.a.w.)…”99

Se transmitieron algunas formas de cómo montaban a los niños sobre los hombros del Profeta (s.a.w.), que mencionaremos seguidamente:

1. Hacía sentar a ambos sobre sus hombros de forma que cada uno quedara de frente al otro.

2. Hacía montarse a ambos, uno de espaldas al otro, sobre sus hombros.

3. Hacía sentarse a uno sobre su hombro derecho y a otro sobre el hombro izquierdo.

4. Hacía sentarse a uno hacia adelante, sobre su hombro derecho, y a otro hacia atrás, sobre su hombro izquierdo.100

Capítulo 5: Dar de comer y beber a los niños

Dijeron sobre el Noble Profeta (s.a.w.):

“Saludaba al pequeño y al adulto.”

Una de las pesadas y delicadas responsabilidades en el camino de formar y educar a los hijos es observar la justicia y la equidad entre ellos, por lo que los padres y madres que tienen varios hijos deben mirarlos a todos con justicia, equidad e igualdad, y en la práctica, considerarlos a todos, a fin de que algunos no se sientan a menos. El Profeta (s.a.w.) se comportaba de esta manera con sus hijos; al respecto, se transmitió lo siguiente sobre una vez que dio agua a sus hijos y observó la justicia para con ellos:

Dijo ‘Alî (a.s.): El Mensajero de Dios (s.a.w.) vino a nuestra casa cuando Al-Hasan, Al-Husein y yo estábamos dormidos debajo de una manta. Al-Hasan pidió agua y el Mensajero de Dios (s.a.w.) se puso de pie y trajo un recipiente con agua. En ese mismo instante, Al-Husein se despertó y pidió agua, pero el Mensajero de Dios (s.a.w.) no le dio agua a él primero.

Dijo Fátima (a.s.): “¡Oh Mensajero de Dios! ¡Parece ser que quieres más a Al-Hasan que a Al-Husein!”. El Profeta (s.a.w.) respondió: “Al-Hasan pidió agua antes que Al-Husein (a.s.). ¡Tú, Al-Hasan, Al-Husein, el que aquí está dormido (‘Alî) y yo, nos encontraremos en un mismo sitio el Día de la Resurrección!”.101

El Mensajero de Dios (s.a.w.) también alimentaba él mismo a sus niños. Este comportamiento nos demuestra que ponía completa atención al estado anímico de sus hijos.

Dijo Salmân Al-Fârsî: Entré a la casa del Mensajero de Dios (s.a.w.) y Al-Hasan y Al-Husein comían con él. A veces el Profeta (s.a.w.) ponía un bocado en la boca de Al-Hasan (a.s.) y otras en la boca de Al-Husein (a.s.). Cuando terminaron de comer, el Profeta (s.a.w.) puso a Al-Hasan (a.s.) sobre su espalda y a Al-Husein (a.s.) sobre su rodilla; entonces se dirigió hacía a mí y dijo: “¡Oh Salmân! ¿Acaso los quieres?”. Dije: “¡Oh Mensajero de Dios! ¡Cómo no he de quererlos cuando veo cuánta posición y valor tienen ante ti!”.102

Saludar a los niños

Una de las buenas prácticas que el Noble Mensajero del Islam estableció, es la de saludar a los niños, puesto que ellos, al tiempo que son infantes, traviesos y huyen de las responsabilidades, también entienden muy bien y perciben el cariño.

Este hábito del Mensajero de Dios (s.a.w.) se contrapone a la visión de un grupo corto de miras e ignorante que no reconoce un lugar entre los adultos para los niños y considera a los hijos insignificantes y separados de ellos. Pero en la Escuela del Islam se ha advertido que todos los niños son dignos del mismo comportamiento que un adulto merece. Así es, el Profeta (s.a.w.) respetaba a los niños y se esforzaba porque ingresaran en el ámbito de la sociedad. Se transmitieron innumerables narraciones respecto a saludar a los niños:

Dijo Anas ibn Mâlik: “Hadrat Muhammad (s.a.w.) se encontró en una callejuela con algunos niños pequeños y los saludó y les dio de comer”.103

