El futuro del canal árabe Al Jazeera pende de un hilo

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SHAFAQNA – La continuidad de Al Jazeera, el canal de televisión árabe más popular en Oriente Próximo, está en el aire. Su cierre es la primera en la lista de trece demandas que cuatro países de la región han puesto a Qatar para normalizar las relaciones y poner fin al boicot decretado a principios de junio. Además de Arabia Saudí, esos países son Egipto, Bahrein y los Emiratos Árabes Unidos, que acusan a Al Jazeera de difundir la agenda política de la familia Al Thani reinante en Qatar. Otros países más moderados, como Omán o Kuwait, no se han sumado a las exigencias saudíes.

En vista de este panorama, los periodistas que trabajan en AlJazeera han denunciado “la intimidación y las amenazas” que pesan sobre ellos, recordando que el canal que emite en árabe y en inglés desde Doha, la capital de Qatar, un pequeño país de la península arábiga excepcionalmente rico en carburantes, tiene una audiencia superior a la combinación de todos los canales que le hacen la competencia y que también son sus rivales.

Fundada en 1996 por la familia real de Qatar, la casa Al Thani, la cadena Al Jazeera sorprendió pronto a una audiencia adormilada que se limitaba a ver con desgana canales oficialistas basados en las políticas parroquiales de cada país. El aire fresco y panárabe de sus emisiones equivalían a una revolución en la información desconocida hasta ese momento en el mundo árabe tanto por su calidad como por su independencia, y por recoger los temas políticos y sociales que realmente preocupaban a los espectadores.

Hace tiempo, poco después de los atentados del 11 de Septiembre en Estados Unidos, se reprochó a Al Jazeera que transmitiera los comunicados de Osama Bin Laden, y más recientemente se le está recriminando que se haya convertido en una plataforma de propaganda del llamado “islam político”, es decir el islamismo de los Hermanos Musulmanes, tan distinto del “islamismo apolítico” de la mayoría de los salafistas que constituye el islam aceptado por los saudíes y sus aliados.

En una carta abierta, la cadena ha negado estas acusaciones y defendido su independencia editorial. “Nos han acusado de sesgo, de catalizar la primavera árabe, de tener una agenda y de favorecer a un grupo sobre otro. Rechazamos estas acusaciones y nuestras pantallas son un testimonio de nuestra integridad”, asegura el texto difundido por Al Jazeera, que remite a su web. “Defendemos la libertad de expresión y creemos en el derecho de los pueblos al conocimiento. No tomamos partido, no somos mensajeros ni portavoces y nunca lo hemos sido. En Al Jazeera creemos en nuestra misión: la gente tiene derecho a ser informada y a obtener noticias que no estén controladas por el relato de las autoridades”, insisten.

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