La túnica del profeta atrae a los musulmanes a Estambul durante el ramadán

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SHAFAQNA – Musulmanes de todo el mundo visitan una mezquita de Estambul donde se expone una túnica que habría pertenecido al profeta Mahoma.

“La vi antes de morir”. Musulmanes de todo el mundo visitan una mezquita de Estambul donde se expone durante el ramadán una túnica que habría pertenecido al profeta Mahoma.

Cada año, la “Hirka-i Serif”, hecha de lino, algodón y seda, es expuesta durante el mes del ayuno de los musulmanes, lo que atrae a cientos de miles de fieles.

“¿Qué puede ser más precioso en la vida que esto?”, se pregunta un hombre anciano. “La vi antes de morir”, dice, mientras que un responsable de la exposición advierte que no se pueden tomar selfies.

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“Vengo aquí cada año y siempre siento la misma emoción”, asegura Neziha Polat. Esta mujer, de 76 años, dice que se siente como en La Meca, la ciudad santa del islam que todos los musulmanes que puedan permitírselo tienen la obligación de visitar.

La Hirka-i Serif se conserva en Estambul desde el siglo XVII, cuando el imperio otomano controlaba una gran parte del mundo musulmán. La reliquia se encuentra actualmente en una mezquita del mismo nombre, en el distrito conservador de Fatih.

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Pero antes de llegar a Estambul, la prenda sagrada viajó durante más de mil años, de Arabia Saudí hasta Turquía, pasando por Yemen.

De generación en generación

Al parecer, el profeta ofreció la túnica sagrada a uno de sus contemporáneos, Uwais Al Qarni, en el siglo VII.

Oriundo de Yemen, Al Qarni se dirigía hacia Medina para conocer a Mahoma. Pero al saber que su madre estaba enferma, tuvo que volver y no conoció nunca al profeta.

Cuando conoció esta historia, el profeta Mahoma dio su túnica a uno de sus compañeros para que se la ofreciera a Al Qarni.

Cuando este murió, sin descendencia, la prenda fue conservada por su familia, legada de generación en generación, explica el muftí de Estambul, Hasan Kamil Yilmaz, la más alta autoridad religiosa de la ciudad.

En 1611, el sultán otomano Ahmet I hizo trasladar la reliquia a Constantinopla, desde la localidad egea de Kusadasi, donde los allegados de Al Qarni la conservaban. “Desde entonces, la Hirka-i Serif está en Estambul”, precisa Yilmaz a la AFP.

El sultán Abdulmecid I ordenó construir en 1851 la mezquita Hirka-i Serif, donde la reliquia será conservada y expuesta.

Cerca del profeta

Hoy en día, la conservación y la exposición de la túnica corre a cargo de la fundación Hirka-i Serif y de los descendientes de Al Qarni.

“Es un deber que nos honora. Estamos muy contentos de tener esta responsabilidad y de asumirla”, dice a la AFP Baris Samir, descendiente de la 59ª generación.

Pero, “también es un trabajo difícil, es una gran responsabilidad, moral y financiera”.

Según Samir, más de un millón de fieles vienen de todo el mundo cada año para ver la reliquia. “Hay gente de Siberia, África, América, Extremo Oriente”, añade.

“Recibimos a numerosos visitantes, especialmente durante la Noche del Destino, ya que la túnica puede visitarse hasta la madrugada”, precisa, en alusión a la conmemoración de la noche durante la cual el Corán fue revelado a Mahoma.

Lukman Hakim, un empresario de 49 años, ha venido con un grupo de una veintena de visitantes de Malasia para contemplar la túnica.

“Claro que esto nos acerca al profeta”, dice delante de la mezquita, tras haber visto la reliquia. “Nos hace felices, nos hace sentir que tenemos que hacer algo para estar con él, quiero decir, propagar su amor, propagar sus enseñanzas”, añade Hakim.

“Ya estuve aquí el año pasado”, cuenta Nimet Sahin, de 78 años. “Y si Dios lo quiere, volveré el año que viene”.

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