Y en otro hadîz dijo: “El Profeta (s.a.w.) vino hacia nosotros; nosotros éramos niños y él nos saludó”.104

Dijo el Imam Al-Bâqir (a.s.): El Mensajero de Dios solía decir: “Hay cinco cosas que no abandonaré hasta que muera. Una de ellas es saludar a los niños”.105

En otro hadîz se transmitió que: El Profeta (s.a.w.) saludaba a los niños y a los mayores.106 Y al momento de saludar a las personas se adelantaba a hacerlo, incluso con los niños.107 Cada vez que veía a alguien, era él quien saludaba primero y le extendía su mano.108

Dijo el Profeta (s.a.w.): “Yo observo el hecho de saludar a los niños, a fin de que después de mí quede como una tradición entre los musulmanes y todos actúen de acuerdo a ello”.109

¿Castigaba el Profeta (s.a.w.) a los niños?

¿Se valía el Profeta (s.a.w.) de los golpes y castigos físicos para educar a los niños o no?

Tras analizar en forma minuciosa la vida y proceder del Profeta (s.a.w.) deducimos que el Mensajero de Dios (s.a.w.) no se valía de los correctivos físicos para educar a los niños, a pesar de que pareciera que el castigo es un asunto necesario e inevitable, desde que son muy pocos los niños que no han sido objeto de algún correctivo o severidad en el período de su formación; pero el punto que estamos tratando es: ¿Acaso se permite aplicar un correctivo físico al niño o no?

Del análisis de las narraciones del Islam y del comportamiento de los líderes religiosos se deduce que no se debe aplicar castigos físicos a los niños. Desde el punto de vista científico y educativo, en el mundo actual se considera incorrecto golpear a los niños o hacerles daño con el propósito de educarlos o reprenderlos por un mal comportamiento, y en casi todos los países se prohíben los golpes y castigos físicos.

Pero hay personas ignorantes y desinformadas que fueron negligentes respecto al proceder de los líderes del Islam y no toman en cuenta las narraciones que prohíben golpear a los niños.

El Imam Al-Kâdzim (a.s.) dijo abiertamente a un hombre que se quejaba de su hijo: “No golpees a tu hijo y para educarlo, enfádate con él, ¡pero ten cuidado! que tu enfado no se prolongue, y reconcíliate lo más pronto posible”.110

El Mensajero de Dios (s.a.w.) no solo no aplicaba castigos físicos a sus niños sino que si alguien actuaba de esta manera él se le oponía enérgicamente y se lo reclamaba duramente. La historia ha registrado y grabado algunos ejemplos al respecto:

Dijo Abû Mas‘ûd Al-Ansârî: Yo tenía un sirviente al que golpeaba. Por detrás de mí escuché una voz que decía: “¡Abû Mas‘ûd! ¡Dios te otorgó poder por sobre él (convirtiéndolo en tu siervo)!”. Me volví y vi que era el Mensajero de Dios (s.a.w.)”. Le dije al Mensajero de Dios (s.a.w.): “¡Lo he liberado por la causa de Dios!”. El Profeta (s.a.w.) dijo: “Si no lo hubieras hecho, te habrían abarcado las llamas del Fuego”.111

Dijo el Imam As-Sâdiq (a.s.): El Mensajero de Dios (s.a.w.) se topó con un hombre de Banî Fahd que estaba golpeando a su esclavo, y ese esclavo gritaba: “¡Me refugio en Dios!”, y pedía ayuda, pero ese hombre no ponía atención a ello. Apenas la vista del siervo recayó sobre el Mensajero de Dios (s.a.w.), dijo: “¡Le pediré ayuda a él!”, y el amo dejó de golpearlo.

El Mensajero de Dios (s.a.w.) dijo al amo: “¡Teme a Dios! ¡No lo golpees! ¡Perdónalo por Dios!”. Pero aquel hombre no lo perdonó. El Profeta (s.a.w.) dijo: “¡Por el derecho de Muhammad, perdónalo, aunque Dios es más digno que Muhammad (s.a.w.) para que se perdone a alguien por Su causa!”.

Dijo el hombre: “¡Liberé a ese esclavo por la causa de Dios!”. El Profeta (s.a.w.) dijo: “¡Por el Dios que me envió como Profeta! Si no lo liberabas el calor del Fuego del Infierno te habría alcanzado”.112

Analizando la historia se deduce el hecho de que el Mensajero de Dios (s.a.w.) tampoco aplicaba castigos físicos a los niños desobedientes, y los trataba con cariño y buen carácter.

Se transmitió en la historia que cuando los soldados del Islam partían hacia la Batalla de Uhud, en medio de ellos se vio a unos niños que con entusiasmo y afición se habían alistado para estar presentes en el campo de batalla. El Mensajero de Dios (s.a.w.) se enterneció de ellos pero les hizo volver. Entre los mismos había un niño llamado Râfi‘ ibn Jadîÿ, que le dijo al Profeta (s.a.w.) que él era un buen arquero; debido a ello, el Profeta (s.a.w.) lo autorizó a unirse al ejército del Islam.

Otro niño, llorando, alegó ser más fuerte que Râfi‘, por lo que el Mensajero de Dios (s.a.w.) les dijo: “¡Luchad entre vosotros!”. Râfi‘ fue vencido en la competencia, por lo tanto el Profeta (s.a.w.) les permitió a ambos participar en la batalla.113

El correctivo físico jamás debe ser aceptado como un factor determinante y un recurso en la educación, especialmente si este método es aplicado durante un período prolongado, al punto que la personalidad del niño se vea afectada o el castigo ya no surta efecto, y ya el niño lo tome como un asunto común y corriente y no desista de su proceder, ni sienta vergüenza ni pena por ello.

Dijo ‘Alî (a.s.): “El que la persona juiciosa siga los consejos se produce a través de la educación y la buena formación. Son las bestias y los animales los que son adiestrados solo con latigazos”.114

De esta manera, es tan importante evitar el correctivo físico que se prescribió que no es lícito aplicar una pena a personas que cometieron una contravención pero que no alcanzaron la madurez; por lo contrario, debe aplicarse en ellos sanciones correccionales.115

Es por ello que en la historia del Profeta del Islam (s.a.w.) o de otros líderes religiosos no encontramos que en la sagrada tarea de educar a sus hijos, hayan visto la necesidad de golpearlos. Ellos siempre estuvieron al lado de sus hijos como amigos cariñosos, como líderes queridos, como compañeros comprensivos y guías compasivos, de manera que en su niñez jugaban con ellos y en su adultez fueron sus amigos, confidentes y compañeros. Este proceder puede conformar una clara orientación para sus seguidores en las diferentes épocas y lugares, puesto que los programas del Islam y la religión no se circunscriben a una época, lugar, tendencia o grupo en particular, sino que son para la humanidad toda en todos los tiempos y lugares.

  • 1. Bâ Tarbîiât-e Maktabî Ashnâ Shavîm, pp. 77 y 78.
  • 2. Ravânshenâsî-e Kudak, p. 77.
  • 3. Râh va Rasm-e Zendeguî, p. 118.
  • 4. Gurar al-Hikam, p. 697.
  • 5. Kudak az Nadzar-e Verâzat va Tarvîiat, pp. 223 y 224.
  • 6. Sûra al-Ahzâb; 33: 21.
  • 7. Al-Mahaÿÿat al-Baidâ’, t. 3, p. 366.
  • 8. Bihâr al-Anwâr, t. 35, p. 350; Al-Bidâiah wa an-Nihâiah, t. 8, p. 37.
  • 9. Bihâr al-Anwâr, t. 104, p. 95, hadîz nº 44.
  • 10. Bihâr al-Anwâr, t. 72, p. 295; Amâlî as-Sadûq, p. 252.
  • 11. Mustadrak al-Wasâ’il, t. 2, p. 626; Wasâ’il ash-Shî‘ah, t. 5, p. 126, antigua impresión.
  • 12. Wasâ’il ash-Shî‘ah, t. 5, p. 126.
  • 13. Al-Kâfî, t. 6, p. 50.
  • 14. Bihâr al-Anwâr, t. 15, p. 376.
  • 15. Maÿma‘ az-Zawâ’id, t. 9, p. 286.
  • 16. Bihâr al-Anwâr, t. 43, p. 285, t. 51; Manâqib ibn Shahr Ashûb, t. 3, p. 388.
  • 17. As-Sîrah al-Halabîiah, t. 3, p. 48.
  • 18. Bihâr al-Anwâr, t. 43, p. 25, hadîz nº 22.
  • 19. Qurb al-Isnâd, p. 31.
  • 20. Sûra ar-Ra‘d; 13: 28.
  • 21. Wasâ’il ash-Shî‘ah, t. 2, p. 3.
  • 22. Mustadrak al-Wasâ’il, t. 1, p. 171.
  • 23. Makârim al-Ajlâq, de Tabarsî, p. 115.
  • 24. Nahÿ al-Balâgah, ordenación de Feiz, Carta nº 31, p. 903.
  • 25. Ta’rîj al-Madînah al-Munawuarah, t. 3, p. 799.
  • 26. Bihâr al-Anwâr, t. 50, p. 91; Kashf al-Gummah, t. 4, p. 187.
  • 27. ‘Uiûn Ajbâr Ar-Ridâ, t. 1, p. 295; Bihâr al-Anwâr, t. 96, p. 356; Wasâ’il ash-Shî‘ah, t. 5, p. 126.
  • 28. Maÿmû‘ei-e Varâm, t. 1, p. 34; Al-Mahaÿÿat al-Baidâ’, t. 3, p. 365.
  • 29. Wasâ’il ash-Shî‘ah, t. 5, p. 126; Man lâ Iahduruh al-Faqîh, t. 3, p. 311; Furû‘ al-Kâfî, t. 6, p. 49; Bihâr al-Anwâr, t. 104; p. 93.
  • 30. Bihâr al-Anwâr, t. 42, p. 203; Al-Amâlî, del Sheij Al-Mufîd, p. 129.
  • 31. Nahÿ al-Balâgah, ordenación de Feiz, p. 531.
  • 32. Makârim al-Ajlâq, de At-Tabarsî, p. 115.
  • 33. Nahÿ al-Balâgah, ordenación de Mul·lâ Fathul·lâh, p. 531.
  • 34. Mustadrak al-Wasâ’il, t. 2, p. 626; Makârim al-Ajlâq, p. 113.
  • 35. Bihâr al-Anwâr, t. 20, pp. 52 y 67; Tafsîr Qommî, t. 1, p. 115.
  • 36. Sharaf an-Nabîi, Jargûshî, t. 1, p. 115.
  • 37. Sîre-ie Dahlân dar Hâshîe-ie Sîre-ie Halabîieh, t. 3, p. 252; As-Sîrah an-Nabawîiah, de Ibn Kazîr, t. 4, p. 612.
  • 38. Bihâr al-Anwâr, t. 104, p. 99; ‘Uddat ad-Dâ‘î, p. 61.
  • 39. Bihâr al-Anwâr, t. 44, p. 242, hadîz nº 36.
  • 40. Bihâr al-Anwâr, t. 1044, pp. 97 y 105.
  • 41. Ihqâq al-Haqq, t. 10, p. 595, transmitiendo de las fuentes de Ahl as-Sunnah.
  • 42. Ibíd., p. 655, transmitiendo de diferentes fuentes.
  • 43. Ibíd., pp. 609, 619, 621 y 623, transmitiendo de innumerables fuentes.
  • 44. Mulhaqât Ihqâq al-Haqq, t. 11, p. 316.
  • 45. Mulhaqât Ihqâq al-Haqq, t. 11, pp. 311 a 314.
  • 46. Maÿma‘ az-Zawâ’id, t. 9, p. 266.
  • 47. Bihâr al-Anwâr, t. 80, p. 104; Al-Luhûf, de Ibn Tâwûs, p. 12; Hadîiah al-Ahbâb p. 176.
  • 48. Ma‘ânî al-Ajbâr, p. 211; Makârim al-Ajlâq, p. 115; Bihâr al-Anwâr, t. 16, p. 240.
  • 49. Sunan ibn Mâÿah, t. 2, p. 1303.
  • 50. Maÿma‘ az-Zawâ’id, t. 9, p. 254.
  • 51. Bihâr al-Anwâr, t. 43, p. 312.
  • 52. Maÿma‘ az-Zawâ’id, t. 8, p. 161.
  • 53. Sîrah ibn Hishâm, t. 2, p. 381.
  • 54. Musnad Ahmad ibn Hanbal, t. 1, p. 334; Sahîh Muslim, t. 15, p. 196; As-Sîrah al-Halabîiah, t. 3, p. 69.
  • 55. Sîrah ibn Hishâm, t. 2, p. 252 (Traducción al persa).
  • 56. Al-Mahaÿÿat al-Baidâ’, t. 3, p. 366.
  • 57. Mustadrak al-Hâkim, t. 3, p. 165; Musnad Ahmad ibn Hanbal, t. 3, p. 693.
  • 58. Maqtal Al-Husein, de Al-Juwârizmî, p. 130; Al-Irshâd, de Al-Mufîd, t. 2, p. 25; Mulhaqât Ihqâq al-Haqq, t. 10, p. 615 y t. 11, p. 50.
  • 59. Bihâr al-Anwâr, t. 43, pp. 294 a 296.
  • 60. Al-Kâfî, t. 6, p. 49; Makârim al-Ajlâq, p. 113; Bihâr al-Anwâr, t. 23, p. 113.
  • 61. Sahîh al-Bujârî, t. 8, p. 9.
  • 62. Bihâr al-Anwâr, t. 104, p. 99; Wasâ’il ash-Shî‘ah, t. 15, p. 202; Al-Kâfî, t. 6, p. 50.
  • 63. Bihâr al-Anwâr, t. 104, p. 93.
  • 64. Wasâ’il ash-Shî‘ah, t. 15, p. 126.
  • 65. Ibíd.
  • 66. Bihâr al-Anwâr, t. 43, p. 161 y t. 22, p. 153; Manâqib Ibn Shahr Ashûb, t. 3, p. 234.
  • 67. Bihâr al-Anwâr, t. 104, p. 97; An-Nawâdir, de Ar-Râwandî, p. 6.
  • 68. Maÿma‘ az-Zawâ’id, t. 9, p. 171.
  • 69. Maÿma‘ az-Zawâ’id, t. 8, p. 158; Makârim al-Ajlâq, p. 113.
  • 70. Bihâr al-Anwâr, t. 104, p. 92, hadîz nº 16.
  • 71. Ibíd., t. 8, p. 142.
  • 72. Ibíd., t. 43, pp. 42 a 55.
  • 73. Dhajâ’ir al-‘Uqbâ, t. 36; Ianâbî‘ al-Mawaddah, p. 260.
  • 74. Makârim al-Ajlâq, p. 115.
  • 75. Mustadrak al-Hâkim, t. 3, p. 170; Al-Adab al-Mufrad, de Al-Bujârî, p. 34.
  • 76. Bihâr al-Anwâr, t. 36, p. 241; Kamâl ad-Dîn wa Tamâm an-Ni‘mah, p. 152; Al-Jisâl, t. 2, p. 76; Kifâiah al-Azar, p. 7.
  • 77. As-Sawâ‘iq al-Muhriqah, p. 196; Ihqâq al-Haqq, t. 10, p. 746.
  • 78. Rabî‘ al-Abrâr, p. 513.
  • 79. Mâ va Farzandân-e Mâ, p. 45.
  • 80. Ibíd., p. 22.
  • 81. Wasâ’il ash-Shî‘ah, t. 15, p. 203; Man lâ Iahduruh al-Faqîh, t. 3, p. 312; Kanz al-‘Ummâl, hadîz nº 45413.
  • 82. Mustadrak al-Wasâ’il, t. 2, p. 626.
  • 83. Al-Kâfî, t. 6, p. 626.
  • 84. Ibíd.
  • 85. Wasâ’il ash-Shî‘ah, t. 5, p. 126.
  • 86. Sunan an-Nabîi, p. 152; Rahmat-e ‘Âlamîân, p. 658; Bihâr al-Anwâr, t. 43, p. 285.
  • 87. Sunan an-Nabîi, p. 152; Rahmat-e ‘Âlamîân, p. 658; Bihâr al-Anwâr, t. 43, p. 285.
  • 88. Mustadrak al-Wasâ’il, t. 2, p. 626; Sahîh at-Tirmidhî, t. 5, p. 615; Mustadrak al-Hâkim, t. 2, p. 177.
  • 89. Bihâr al-Anwâr, t. 44, p. 260; Kâmil az-Ziârah, p. 68; Haiât al-Haiawân, t. 1, p. 111.
  • 90. Sharaf an-Nabîi, de Jargûshî, p. 102; Nihâiah al-Mas’ûl fî Riwâiah ar-Rasûl, t. 1, p. 340.
  • 91. Sahîh al-Bujârî, t. 8, pp. 37 y 55; Dalâ’il an-Nubûwah, de Al-Baihaqî, p. 154, traducción de Dâmgânî, transmitido de Sahîh Muslim.
  • 92. As-Sîrah al-Halabîiah, t. 3, p. 340; Usud al-Gâbah, t. 5, p. 210; Maÿma‘ az-Zawâ’id, t. 9, p. 285.
  • 93. Maÿma‘ az-Zawâ’id, t. 9, p. 285; Musnad Ahmad, t. 1, p. 337.
  • 94. Ihqâq al-Haqq, t. 10, p. 714; Bihâr al-Anwâr, t. 43, p. 285; Sunan An-Nisâ’î, t. 2, p. 229; Mustadrak al-Hâkim, t. 3, p. 166; Maÿma‘ az-Zawâ’id, t. 9, p. 182.
  • 95. Bihâr al-Anwâr, t. 43, p. 286.
  • 96. Musnad Ahmad ibn Hanbal, t. 1, p. 335; Sahîh Muslim, t. 15, p. 197.
  • 97. Al-Mahaÿÿat al-Baidâ’, t. 3, p. 366.
  • 98. Bihâr al-Anwâr, t. 77, p. 135; Amâlî as-Sadûq, t. 2, p. 287.
  • 99. Maÿma‘ az-Zawâ’id, t. 9, p. 285; Musnad Ahmad, t. 1, p. 337.
  • 100. Manâqib Ibn Shahr Âshûb, t. 3, p. 387; Bihâr al-Anwâr, t. 43, p. 285.
  • 101. Maÿma‘ az-Zawâ’id, t. 9, p. 169.
  • 102. Bihâr al-Anwâr, t. 36, p. 304, hadîz nº 143; Kifâiat al-Azar, p. 7.
  • 103. Makârim al-Ajlâq, pp. 14 y 31; Bihâr al-Anwâr, t. 16, p. 229.
  • 104. Sunan ibn Mâÿah, t. 2, p. 2220.
  • 105. Mustadrak al-Wasâ’il, t. 2, p. 96; Amâlî As-Sadûq, p. 44; ‘Uiûn Ajbâr Ar-Ridâ (a.s.), p. 235; Al-Jisâl, t. 1, p. 130; ‘Ilal ash-Sharâ’i‘, p. 54; Bihâr al-Anwâr, t. 16, p. 215, hadîz nº 2.
  • 106. Mustadrak al-Wasâ’il, t. 2, p. 69.
  • 107. Rahmat-e ‘Âlamiân, p. 663.
  • 108. Nihâiah al-Mas’ûl fî Riwâiah ar-Rasûl, t. 1, p. 341; Makârim al-Ajlâq, t. 1, p. 23.
  • 109. Wasâ’il ash-Shî‘ah, t. 3, p. 209.
  • 110. Bihâr al-Anwâr, t. 104, p. 74; ‘Uddat ad-Dâ‘î, p. 61.
  • 111. Bihâr al-Anwâr, t. 74, p. 142, hadîz nº 12.
  • 112. Bihâr al-Anwâr, t. 74, p. 142, hadîz nº 15.
  • 113. Islâm va Tarbîiat-e Kûdekân, t. 1, p. 224.
  • 114. Sharh Gurar al-Hikam, t. 1, p. 10, hadîz nº 81.
  • 115. Mustadrak al-Wasâ’il, t. 3, p. 223.

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